Chris Hedges, The Chris Hedges Report, 9 julio 2023
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Chris Hedges es un periodista ganador del Premio Pulitzer que fue corresponsal en el extranjero durante quince años para The New York Times, donde ejerció como jefe de la Oficina de Oriente Medio y de la Oficina de los Balcanes del periódico. Entre sus libros figuran: American Fascists: The Christian Right and the War on America, Death of the Liberal Class, War is a Force That Gives Us Meaningy Days of Destruction, Days of Revolt, una colaboración con el dibujante de cómics y periodista Joe Sacco. Anteriormente trabajó en el extranjero para The Dallas Morning News, The Christian Science Monitor y NPR. Es el presentador del programa On Contact, nominado a los premios Emmy.
LONDRES: La persecución de Julian Assange, junto con el clima de miedo, la vigilancia gubernamental al por mayor y el uso de la Ley de Espionaje para perseguir a los denunciantes, ha castrado al periodismo de investigación. La prensa no sólo ha fracasado a la hora de organizar una campaña sostenida de apoyo a Julian, cuya extradición parece inminente, sino que ya no intenta arrojar luz sobre el funcionamiento interno del poder. Este fracaso no sólo es inexcusable, sino ominoso.
El gobierno de Estados Unidos, especialmente el ejército y agencias como la CIA, el FBI, la NSA y Seguridad Nacional, no tienen intención de detenerse con Julian, que se enfrenta a 170 años de prisión si es declarado culpable de violar 17 cargos de la Ley de Espionaje. Están consolidando mecanismos de censura estatal draconiana, algunas de cuyas características fueron expuestas por Matt Taibbi en los Archivos de Twitter, para construir un totalitarismo corporativo distópico.
Estados Unidos y el Reino Unido violaron descaradamente una serie de normas judiciales y protocolos diplomáticos para mantener a Julian atrapado durante siete años en la embajada ecuatoriana después de que Ecuador le hubiera concedido asilo político. La CIA, a través de la empresa de seguridad española UC Global, realizó grabaciones de las reuniones de Julian con sus abogados, lo que por sí solo debería invalidar el caso de extradición. Julian lleva más de cuatro años en la tristemente célebre prisión de alta seguridad de Belmarsh desde que la Policía Metropolitana británica lo sacó a rastras de la embajada el 11 de abril de 2019. Se supone que la embajada es territorio soberano de Ecuador. Julian no ha sido condenado en este caso por un delito. Se le acusa en virtud de la Ley de Espionaje, aunque no es ciudadano estadounidense y WikiLeaks no es una publicación con sede en Estados Unidos. Los tribunales del Reino Unido, que han llevado a cabo lo que sólo puede describirse como un juicio-espectáculo, parecen dispuestos a entregarlo a Estados Unidos una vez que su apelación final, como tememos, sea rechazada. Esto podría ocurrir en cuestión de días o semanas.
El miércoles por la noche en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres, Stella Assange, abogada casada con Julian, Matt Kennard, cofundador e investigador jefe de Declassified UK, y yo examinamos el colapso de la prensa, especialmente en lo que respecta al caso de Julian. Pueden ver nuestro debate aquí.
«Me siento como si viviera en 1984», dijo Matt. «Se trata de un periodista que reveló más crímenes de la superpotencia mundial que nadie en la historia. Está sentado en una prisión de máxima seguridad en Londres. El Estado que quiere llevarlo a ese país para encarcelarlo por el resto de su vida tiene constancia de que espía sus conversaciones privilegiadas con sus abogados. Está registrado que conspiran para asesinarle. Cualquiera de esas cosas, si le dijeras a alguien de otra época: ‘Sí, esto es lo que pasó y lo enviaron de todas formas y no sólo eso, sino que los medios no lo cubrieron en absoluto’. Es realmente aterrador. Si pueden hacerle eso a Assange, si la sociedad civil puede abandonar así y los medios de comunicación pueden abandonar así, pueden hacerle eso a cualquiera de nosotros».
