Libia: Las súplicas de rescate de un barco de inmigrantes que se hundía caen en saco roto

Katherine Hearst, Middle East Eye, 18 diciembre 2023

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Katherine Hearst es escritora y cineasta. Tras graduarse en el Royal College of Art en 2015, ha dirigido tres cortometrajes de animación que han aparecido en la BBC y Sky Arts. Sus escritos periodísticos se han publicado en Open Democracy y The New Internationalist.

Activistas de los derechos humanos afirman que los agentes estatales no respondieron con rapidez al hundimiento de una embarcación, lo que provocó la muerte de más de 60 personas frente a la costa septentrional de Libia en la noche del 13 de diciembre.

Al parecer, la atestada balsa neumática se hundió cuando la marea alta se la tragó tras salir desde la ciudad costera libia de Zuwara.

Según los supervivientes, se cree que había 86 personas a bordo, entre ellas varias mujeres y niños, la mayoría procedentes del África subsahariana.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) declaró que 25 supervivientes habían sido rescatados y devueltos al centro de detención de Tariq al Sekka, en Libia.

Alarm Phone, una línea de emergencia para embarcaciones en peligro gestionada por voluntarios, estuvo en contacto con el barco durante la mayor parte del incidente.

«Recibimos la primera llamada de socorro a las 17.00 horas», explicó a MEE Britta Rabe, activista de Alarm Phone. «Dijeron que estaban en un bote de goma y que el mar estaba muy agitado. También había mucho viento, por lo que no esperábamos ninguna salida ese día, así que estaba claro que se encontraban en una situación muy peligrosa. Estaban entrando en pánico», dijo Rabe.

Alarm Phone envió múltiples alertas a las autoridades italianas, maltesas y libias, así como al buque de rescate Sea-Eye, la única flota civil disponible, que se encontraba a doce horas de distancia. Una hora más tarde, consiguió contactar con un oficial libio que accedió a enviar una patrullera.

El barco no llegó a enviarse debido al mal tiempo, aunque Alarm Phone dijo que sabía que al menos dos lanchas de rescate libias habían salido al mar ese día, interceptando al menos a otras tres embarcaciones.

A las 18.00 horas, Alarm Phone recibió una última llamada de la embarcación que decía: «¡Estamos perdiendo la vida aquí!».

A las 21:40, el Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo (MRCC, por sus siglas en inglés) de Roma ordenó que un buque de aprovisionamiento, el Vos Triton, se dirigiera a la embarcación en apuros.

Alarm Phone señaló que el buque estaba mal equipado para realizar un rescate y que más tarde perdió el contacto con la embarcación.

«No sabíamos qué había pasado», dijo Rabe. «Intentamos muchas, muchas, muchas veces llamar a los distintos números de teléfono de los guardacostas libios para averiguar qué había pasado».

Finalmente, los guardacostas libios comunicaron a Rabe y a sus colegas que el buque de suministros había rescatado a 25 personas.

«Era muy confuso, porque la gente del bote nos había dicho que había más de 50 personas a bordo», dijo Rabe. «Así que nos preguntamos durante mucho tiempo qué había sido del resto».

Sólo cuando vieron un tuit de la OIM al día siguiente informando de que 61 personas habían desaparecido tras un naufragio, supieron lo que había ocurrido.

Sin accidentes

La ausencia de barcos de rescate patrullando la travesía aquel día no fue casual.

El buque de rescate fletado por Médicos Sin Fronteras, el Geo Barents, había estado patrullando la zona cercana al naufragio apenas dos días antes.

Cuando recibió las alertas de Alarm Phone, ya se dirigía a Génova con un barco casi vacío, para desembarcar un rescate.

Una serie de leyes contra los inmigrantes introducidas por la primera ministra italiana de extrema derecha, Georgia Meloni, obliga a los barcos civiles a desembarcar inmediatamente después de un rescate en puertos designados más alejados, en el norte de Italia.

Los activistas han afirmado que estas políticas han ampliado la ya de por sí enorme «brecha de rescate» en las aguas del Mediterráneo central.

