Neve Gordon, Al Jazeera English, 10 noviembre 2023
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Neve Gordon es catedrático de Derecho Internacional en la Universidad Queen Mary de Londres. También es autor de “Israel’s Occupation” y coautor de “The Human Right to Dominate”.
En todo Israel, enormes vallas publicitarias se elevan sobre las carreteras centrales, a la vez que se han colocado grandes pancartas frente a escuelas, supermercados y edificios gubernamentales. En todos ellos figura un nuevo eslogan: «Juntos venceremos».
El eslogan es corto y nítido (en hebreo, se compone de dos palabras, «beyahad nenatzeach«) y ha sido adoptado por amplios segmentos de la población judía de Israel. Parte de su atractivo se debe probablemente a su ambigüedad, que permite a cada espectador interpretar la palabra «victoria» de forma diferente.
Sin embargo, a pesar de las diferentes interpretaciones de lo que sería la victoria, parece existir un amplio consenso entre los israelíes de que una victoria de cualquier tipo sólo puede lograrse desatando una violencia letal sobre Gaza.
De lo contrario, ¿cómo se explica que cuando los residentes que huyen, viajando por una carretera que Israel identificó como «ruta segura» hacia el sur, son alcanzados por un mortífero ataque aéreo no se oiga ni una sola voz en los principales medios de comunicación criticando el asalto? Tampoco se oye ninguna indignación cuando se lanzan bombas en medio de uno de los barrios más concurridos del campo de refugiados de Yabalia o cuando los misiles alcanzan un convoy de ambulancias. Para la mayoría de los israelíes, «vencer» parece justificar actualmente casi cualquier violencia.
Como demuestra el mes pasado, la mayoría de los israelíes no parecen haber tenido reparos en que los militares lanzaran 30.000 toneladas de explosivos sobre Gaza, dañando alrededor del 50% de todas las viviendas de la Franja y dejando inhabitables al menos el 10% de ellas. La mitad de los hospitales y el 62% de los centros de salud de atención primaria están efectivamente fuera de servicio y un tercio de todas las escuelas han sufrido daños y cerca del 9% de ellas son ahora inutilizables.
Esto, creen muchos judíos israelíes, es parte de lo que se necesita para «vencer» y, por tanto, los palestinos sólo tendrán que sufrir miles de víctimas civiles, incluida la muerte de los más de 4.000 niños asesinados hasta la fecha. Parecen aceptar que «vencer» implica matar una media de seis niños cada hora desde el 7 de octubre y transformar Gaza en un «cementerio de niños», como dijo el jefe de la ONU, Antonio Guterres.
El tipo de bombardeo indiscriminado que hemos visto en el último mes forma parte, sin duda, del esfuerzo de Israel por afirmar la disuasión en relación con Hamás, así como con Hizbolá. El mensaje es claro: mirad la destrucción en Gaza y tened cuidado.
Sin embargo, incluso el bombardeo masivo de Gaza necesario para este tipo de disuasión no es realmente el objetivo final. Lo que «vencer» significa en última instancia para la mayoría de los judíos israelíes es la completa aniquilación de Hamás y de la Yihad Islámica Palestina.
Teniendo en cuenta que Hamás es una ideología, un movimiento social y un aparato de gobierno que incluye un brazo militar, el alcance y la viabilidad de este objetivo no están claros, pero sin duda supondrá matar a miles de combatientes, incluidos sus líderes políticos y militares, demoler el sistema de túneles que Hamás ha creado y destruir las armas que el grupo ha acumulado. Y el asesinato de miles de civiles, el desplazamiento masivo de la población y la destrucción generalizada de emplazamientos civiles se consideran «daños colaterales» legítimos. Pero si la destrucción de Hamás es el objetivo final, entonces «vencer» también implica un cambio de régimen en Gaza, así como la creación de una nueva realidad sobre el terreno en la que Israel controle no sólo las fronteras que rodean la Franja de Gaza, sino también cuanto ocurre dentro de esas fronteras. Sin embargo, es en este punto donde el actual consenso generalizado en Israel sobre la necesidad de aniquilar a Hamás se fractura y «vencer» se interpreta de forma diferente según el grupo político al que uno pertenezca.
Para la derecha religiosa, la atroz masacre de Hamás se considera una oportunidad para repoblar la Franja de Gaza con colonos judíos. El bombardeo generalizado y el desplazamiento de más de un millón de palestinos permiten trocear la Franja en diferentes partes y crear zonas libres de palestinos en las que los colonos judíos puedan hacerse con tierras y reconstruir asentamientos. Sin embargo, el reasentamiento de la Franja de Gaza forma parte de un plan más amplio para judaizar toda la región, desde el río hasta el mar. En este mismo momento -y al amparo de la violencia de Israel en la Franja de Gaza-, los colonos pertenecientes a este grupo político están expulsando a las comunidades palestinas de las colinas situadas al este de Ramala, el valle del Jordán y las colinas del sur de Hebrón, en Cisjordania. «Vencer» para ellos es completar la Nakba de una vez por todas sustituyendo a la población autóctona por judíos en toda la tierra bíblica de Israel.
Para la derecha política israelí y muchos en el centro político, «vencer» significa transformar partes del norte de Gaza y un amplio perímetro alrededor de las fronteras norte, este y sur de la Franja en tierra de nadie. Significa el traslado permanente de poblaciones del norte al sur y de las fronteras de Gaza hacia el interior, al tiempo que se confina a los palestinos en una prisión aún más pequeña que en la que han vivido durante los últimos 16 años. Supone la creación de un gobierno títere encargado de gestionar las tareas municipales, no muy distinto de la Autoridad Palestina en Cisjordania, y significa que los soldados israelíes entrarán periódicamente en la Franja de Gaza para «cortar la hierba bajo los pies«, de forma similar a lo que hace el ejército en Yenín.
El centro político restante y muchos liberales judíos israelíes no saben realmente lo que significa «vencer» más allá del ejercicio de una violencia espantosa para «destruir a Hamás». Atrapados en un paradigma militarista y ahora retributivo, parecen pensar que israelíes y palestinos están atrapados en un fatalista juego de suma cero en el que sólo la aplicación de la violencia contra los palestinos garantizará de algún modo que los judíos estén a salvo. Sin estar totalmente seguros de lo que significa la victoria, pero deseando este resultado final, no obstante, ellos también apoyan la violencia. Así pues, lo admita o no la inmensa mayoría de los judíos israelíes, «vencer» implica una campaña de eliminación a gran escala dirigida contra el pueblo palestino y no sólo contra Hamás.
Sólo un pequeño segmento de la sociedad judía israelí rechaza estas formas de «vencer» y pide un alto el fuego inmediato. Para ellos, vencer implica un cambio de paradigma completo y total, que transforme Israel en un único Estado democrático entre el río Jordán y el mar Mediterráneo en el que judíos y palestinos puedan vivir juntos como iguales.
Para este grupo, el «juntos» del lema «juntos venceremos» no es el excepcionalismo judío que reina en Israel (y en muchos lugares del mundo), sino una alianza judeo-palestina, algo que hoy parece un sueño descabellado. Sin embargo, esta visión profética es la única noción de victoria por la que merece la pena luchar. Y nuestra única esperanza de un futuro pacífico en esta tierra histórica.
Foto de portada: Comprobando los daños después de que un convoy de ambulancias fuera alcanzado a la entrada del hospital Shifa en la ciudad de Gaza, el 3 de noviembre de 2023. [Mohammed Al-Masri/Reuters].