Sabena Siddiqui, The New Arab, 21 septiembre 2023
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Sabena Siddiqui es una abogada, analista geopolítica y periodista que centra sus trabajos en temas relativos a asuntos exteriores y está especializada en la China moderna, la Iniciativa de la Franja y la Ruta, Oriente Medio y Asia Meridional. Twitter: @sabena_siddiqi
Aunque Irán se ha abstenido de reconocer formalmente al gobierno dirigido por los talibanes en Kabul, ha permitido que representantes talibanes gestionen la embajada afgana en Teherán.
Sin embargo, desde entonces, Teherán y los talibanes no sólo han intercambiado acusaciones de violación de derechos, sino que muchos en Irán consideran cada vez más a los afganos en el país como una amenaza para la seguridad.
El mes pasado, el santuario sagrado chií de Shah Cheragh, situado en la provincia meridional de Fars, fue objeto de un atentado, por segunda vez en menos de un año, en el que murieron cuatro personas.
Un año antes, un atentado similar mató a 15 personas. El Estado Islámico (Dáesh) reivindicó el atentado y dos afganos fueron ejecutados en la horca por su participación.
En el atentado de agosto, uno de los militantes implicados, Rahmatullah Norozov, habría recibido adiestramiento del Dáesh en Tayikistán, según la agencia de noticias Tasnim, aunque ningún grupo ha reivindicado la autoría.
No obstante, los atentados contra el santuario han generado hostilidad hacia los cientos de miles de refugiados afganos en Irán.
Según la ONU, hay 780.000 refugiados afganos registrados en el país, y se calcula que dos millones más están indocumentados.
«La situación de que los iraníes consideren a los refugiados afganos como una amenaza para la seguridad podría evolucionar de forma muy similar a como lo ha hecho en Pakistán», declaró a The New Arab Zeeshan Shah, analista financiero de FINRA en Washington.
«Por ejemplo, cada vez que hay un ataque terrorista en Pakistán, se sospecha de los refugiados afganos y son detenidos por las agencias de seguridad», añadió.
«Una situación similar podría producirse en Irán con el reciente aumento de los ataques terroristas llevados a cabo por operativos afganos/tayikos de Dáesh-K si se produjeran más atentados».
A pesar de las visitas de altos cargos talibanes afganos a Irán, la situación de seguridad en la frontera afgano-iraní, de 900 kilómetros de longitud, se mantiene perpetuamente tensa, con frecuentes enfrentamientos.
En medio de la creciente demanda pública de acción gubernamental, Nouri Qazaljeh, parlamentario iraní, calificó recientemente la afluencia de refugiados afganos de amenaza para la seguridad y la economía, mientras que Jomhuri Eslami, periódico iraní, calificó los vínculos de Teherán con el gobierno talibán afgano de «mancha» negra en los lazos entre Irán y Afganistán.

Refugiados afganos, tras haber cruzado la frontera con Irán en 2019, esperan a ser transportados a su próximo destino. [Getty]
A los refugiados afganos, que tienen prohibida la entrada en provincias populares como Kermanshah, se les impide también entrar en el complejo comercial Bam Land, cerca del lago Chitgar, en la región noroeste de Irán. Teherán, que tenía previsto alojar a los refugiados en tres provincias, sólo les ofrece ahora refugio temporal.
La administración talibán, preocupada por los malos tratos a los refugiados afganos en Irán, se pronunció a principios de este año. Abdul Mutalib Haqqani, portavoz del Ministerio de Refugiados y Repatriación, declaró el pasado enero que «no cabe duda de que los afganos se han enfrentado a una serie de problemas en el vecino Irán».
Los afganos se han desplazado a Irán a trabajar desde finales de la década de 1970, ya que el país tenía, relativamente, una mejor situación económica. Oleadas de refugiados siguieron a la invasión soviética en 1979 y al primer periodo de gobierno talibán a principios de los noventa.
«A lo largo de los años, los afganos han trabajado muy duro en los sectores iraníes de la construcción y la agricultura, e Irán ha frenado en ocasiones la inclusión de sus hijos en su sistema educativo», declaró a The New Arab Torek Farhadi, analista afgano independiente afincado en Ginebra.
Desde 2021, el número de afganos que cruzan a Irán se ha disparado debido a la inestabilidad tras la toma del poder por los talibanes, y algunos de ellos han sido expulsados a la fuerza de vuelta a Afganistán.
«Debemos admitir que los migrantes afganos crean varios tipos de tensiones en la fuerza de trabajo iraní, ya que están aceptando salarios más bajos», agregó Farhadi.
