La difícil situación de los refugiados sirios en el Líbano

Rex Stretton, Al-Jumhuriya English, 4 junio 2023

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Rex Stretton es investigador y periodista. Graduado por la Universidad de Oxford.

El clima de racismo y de búsqueda de chivos expiatorios contra los refugiados sirios en el Líbano está alcanzando su punto álgido. En los últimos tres meses se ha producido un enorme aumento de las deportaciones y redadas contra sirios. Para cualquiera que viva en el Líbano en 2023, esto no resulta sorprendente. Lo que era menos previsible, sin embargo, era la creación de un movimiento ciudadano nacionalista para ayudar a expulsar a los refugiados sirios del país.

«El mayor peligro que el Líbano ha presenciado desde su creación»

El 20 de abril, Marun al-Jawly pronunció un discurso en una conferencia de prensa en Jal el Dib en la que anunció la creación de «la Campaña Nacional para Liberar el Líbano de la Ocupación Demográfica Siria». En su discurso, calificó la presencia continuada de refugiados sirios como «el mayor peligro que Líbano ha presenciado desde su creación» y pidió el retorno forzoso de todos los sirios «irregulares». (La transcripción se publicó íntegra en el sitio web del Ministerio de Medios de Comunicación libanés).

Dos días después, el movimiento publicó un anuncio en Lebanon Files y Hadath Online convocando una protesta frente a la oficina del ACNUR en Beirut, «para combatir la insolencia de este ocupante» (refiriéndose a los refugiados sirios), pero la protesta fue rápidamente impedida por el ministro del Interior Bassam Mawlawi en una directiva enviada a la Seguridad General prohibiendo todas las protestas ese día.

La «campaña nacional”

Al-Khawly, presidente de la Federación General de Sindicatos Libaneses, describe la «Campaña» como un movimiento ciudadano formado por personas de toda condición (aunque en su página oficial de Facebook figura como un grupo «político»).

Un reciente vídeo publicado por el grupo (que suscitó burlas en Internet por utilizar imágenes de Shutterstock para representar a los libaneses) deja clara su postura. «Soy víctima de la pobreza que habéis causado a mi país», dice. «Soy víctima de la comida que os coméis de mi plato. Soy víctima de la educación que recibes tú en lugar de mis hijos. Soy una víctima del agua que estáis bebiendo de mi manantial». Con el hashtag #أنا_لبناني («Soy libanés»), plantea el retorno de los desplazados sirios a su país como la solución a las crisis del Líbano. «La solución a la electricidad a la que tengo derecho», reza, repitiendo la misma reivindicación sobre medicina, educación, tierra, vivienda, gasolina, agua, empleo, sanidad y pan.

Sus principios clave son claros. Consideran que la crisis de los refugiados es un intento deliberado de Siria de controlar el Líbano; apoyan la deportación forzosa en lugar del «retorno voluntario»; e identifican a las organizaciones de ayuda humanitaria en el país como las herramientas de una conspiración urdida en Bruselas para, como dice al-Khawly, «acabar con los refugiados sirios que se arrastran hacia el continente europeo» reteniéndolos en el Líbano.

Exigen al gobierno libanés el retorno forzoso inmediato de un millón de sirios y la creación de un consejo diplomático para pedir compensaciones a la UE por «lo que el Líbano ha perdido.»

«¡Tu enemigo y mi enemigo son uno!»

El nombre del movimiento, claramente elegido para evocar sentimientos de trauma que muchos libaneses aún arrastran por la ocupación del Líbano por el régimen sirio, pretende equiparar a los refugiados con la ocupación militar del régimen de Assad. La ironía de «liberar el Líbano» cooperando con el mismo régimen que lo ocupó aparentemente se les escapa.

Esa ironía no se le escapa a Sami, un refugiado sirio que huyó de la guerra y vive en el Líbano desde 2013.

«El ejército sirio estuvo aquí en el Líbano durante 30 años, así que algunos libaneses odian de verdad a los sirios por los actos del ejército sirio. Pero como sirio, ¡yo escapé de ese mismo ejército! ¡Tu enemigo y mi enemigo son uno!» exclama Sami. «Los sirios aquí, en el Líbano, no tienen ejército, no tienen armas. No luchan. Sólo intentan vivir.»

