Horace G. Campbell, CounterPunch.com, 22 septiembre 2024
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Horace Campbell es profesor de Estudios Afroamericanos y Ciencias Políticas en la Universidad de Syracuse. Es autor de “Global NATO and the Catastrophic Failure in Libya”, Monthly Review Press, 2013.
Introducción
El lunes 11 de septiembre, tras la rotura de dos presas en Derna, al este de Libia, murieron más de 11.300 personas. Una semana después siguen desaparecidas más de 11.000. Todos los principales medios de comunicación internacionales han denunciado esta pérdida masiva de vidas destacando la ausencia de una autoridad de gobierno central en Libia y señalando al unísono que «la mayoría de las víctimas podrían haberse evitado». Sin embargo, ninguno de los principales medios de comunicación occidentales puso de relieve la centralidad de la ciudad de Derna en la desestabilización global que se había desatado sobre la humanidad desde que Estados Unidos decidió que Derna sería el campo de pruebas para el reclutamiento de yihadistas hace más de 30 años.
En este momento de la 78ª sesión de la Asamblea General de la ONU, los insulsos y vacuos informes de la Misión de Apoyo de la ONU en Libia (UNSMIL) no deberían ser aceptados por la Asamblea General. Corresponde ahora a los seres humanos progresistas de todo el mundo movilizarse y organizarse para poner fin a la división de Libia, para que las más de 100.000 muertes de civiles que se han producido desde la invasión de la OTAN no sean en vano. Existe casi unanimidad por parte de las organizaciones y agencias internacionales en que las muertes provocadas por las inundaciones masivas en Libia podrían haberse evitado. Los medios de comunicación occidentales, en su información sobre las muertes, señalaron que las muertes por la rotura de la presa eran un desastre provocado por el hombre.
Pero lo que evitaron la revista Time Magazine, Voice of America y la miríada de informes sobre las inundaciones es la responsabilidad de las fuerzas de la OTAN en la creación de las condiciones para este desastre. La OTAN y sus facilitadores fueron a Libia para hacer descarrilar la estabilización de África. El hecho de que uno de los primeros actos de las fuerzas de la OTAN fuera bombardear la fábrica que construía las tuberías para el río artificial fue una clara señal de que ninguna forma de inversión en infraestructuras iba servir a los pueblos libios. Este mismo mensaje se desprende del informe Libya Infrastructure Report – 2023 elaborado por Fitch Solutions Country Industry Reports. Este informe sobre infraestructuras se ocupaba principalmente de las infraestructuras para las industrias del petróleo y el gas, pero no de las infraestructuras para el pueblo libio. No había ningún epígrafe que tratara de las presas y las infraestructuras hidráulicas de Libia. Las soluciones de Fitch, al igual que el Wall Street Journal, siguen preocupadas por la rentabilidad de los recursos petrolíferos de Libia y por el hecho de que los recursos de Libia no se destinen a la población. Las Naciones Unidas señalaron que Libia es actualmente el único país que aún no ha desarrollado una estrategia climática.
Libia no es pobre.
Libia posee las mayores reservas de petróleo y gas natural de África. Ocupa el séptimo lugar del mundo en posesión de hidrocarburos. Libia también alberga uno de los mayores acuíferos del mundo, con un océano de agua dulce bajo la superficie en el sistema acuífero de arenisca de Nubia. Francia, la UE y Estados Unidos codician esta riqueza. De ahí que uno lea con interés las cinco razones ofrecidas por Nicolas Sarkozy para la intervención de la OTAN en Libia. Las revelaciones de la correspondencia entre el secretario de Estado de los Estados Unidos y Nicolas Sarkozy, el presidente de Francia en marzo de 2011 revelaron que los planes para la intervención de la OTAN estaban dictados por las siguientes cuestiones:
1) El deseo de obtener una mayor participación en la producción de petróleo de Libia,
2) Aumentar la influencia francesa en el norte de África,
3) Mejorar su situación política interna en Francia,
4) Proporcionar al ejército francés la oportunidad de reafirmar su posición en el mundo,
5) Dar respuesta a la preocupación de sus asesores sobre los planes a largo plazo de Gadafi de suplantar a Francia como potencia dominante en el África francófona [i].
Que los EE. UU. estuvieran de acuerdo con estas justificaciones corrobora la comprensión de la necesidad de la fuerza económica adicional y la coerción, junto con el extractivismo destructivo de África, para contrarrestar la caída de la tasa de ganancia en los centros capitalistas.
