Emile Badarin, Middle East Eye, 30 diciembre 2023
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Emile Badarin es investigador en cuestiones relativas a la política de Oriente Próximo, el colonialismo y las relaciones internacionales. Es autor de numerosas publicaciones, que pueden consultarse en: www.researchgate.net/profile/Emile-Badarin y www.ebadarin.com.
Israel estableció la infraestructura conceptual, racial y espacial de la limpieza étnica y el genocidio hace mucho tiempo, en particular a lo largo de las décadas del «proceso de paz de Oslo», con el apoyo directo de Occidente.
A partir del 7 de octubre se cruzó el umbral genocida, ya que Israel se ha embarcado en la ejecución, en un «caso de manual» de genocidio y limpieza étnica de 2,3 millones de personas en Gaza, un proceso que también se está desarrollando en Cisjordania.
A diferencia de anteriores genocidios de los colonos europeos, el genocidio que se está perpetrando en Gaza está siendo retransmitido en directo y presenciado por todo el mundo. Por lo tanto, además de la intención y las capacidades militares, el genocidio requiere una cobertura diplomática y mediática/propagandística protectora.
La Unión Europea, junto con Estados Unidos, ha estado proporcionando esta cobertura.
El bombardeo de Gaza es sistemático y está diseñado para convertirla en un paisaje genocida. En el momento de escribir estas líneas, Israel ha asesinado a más de 20.000 personas (de las cuales más de 8.000 son niños y 6.200 mujeres) y herido a 53.320, mientras que 6.700 siguen desaparecidas bajo los escombros.
Ni esta infraestructura ni esta guerra genocida habrían sido posibles sin el apoyo diplomático, militar, de inteligencia y mediático, directo e indirecto, de la UE y Estados Unidos, que han venido garantizando, una y otra vez, que Israel siguiera estando por encima del derecho internacional.
En el pasado, la UE extendió su cobertura protectora al colonialismo de asentamientos israelí mientras mantenía fachadas liberales y humanitarias. Sin embargo, desde el 7 de octubre, la UE se ha quitado todas las máscaras.
Una indiferencia escalofriante
De hecho, la UE tiene una imagen detallada de la situación en Gaza. Su responsable de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, la calificó de «catastrófica, apocalíptica», con un sufrimiento civil «sin precedentes» y unos niveles de destrucción «incluso superiores» a los de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial.
Nada de esto ha sacudido la conciencia de la UE. La conmoción y la rabia europeas transpiran cuando su violencia colonial, típicamente reservada a los pueblos racializados, rebota y golpea a los europeos, como argumentó enérgicamente Aimé Césaire hace casi siete décadas.
La UE ha mostrado una escalofriante indiferencia ante los continuos crímenes contra la humanidad en Gaza. Se ha abstenido de condenar, y mucho menos de detener, estos crímenes porque han sido perpetrados contra una «raza inferior» por Israel, una extensión colonial de asentamientos de Europa.
Después de casi tres meses de desenfreno ininterrumpido, la UE sigue rechazando los llamamientos a un alto el fuego para detener el genocidio en curso.
En su última reunión, celebrada los días 14 y 15 de diciembre, el Consejo Europeo, responsable de definir las políticas de la UE, reafirmó el inquebrantable respaldo de la UE a la guerra genocida de Israel con el pretexto del «derecho de Israel a defenderse», añadiendo a veces aditivos genéricos y patéticos como «en consonancia con el derecho internacional» y destacando «la importancia» de proteger a los civiles.
La decisión del Consejo Europeo llegó rápidamente para disminuir el impacto simbólico de 17 Estados miembros de la UE que apoyaron la resolución no vinculante de la Asamblea General de la ONU a favor de un «alto el fuego humanitario inmediato», aprobada por abrumadora mayoría el 12 de diciembre.
En un artículo conjunto publicado el 16 de diciembre, los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania y el Reino Unido -ambos países se abstuvieron en la votación de la citada resolución de la ONU- declararon explícitamente que «no creen» en un alto el fuego general e inmediato ahora, con la esperanza de que las matanzas terminen en algún momento «en el futuro».
Occidente contra el resto
Gaza sigue denostando el colonialismo y racismo perdurables de la UE, al igual que hace más de seis décadas. La agresión conjunta anglo-franco-israelí de 1956 contra Gaza y Egipto, en respuesta a la nacionalización del Canal de Suez, desempeñó un papel importante en el fomento de la integración europea para prolongar la explotación colonial y reprimir las luchas de liberación en África y el mundo árabe.
La actual deshumanización de los palestinos y la desinformación se utilizan liberalmente para reforzar una narrativa geopolítica para la acción colectiva occidental contra el resto, una narrativa que ha cristalizado vigorosamente desde el estallido de la guerra ruso-ucraniana.
En esta narrativa y consenso políticos no importan ni la moralidad ni la facticidad. Esta actitud europea posterior a los hechos tiene sus raíces en el colonialismo, el racismo y el supremacismo.
Ursula von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, al tiempo que declaraba que «Europa está con Israel», ha difundido sin pudor desinformación y afirmaciones infundadas (el tipo de actos que la UE profesa combatir y criminalizar) como «quemar viva a la gente» y «mutilar a niños e incluso a bebés» el 7 de octubre.
Tales calumnias contra los palestinos siguen publicándose en la página web de la Comisión, a pesar de que han sido ampliamente desmentidas, incluso por fuentes israelíes.
Altos dirigentes de la UE han alineado voluntariamente a la UE con el discurso genocida israelí que describe a los palestinos como «nazis» o «nuevos nazis«.
Los «nuevos nazis”
Von der Leyen evocó el recuerdo de las atrocidades nazis contra ciudadanos judíos europeos. Afirmó que los israelíes fueron asesinados el 7 de octubre «por ser judíos» y debido al «antiguo mal» de los palestinos, que supuestamente recuerda el «pasado más oscuro» de Europa.
Esta invención no sólo ignora deliberadamente los hechos de una lucha colonial de 140 años entre el pueblo indígena de Palestina y los colonos euro-sionistas, sino que también presenta a los palestinos como herederos del profundamente arraigado antisemitismo europeo.
La existencia y la resistencia palestinas se presentan como una reencarnación de la maldad nazi de Europa.
Para la UE, esta existencia es un escollo en el camino de la redención de Europa, un recordatorio persistente de lo que Europa ha intentado olvidar en busca de expiación por su violencia asesina contra sus ciudadanos judíos europeos.
Desde el 7 de octubre, Europa ha dado un paso más al permitir el genocidio en Gaza como forma de expiación por su propia historia genocida, aunque para ello haya tenido que suprimir, e incluso ilegalizar, la disidencia, las protestas y la libertad de expresión. El canciller alemán, Olaf Scholz, instó al silencio público total y declaró: «Todos los ‘sí, pero’ están totalmente fuera de lugar».
La yuxtaposición del presente palestino con el pasado de Europa es una treta para justificar la complicidad de la UE en una guerra genocida para suprimir la lucha palestina.
El pueblo palestino resistirá, firme en la larga lucha anticolonial por la liberación y la justicia, como lo ha hecho durante más de un siglo.
Foto de portada: Palestino herido tras un ataque israelí en Rafah, en el sur de la Franja de Gaza, el 20 de noviembre de 2023 (AFP).