«Ya nos íbamos con sólo 36 personas, ni siquiera el 10% de nuestra capacidad real», declaró a MEE Virginia Mielgo, coordinadora de proyectos de MSF. «Podríamos habernos quedado más tiempo porque tenemos capacidad para rescatar a más de 600 personas».

«En el momento en que hacemos un rescate… nos vemos obligados a abandonar la zona, aunque las condiciones meteorológicas indiquen que puede haber otros casos», explicó.

Si se quedaban, la tripulación corría el riesgo de ser incautada y multada, como ocurrió en febrero.

Mielgo subrayó que realizar un rescate en las malas condiciones meteorológicas habría sido más seguro con un buque de rescate que con un barco de aprovisionamiento.

«Tenemos la capacidad y los conocimientos técnicos para llevar a cabo un rescate en una situación tan complicada», afirmó.

La travesía es ya la ruta migratoria más mortífera del mundo, con más de 2.500 migrantes muertos o desaparecidos tras intentar la travesía hasta septiembre de este año. Esta cifra duplica la del año pasado y es la más alta desde 2016.

Túnez y Libia se convirtieron en los principales puntos de partida, con más de 102.000 personas saliendo de Túnez en 2023, un aumento del 260% respecto al año pasado. Y al menos 45.000 han intentado la travesía desde Libia este año.

El aumento de las salidas desde Túnez se produjo en medio de un repunte de la violencia racial contra los inmigrantes subsaharianos.

Mientras tanto, en Libia, miles de refugiados y migrantes permanecen recluidos en lo que Amnistía Internacional describe como condiciones «infernales«, en las que se enfrentan a palizas, violencia sexual, extorsión y trabajos forzados.

«Recientemente hemos visto que la gente sale al mar incluso con muy mal tiempo», afirmó Rabe. «Creo que esto demuestra que la gente realmente necesita huir de Libia».

Complicidad de la UE

La noticia del naufragio llega en medio de un aluvión de polémicos acuerdos antimigración firmados por la UE con países norteafricanos.

Un polémico pacto migratorio entre la UE y Túnez, por el que este país habría frenado la inmigración a cambio de ayuda financiera, se deshizo después de que Túnez devolviera un pago de 60 millones de euros en octubre.

Un acuerdo similar firmado con Egipto en 2022 permitirá a Francia entregar tres buques de búsqueda y salvamento a los guardacostas egipcios.

La UE también ha entrenado y equipado a la Guardia Costera libia desde 2016, lo que ha provocado acusaciones de complicidad en las atrocidades cometidas por la Guardia Costera libia contra los migrantes durante las interceptaciones en el mar.

Una reciente investigación de Lighthouse Reports reveló que Frontex, la agencia de fronteras de la UE, había estado «compartiendo sistemáticamente» coordenadas de embarcaciones de refugiados con un buque «pirata» dirigido por la brigada Tariq Ben Zeyad, un grupo miliciano libio conocido por secuestros y torturas.

La investigación concluyó que la colaboración podría violar el derecho internacional.

En junio, un pesquero hacinado volcó frente a la costa de Pylos, en Grecia, muriendo más de 600 personas. Una serie de investigaciones alegaron que las autoridades griegas eran conscientes de la existencia del barco en peligro horas antes de que se hundiera y no llevaron a cabo su rescate.

El 6 de noviembre, Meloni anunció un acuerdo «histórico» con Tirana para establecer centros de detención en Albania destinados a encerrar a las personas rescatadas en el mar por embarcaciones italianas. Sin embargo, el Tribunal Constitucional albanés suspendió posteriormente la ratificación del acuerdo tras los recursos presentados, alegando que incumple la Constitución albanesa y los convenios internacionales.

El sábado, el primer ministro británico, Rishi Sunak, afirmó que él y Meloni harían «lo que fuera necesario» para «detener los barcos», acordando cofinanciar un plan de devolución de migrantes varados en Túnez.

Foto de portada: Migrantes de Eritrea, Libia y Sudán hacinados en la bodega de un barco de madera en el mar Mediterráneo, antes de ser asistidos por la ONG española Open Arms, 17 de junio de 2023 (AP).

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