Desde 2011, la ONU, en colaboración con Wall Street y la Vieja Señora de Threadneedle Street (el Banco de Inglaterra), congeló los considerables activos de la Autoridad Libia de Inversiones (LIA, por sus siglas en inglés). Muamar Gadafi se había comprometido a utilizar estos recursos para el desarrollo de la moneda africana y para poner en marcha el Banco Central Africano y la Autoridad Monetaria Africana.
En 2022, el jefe de misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) en Libia, Dmitry Gershenson, informó de que las reservas de divisas de Libia alcanzaban un total de 82.000 millones de dólares. De estos 82.000 millones de dólares de reservas, el volumen de activos congelados asciende, desde 2011, a 70.000 millones. Lo que es pertinente que exploren los investigadores es si las distintas facciones de la cúpula han recibido los intereses de estos activos congelados para mantener a sus milicianos. ¿Están Estados Unidos y la OTAN proporcionando fondos anualmente a las facciones de los militaristas que cuentan con el apoyo de Occidente? El FMI, el Banco Mundial y el Tesoro británico han sido cómplices en el apoyo a una narrativa sobre Libia que priva al pueblo libio del acceso a sus recursos para poder emprender la reconstrucción.
Durante más de media década, las instituciones financieras de Libia han estado divididas en dos. De las dos, la más crítica era el Banco Central de Libia, bajo el control del Gobierno de Acuerdo Nacional de Trípoli, reconocido por la ONU, mientras que su rival en Bayda estaba bajo el control del Gobierno Provisional con sede en el este. Dado que las toneladas de oro que poseía Libia estaban en el Banco Central de Trípoli, el Tesoro estadounidense colaboró estrechamente con el dicho banco y los portavoces estadounidenses pidieron la unificación de los Bancos Centrales. Podemos ver cómo se registró este intento en el Servicio de Investigación del Congreso de EE. UU.:
«Las disputas políticas entre los libios se han reflejado en desacuerdos de larga duración sobre el liderazgo de las principales instituciones financieras nacionales, como el Banco Central, la Corporación Nacional del Petróleo (NOC, por sus siglas en inglés) y el fondo soberano de Libia (la Autoridad de Inversiones de Libia [LIA, por sus siglas en inglés]) y sus filiales». La Resolución 2571 (2021) del Consejo de Seguridad de la ONU expresa «preocupación por las actividades que podrían dañar la integridad y la unidad de las instituciones financieras del Estado libio y de la Corporación Nacional del Petróleo (NOC)», subraya «la necesidad de unificar las instituciones de Libia» y pide «a los Estados miembros que cesen el apoyo y los contactos oficiales con instituciones paralelas ajenas a la autoridad del Gobierno de Libia”.
Cabe señalar que en ninguna parte de los documentos de los distintos órganos de las instituciones estadounidenses o británicas se hacía un llamamiento a unificar las infraestructuras de ingeniería necesarias para la salud y la seguridad de los libios.
¿Cómo sirve a los intereses de la OTAN el mantenimiento de las divisiones en Libia?
Derna, situada a unos 300 kilómetros al este de Bengasi, está bajo el control de Haftar y su administración oriental. Al menos uno de los animadores de la intervención de la OTAN en Libia ha resaltado que las fuerzas corruptas, cleptocráticas y militares han sido respaldadas por fuerzas externas en el este de Libia (Lybia’s Unnatural Disaster- The Atlantic). El este de Libia, desde Derna hasta Bengasi, había sido como una fábrica de reclutas para la inteligencia estadounidense en su reclutamiento de elementos militares llamados yihadistas. Algunos de estos elementos fueron trasladados a Afganistán y lucharon junto a los muyahidines. En la década de 1990, causaron una gran desestabilización en el este de Libia mediante diversos atentados terroristas y bombardeos. Del libro de Paula Broadwell, All in: The Education of General David Petraeus, se vislumbraba el papel de Derna y el este de Libia en las campañas de los servicios militares y de inteligencia estadounidenses para desencadenar la destrucción. Derna, en Libia, fue descrita como una fábrica yihadista donde los servicios de inteligencia estadounidenses reclutaron yihadistas durante más de 30 años [1]. La intervención de la OTAN y la destrucción de Libia habían sido orquestadas para empoderar a estos yihadistas, ya que fueron transportados en avión y habilitados militarmente por la propia OTAN.
Tras los asesinatos de personal del Departamento de Estado estadounidense y de agentes de la CIA en Bengasi en 2012, el gobierno estadounidense ha realizado intensos esfuerzos para ocultar información sobre la inmensa inversión que se había destinado a las distintas facciones yihadistas en el este de Libia. El embajador Stevens había sido señalado como operativo en el reclutamiento de hombres y armas para su envío desde Derna a Siria.
