Las terribles consecuencias del genocidio en Gaza para la salud física y mental de las mujeres palestinas

Iman Farajallah, Middle East Eye, 20 febrero 2024

Traducido del inglés para Sinfo Fernández


Iman Farajallah es doctora en Psicología Clínica, nació y creció en Gaza y ahora vive en California. También trabaja como profesora adjunta en la Graduate Theological Union de Berkeley y es profesora en la Sofia University de Palo Alto, donde imparte clases de Diversidad Religiosa en Asesoramiento, Psicopatología, Ética e Investigación. Es autora del libro de próxima aparición “My life is a war: voices of traumatised Palestinian children under Israeli occupation” [Mi vida es una guerra: voces de niños palestinos traumatizados bajo la ocupación israelí].

Al tener que vivir en medio de la implacable embestida de las fuerzas israelíes en Gaza, las mujeres palestinas soportan una realidad diaria de tristeza, trauma y miedo.

Durante 137 días, y suma y sigue, las mujeres palestinas se han visto privadas del acceso a suministros vitales para la salud menstrual y a la atención durante el embarazo, lo que las ha sumido en un mayor riesgo para su salud, especialmente en el caso de las que viven en refugios temporales como tiendas de campaña y aulas escolares.

Las duras condiciones invernales actuales intensifican su sufrimiento. Luchan con ropa de invierno y mantas inadecuadas.

El acceso a agua limpia, instalaciones sanitarias y productos de higiene se ha visto gravemente limitado, lo que compromete aún más la salud de las mujeres y el riesgo de infección. La privacidad es un lujo en estas condiciones de hacinamiento, lo que amplifica su angustia.

La escasez de analgésicos y otros tratamientos esenciales, unida a la abrumadora demanda de atención médica entre las personas desplazadas, empeora la ya de por sí grave situación.

La ineludible sensación de inseguridad, en la que incluso hospitales y clínicas son blanco de ataques, infunde un miedo constante, lo que aumenta los efectos psicológicos y sanitarios a largo plazo a los que se enfrentan las mujeres palestinas.

La pérdida de servicios especializados de apoyo psicológico debido a la destrucción de instalaciones, como el centro de salud para mujeres del campo de Bureij, ha dejado a muchas mujeres y niños sin vías cruciales de atención.

Junto con las dificultades económicas y una nutrición inadecuada, su angustia es monumental.

Vergüenza y bochorno

Al malestar físico se suman la angustia emocional, la vergüenza y el bochorno que erosionan su sentido de la dignidad y la autoestima. La falta de suministros médicos esenciales agrava su sensación de impotencia y desesperanza, haciéndoles susceptibles a una serie de problemas de salud mental, como la ansiedad, la depresión y la desesperación.

Sana Abu Ras, una residente desplazada del norte de Gaza, ilustra vívidamente la angustia a la que se enfrentan las madres que cuidan de hijas con necesidades especiales. Su hija, Riham, corre mayores riesgos durante la menstruación debido a su autismo.

La escasez de suministros esenciales y de sesiones psicológicas regulares intensifica la carga de madres como Sana, que crean santuarios improvisados dentro de sus estrechas viviendas para proporcionar una apariencia de privacidad y comodidad en medio del caos del desplazamiento.

«Tengo que esperar la escasa asistencia con que cuenta el refugio, en la mayoría de los casos casi inexistente a lo largo de varios días», cuenta Sana.

«Las interrupciones de las sesiones psicológicas de Riham han aumentado la carga. Mi hija necesita su propio espacio, así que cubrí una mesa con mantas para intentar aliviar su angustia y darle algo de intimidad.»

El bienestar psicológico de las mujeres palestinas está íntimamente ligado a su salud menstrual, que se ha visto alterada por las volátiles condiciones sobre el terreno. La desgarradora realidad de la guerra israelí ha provocado un miedo generalizado, ansiedad y la pérdida de las conexiones sociales vitales necesarias para la curación.

Estas adversidades se manifiestan de diversas formas durante la menstruación. Las mujeres refugiadas en la escuela de la ONU en Deir al-Balah han informado de ciclos irregulares, períodos menstruales prolongados e incluso ausencia de menstruación durante varios meses.

La historia de Riham personifica la lucha diaria de innumerables mujeres palestinas en la Franja de Gaza, y subraya la urgente necesidad de contar con sistemas de apoyo y recursos integrales para abordar las necesidades psicológicas y sanitarias específicas de las mujeres en medio de la actual crisis humanitaria.

