Este no es un mundo de hombres: «Campeonas» y no «campeones del mundo»

John K. White, CounterPunch.com, 28 agosto 2023

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


John K. White es un físico, escritor y educador irlandés-canadiense. Es editor del servicio de noticias sobre energía E21NS y autor de Do The Math! On Growth, Greed, and Strategic Thinking (Sage, 2013), un libro de economía general y estadística destinado a mejorar los conocimientos generales de aritmética, y The House of Words (Tuttle House, 2013), una novela sobre las aventuras de la campeona de Scrabble del estado de Nueva York, Suzy Quest, y la búsqueda de su padre espía. Ha sido profesor en la Facultad de Física de la Universidad de Dublín y en el Departamento de Educación de la Universidad de Oviedo, ha escrito para el boletín político estadounidense CounterPunch y escribe sobre sus aventuras en España en el blog Caracolas.

Hay que conocer bien los hechos cuando se abordan problemas sistémicos tanto en nuestras instituciones establecidas como en nuestra vida cotidiana. El domingo 20 de agosto, ante más de 76.000 aficionados en el Estadio Australia de Sídney, España venció a Inglaterra en la final de la Copa Mundial Femenina de Fútbol de la FIFA. Era el primer campeonato del mundo para la selección española femenina tras la victoria de los hombres sobre Holanda en 2010 por el mismo margen de 1-0 en un partido igual de nervioso y emocionante. En toda España, el país entero vitoreó el éxito de sus últimas campeonas de La Roja: ¡Campeonas del Mundo!

El partido tuvo de todo, aunque la primera parte fue mejor que la segunda. La delantera inglesa Lauren Hemp estrelló un balón en el larguero a los 16 minutos, mientras que la defensora número 19 de España, Olga Carmona, conectó un extraordinario zurdazo cruzado a los 29 minutos, que se coló por poco en la portería para dar a España una ventaja de uno a cero, resultado que se mantuvo hasta el pitido final, incluyendo unos angustiosos 13 minutos (!!!) de tiempo añadido. La número 10 española, Jenni Hermoso, también falló un penalti en el minuto 68, después de que un centro de Salma Paralluelo fuera tocado con la mano en el área por la centrocampista inglesa Keira Walsh, aunque también se podría decir que Mary Earps realizó una parada increíble para mantener vivas las esperanzas inglesas de empatar. Inglaterra ya lo había hecho en la Eurocopa 2022, después de marcar dos goles para ganar 2-1 y negar a España el pase a semifinales. En Sydney, Earps fue galardonada con el Guante de Oro, mientras que la española Aitana Bonmati recibió el Balón de Oro.

Por supuesto, eso es lo que deberíamos estar debatiendo y celebrando, los detalles de un gran partido deportivo. En lugar de las payasadas del presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, que besó en los labios a la delantera Jenni Hermoso durante la entrega de medallas después del partido, desatando un aluvión de quejas. También se agarró la entrepierna en una repugnante señal de solidaridad con el seleccionador Jorge Vilda y levantó a una jugadora por el campo como si llevara un saco de patatas, acciones todas ellas groseramente inaceptables. «La vergüenza de Rubiales«, lo llamó un periódico local. La indignación no se hizo esperar, al igual que los desmentidos, mientras que el enfrentamiento verbal comenzó de inmediato y continúa más de una semana después.

Ahora están abordándose algunos problemas, después de que las preocupaciones de las jugadoras sobre el estilo de gestión, las prácticas de los entrenadores y las tácticas se ocultaran repetidamente bajo la alfombra. En 2022, todo el equipo se negó a jugar bajo las órdenes de Vilda y su cuerpo técnico «hasta que se reviertan las situaciones que afectan a nuestro estado emocional y personal, a nuestro rendimiento…». Quince jugadoras fueron despedidas y sustituidas, excepto tres que aceptaron «pedir perdón» y «disculpas», Aitana Bonmati, Mariona Caldente y Ona Batlle. Está claro que hay un problema cuando las jugadoras deciden no representar a su país en un Mundial antes que sufrir las actitudes denigrantes e indiferentes de los profesionales que las dirigen. Sorprendentemente, el fútbol español tiene tantas jugadoras de primera fila que un equipo entero puede rehacerse y seguir ganando el Mundial al año siguiente. Pero ¿por qué no se hicieron más preguntas? Deberían haberse tenido en cuenta esas señales de alarma.