Cuando Julian y WikiLeaks hicieron públicos los cables diplomáticos secretos y los diarios de la guerra de Iraq, que sacaron a la luz numerosos crímenes de guerra estadounidenses, como torturas y asesinatos de civiles, corrupción, escándalos diplomáticos, mentiras y espionaje por parte del gobierno de Estados Unidos, los medios de comunicación comerciales no tuvieron más remedio que difundir la información. Julian y WikiLeaks los avergonzaron para que hicieran su trabajo. Pero, incluso mientras trabajaban con Julian, organizaciones como The New York Times y The Guardian estaban decididas a destruirlo. Puso en peligro su modelo periodístico y expuso su acomodamiento a los centros de poder.
«Le odiaban», afirma Matt refiriéndose a los periodistas y editores de los principales medios de comunicación. «Entraron en guerra con él inmediatamente después de esas publicaciones. Yo trabajaba para The Financial Times en Washington a finales de 2010, cuando se produjeron esas publicaciones. La reacción de la redacción de The Financial Times fue una de las principales razones por las que me desilusioné de los principales medios de comunicación.»
Julian pasó de ser un colega periodístico a un paria en cuanto se publicó la información que proporcionó a estas organizaciones de noticias. Soportó, en palabras de Nils Melzer, a la sazón Relator Especial de la ONU sobre la Tortura, «una campaña implacable y desenfrenada de acoso público, intimidación y difamación». Estos ataques incluyeron «ridiculización colectiva, insultos y humillaciones, hasta instigación abierta a la violencia e incluso repetidos llamamientos a su asesinato».
A Julian le tildaron de hacker, aunque toda la información que publicó le fue filtrada por otros. Se le tachó de depredador sexual y espía ruso, se le llamó narcisista y se le acusó de ser antihigiénico y desaliñado. La incesante difamación, amplificada por unos medios de comunicación hostiles, hizo que muchos de los que le consideraban un héroe le abandonaran.
«Una vez deshumanizado mediante el aislamiento, el ridículo y la vergüenza, al igual que las brujas que solíamos quemar en la hoguera, fue fácil privarle de sus derechos más fundamentales sin provocar la indignación pública en todo el mundo», concluyó Melzer.
The New York Times, The Guardian, Le Monde, El País y Der Spiegel, todos los cuales publicaron documentos de WikiLeaks proporcionados por Julian, publicaron una carta abierta conjunta el 28 de noviembre de 2022 en la que pedían al gobierno de Estados Unidos «que ponga fin a su persecución de Julian Assange por publicar secretos».
Pero la demonización de Julian, que estas publicaciones ayudaron a fomentar, ya se había logrado.
«Fue más o menos un cambio inmediato», recuerda Stella. «Aunque los socios mediáticos sabían que Julian aún tenía material explosivo que todavía tenía que publicar, eran socios. En cuanto tuvieron lo que creían que querían de él, le dieron la espalda y le atacaron. Tienes que ponerte en el momento en el que estaba la prensa en 2010 cuando estallaron estas historias. Estaban luchando por un modelo financiero para sobrevivir. Realmente no se habían adaptado a la era de Internet. Julian llegó con un modelo de periodismo completamente nuevo».
Siguió una WikiLeaks-ización de los medios de comunicación estadounidenses como The New York Times, que adoptó las innovaciones promovidas por WikiLeaks, incluida la provisión de canales seguros para que los denunciantes filtraran documentos.
«Julian era una superestrella», dice Stella. «Venía de fuera de la red de los ‘compañeros’. Habló de cómo estas revelaciones deberían conducir a una reforma y de cómo el vídeo Collateral Murder revela que se trata de un crimen de guerra».
Julian se indignó cuando vio que periódicos como The Guardian redactaban la información que había revelado. Criticó a estas publicaciones por autocensurarse para aplacar a sus anunciantes y a los poderosos.
Expuso a estas organizaciones de noticias, como dijo Stella, «por su propia hipocresía, por su periodismo mezquino».