Cuando la OTAN comenzó a bombardear y destruir Libia en 2011, la justificación de la intervención adoptó la llamada «Responsabilidad de Proteger”. Desde que la OTAN mató a más de 5.000 personas en su primer año, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) ha venido denunciando el asesinato de civiles por parte de «grupos armados alineados tanto con el Gobierno de Acuerdo Nacional (GAN) como con el Ejército Nacional Libio (ENL) y otros actores no estatales, incluidos combatientes extranjeros y mercenarios, que cometieron asesinatos arbitrarios o ilegales”. Ninguna de las investigaciones sobre la «privación arbitraria de la vida y otros homicidios ilegítimos o por motivos políticos» ha abordado satisfactoriamente las causas profundas de la destrucción en Libia. Y desde 2011, Libia ha sido rehén de dos facciones distintas de empresarios militares. Estos empresarios y sus partidarios internacionales se han asegurado de que no pueda haber reconstrucción. Como es costumbre en ellos, Estados Unidos y otros miembros de la OTAN están apoyando a ambos bandos de este aparato militar dispuesto contra el pueblo de Libia. Las Naciones Unidas y sus agencias humanitarias han sido cómplices de esta toma de Libia desde 2011.
Tras la destitución de Gadafi en 2011, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia se embarcaron en un plan para un gobierno reconstituido y un proceso de transición en Libia. Este proceso de transición se vio afectado negativamente por la demanda de la Autoridad Libia de Inversiones contra Goldman Sachs, el gigante de la banca de inversión de Wall Street. Aunque la jueza Vivien Rose, del Tribunal Superior de Londres, consideró que la relación entre Goldman Sachs y el fondo, la Autoridad Libia de Inversiones, «no iba más allá de la normal relación cordial y mutuamente beneficiosa que se establece entre un banco y un cliente», la sentencia no ocultaba la mano oculta de fuerzas externas en la guerra de Libia en 2014. Tan pronto el caso se presentó ante el Tribunal Superior de Londres, estalló una gran guerra en Libia.
Desde las luchas entre el LIA y Goldman Sachs en 2014, Libia se ha dividido política y militarmente entre dos gobiernos rivales, uno con sede en Trípoli, en el oeste (respaldado por Qatar, Italia, Estados Unidos y Turquía), y otro con sede en Tobruk, en el este del país y nominalmente respaldado por un empresario militar libio, Jalifa Haftar (respaldado por Rusia, Francia, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos a través de contratistas militares privados, y Egipto). Las Naciones Unidas reconocen al Gobierno de Unidad Nacional (GUN) con sede en Trípoli. En 2016, en el momento álgido de las luchas por la impresión de divisas, el secretario del Tesoro estadounidense se posicionó del lado del Banco Central de Trípoli. Esta posición partidista del Tesoro no ha impedido que el Gobierno oriental utilice los recursos petrolíferos del este de Libia para imprimir y poner en circulación su propia moneda. El Tesoro estadounidense se había pronunciado en contra de que el Banco de Bayda imprimiera su propia moneda. Esto no ha impedido que el ala de Haftar y los financieros mantengan la ficción de que existe un banco central en Bayda. Esta ficción conviene a los intereses de las compañías petroleras que hacen negocios con Haftar y la facción de militaristas de Bengasi. Este mismo gobierno oriental no hizo nada para advertir a la población de Derna de las lluvias e inundaciones.
Antes de dejar el cargo en 2016, Barack Obama había declarado que su apoyo a la intervención fue el peor error de su presidencia. Una investigación del Comité Selecto de Asuntos Exteriores de la Cámara de los Comunes del Reino Unido, descubrió que la intervención de la OTAN «… para proteger a los civiles había derivado hacia una política oportunista de cambio de régimen. Esa política no estaba respaldada por una estrategia para apoyar y dar forma a la Libia posterior a Gadafi».
Sin embargo, tanto el Tesoro de Estados Unidos como el del Reino Unido presionaron para que la ONU mantuviera la congelación de las reservas de la Autoridad Libia de Inversiones. El petróleo y el gas natural libios han cobrado ahora aún más importancia geoeconómica desde 2014.
Fue también en 2014 cuando Condoleezza Rice, ex secretaria de Estado de Estados Unidos, esbozó públicamente que el objetivo de Estados Unidos era separar a «Europa de Rusia para que Europa dejara de ser competitiva a nivel mundial.»