Como mínimo, una disculpa, relaciones públicas básicas a este nivel. El puesto en la RFEF conlleva numerosas responsabilidades y un salario anual de 360.000 euros. En cambio, Rubiales redobló su mala conducta, presumiblemente con la esperanza de mantener su lucrativo puesto, y se negó a disculparse en una reunión de la RFEF el viernes. No es el comportamiento que se espera del jefe de una federación nacional de fútbol en su mejor momento. Al menos, finalmente fue suspendido por la FIFA tras negarse a disculparse o dimitir. La FIFA no se anda con chiquitas. Hay una fortuna en patrocinios que gestionar.

¿Es este un momento #MeToo para España, siguiendo la estela de delitos encubiertos durante mucho tiempo por gente como Harvey Weinstein y Jeffrey Epstein en Estados Unidos y numerosos escándalos de alto perfil en otros lugares? Posiblemente, sobre todo en un país en el que las mujeres han sido asesinadas por sus parejas en cifras récord. Irene Montero, ministra de Igualdad en funciones, e Ione Belarra, ministra de Derechos Sociales en funciones, se refirieron a las acciones de Rubiales como «violencia sexual». Yolanda Díaz, vicepresidenta del Gobierno en funciones y líder del recién creado partido Sumar, lo calificó de bochorno, que tiene dos significados: el primero relativo al clima, que significa tiempo húmedo y caluroso, y el segundo, una vergüenza. El periodista deportivo Alex Ibaceta calificó el retroceso de «revolución de 40 años«, refiriéndose al beso como «algo minúsculo en comparación a todo lo ocurrido desde 1988».

También puede cuestionarse la falta de representación en España y en otros lugares. ¿Por qué hay tan pocas mujeres en puestos directivos en la RFEF y en otras federaciones? ¿Por qué las mujeres están infrarrepresentadas en las salas de juntas y en las facultades académicas? Desde su creación en 1901 sólo ha habido 60 mujeres galardonadas con el Premio Nobel, frente a 894 hombres, con decenas de omisiones dudosas, como Lise Meitner, Rosalind Franklin y Jocelyn Bell Burnel. Al menos Marie Curie es una de las 4 únicas ganadoras dobles (Física 1903, Química 1911), aunque fue acosada durante años por la prensa y la academia francesas por asuntos personales, a diferencia del trato que recibieron otros galardonados masculinos. Gigante de la ciencia, Curie era tan apreciada por Albert Einstein que sólo asistía a la primera conferencia de Solvay si Madame Curie estaba allí.

¿Deberíamos llamar a esto una renovada Batalla de los Sexos? ¿O bromear con que era un mundo de hombres hasta que llegó Eva? Más bien cultura masculina tóxica. Rubiales afirmó que se le está anulando. Como si denunciar un mal comportamiento, que luego se redobla y se aplaude en lugar de reconocerse como un error, fuera de alguna manera equivalente a un fallo administrativo. La sucia charla de vestuario exhibida ante el mundo es vergonzosa como en cualquier parte. ¿Agarrarse la entrepierna? Vergonzoso. ¿Manipular y presionar a los empleados? Ilegal.

Desgraciadamente, este comportamiento es sintomático de un problema mayor, por ejemplo, cuando se sorprende a Donald Trump menospreciando impunemente a las mujeres, como en su épico desvarío machista en Access Hollywood: «Sólo un beso. Ni siquiera espero. Y cuando eres una estrella, te dejan hacerlo. Puedes hacer cualquier cosa. Cogerlas por el coño. Puedes hacer cualquier cosa». ¿Cómo es posible que un pensamiento tan cretino no le convierta a uno en no elegible o en el de sus repetidos apodos misóginos? En lugar de ser sancionada, tal acción queda impune, apoyada por congresistas, medios de comunicación e incluso líderes cristianos.

Rubiales fue aplaudido por sus colegas masculinos en la reciente reunión de la RFEF tras afirmar que había sido una víctima. Sólo en una sociedad misógina que infravalora a la mitad de la población se pueden aceptar tales caracterizaciones.

El dinero es sin duda un problema, y mucho en el fútbol profesional. El dinero es la grasa que hace funcionar el deporte profesional, que puede ensuciarse mucho, sobre todo cuando se cuestiona la autoridad masculina. Los ingresos de la FIFA en 2022 fueron de casi 5.000 millones de dólares, sin que faltaran los salarios de los jugadores, al menos para los hombres. Los equipos de la liga de Arabia Saudí han fichado recientemente al delantero brasileño Neymar Júnior por más de 300 millones de dólares al año, al delantero portugués Cristiano Ronaldo por casi 220 millones al año, al delantero francés Karim Benzema por otro tanto y al centrocampista francés N’Golo Kante por 100 millones al año [Square Mile]. Con esos precios, mejor no cuestionar a los que mandan.

