Carta de amor a mi familia palestina en todo el mundo

Susan Muaddi Darraj, Middle East Eye, 31 octubre 2023

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Susan Muaddi Darraj es profesora de inglés y novelista afincada en Baltimore. Su próxima novela, “Behind you is the Sea”, saldrá publicada en HarperCollings el próximo mes de enero.

Hay gente más capacitada que yo para analizar las noticias, para informar sobre la desinformación, para diseccionar la política.

Hay periodistas que arriesgan sus vidas y las de sus familias para ofrecerte una cobertura informativa sin censura. Espero que los estés siguiendo.

Mi propósito aquí es diferente. Aunque no es tan urgente como animaros a donar a Gaza o a presionar a vuestros gobiernos para que exijan un alto el fuego, este mensaje también es importante desde una perspectiva emocional, psicológica y de salud mental.

Te sientes aislado. Sientes que te están comiendo vivo. Por eso debo recordar a todos los palestinos, en todos los países del mundo, que formáis parte de una familia y que sois profundamente queridos.

Vivimos en una época surrealista. La Nakba de 1948 no fue televisada; nuestros antepasados nos contaron sus historias y hay algunas imágenes. Pero hoy estamos expuestos a fotografías, vídeos y entrevistas que atestiguan la brutalidad que se está infligiendo a los cuerpos, los corazones y la psique de la población civil de Gaza.

¿Quién puede olvidar la imagen de un hombre, sosteniendo a su bebé muerto y carbonizado, gritando de angustia porque las palabras le fallan?

¿Quién puede disociarse de la imagen de una niña desconcertada llorando junto al cadáver de su madre? ¿Quién puede ignorar la noticia de que los habitantes de Gaza escribían sus nombres en distintas partes del cuerpo -manos, piernas, torsos- por si sus cadáveres aparecían esparcidos en múltiples partes?

¿Y qué decir de las familias que optaron por dormir en lugares diferentes, para aumentar las posibilidades de que algunos de ellos sobrevivieran, mientras que otros duermen acurrucados, eligiendo morir juntos?

Asustados e indefensos

Piensas en ellos mientras, en tu propia cama, el sueño te esquiva tan cruelmente como la paz. Piensas en Wadea al-Fayoume, lo que te hace pensar en Muhammad al-Durrah, luego en los chicos Bakr jugando al fútbol en la playa, y son todos los niños… bajo los escombros, en una camilla, jadeando, temblando y aturdidos tras una explosión.

Había un vídeo de un gato acariciando por última vez el cadáver de un niño pequeño, su antiguo compañero de juegos y mejor amigo. Cínicamente, pensaste: «En este vídeo sale un gato muy dulce. Quizá, si lo publico, a la gente le importe ahora».

Por supuesto, te reprendes a ti mismo: nada de lo que estás viviendo puede compararse con el terror real que se sufre en Gaza. Has visto vídeos de niños traumatizados, temblando por el shock clínico, preguntando: «¿Sigo vivo?». Están asustados e indefensos, y quieres abrazarlos a todos, como yo, y poner fin a su miseria.

Sientes intensamente la culpa del superviviente y tienes problemas para desenvolverte en el trabajo, en la escuela, entre tus amigos y tu familia.

Ayer viste cómo una madre escribía los nombres de sus hijos en sus extremidades y añadía el suyo para que le devolvieran sus partes. Aunque ella también muera, al menos podrán ser enterrados juntos. Te das cuenta de que se ha visto obligada a aceptar la gélida lógica de la desesperación.

Y mientras realizas tareas mundanas y cotidianas, te pregunta: «¿Qué maldad es esta?»

Te escribo porque vives en un país donde hay poca empatía por la difícil situación de tu propia gente. Tus políticos robóticos parecen no inmutarse por el hecho de que 2,3 millones de personas lleven dos semanas sin agua, alimentos ni electricidad.

Una población civil -ancianos que se parecen a tus abuelos, niños que se parecen a los tuyos- está siendo bombardeada con una crueldad incalculable. Un ministro israelí los llamó «animales humanos«, y el presidente Joe Biden duda públicamente de las cifras de víctimas comunicadas por los palestinos.

Y tú sabes, como seguramente sabe él, que el número es probablemente mayor, que los desaparecidos no son realmente «desaparecidos»; están muertos bajo los escombros.

Te duele el corazón

Te duele el corazón. Vas de un lado al otro. Lloras. Te aturde una y otra vez la brutalidad de la que eres testigo.

Puede que tus abuelos hayan nacido fuera de Palestina. Puede que nunca hayas visto Palestina. Tal vez no hables ni entiendas nada de árabe. En el pasado, estos factores te han hecho sentir distanciado de tu herencia, pero este momento te recuerda lo palestino que eres realmente, sobre todo porque te das cuenta de algo que nos afecta a todos: hay un esfuerzo concertado para borrarnos. 

