Moncef Khane, Middle East Eye, 7 diciembre 2023
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Moncef Khane es un antiguo funcionario de las Naciones Unidas. Trabajó en derechos humanos, asuntos políticos, operaciones de mantenimiento de la paz y en la Oficina Ejecutiva del secretario general Kofi Annan. Fue becario de la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard y del Institute for the Study of Diplomacy de la Universidad de Georgetown, y tiene másteres por la Fletcher School of Law and Diplomacy y la Kennedy School of Government.
En paralelo a la ofensiva militar israelí contra Gaza, se está librando otra lucha desigual, no letal pero sí insidiosa, ya que determina las percepciones que informan la política.
El gobierno israelí y sus cómplices han perseguido constantemente el uso de un lenguaje que consideran perjudicial para Israel y su narrativa de ocupación. Podría decirse que forma parte de la diplomacia.
Sin duda, pero en estos tiempos de guerra, la guerra de Israel contra las palabras se ha convertido en lo mismo que su ofensiva contra Gaza: en una guerra sin cuartel. Cuando se trata de su guerra de palabras, se asemeja a la estupidez de la intimidación en el patio del colegio.
Tomemos el ejemplo reciente del ministro de Asuntos Exteriores israelí, Eli Cohen, que fustigó al primer ministro irlandés, Leo Varadkar, al publicar: «Parece que ha perdido su brújula moral y… está intentando legitimar y normalizar el terror. ¡Qué vergüenza!».
Fue más bien un ataque grosero contra el primer ministro de un país de la UE por atreverse a utilizar las palabras de un pasaje bíblico del Nuevo Testamento -«un niño inocente que estaba perdido ahora ha sido encontrado»- en su amable publicación de 360 palabras del 25 de noviembre en X para conmemorar la liberación por Hamás de Emily, una niña irlandesa-israelí de nueve años retenida como rehén desde el 7 de octubre.
Tel Aviv incluso convocó al embajador de Irlanda en Israel por ese escrito.
Retenidos por el ejército
Contrasta esta tormenta en una taza de té con el uso generalizado del término erróneo «prisionero» para definir a los palestinos, incluidos cientos de niños, algunos de tan corta edad como Emily, detenidos arbitrariamente y que languidecen en prisiones militares israelíes durante meses, años o décadas.
Según Naciones Unidas, Israel ha detenido desde 1967 a un millón de palestinos en los territorios ocupados, entre ellos decenas de miles de niños, durante periodos de tiempo diversos.
En su informe de julio de 2023 sobre privación arbitraria de libertad al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, Francesca Albanese, relatora especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967, calculó que en ese momento había 5.000 palestinos recluidos por las autoridades israelíes.
De los detenidos, la mayoría fueron apresados por el ejército, que ejerce su jurisdicción sobre Cisjordania, mientras que la policía y los tribunales civiles tienen jurisdicción sobre el Jerusalén Este ocupado porque fue anexionado formalmente por Israel.
Según el Reglamento de La Haya, los Convenios de Ginebra III y IV y el Protocolo Adicional I, así como el derecho internacional humanitario consuetudinario, la detención de personas en situaciones de ocupación beligerante sólo es permisible si es «absolutamente necesaria» para la seguridad de la potencia ocupante o por «razones imperiosas de seguridad» y tras un juicio justo e imparcial de dichas «personas protegidas».
Sin embargo, según la legislación israelí, un niño palestino puede ser condenado a 20 años por lanzar una piedra. Las tasas de condenas por tribunales militares de niños y adultos palestinos lo dicen todo: en 2011, el diario israelí Haaretz informó de datos militares internos que mostraban que el 99,74 por ciento de los llamados juicios acabaron en condenas: 9.542 frente a 25 absoluciones.
