Chris Hedges, The Chris Hedges Report, 8 noviembre 2023
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Chris Hedges es un periodista ganador del Premio Pulitzer que fue corresponsal en el extranjero durante quince años para The New York Times, donde ejerció como jefe de la Oficina de Oriente Medio y de la Oficina de los Balcanes del periódico. Entre sus libros figuran: American Fascists: The Christian Right and the War on America, Death of the Liberal Class, War is a Force That Gives Us Meaning y Days of Destruction, Days of Revolt, una colaboración con el dibujante de cómics y periodista Joe Sacco. Anteriormente trabajó en el extranjero para The Dallas Morning News, The Christian Science Monitor y NPR. Es el presentador del programa On Contact, nominado a los premios Emmy.
Querida niñ@:
Es más de medianoche. Estoy volando a cientos de kilómetros por hora en la oscuridad, a miles de metros sobre el océano Atlántico. Estoy viajando a Egipto. Iré a la frontera de Gaza en Rafah. Voy por ti.
Nunca has estado en un avión. Nunca has salido de Gaza. Sólo conoces calles y callejones densamente poblados. Casuchas de hormigón. Sólo conoces las barreras de seguridad y las vallas patrulladas por soldados que rodean Gaza. Los aviones, para ti, son aterradores.
Aviones de combate. Helicópteros de ataque. Drones. Vuelan en círculos sobre ti. Lanzan misiles y bombas. Explosiones ensordecedoras. El suelo tiembla. Los edificios caen. Los muertos. Los gritos. Las sordas llamadas de auxilio bajo los escombros. Y todo eso no se detiene. Noche y día. Atrapados bajo los montones de hormigón destrozado. Tus compañeros de juego. Tus compañeros de escuela. Tus vecinos. Desaparecidos en segundos. Ves las caras calcáreas y los cuerpos inertes cuando los desentierran. Soy periodista. Es mi trabajo ver esto. Tú eres un niño. Tú nunca deberías ver esto.
El hedor de la muerte. Cadáveres putrefactos bajo el hormigón roto. Aguantas la respiración. Te cubres la boca con un trapo. Caminas más rápido. Tu barrio se ha convertido en un cementerio. Todo lo que te era familiar ha desaparecido. Miras asombrado. Te preguntas dónde estás.
Tienes miedo. Explosión tras explosión. Lloras. Te aferras a tu madre o a tu padre. Te tapas los oídos. Ves la luz blanca del misil y esperas la explosión. ¿Por qué matan a los niños? ¿Qué has hecho tú? ¿Por qué nadie puede protegerte? ¿Te van a herir? ¿Perderás una pierna o un brazo? ¿Te quedarás ciego o en silla de ruedas? ¿Por qué naciste? ¿Fue para algo bueno? ¿O sólo para esto? ¿Crecerás? ¿Serás feliz? ¿Cómo será sin tus amigos? ¿Quién será el próximo en morir? ¿Tu madre? ¿Tu padre? ¿Tus hermanos y hermanas? Alguien que conoces será herido. Pronto. Alguien que sabes que morirá. Pronto.
Por la noche te tumbas en la oscuridad sobre el frío suelo de cemento. Los teléfonos están cortados. Internet está apagado. No sabes lo que está pasando. Hay destellos de luz. Hay ondas expansivas. Hay gritos. Pero el espanto no cesa nunca.
Cuando tu padre o tu madre buscan comida o agua, tú esperas. Esa terrible sensación en el estómago. ¿Volverán? ¿Los volverás a ver? ¿Será tu pequeña casa la siguiente? ¿Te encontrarán las bombas? ¿Son estos tus últimos momentos en la tierra?
Bebes agua salada y sucia. Te sienta muy mal. Te duele el estómago. Tienes hambre. Las panaderías están destruidas. No hay pan. Comes una vez al día. Pasta. Un pepino. Pronto esto te parecerá un festín.
Ya no juegas con tu balón de fútbol hecho de trapos. Ya no vuelas tu cometa hecha de periódicos viejos.
Has visto a periodistas extranjeros. Llevamos chalecos antibalas con la palabra PRESS escrita. Llevamos cascos. Tenemos cámaras. Conducimos jeeps. Aparecemos tras un atentado o un tiroteo. Nos sentamos a tomar café durante mucho tiempo y hablamos con los adultos. Luego desaparecemos. No solemos entrevistar a los niños. Pero he hecho entrevistas cuando grupos de vosotros se agolpaban a nuestro alrededor. Riendo. Señalando. Pidiéndonos que les hagamos una foto.
Me han bombardeado aviones en Gaza. Me han bombardeado en otras guerras, guerras que ocurrieron antes de que tú nacieras. Yo también estaba muy, muy asustado. Todavía sueño con eso. Cuando veo las imágenes de Gaza, esas guerras vuelven a mí con la fuerza de un trueno y un relámpago. Pienso en ti.
Todos los que hemos estado en la guerra la odiamos sobre todo por lo que les hace a los niños.
Intenté contar vuestra historia. Intenté decirle al mundo que cuando se es cruel con las personas, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, década tras década, cuando se les niega la libertad y la dignidad, cuando se les humilla y atrapa en una prisión al aire libre, cuando se les mata como si fueran bestias, se enfadan mucho. Hacen a los demás lo que les hicieron a ellos. Lo repetí una y otra vez. Lo repetí durante siete años. Pocos escucharon. Y ahora esto.
Hay periodistas palestinos muy valientes. Treinta y nueve de ellos han sido asesinados desde que empezó este bombardeo. Son héroes. También lo son los médicos y las enfermeras de sus hospitales. También lo son los trabajadores de la ONU. Ochenta y nueve de ellos han sido asesinados. También lo son los conductores de ambulancias y los médicos. También lo son los equipos de rescate que levantan las losas de hormigón con sus manos. También las madres y los padres que os protegen de las bombas.
Pero nosotros no estamos allí. Esta vez no. No podemos entrar. Nos tienen bloqueados.
Reporteros de todo el mundo se dirigen al paso fronterizo de Rafah. Vamos porque no podemos ver esta masacre y no hacer nada. Vamos porque cada día mueren cientos de personas, entre ellas 160 niños. Vamos porque este genocidio debe terminar. Vamos porque tenemos hijos. Como tú. Preciosos. Inocentes. Amados. Vamos porque queremos que viváis.
Espero que algún día nos encontremos. Serás un adulto. Yo seré un anciano, aunque para ti ya soy muy viejo. En mi sueño contigo te encontraré libre y seguro y feliz. Nadie intentará matarte. Volarás en aviones llenos de gente, no de bombas. No estarás atrapado en un campo de concentración. Verás mundo. Crecerás y tendrás hijos. Envejecerás. Recordarás este sufrimiento, pero sabrás que significa que debes ayudar a otros que sufren. Esta es mi esperanza. Mi oración.
Te hemos fallado. Esta es la horrible culpa que llevamos. Lo intentamos. Pero no lo intentamos lo suficiente. Iremos a Rafah. Muchos de nosotros. Reporteros. Nos plantaremos frente a la frontera con Gaza en señal de protesta. Escribiremos y filmaremos. Esto es lo que haremos. No es mucho. Pero es algo. Volveremos a contar tu historia.
Quizá sea suficiente para ganarnos el derecho a pedirte perdón.
Imagen de portada: Niños de Gaza (por Mr. Fish).