«Los sirios están afectando a la cultura general y al país», reconoce. «Pero no podemos decir que sea un cambio demográfico porque los sirios… No están aquí para siempre. Ningún sirio quiere quedarse aquí en el Líbano, nadie. Si alguien me dijera ahora mismo que puedo irme de este país a otro país seguro, me iría así. No necesitaría ni cambiarme de ropa», dice riendo.

Sami, cuyo nombre se ha cambiado por su seguridad, es de la ciudad de Al-Qusayr, el bastión rebelde que cayó en manos de las fuerzas del régimen sirio y de Hizbolá en 2013 en un asalto que destruyó gran parte de la ciudad. Cuando la oposición huyó de la ciudad, Sami huyó con ellos.

«Fui testigo de entre 20 y 30 días de intensos combates durante la guerra. Aviones, cañones, morteros… un montón de armas. Cuando la oposición decidió escapar, yo también tuve que hacerlo», explica. «La oposición me protegió, pero yo no lucho: tengo problemas con las armas. Lucho con mi pluma.»

Al-Qusayr está especialmente en el punto de mira del régimen. Cualquiera que desee regresar a sus hogares allí debe solicitar la aprobación, con una tasa de éxito del 60%. El cuñado de Sami fue detenido y golpeado por las fuerzas del régimen simplemente por ser de Al-Qusayr. Pero su ciudad natal es sólo una de sus preocupaciones a la hora de regresar a Siria.

«Sólo pensar en volver a Siria es como arriesgar mi vida. En primer lugar, si hago el servicio militar, puede que me trasladen a algún lugar donde me maten. En segundo lugar, como tengo una determinada opinión sobre el régimen, podrían encarcelarme. Y, en tercer lugar, sólo por ser de Al-Qusayr, podrían detenerme o matarme».

Desde que huyó de Siria, Sami ha trabajado por todo el Líbano como obrero de la construcción antes de establecerse en Zahle en 2017. Al haber entrado en el Líbano como refugiado (y, por tanto, ilegalmente), sus oportunidades laborales se limitan a la construcción, la agricultura y la camarería. Todo lo demás está prohibido a los sirios sin papeles de residencia. La propiedad también está prohibida. Incluso hubo que matricular su coche a nombre de un libanés para poder conducirlo.

«Cada vez que veo a un oficial del ejército o a la policía, tengo que cambiar de ruta», dice. «Si tengo que ir a algún sitio, tengo que asegurarme de que no hay ejército en el camino, ni puestos de control». Este estado de pánico constante es en el que se ven obligados a vivir muchos sirios en el Líbano. «Sientes que siempre estás en peligro. Tienes miedo. Si oyes alguna voz desde un vehículo, tienes que asegurarte de que no es el ejército, porque a lo mejor vienen a por ti».

La cobertura mediática de los abusos contra los derechos humanos ha mejorado algo recientemente, pero los sirios llevan años sufriendo abusos. El gobierno y los municipios discriminan habitualmente entre sus residentes libaneses y sirios (por ejemplo, con cuarentenas más estrictas a los sirios durante la pandemia de Covid).

En 2015, Sami hizo una visita a la Seguridad General para intentar conseguir papeles de residencia. Cuando presentó sus documentos y su DNI, el agente agarró el DNI y empezó a doblarlo lentamente hasta que se partió por la mitad, y entonces le dijo: «Vete a Masnaa. Este DNI no es válido». Masnaa es el principal paso fronterizo con Siria. Cuando Sami protestó, el oficial se limitó a gritarle hasta que se marchó.

«Ese soldado rompió mi documento de identidad para prohibirme obtener la residencia. Y en Siria, si tienes un documento de identidad roto, está claro que estás con la oposición. Si algún soldado sirio viera mi DNI roto, me detendría». Pero para conseguir un documento de identidad de sustitución, tendría que regresar a Siria en persona.

La falta de un documento de identidad válido ha impedido a Sami solicitar documentos de residencia o regresar a Siria en condiciones de seguridad. Al año siguiente, de camino a su trabajo en una obra, se cruzó con unos soldados que le pidieron los papeles de residencia y el DNI. Al no tenerlos, lo detuvieron y lo llevaron a la base militar de Riyaq.