Detención administrativa
Según Hamás, su incursión del 7 de octubre en el interior de Israel, en la que murieron 1.200 personas, se llevó a cabo principalmente para secuestrar a israelíes a fin de canjearlos por «prisioneros» palestinos retenidos por Israel. Como tales, todos los cautivos en poder de Hamás son, por definición, rehenes.
Incluso el personal militar israelí capturado, nominalmente prisioneros de guerra, también son rehenes ya que, según Hamás, su captura en el ataque de tipo comando se hizo expresamente para exigir la liberación de los detenidos palestinos. Esto también se ajusta a la definición de manual de un rehén.
En su mayor parte, los cautivos palestinos detenidos, o más bien capturados por el ejército israelí en Cisjordania o la policía en la Jerusalén Oriental ocupada, son rehenes. Según la legislación israelí, cualquier palestino de cualquier edad puede ser detenido en cualquier momento del día o de la noche sin orden judicial ni cargos, y retenido durante días, meses o años en régimen de «detención administrativa».
Si al final se presentan cargos, la acusación suele ser la de una amplia amenaza para la seguridad del Estado, o bien se mantiene el motivo en secreto, según muchos abogados de palestinos detenidos.
Estas prácticas constituyen en sí mismas terrorismo de Estado.
Los testimonios de madres palestinas aterrorizadas por una incursión militar a las tres de la madrugada en su casa para llevarse a sus hijos, maridos o a ellas mismas, son escalofriantes. El mensaje no tan subliminal es claro: no te resistas a la ocupación y estarás bien. Si no, ¡te vas a enterar!
Amnistía Internacional «descubrió que Israel ha utilizado sistemáticamente la detención administrativa como herramienta para perseguir a los palestinos, en lugar de como medida preventiva extraordinaria y utilizada selectivamente».
Quebrantar la voluntad palestina
Según organizaciones de derechos humanos israelíes y palestinas, más de 3.000 palestinos, entre ellos niños, mujeres y periodistas, han sido detenidos en Cisjordania por el ejército israelí sólo desde el 7 de octubre, sometidos a detención administrativa y muchos incomunicados.
Más de 300 han sido asesinados, entre ellos jóvenes como Adam Samer al-Ghoul, de nueve años, muerto a tiros el 29 de noviembre a sangre fría por el ejército israelí en plena calle en Yenín.
De los 240 palestinos liberados durante la tregua de siete días en Gaza, 173 tenían 18 años o menos. Las autoridades israelíes les ordenaron a ellos y a sus familias que no celebraran su liberación, ni al aire libre ni en espacios cerrados.
Mientras tanto, de forma rotatoria, un número similar de palestinos fueron detenidos en Cisjordania y en la Jerusalén Oriental ocupada durante la tregua.
Este pernicioso modus operandi sirve a un único propósito: infundir miedo en todas y cada una de las familias y aterrorizar a comunidades palestinas enteras para obligarlas a someterse a la ocupación y a consentirla.
En este sentido, es evidente que los palestinos detenidos arbitrariamente, jóvenes y ancianos, niños y niñas como Emily, también son rehenes. No sólo presos, presos políticos o detenidos arbitrariamente según el derecho internacional, sino rehenes. Su precio: quebrar la voluntad palestina de resistir a la ocupación.
Desde el estatuto del tribunal militar de Nuremberg hasta el estatuto de la Corte Penal Internacional, la toma de rehenes en un conflicto internacional o interno es un crimen de guerra, perseguible ante los tribunales nacionales en virtud del principio de jurisdicción universal.
Y por eso, el ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Eli Cohen, vendrá a por ti, para intimidarte y silenciarte, con otro «¡qué vergüenza!», si sufres la desgracia de llamar rehén a un palestino.
Porque en la guerra, las palabras importan.
Foto de portada: La activista Ahed Tamimi tras la liberación del grupo de mujeres palestinas a cambio de los rehenes israelíes retenidos en Gaza por Hamás, en Ramala, Cisjordania ocupada, 30 de noviembre de 2023 (AFP).