Ron Jacobs, CounterPunch.com, 15 enero 2024
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Ron Jacobs es autor de Daydream Sunset: Sixties Counterculture in the Seventies, publicado por CounterPunch Books. Su nuevo libro, titulado Nowhere Land: Journeys Through a Broken Nation, saldrá está próxima primavera. Vive en Vermont. Contacto en: ronj1955@gmail.com
Los recientes ataques de las fuerzas militares estadounidenses y británicas contra Yemen no tienen por objeto proteger las rutas marítimas internacionales. Tampoco se trata de proteger a las tropas imperiales en tierras donde no se las quiere y a las que no pertenecen. En pocas palabras, se trata de apoyar la matanza asesina de Israel en Gaza y mantener el vacilante control del imperialismo estadounidense sobre la región que el imperio llama Oriente Medio. Si Washington y Londres estuvieran realmente interesados en proteger las rutas marítimas en cuestión, exigirían un alto el fuego en Gaza y trabajarían para aplicarlo. Si Washington estuviera interesado en proteger a las fuerzas estadounidenses, retiraría esas fuerzas de Iraq, Siria y cualquier otra nación en la que no sean bienvenidas.
En lugar de ello, Washington está haciendo exactamente lo contrario. Su escandaloso apoyo a la matanza israelí en Gaza y su rechazo a todos y cada uno de los llamamientos al alto el fuego es la prueba más evidente de ello. Del mismo modo, la negativa del Pentágono a retirar sus fuerzas de Iraq y Siria, en rechazo directo a las demandas de los gobiernos de esos países, demuestra que Washington no busca la paz; busca el control. Por supuesto, ese control no es ni probable ni posible. Mientras Washington niegue la ocupación ilegal de Cisjordania por parte de Israel y su asedio a Gaza, también lo es casi cualquier tipo de paz. Al igual que en el resto del mundo, el camino hacia la paz pasa por la negociación, no por el conflicto militar. Mientras el enfoque de Washington a las negociaciones sea el de lanzar ultimátums y exigir la rendición, sigue estando claro que Washington no está realmente interesado en la paz.
Ni los combatientes yemeníes ni los palestinos son enemigos del pueblo de Estados Unidos. Sin embargo, se oponen al alto mando político y militar de Washington y a su insistencia en manipular sus destinos. La mentalidad imperial que representa esa manipulación ha sido constantemente cuestionada por aquellos a quienes se dirige. La dominación de la región por parte de Washington y sus clientes sigue siendo esquiva a pesar de los millones de muertos, heridos y desplazados por las fuerzas de Washington.
Hombres y mujeres razonables reconocerían este hecho histórico y reajustarían sus objetivos de manera que respeten y den cabida a todos los pueblos de las naciones implicadas, no sólo a los que están al servicio de Washington.
La escalada de la guerra en el llamado Oriente Medio no beneficia a la mayoría de quienes residen en Estados Unidos. Si nos fijamos en la historia, es razonable afirmar que cualquier nueva escalada en cualquier frente de la región traerá consigo un aumento de los precios de los productos básicos para los residentes en Estados Unidos y en el resto del mundo. También sugiere la posibilidad de una mayor escasez de bienes.
Además, cuanto mayor sea la posible escalada, mayor será la probabilidad de una mayor implicación de Estados Unidos. En otras palabras, aumenta la posibilidad de que haya más soldados sobre el terreno y de que se produzca un conflicto sangriento en la región y, tal vez, en todo el mundo. Como suele ocurrir en tales circunstancias, los beneficiarios de una guerra mayor se limitarán a quienes se benefician de la venta de armas y de la industria de los combustibles fósiles. Sus beneficios, como los siclos pagados a Judas antes de su beso en el jardín de Getsemaní, nunca podrán compensar la sangre derramada y por derramar. Nunca podrán ser justificados y nunca deberían serlo.
Los expertos militares de sillón del Congreso y los medios de comunicación exponen su ignorancia casi cada vez que abren la boca. La chulería de Joe Biden por la industria bélica es prueba de una política sin imaginación y de una actitud cada vez más arrogante hacia la vida humana y el medio ambiente. Las personalidades de los medios de comunicación que vitorean la masacre israelí en Gaza y sus llamamientos a atacar Irán demuestran su ignorancia y un desprecio reprobable por la vida humana. Los que tenemos una comprensión más crítica (y no estamos en nómina de la maquinaria bélica) sabemos que ampliar las operaciones militares no creará paz, sólo más devastación. La tranquilidad de los muertos es una paz ilusoria. La venganza de sus fantasmas es tan insensata como peligrosa. Uno pensaría que este es el entendimiento común. Corresponde a los antibelicistas asegurarse de que así sea.
Foto de portada: Combatientes hutíes disparan granadas antitanque durante una maniobra militar cerca de Sanaa, Yemen, 30 de octubre de 2023 (Houthi Media Center).