«Estuve dos días en la cárcel y pasé por tres o cuatro cuerpos de seguridad», explica. «No hace falta que te diga que me patearon y golpearon muchas veces, y que abusaron de mí verbalmente, físicamente, psicológicamente… Después me dieron un papel que decía que tenía que abandonar la tierra libanesa en cinco días».

Sami aún conserva este trozo de papel, que guarda junto con su documento de identidad roto. Durante siete años ha logrado evitar al ejército libanés. A pesar de todo, sigue siendo optimista y se niega a meter a todos los libaneses en el mismo saco.

«Muchos libaneses son muy buenas personas, amables», afirma. «Tengo muchos amigos libaneses. No todos son buenos ni todos son malos. Como el pueblo sirio: no todos los sirios son criminales ni todos son ángeles».

Separar la política de los derechos humanos

En los últimos meses se ha producido un claro aumento de las detenciones y deportaciones de sirios. Abundan las detenciones arbitrarias, las torturas y los desalojos forzosos.

Según un informe de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos (ACHR, por sus siglas en inglés), entre principios de abril y mediados de mayo el ejército libanés ha llevado a cabo 22 redadas en residencias de refugiados, y las autoridades han detenido arbitrariamente a 808 refugiados (entre ellos 17 con permiso de residencia legal y 25 niños), algunos de los cuales sufrieron violencia y trato inhumano por parte de oficiales del ejército. Al menos 336 de los detenidos fueron deportados a la fuerza (12 de ellos con permiso de residencia legal). De los deportados a Siria, muchos fueron detenidos a su llegada y trasladados para hacer el servicio militar, y al menos 35 fueron entregados a la temida Cuarta División, la temida formación de élite del ejército sirio comandada por Maher al-Assad.

Ante la amenaza de que el Líbano se tambalee hacia el fascismo, muchos sirios tienen demasiado miedo como para salir de casa.

Movimientos como la «Campaña Nacional» pueden asustar, pero Fadel Fakih, director ejecutivo del Centro Libanés de Derechos Humanos (CLDH), los considera más un síntoma de un creciente clima de hostilidad que la amenaza en sí.

«Siempre debemos tomarnos en serio estas campañas», afirma. «Sin embargo, actualmente no se trata de una amenaza. Lo que más temen los refugiados sirios son las autoridades de seguridad y ser deportados y entregados a un régimen criminal”.

El CLDH es una organización sin ánimo de lucro con sede en Beirut que trabaja en la rehabilitación de víctimas de tortura y proporciona asistencia jurídica gratuita a inmigrantes de todas las nacionalidades. Le pregunto a Fadel a qué nos estamos enfrentando hoy en el Líbano.

«Hay muchas crisis de varios niveles que han hecho que el país llegue a este punto, y la corrupción no puede separarse de lo sucedido», explica. «Y como en cualquier otro país del mundo, los actores políticos tratarán de buscar chivos expiatorios en algunas personas. En el caso del Líbano, ¿a quién era más fácil culpar que a los refugiados?».

«Por desgracia, esto es lo que ocurre cuando no separamos la política de los derechos humanos», añade Fadel.

Le pregunto sobre los informes de redadas informales en los campos y el reciente aumento de las deportaciones. Y me dice algo sorprendente.

«En una charla informal, un alto cargo del Ejército libanés dijo que recibieron este mandato el 23 de abril de 2019, en una decisión del Consejo Superior de Defensa», explica. «Y es ahora cuando la gente les está viendo actuar, pero ya lo hacían antes. Pero lo que veíamos antes era que el ejército trasladaba a la gente a Seguridad General, que deportaba a la gente. Pero ahora el ejército deporta a la gente y la pone directamente en las fronteras».

«En 2011, cuando empezaron a llegar refugiados sirios, el Gobierno no intervino ni puso en marcha un plan para hacer frente a esta crisis. Vimos cómo otros países los formaban para el mercado laboral. Pero el Líbano no es una región económica productiva. Así que intentamos ignorarles y optamos por la vía más fácil, que es intentar conseguir ayuda de la comunidad internacional. No lo utilizamos en nuestro beneficio.»