«Me parece muy irónico que se hable tanto de desinformación, que no es más que una tapadera de la censura», dijo Stella. «Hay todas estas nuevas organizaciones subvencionadas para encontrar desinformación. Es sólo un medio para controlar la narrativa. Si toda esta era de la desinformación se tomara realmente en serio la verdad, entonces todas estas organizaciones de desinformación pondrían a WikiLeaks como ejemplo, ¿verdad? El modelo de Julian de periodismo fue lo que el llamo periodismo cientifico. Debe ser verificable. Puedes escribir un análisis de una noticia, pero tienes que mostrar en qué te basas. Los cables son el ejemplo perfecto. Escribes un análisis de algo que ha ocurrido y haces referencia a los cables y a cualquier otra cosa en la que estés basando tu noticia».
«Era un modelo de periodismo completamente nuevo», continúa. «Lo odiaban los periodistas que se consideraban guardianes. No les gustaba el modelo de WikiLeaks. WikiLeaks estaba totalmente financiado por los lectores. Sus lectores eran de todo el mundo y respondían con entusiasmo. Es por eso que PayPal, MasterCard, Visa y Bank of America iniciaron el bloqueo bancario en diciembre de 2010. Esto se ha convertido en un modelo estandarizado de censura para desmonetizar, para cortar los canales de sus lectores y sus partidarios. La primera vez que se hizo fue en 2010 contra WikiLeaks a los dos o tres días de publicarse los cables del Departamento de Estado de EE. UU.».
Aunque Visa cortó el acceso a WikiLeaks, señaló Stella, siguió procesando donaciones al Ku Klux Klan.
El mensaje de Julian era que «el periodismo puede inducir las reformas, puede conducir a la justicia, puede ayudar a las víctimas, puede utilizarse en los tribunales y se ha utilizado en los tribunales del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, incluso en el Tribunal Supremo del Reino Unido en el caso Chagos«, dijo. «Se ha utilizado como prueba. Se trata de un enfoque completamente nuevo del periodismo. WikiLeaks es más grande que el periodismo porque se trata de documentos oficiales auténticos. Es poner la historia interna en el registro público a disposición del público y de las víctimas de delitos patrocinados por el Estado. Por primera vez hemos podido utilizar estos documentos para pedir justicia, por ejemplo, en el caso del ciudadano alemán Khalid El-Masri, secuestrado y torturado por la CIA. Pudo utilizar los cables de WikiLeaks en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos cuando demandó a Macedonia por su entrega. Fue un enfoque completamente nuevo. Llevó el periodismo a su máximo potencial».
Las pretensiones de objetividad y neutralidad propagadas por los grandes medios de comunicación son un mecanismo para impedir que el periodismo se utilice para cuestionar injusticias o reformar instituciones corruptas.
«Es completamente extraña la idea de que se pueda utilizar el periodismo como herramienta para mejorar el mundo e informar a la gente de lo que ocurre», afirma Matt. «Para ellos no es sino una carrera. Es un símbolo de estatus. Nunca tuve una crisis de conciencia porque nunca quise ser periodista si no podía hacer eso».
«Para la gente que sale de la universidad o de la facultad de periodismo, ¿adónde van a ir?», preguntó. «La gente se hipoteca. Tienen hijos. Quieren tener una vida normal… Entras en el sistema. Poco a poco se te van quitando las asperezas. Te conviertes en parte de la uniformidad de pensamiento. Lo vi explícitamente en The Financial Times«.
«Es un sistema muy insidioso», continúa Matt. «Los periodistas pueden decirse a sí mismos ‘puedo escribir lo que quiera’, pero obviamente no pueden. Creo que es muy interesante empezar Declassified con Mark Curtis en el sentido de que los periodistas no saben cómo reaccionar ante nosotros. Tenemos un apagón total en los principales medios de comunicación».
«Ha ocurrido algo realmente siniestro en los últimos veinte años, sobre todo en The Guardian«, dijo. «The Guardian no es más que un medio de comunicación afiliado al Estado. Las primeras publicaciones de WikiLeaks en 2010 se hicieron con The Guardian. Recuerdo 2010, cuando esas publicaciones se hacían con The Guardian y The New York Times. Leía los mismos cables en The Guardian y en The New York Times y siempre pensaba: «Vaya, tenemos suerte de tener a The Guardian porque The New York Times adoptaba una posición mucho más favorable al gobierno estadounidense». Ahora eso ha cambiado. Prefiero leer al New York Times cubriendo estos temas. Y no digo que sea perfecto. Ninguno de los dos era perfecto, pero había una diferencia. Creo que lo que ha ocurrido es una represión estatal inteligente».