“En ocasiones, los iraníes amenazan suavemente con devolver a los migrantes afganos a su país, pero la realidad es que, después de cuatro décadas y media, los afganos forman parte del tejido económico iraní y devolverlos a todos no es fácil». El estamento de seguridad iraní también teme al Dáesh y a otros capos de la droga disfrazados de refugiados que se desplazan de Nimroz (Afganistán) hacia Irán».
Paralelamente, las tensiones por el suministro de agua desde el río Helmand de Afganistán -conocido como río Hirmand en el lado iraní- a la provincia iraní de Sistán-Baluchistán han aumentado este año.
Teherán se queja de que el gobierno talibán de Kabul ha violado el Tratado del Río Helmand de 1973 al restringir el flujo de agua a las regiones orientales de Irán y de que ha provocado una grave escasez en la provincia suroriental al construir presas ilegalmente.
Las cosas tomaron un aspecto grave en mayo, cuando el presidente Raisi anunció que no permitiría que se violaran los derechos del pueblo iraní durante una visita a la región asolada por la sequía. Pocos días después, estallaron graves enfrentamientos en la frontera con la provincia afgana de Nimroz, en los que murieron dos guardias fronterizos iraníes y un combatiente talibán.
Poco después del incidente, el portavoz talibán del Ministerio del Interior, Abdul Nafy Takor, declaró que «la situación está actualmente bajo control» y que su gobierno no «quiere la guerra con su vecino». Pero eso no puso fin a la polémica.
«Sorprendentemente, las relaciones entre el gobierno afgano dirigido por los talibanes e Irán han sido relativamente estables desde que los talibanes volvieron al poder hace dos años», declaró a TNA Zeeshan Shah, analista financiero de FINRA en Washington.

Presa en el pueblo de Miankoh, en Kandahar, el 1 de septiembre de 2022. [Getty]
Aunque las tensiones en torno al río Helmand existen entre ambos países desde finales de la década de 1870, antes de los talibanes y de la República Islámica, y los talibanes han adoptado una postura más dura que ha provocado enfrentamientos fronterizos, la situación aún no ha llegado a descontrolarse.
«Ha habido contactos diplomáticos regulares entre ambos países y no se han producido nuevas tensiones, en comparación con las relaciones de Afganistán con Uzbekistán, Tayikistán y Pakistán, que han sido cada vez más tensas por cuestiones como el reparto del agua y la concesión de santuario a grupos terroristas», añadió Shah.
El cambio climático está agravando la situación, y la seguridad hídrica de la región iraní de Helmand se ve gravemente afectada. Compuesta por tierras áridas y semiáridas, Irán está amenazada por la desertificación y alega que sólo recibe el 4% de la cantidad de agua acordada.
«El Helmand es un río de gran importancia para Irán, porque permite el desarrollo de las zonas agrícolas de Sistán y Baluchistán», declaró a France 24 Jonathan Piron, historiador especializado en Irán del centro de investigación Etopia de Bruselas.
«Y esto adquiere mayor importancia si tenemos en cuenta que nos encontramos en una situación en la que la aceleración de las secuencias de sequía y la reducción de las precipitaciones están poniendo en peligro estas regiones agrícolas».
Los talibanes, también amenazados por la inseguridad alimentaria y la escasez de agua, empezaron a construir más presas, lo que ha exacerbado las tensiones con Irán. Las zonas donde las temperaturas son más altas en Afganistán son aquellas en las que se han producido conflictos.
«Irán acoge a muchos titulares de la tarjeta Amayesh/Hoviat, así como a refugiados regulares, y ha habido muchos problemas tras la toma del poder por los talibanes», declaró a The New Arab Naveed Ali Sheikh, investigador y analista de relaciones militares afincado en Islamabad.
«Además, el gobierno talibán está construyendo más presas. Según el Tratado del Río Helmand, Irán debe recibir 20 millones de metros cúbicos de agua cada año y cualquier intento de sabotear o reducir la cantidad mediante la construcción de desvíos viola el tratado, por lo que Irán se está preparando activamente para contrarrestar estas amenazas tanto interna como externamente”.
Tras una visita de su ministro de Asuntos Exteriores, Amir Khan Muttaqi, a Teherán en enero, los talibanes aumentaron el suministro de agua desde la presa de Kamal Khan, en Afganistán, al lago Hamoun, en Irán.
Pero esto no duró mucho, ya que Afganistán también está experimentando temperaturas más altas y no puede permitirse ser generoso con el agua sólo para adquirir influencia diplomática.
A largo plazo, según Piron, «hay un deseo por parte de los talibanes de recuperar el control de Helmand y promover la redistribución del agua para su propia población con el fin de afirmar su legitimidad como gobernantes».
Como Afganistán es el país ribereño superior en esta disputa por el agua, no puede haber una solución sostenible sin un acuerdo bilateral, pero unas negociaciones fructíferas con el régimen talibán afgano de Kabul pueden resultar una tarea ardua.