Por supuesto, esos mismos saudíes no son conocidos por la igualdad de derechos, donde las mujeres tenían prohibido conducir, no podían comprar billetes de viaje sin el permiso del marido y ni siquiera se les permitía entrar en un estadio de fútbol hasta hace poco.

No existe una liga femenina saudí comparable: la selección nacional femenina ni siquiera existía hasta hace dos años y no jugó su primer partido hasta febrero de 2022. Al mismo tiempo, en todo el mundo del deporte profesional, las mujeres han tenido que exigir una remuneración adecuada, proporcional al menos a los ingresos evidentes. La indignación no se extiende a las obscenas cantidades de dinero que los saudíes están tirando para atraer a atletas masculinos a sus desérticas costas, en un evidente intento de lavado deportivo. No se trata exactamente de igualdad de condiciones en lo que respecta a la inclusión en el deporte. O de equidad de género.

En la misma línea, cabría preguntarse por Lionel Messi y sus aproximadamente 50 millones de dólares por jugar en el equipo Miami MSL de Florida, un estado que recientemente prohibió los estudios de género y el acceso a la atención al aborto después de las seis semanas de embarazo. Todos sabemos que el gran deporte es una máquina de hacer dinero. Los ingresos de los cuatro principales deportes norteamericanos en 2022 fueron de 18.000 millones de dólares (NFL), 10.000 millones (MLB), 10.000 millones (NBA) y 5.000 millones (NHL) [StartupTalky]. El críquet, el fútbol inglés, el fútbol español, el fútbol alemán y el fútbol italiano están todos en la misma liga, con miles de millones en ingresos que les impiden responder a preguntas básicas sobre la equidad.

Sin duda, el poder siempre gana a menos que se le desafíe. La próxima COP27 está dirigida por una empresa petrolera. Se pide que se subvencionen las energías renovables, mientras que la industria petrolera recibe más de 7 billones de dólares al año (13 millones de dólares por minuto según el FMI). Se está librando otra guerra sin sentido, mientras el ecocidio corre sin control. Hay muchas tonterías en este mundo. La misoginia cotidiana también está ahí si uno quiere mirar. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, fue ignorada por líderes masculinos, como el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, que no le proporcionó asiento durante su visita de la UE en 2021 con el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel. El ministro de Asuntos Exteriores de Uganda, Jeje Odongo, la ignoró y no quiso darle la mano en una cumbre de la UE en 2022. Penoso, escandaloso y, para las mujeres, una realidad cotidiana.

Andy Murray llamó la atención a un reportero por su pregunta sexista en una rueda de prensa posterior a un partido de Wimbledon en 2017, que ignoró los logros sin parangón de Serena William como única jugadora estadounidense en alcanzar una semifinal de Grand Slam recientemente. La escultura de bronce “Niña sin Miedo” fue retirada de su ubicación frente a la Bolsa de Nueva York en Broad Street tras las quejas del escultor de la cercana escultura “Toro de Wall Street”, como si la resiliencia femenina no pudiera coexistir con la lucha financiera. El psicólogo canadiense Jordan Peterson parece pensar que «el espíritu masculino está siendo atacado», como si temiera compartir el botín de nuestro pródigo mundo. El pensamiento binario se promueve en un mundo donde el feminismo se equipara al marxismo y al caos, socavando el vasto espectro de la existencia humana.

Incluso en Google Translate hay un sexismo manifiesto en los idiomas en los que se habla de género. En inglés, no hay problema con la frase «The nurse gave directions to the engineer«, porque enfermera e ingeniero pueden ser tanto mujeres como hombres. Pero si traducimos la misma frase al español en Google Translate obtenemos una enfermera y un ingeniero (La enfermera le dio instrucciones al ingeniero).

Hay un problema cuando una de las empresas más ricas del mundo, a la vanguardia de la tecnología de inteligencia artificial, no consigue que su propio algoritmo represente el mundo tal y como es: femenino y masculino y lleno de ingenieras y enfermeros. ¿Es esto simbólico o una manifestación más amplia del sexismo y la misoginia cotidianos? En Canadá, la falta de ingenieras dio lugar a una campaña para animar a más mujeres a matricularse en ingeniería universitaria con el pegadizo eslogan: «Quiero ser ingeniera como mi madre». Los anuncios mostraban a chicas arreglando bicicletas y haciendo edificios de Lego, lo que ayudó a reequilibrar el número de solicitantes y tituladas.

Curiosamente, hoy en día, cuando uno teclea «Las futbolistas son las campeonas» en Google Translate, tiene la opción de «Las futbolistas son las campeonas (femenino)» o «Los futbolistas son los campeones (masculino)». Parece que incluso las máquinas pueden aprender de sus propios errores, aunque esta traducción aún no es universal, como en «La enfermera dio instrucciones al ingeniero». Aún no está traducido para el mundo en el que vivo.