El comité D-notice, explicó, está compuesto por periodistas y funcionarios de seguridad del Estado en el Reino Unido que se reúnen cada seis meses. Debaten sobre lo que los periodistas pueden y no pueden publicar. El comité envía advertencias periódicas.
The Guardian hizo caso omiso de las recomendaciones de no publicar las revelaciones sobre vigilancia ilegal masiva publicadas por Edward Snowden. Finalmente, bajo intensas presiones, incluidas las amenazas del gobierno de cerrar el periódico, The Guardian accedió a permitir que dos funcionarios del Government Communication Headquarters (GCHQ) supervisaran la destrucción de los discos duros y dispositivos de memoria que contenían material facilitado por Snowden. Los funcionarios del GCHQ filmaron el 20 de julio de 2013 a tres redactores de The Guardian mientras destruían los ordenadores portátiles con amoladoras angulares y taladros. El director adjunto de The Guardian, Paul Johnson -que se encontraba en el sótano durante la destrucción de los portátiles- fue nombrado miembro del comité D-notice. Trabajó en el comité D-notice durante cuatro años. En su última reunión del comité, Johnson recibió el agradecimiento por «restablecer los vínculos» entre el comité y The Guardian. Para entonces, la información adversa del periódico había sido neutralizada.
«Después de la guerra de Iraq, el Estado se dio cuenta de que tenía que tomar medidas drásticas contra la libertad en los medios de comunicación británicos», dijo Matt. «El Daily Mirror de Piers Morgan… No sé si alguien se acuerda de 2003, y sé que es un personaje controvertido y odiado por mucha gente, incluido yo, pero era editor del Daily Mirror. Fue una rara muestra de lo que puede hacer un periódico sensacionalista si hace periodismo de verdad contra la guerra, una guerra ilegal. Tenía titulares hechos de logos de compañías petroleras. Hizo que Bush y Blair tuvieran las manos manchadas de sangre, algo increíble, todos los días durante meses. Tenía a John Pilger en primera página, cosas que nunca verías ahora. Hubo un gran movimiento callejero contra la guerra. El estado pensó ‘Mierda, esto no es bueno, tenemos que tomar medidas drásticas'».
Esto desencadenó la campaña gubernamental para neutralizar a la prensa.
«Yo no diría que tenemos unos medios de comunicación que funcionan en términos de periódicos», dijo.
«No se trata sólo de Assange», continuó Matt. «Se trata del futuro de todos nosotros, del futuro de nuestros hijos y nietos. Las cosas que apreciamos, la democracia, la libertad de expresión, la libertad de prensa, son muy, muy frágiles, mucho más frágiles de lo que creemos. Eso ha sido expuesto por Assange. Por eso no van a parar. No es así como funciona el poder. Ellos no eligen a una persona y dicen que van a acabar ahí. Usarán esas herramientas para ir a por cualquiera que quiera desenmascararlos».
«Si trabajas en un entorno en Londres donde hay un periodista encarcelado por denunciar crímenes de guerra, quizá no conscientemente, pero de alguna forma sabes que no deberías imitarle», dijo Matt. «No deberías cuestionar el poder. No deberías cuestionar a la gente que está cometiendo crímenes en secreto porque no sabes lo que va a pasar… El gobierno del Reino Unido está intentando introducir leyes que expliciten que no puedes publicar [sus crímenes]. Quieren formalizar lo que le han hecho a Assange y convertir en delito revelar crímenes de guerra y otras cosas. Cuando tienes leyes y una psique en toda la sociedad de que no puedes cuestionar el poder, cuando te dicen lo que te conviene, eso es fascismo».
Ilustración de portada: Cuando los Goliats se infiltran en el Cuarto Poder (Mr. Fish).