Thomas Palley, Common Dreams, 11 septiembre 2023
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

El Dr. Thomas Palley es economista y vive en Washington DC. Es licenciado por la Universidad de Oxford, máster en Relaciones Internacionales y doctor en Economía, ambos por la Universidad de Yale. Sus escritos se han publicado en numerosas revistas académicas y ha colaborado con The Atlantic Monthly, American Prospect y Nation. Es autor de varios libros, entre ellos: «From Financial Crisis to Stagnation: The Destruction of Shared Prosperity and the Role of Economics» (2013).
El 11 de septiembre de 2023 se cumplen cincuenta años del golpe militar del general Pinochet contra el presidente chileno Salvador Allende. Aunque ahora se reconoce ampliamente que Pinochet autorizó abusos a gran escala de los derechos humanos, hay una narrativa que acompaña que también desencadenó un milagro económico a través de la adopción de la visión de Milton Friedman «Chicago Boys» de una economía de mercado.
La narrativa del «milagro económico de Pinochet» es profundamente engañosa. Peor aún, es una amenaza política por dos razones. En primer lugar, corre el riesgo de promover tácitamente la idea de que la dictadura puede ser legítima en la medida en que ofrezca un camino hacia la prosperidad. En segundo lugar, el régimen de Pinochet abrazó el neoliberalismo, que promueve tendencias antidemocráticas al fracturar la sociedad. La afirmación de un milagro económico de Pinochet presta apoyo al neoliberalismo, fomentando así su aceptación del mismo a pesar de sus proclividades antidemocráticas.
Por estas razones, el debate sobre la política económica de Pinochet sigue siendo de vital importancia. El quincuagésimo aniversario del golpe de Pinochet es una oportunidad para cuestionar el pernicioso mito del milagro, que cada vez forma más parte de la creencia popular.
Desmontando el mito del milagro económico de Pinochet
Abordar el mito de Pinochet es difícil. En primer lugar, los defensores del neoliberalismo intentan convertir el debate en uno sobre las políticas socialistas del presidente Salvador Allende, cambiando así de tema. En segundo lugar, las economías son complejas, por lo que una verdadera medida del efecto Pinochet requiere restar las ganancias de otras fuentes.
Para empezar, cabe señalar que el programa económico del presidente Allende fue objeto de un extraordinario sabotaje económico patrocinado por las élites chilenas y Estados Unidos. La huelga de camioneros chilenos de 1972 contó con la ayuda de la CIA, paralizó la economía e hizo que la inflación se disparara. Las empresas multinacionales estadounidenses iniciaron una huelga de inversiones (con la aprobación del gobierno de EE. UU), y también se paralizó la compra de cobre chileno, lo que aplastó los ingresos en divisas de Chile. El gobierno de Allende se vio acosado por el desorden interno y su programa podría haber fracasado de todos modos. Sin embargo, es dudoso que cualquier economía en desarrollo pudiera tener éxito frente a un ataque económico tan concertado.
Dicho esto, el argumento del mito se refiere a las políticas de Pinochet, y no a las de Allende. El argumento comienza reconociendo que Chile fue objeto de dos rondas de terapia de choque de los «Chicago Boys», y la primera ronda ha sido totalmente excluida de la narrativa del milagro de Pinochet. Esa primera ronda (1975-1982) terminó en una crisis económica devastadora en la que la renta per cápita cayó por debajo de la de 1960. La crisis se resolvió con un rescate masivo del sistema bancario por parte del gobierno. Se trata de un ejemplo clásico de lo que se ha convertido en una característica habitual del neoliberalismo: los rescates financieros forman parte del mecanismo por el que el neoliberalismo concentra la riqueza. Más que eso, también ilustra cómo el neoliberalismo requiere persistentemente que el gobierno lo rescate de sí mismo.
A la crisis económica de 1982 siguió una segunda ronda de la política de los Chicago Boys, asociada a un mayor éxito macroeconómico. El rescate restableció la estabilidad financiera, y la década de 1980 puede considerarse un período de larga recuperación desde las profundidades de una depresión económica. En este sentido, se pueden establecer paralelismos con Argentina en la década de 2000.
En los años noventa, otros factores entraron en acción. Chile es uno de los principales exportadores de cobre del mundo, y los últimos veinticinco años han sido un periodo de auge para el cobre. Además, Chile es también un importante exportador de litio, que se ha convertido en otra materia prima en auge durante la última década. La implicación es que gran parte del éxito macroeconómico de Chile se debe a su singular dotación de recursos, acorde con los tiempos, y no al giro de Pinochet hacia el neoliberalismo.
Dicho esto, hubo un beneficio macroeconómico de las políticas de los Chicago Boys que transformaron a Chile en el modelo del neoliberalismo. Esa ganancia provino de hacer de Chile un paraíso para el capital internacional y luego insertar al Chile neoliberalizado en la emergente economía neoliberal globalizada de la década de 1990. Sin embargo, la ganancia macroeconómica se produjo a costa de una supresión de la participación de los salarios y una alta participación del capital, de modo que Chile tuvo la mayor desigualdad de ingresos de la OCDE a finales de la década de 2000.
Desde 2010 se ha producido una cierta reducción de la desigualdad. Sin embargo, se puede argumentar razonablemente que la mejora se debe a la base de recursos naturales de Chile y no a que el modelo económico sea bueno. Eso explica la aparente paradoja por la que los chilenos de a pie han protestado enérgicamente contra el modelo a pesar de su superficial éxito macroeconómico.
Un último punto es que Pinochet mantuvo también muchas innovaciones estatales del pasado. Así, la minería del cobre siguió siendo de propiedad pública y Chile sigue teniendo un sistema nacional de salud. Esto refuerza aún más el argumento de que no hubo un «milagro económico de Pinochet». Por el contrario, el efecto de Pinochet fue llevar a Chile en una dirección opresiva e desigualitaria. En resumen, el mito del milagro económico no sólo da un apoyo indirecto al autoritarismo, sino que también hace afirmaciones manifiestamente falsas sobre los beneficios económicos del neoliberalismo.
Conclusión: un doble movimiento peligroso
En los últimos treinta años se ha producido un doble movimiento que reconoce los abusos de Pinochet contra los derechos humanos, pero luego los excusa sutilmente alegando que desencadenó un milagro económico. La afirmación de un milagro económico de Pinochet es falsa, y también es políticamente peligrosa por el apoyo tácito que da a la dictadura y al neoliberalismo.
Los mitos son siempre difíciles de desmentir. El mito del milagro económico de Pinochet es especialmente difícil, ya que lo promueven tanto los economistas neoliberales «duros», políticamente conservadores, como sus colegas liberales «blandos», más compasivos.
Es fundamental que conozcamos bien el historial económico de Chile, ya que el debate tiene implicaciones que van mucho más allá de la economía. La realidad es que el general Pinochet es un ejemplo perdurable de los males de la dictadura. El golpe de Estado contra Allende ofrece una ventana a las realidades del comportamiento de la política exterior estadounidense. El éxito macroeconómico de Chile se debe en gran medida a su dotación de recursos naturales y al legado de anteriores intervenciones dirigidas por el Estado. La economía chilena es un ejemplo de las contradicciones económicas del neoliberalismo, en el que los «mejores» obtienen malos resultados y su único mérito es que los demás obtienen peores resultados. Por último, el mito del milagro económico de Pinochet presta un cruel apoyo a las tendencias antidemocráticas.
Foto de portada: El secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger se reúne con el general Augusto Pinochet en 1976. (Foto: Wikimedia Commons)