Alemania observó cómo se desarrollaban ante el mundo los planes de Estados Unidos para vender gas natural caro. El Estado alemán intentó intervenir en Libia en 2019 cuando Angela Merkel convocó una Conferencia de Berlín sin la participación real de Libia ni de la Unión Africana. Estados Unidos fue paciente porque tenía sus propios planes para Europa para cambiar la dependencia de Europa de Rusia a los suministros de energía de Estados Unidos. Con el desarrollo de la guerra en Ucrania en 2022, las reservas libias de petróleo y gas se volvieron aún más cruciales. Europa se ha vuelto más dependiente del petróleo y el gas de Libia. Cuanto más se convertía Libia en un mero proveedor de recursos naturales «en la nueva geopolítica de los recursos energéticos», menos atención se prestaba a las necesidades del pueblo libio y a la infraestructura de Libia. En mi libro Global NATO and the Catastrophic Failure in Libya (La OTAN global y el catastrófico fracaso de Libia) había esbozado cómo Libia se había visto envuelta en la financiarización de los recursos energéticos.
A Estados Unidos no le interesaba que Libia se estabilizara con un plan de reconstrucción para gastar los miles de millones de dólares en la reconstrucción. Las inundaciones de Derna, en el este de Libia, no pueden entenderse fuera de este contexto geoeconómico y geopolítico. El abandono generalizado de las infraestructuras fue una decisión política impulsada por la alianza de las fuerzas de la OTAN con los multimillonarios libios.
El derrumbe de presas y la muerte de miles de personas
Tras las muertes registradas, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) declaró que el Centro Meteorológico Nacional emitió avisos 72 horas antes de las inundaciones, notificándolos a todas las autoridades gubernamentales por correo electrónico y a través de los medios de comunicación. Los funcionarios del este de Libia advirtieron a la población de la tormenta que se avecinaba diciéndoles que se quedaran en casa. Los mensajes contradictorios del Ejército Nacional Libio (de Haftar) con respecto a las tormentas y la presa convierten a esta organización en cómplice de la muerte de 10.000 o más personas. No hubo ninguna advertencia sobre el colapso de las presas. Las presas, las plantas desalinizadoras, las redes eléctricas y las carreteras están en mal estado en todo el país desde 2011.
Las dos presas que se derrumbaron a las afueras de Derna y mataron a miles de personas, desplazando a otros cientos, emanaron de la deformada política de Libia. En el momento de escribir estas líneas, el número exacto de muertos seguía en disputa. Los periódicos libios nos han hecho saber que un informe de una agencia estatal de auditoría de 2021 afirmaba que las presas no se habían mantenido a pesar de la asignación de más de 2 millones de euros para ese fin en 2021.
Un funcionario de la ONU dijo el jueves que la mayoría de las víctimas podrían haberse evitado:
«Si hubiera habido un servicio meteorológico que funcionara con normalidad, podrían haber emitido las alertas», dijo a la prensa en Ginebra el jefe de la Organización Meteorológica Mundial, Petteri Taalas. «Las autoridades de gestión de emergencias habrían podido llevar a cabo la evacuación«.
Las autoridades del este de Libia advirtieron a la población sobre la llegada de la tormenta y el sábado ordenaron a los residentes que evitaran las zonas costeras, por temor a una marejada. Pero no hubo ninguna advertencia sobre el colapso de las presas.
Hasta el jueves 14 de septiembre, la Media Luna Roja Libia había declarado 11.300 muertos y 10.100 desaparecidos. Sin embargo, funcionarios locales sugirieron que el número de muertos podría ser mucho mayor de lo anunciado. En declaraciones realizadas el jueves al canal de televisión saudí Al Arabia, el alcalde de Derna, Abdel-Moneim al-Ghaithi, afirmó que la cifra podría ascender a 20.000, dado el número de barrios arrasados por las aguas.
La tormenta causó también la muerte de unas 170 personas en otras zonas del este de Libia, como las ciudades de Bayda, Susa, Um Razaz y Marj, según el ministro de Sanidad. Entre los fallecidos en el este de Libia había al menos 84 egipcios, cuyos restos fueron trasladados a su país de origen el miércoles. Más de 70 procedían de un pueblo de la provincia meridional de Beni Suef. Los medios de comunicación libios también dijeron que docenas de inmigrantes sudaneses murieron en la catástrofe.
La oficina humanitaria de la ONU hizo un llamamiento de emergencia por valor de 71,4 millones de dólares para responder a las necesidades urgentes de los 250.000 libios más afectados. La oficina, conocida como OCHA, estimó que aproximadamente 884.000 personas de cinco provincias viven en zonas directamente afectadas por las lluvias y las inundaciones.