Pero la narrativa de que los refugiados causaron el colapso económico del Líbano es muy persistente, al igual que la afirmación de que todos los refugiados sirios reciben ayuda financiera de la ONU en dólares en efectivo. En realidad, sólo el 11% de los refugiados en el país reciben financiación del ACNUR (según sus propias cifras), y sólo el 43% de los refugiados sirios con menos ingresos reciben ayuda económica. Estas cantidades se limitan a 2,5 millones de libras libanesas por familia, que se pagan en libras libanesas. (La decisión adoptada por el ACNUR la semana pasada de empezar a pagar la ayuda en dólares estadounidenses aún no ha entrado en vigor en el momento de redactar este informe).

La narrativa más perniciosa de todas es que Siria es ahora un lugar seguro al que regresar y, dado el reciente regreso de Siria a la Liga Árabe, resulta mucho más fácil para Líbano cooperar con el régimen de Assad para obligar a los refugiados a regresar. Uno de los favoritos para las elecciones presidenciales, Sleiman Frangieh, admitió abiertamente en una entrevista con Al Jadeed el 26 de abril que cuenta con la confianza de Bashar al-Assad, diciendo «hay amistad entre ese tipo y yo».

Todas estas narrativas se colaron en el discurso de Maroun al-Khawly, donde también citó estadísticas falsas. Afirma, por ejemplo, que la mitad de los residentes en el Líbano son sirios, pero según las últimas cifras del ACNUR (publicadas en enero) hay 1,5 millones de refugiados sirios, de los que 814.715 están registrados (en diciembre de 2022). Su afirmación de que la tasa de natalidad siria supera los 200.000 nacimientos anuales no es verificable, ya que la última estadística fiable es de 2016 (cuando nacieron alrededor de 40.000 bebés sirios). A falta de un seguimiento fiable, las afirmaciones sobre el número de refugiados sirios se han convertido en una batalla campal.

Organizaciones como CLDH se enfrentan constantemente a este tipo de falsas narrativas y estadísticas manipuladas.

«Sobre las cifras que dicen que hay muchos sirios en las cárceles, que el 80% de los delitos los cometen sirios», explica Fadel, «sabemos que no son ciertas porque lo que se considera delito es la entrada ilegal en el Estado. Y [como son refugiados], la mayoría de los casos son de ese tenor».

A pesar de la obligación legal libanesa de no devolución, el principio del derecho internacional que prohíbe devolver a los refugiados a cualquier país en el que corran peligro, el Estado libanés ignora cada vez más las vías legales y las autoridades judiciales suelen estar ausentes de todo el proceso.

«La Declaración Universal de los Derechos Humanos es muy clara en cuanto al artículo 14, el derecho de asilo. Además, ratificamos la Convención contra la Tortura en el año 2000, y el artículo 3 dice claramente que no se puede deportar a una persona que corra el riesgo de sufrir un trato injusto o tortura en su país.»

No obstante, la situación no es desesperada. Fadel mantiene la esperanza de que pueda producirse algún cambio gracias a la presión internacional.

«Lo que también estamos intentando es aprovechar la asistencia y la ayuda que se está prestando a las autoridades de seguridad o a otras instituciones gubernamentales», explica. «Estamos viendo que eso está ocurriendo ahora con un proyecto de donantes multiestatales, dirigido por USAID e implementado por el PNUD, que prestó asistencia al Ejército y a las ISF. Nos dimos cuenta de que la Seguridad del Estado y la Seguridad General estaban excluidas, quizá debido a su historial en materia de derechos humanos. Es importante ver esta presión».

«No hay que rendirse»

La forma en que Líbano afronte esta crisis continuada definirá su política y sus relaciones internacionales en los próximos años. El tiempo dirá qué saldrá de la «Campaña Nacional», pero, mientras tanto, millones de vidas penden de un hilo luchando por sobrevivir en un país cada vez más hostil.

Le pregunto a Fadel qué consejo da a los sirios que se ponen en contacto con el CLDH para pedir ayuda.

«Intentad ser solidarios. Si conocéis a una persona a la que han detenido y necesita ayuda, tratad de que alguien la ayude. Tenemos 16 abogados e intentamos proporcionar este apoyo.»

«Es muy importante que sepáis cuáles son vuestros derechos en este país y las normas que os protegen. En segundo lugar, sabed que siempre tenéis acceso a asistencia jurídica, y que siempre debéis hacer uso de ella. No os rindáis. Luchad por vuestros derechos.”

Foto de portada: Un niño refugiado sirio en medio de los escombros de una vivienda de hormigón echada abajo en la ciudad de Rihaniyye, en Líbano (AFP).

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