Privadas de sus necesidades básicas

La difícil situación de las palestinas embarazadas también se ve agravada por las circunstancias actuales y el devastador impacto de la guerra israelí en curso. El embarazo exige una atención integral, que abarque apoyo físico, emocional, social y cultural para facilitar un proceso de concepción, parto y alumbramiento sin contratiempos.

Sin embargo, el inestable entorno psicológico, los continuos bombardeos y el miedo omnipresente que sufren las mujeres palestinas en Gaza están provocando trágicos desenlaces, como abortos espontáneos y pérdida de vidas, incluidos niños no nacidos, debido a los ataques directos de las fuerzas de ocupación israelíes.

Ala Muhammad, una mujer de 22 años de Jan Yunis, compartió su aterradora experiencia de haber sido trasladada a las escuelas de la UNRWA por seguridad cuando estaba embarazada de cinco meses, sólo para ser obligada a ir a Rafah, cerca de la frontera egipcia, en medio de incesantes ataques.

Ala describió vívidamente la crueldad de las fuerzas de ocupación israelíes, que no mostraron ninguna consideración por las condiciones de vulnerabilidad de las mujeres embarazadas, obligándolas a huir sin provisiones, enfrentándose a condiciones peligrosas y a constantes amenazas de violencia.

En Rafah, la situación de Ala empeoró, ya que tuvo que vivir en una tienda improvisada, soportando temperaturas bajo cero y privada de artículos de primera necesidad. La falta de atención médica adecuada, incluidas las revisiones prenatales y una nutrición adecuada, agravó sus problemas a medida que se acercaba la fecha del parto.

Acceder al transporte hasta un hospital de maternidad se convirtió en una tarea desalentadora y, al llegar al abarrotado Hospital-Maternidad Emirati, pasó horas agonizantes esperando para dar a luz.

Trágicamente, las condiciones de hacinamiento del hospital obligaron a Ala a marcharse del hospital poco después de dar a luz, regresando a su inadecuado refugio con suministros mínimos para ella y su recién nacido. A diario luchan por sobrevivir.

Cesáreas sin anestesia

La complejidad de la situación se intensifica cuando una mujer se somete a una cesárea para dar a luz a su bebé. Este procedimiento puede elevar considerablemente los niveles de estrés psicológico.

A medida que se acerca la fecha prevista para el parto, el miedo, la ansiedad y el estrés, agravados por los continuos ataques a los hospitales palestinos, amplifican aún más el sufrimiento de las palestinas embarazadas.

A menudo, las mujeres que consiguen llegar al hospital para sus partos programados descubren que su procedimiento ha sido cancelado debido al abrumador número de víctimas que el hospital debe atender ese día.

«En repetidas ocasiones me sorprendí al enterarme de que mi operación de cesárea había sido aplazada, sólo para enfrentarme a nuevas cancelaciones a mi regreso al hospital», dijo Rumana Ali. «Tuve que soportar cuatro inútiles viajes hasta que finalmente di a luz».

El día del parto, se quedó conmocionada al descubrir que no había anestesia para la operación.

Durante la intervención, suplicó al médico que se detuviera a causa del dolor ante la falta de anestesia, poniendo en peligro su seguridad y la de su hijo. Las secuelas de la operación no hicieron más que agravar su dolor físico y psicológico, ya que carecía de los cuidados postoperatorios esenciales, como medicación, antibióticos y analgésicos.

El miedo y la ansiedad la consumían, preocupada por posibles complicaciones de salud e infecciones. Debido a la inadecuada atención, perdió a su bebé. Sigue lidiando con el choque psicológico de la trágica pérdida de su hijo, luchando contra la depresión y soportando el dolor.

Las desgarradoras y aterradoras experiencias de Riham, Ala y Rumana subrayan la urgente necesidad de poner fin a la guerra y de que las familias desplazadas puedan regresar a sus hogares y reconstruir sus vidas.

Es una súplica de humanidad y justicia en medio del caos de esta guerra atroz, que se hace eco de la esperanza resistente de un futuro en el que las mujeres palestinas puedan vivir en paz y seguridad, y en el que las madres palestinas puedan traer a sus hijos al mundo con dignidad y seguridad, como todas las madres del mundo.

Foto de portada: Llanto por los familiares muertos durante un bombardeo israelí sobre el hospital de al-Nayar en Rafah, el 12 de febrero de 2024 (Mohammed Abed/AFP).

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