¿Qué está pasando ahora?
Cientos de miles de libios rezan y esperan contra toda esperanza poder encontrar a sus familiares desaparecidos. La infame práctica de enterrar a miles de personas en fosas comunes ha proseguido mientras las agencias de la ONU advertían sobre la aparición de enfermedades a partir de los cuerpos en descomposición. El desastre trajo un raro momento de unidad, cuando las agencias gubernamentales expusieron su impotencia. Las mismas fuerzas que han apoyado a la facción de Bengasi, especialmente de los Emiratos Árabes Unidos, se han apresurado a fingir que apoyan los esfuerzos de rescate. El parlamento de Libia, la Cámara de Representantes, con sede en el este de Libia, aprobó el jueves un presupuesto de emergencia de 10.000 millones de dinares libios (aproximadamente 1.900 millones de euros) para hacer frente a las inundaciones y ayudar a los afectados.
Es hora ya de una auténtica desmilitarización y transición en Libia
Cuando el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó su Resolución 1973 (2011) de marzo de 2011, con su plan para proteger a los civiles, en dicha resolución se había inscrito un lenguaje que revisaba el mandato de la ONU en Libia. Brasil, Rusia, China y Sudáfrica se abstuvieron en la aprobación de esta resolución. Desde entonces, este autor y los intelectuales progresistas del África Global han pedido la eliminación del mandato de la ONU, el descongelamiento de los activos libios y el desencadenamiento de un proceso genuino de desmilitarización que conduzca a un gobierno responsable. Estos llamamientos se volvieron más urgentes una vez que Francia manipuló a los elementos tuareg de Libia para intervenir en el Sahel en nombre de la lucha contra el terrorismo. Debería acusarse a Francia por su continuo apoyo a Haftar y a los Emiratos Árabes Unidos en el este de Libia. El coste de la aventura norteafricana liderada por la OTAN ha aumentado considerablemente en la década desde que Estados Unidos obstaculizó la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en 2011, autorizando el uso de la fuerza en Libia para proteger a los civiles:
La Unión Africana (UA) no ha podido avanzar en el proceso de desmilitarización debido a la influencia de Francia en dicha organización. Sudáfrica se ha visto comprometida por su cortejo a los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí para que se unieran a los BRICS. Esta traición diplomática por parte de los dirigentes sudafricanos ha garantizado que los pueblos de Libia no tengan un apoyo real entre los líderes de África y Arabia. El calentamiento global, las inundaciones y los fenómenos meteorológicos masivos deberían impulsar a la Unión Africana a establecer una asociación panafricana para la seguridad de las represas. Un equipo técnico de este tipo organizado para monitorear y reparar represas en toda África será un paso concreto para realizar un trabajo significativo hacia la reconstrucción. Los países africanos, que sufren desproporcionadamente los impactos adversos del cambio climático, se enfrentan a inundaciones, sequías y otros fenómenos climáticos extremos. Como se indicó en la introducción, Libia es actualmente el único país que aún no ha desarrollado una estrategia climática.
Debe comprenderse esta realidad para que los pueblos de Libia construyan nuevas unidades de autodefensa y nuevas estructuras para eliminar a los multimillonarios que mantienen a Libia dividida. Lejos de llorar por las muertes en Derna, los pueblos de Libia no deberían limitarse sólo a llorar sino a organizarse para traer la paz y la reconstrucción a su país. Este autor se hará eco de la declaración de Elham Saudi, director de Abogados por la Justicia en Libia.
“El horror y la desesperación de los libios se corresponden con su furia contra los gobiernos rivales que han dividido al país y han buscado poder y ganancias ignorando las necesidades del pueblo. La tormenta Daniel es un desastre natural, pero la catástrofe resultante “ha sido provocada por el hombre: corrupción; falta de infraestructura; impunidad; bloqueo de los líderes de la sociedad civil… Hay que sentir indignación hacia un sistema que ha permitido esta tragedia”.
Notas.
[1] “U.S. Efforts to Arm Jihadis in Syria: The Scandal Behind the Benghazi Undercover CIA Facility” – https://www.globalresearch.ca/u-s-efforts-to-arm-jihadis-in-syria-the-scandal-behind-the-benghazi-undercover-cia-facility/5377887
[i] Horace G. Campbell, “New Push For Military Intervention: Who Will Control The Libyan Central Bank?”, Counterpunch, April 22, 2016
Foto de portada: Vista aérea de zonas dañadas tras las inundaciones en Derna, Libia. (Reuters/Marwan Alfaituri)