Pensabas que vivías en una época más progresista. Por fin, durante la última década, la horrible historia de la esclavitud, el genocidio de los indígenas estadounidenses, la opresión de las mujeres y las minorías se están debatiendo en foros abiertos, aunque controvertidos y acalorados. #BlackLivesMatter dio una forma de describir el racismo sistémico y articular la injusticia, así como un camino para rectificarla.

El lado positivo de las incesantes prohibiciones de libros en Estados Unidos fue que, al menos, se estaban poniendo libros más honestos y compasivos a disposición, por fin, de los lectores negros, indígenas y otras personas de color y marginadas.

Kimberle Crenshaw te enseñó el valioso término de la interseccionalidad, para entender cómo múltiples factores -raza, género, clase y otros- contribuyen a la opresión y la marginación. Tienes libros, foros, seminarios, departamentos universitarios enteros, dedicados a estudiar y analizar la justicia social.

De repente, tus redes sociales se han quedado en silencio. Un amigo de la familia ha tenido que reunirse con su supervisor por una publicación sobre Palestina. Incluso mientras escribo esto, me pregunto y me preocupa quién me malinterpretará deliberadamente. Tus colegas y amigos podrían ofrecer un «Estoy rezando por ambas partes», que cae en tus oídos como: «No me metas en esto».

En lugar de decir: «Esto es un genocidio», puede que te digan: «Me duele el corazón».

Mientras tanto, tu propio corazón está destrozado.

Acto de amor puro

Puedes ser musulmán, cristiano, judío o druso. Puede que seas ateo. Como cuáquera, digo que nunca se ha sentido más peligroso pronunciar una simple verdad: la vida humana es sagrada. El asesinato de civiles debe condenarse totalmente. Y, sin embargo, te preguntas por qué es tan difícil para la gente decir esta verdad cuando las víctimas se parecen a ti.

Que se espere de una permanezca en silencio ante la brutalidad absoluta es un nivel de dolor único y espantoso. Y esto es lo que te traslado: nadie te entiende mejor en este momento que tu familia palestina. Cuando no sepas qué hacer, te insto a que pienses en cómo se las arreglan los palestinos en las peores situaciones.

Hace una semana, un vídeo mostraba a una niña que había quedado huérfana en el bombardeo. Tiene la cara ensangrentada y el cuerpo cubierto de quemaduras; yace, tal vez dormida, tal vez inconsciente, en el suelo de un pasillo atestado de otros casos urgentes.

Sentada a su lado está una madre palestina de cuatro hijos, que explica a la cámara que se ha quedado al lado de esta niña desde que oyó decir a los médicos que no tenía a nadie más. Piensa quedarse con la niña huérfana, que le es completamente desconocida, como si fuera suya.

Otro ejemplo: en un hospital de Gaza, un grupo de médicos cantan juntos una preciosa canción de solidaridad y unidad. No abandonarán a sus pacientes. A pesar de la posibilidad muy real de que el hospital sea destruido, se quedarán hasta el final. Y cantan para consolarse unos a otros. Su canción es un acto de amor puro. No se puede dejar de verlo.

En otro vídeo, un equipo de noticias entrevista a un niño que ha sobrevivido a un bombardeo. Un médico que pasaba por allí se da cuenta y le dice al entrevistador que pare. El médico coge al niño en brazos, le besa la frente y murmura: «No tengas miedo. Estoy contigo». Es entonces cuando el niño rompe a llorar, cuando siente que está a salvo con alguien que le quiere.

Y ahí, mi querido primo, está tu manual de estrategias.

Reciban este mensaje del pueblo de Gaza: nosotros, la comunidad palestina, a pesar de estar repartidos por todo el mundo en nuestra diáspora, somos una familia. Y sobreviviremos como lo hacen las familias, uniéndonos, consolándonos, regalándonos la dulzura que el mundo nos niega.

Cuando tu sentido del yo se vea amenazado, te contaremos historias sobre quiénes somos. De nuestros antepasados y sus sueños. De nuestra pasión por la vida y nuestro gran amor por el mundo, a pesar de cómo nos ha tratado. Así es como siempre hemos mantenido vivas nuestras historias y a nosotros mismos. Confía en que nos reuniremos a tu alrededor y mantendremos a salvo tu corazón.

No podrán borrarnos.

Foto de portada: Un palestino cubierto de polvo lleva a una niña herida al hospital al-Shifa de la ciudad de Gaza tras los ataques israelíes del 29 de octubre de 2023 (AFP).

Voces del Mundo

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