Por desgracia, el mundo real dista mucho de ser simbólico. Megan Rapinoe, la exco-capitana de la selección femenina de fútbol de Estados Unidos, ya retirada, fue acosada maliciosamente después de que Estados Unidos cayera por la mínima ante Suecia en los últimos cuartos de final de la FIFA, tras haber llevado al equipo a la victoria en dos ocasiones anteriores. Megyn Kelly la llamó «perdedora» y «demasiado centrada en su wokeísmo«. El mayor matón de todos fue Piers Morgan, que escribió que el equipo estadounidense eran «perdedores antipatrióticos» y que Rapinoe era «supremamente arrogante, fastidiosamente engreída y todo por el dinero». ¿Cómo es posible que semejante perorata quede sin respuesta? ¿Seguimos luchando la batalla de Billie Jean cinco décadas después de su victoria sobre Bobby Riggs?

Sobre las acciones de Rubiales, Rapinoe afirmó que existe un «profundo nivel de misoginia y sexismo» en el fútbol español y que Jenni Hermoso fue «agredida físicamente». ¿Dónde están las voces masculinas que plantan cara a los acosadores? – Sólo unos pocos han hecho oír su voz.

Semejante vitriolo puede parecer insulso comparado con los problemas diarios a los que se enfrentan las mujeres en España y en todo el mundo. Según un informe de la ONU de 2021, casi 50.000 mujeres y niñas son asesinadas cada año por sus parejas o familiares. Esa es una historia real con víctimas reales, no los desvaríos de un presidente de federación muy bien pagado que afirma ser víctima de su propio comportamiento obsceno en el mayor escenario del fútbol femenino, apoyado por una sala llena de hombres que aplauden su «No voy a dimitir» repetido 5 veces. La mayoría de mujeres y hombres fuera de esa sala no están de acuerdo. La mayoría de mujeres y hombres fuera de esa sala ya han tenido suficiente. ¿Es demasiado pedir que se trate a los demás con dignidad, respeto y amabilidad, incluso a aquellos con los que no se está de acuerdo? Tratar a las personas con justicia no es una cuestión cultural candente. Es cuestión de vida o muerte.

Los hombres tampoco pueden intentar explicar la respuesta de las protagonistas. Más bien, los hombres, entre los que me incluyo, deben examinar su propio comportamiento cotidiano y ser la persona que nuestras madres y, con suerte, nuestros padres querían que fuéramos. Como mínimo, las mujeres deben tener poder sobre sus propios deportes, sus propios asuntos. Los hombres deben alzarse y denunciar la injusticia, ya sea sexismo, misoginia o crueldad. Igual que denunciamos la desigualdad, la esclavitud y el racismo.

No puedo decir que los nombres de Salma, Olga y Jenni Hermoso me resultaran familiares antes de los partidos de 2023, pero tampoco lo eran los de Xabi Alonso, Xavi e Iniesta en 2010, pero me alegra animarlas en su marcha hacia la próxima competición internacional. Sólo me queda esperar que los partidos sean tan emocionantes como lo han sido este año. Al fin y al cabo, el fútbol es un juego, en el que el equipo al que uno apoya puede parecer extrañamente incongruente con una vida sana, como en todos los deportes. Pero, al fin y al cabo, uno debe alegrarse de ver a buenos atletas y aficionados celebrar las alegrías de la victoria con respeto y dignidad.

La primera consecuencia de esta historia es que un gran partido entre dos de los mejores equipos del mundo, España e Inglaterra, se ha ido al traste, por un gesto machista y una respuesta patriarcal privilegiada. Esa es la parte triste de la historia: que las mujeres no tengan lo que se merecen. Otra vez. Uno puede intentar darle la vuelta y extrañamente presentar a un hombre como víctima y, por extensión, a los hombres en general como víctimas del poder femenino. Llámalo cultura de la cancelación, señalización de virtudes, marxismo social, acción afirmativa, falso feminismo, wokeismo para intentar escapar a la verdad de que ese comportamiento no estaba bien en el patio de recreo y no está bien en ningún sitio. Es inaceptable.

La batalla continúa y no empieza ni termina con un beso. Es hora de denunciar a las instituciones y a los administradores que actúan para mantener la desigualdad, la injusticia y la misoginia. Los hechos dicen más que las palabras. Este no es un mundo de hombres. Es el mundo de todos. Estoy con Jenni y las campeonas. Enhorabuena a las campeonas de todo el mundo y a «Las Campeonas del Mundo«.

Ilustración de portada: Logotipo de la Copa Mundial Femenina de la FIFA 2023.

Voces del Mundo

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