Sarmad Ishfaq, Middle East Monitor, 27 enero 2024
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Sarmad Ishfaq es un investigador y escritor independiente cuyos trabajos se han publicado en Harvard Kennedy School Review, Diplomat, Open Democracy, Paradigm Shift, Mondoweiss y Eurasia Review, por nombrar algunos. Antes de convertirse en escritor independiente, trabajó como investigador para el Lahore Center for Peace Research. Tiene un máster en Relaciones Internacionales por la Universidad de Wollongong, en Dubai, donde fue reconocido como el «graduado más destacado».
El 2 de enero de 2024, un ataque israelí con aviones no tripulados mató al alto dirigente de Hamás Saleh Al-Aruri en un suburbio de Beirut, Líbano. Este audaz asesinato selectivo hizo temer que las llamas de la guerra pudieran envolver algo más que Palestina. Además, el incidente hizo reflexionar a muchos sobre el programa de asesinatos selectivos de Israel. Un informe especial de las Naciones Unidas definió los asesinatos selectivos como actos premeditados en los que los Estados utilizan la fuerza letal, en tiempos de paz o durante un conflicto armado, para matar a personas concretas que no se encuentran bajo su custodia.
La historia de los asesinatos selectivos de Israel
El programa israelí de asesinatos selectivos de personas consideradas peligrosas para el Estado está arraigado en su postura de seguridad nacional. Desde su nacimiento, Israel ha utilizado los asesinatos selectivos para neutralizar tanto a dirigentes palestinos como a nazis. El Estado ha utilizado venenos lentos, francotiradores, helicópteros de ataque, aviones no tripulados, F-16, cartas bomba y ametralladoras teledirigidas, entre otros medios, para eliminar objetivos. Inicialmente, el Estado se oponía a los asesinatos selectivos en suelo extranjero. Sin embargo, esta política cambió tras los Juegos de Múnich de 1972, en los que Septiembre Negro, un grupo militante palestino, asesinó a 11 miembros del equipo olímpico israelí. En represalia, Israel mató a unas dos docenas de militantes palestinos en suelo europeo. Esta operación, aprobada por la entonces presidenta Golda Meir, se denominó «Operación Ira de Dios» y se prolongó durante décadas. Despiadada por naturaleza, su objetivo era eliminar a todos los implicados directa e indirectamente en la masacre de Múnich. Por ejemplo, Wael Zwaiter, organizador de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y primo de Yasser Arafat, fue tiroteado en el vestíbulo de su edificio de apartamentos en Roma en octubre de 1972. El escuadrón asesino estaba compuesto por miembros del Mossad y de las fuerzas del ejército israelí.
Más tarde, a finales de la década de 1980, estalló en Israel la primera Intifada. Durante este frenético periodo, Israel inició una serie de asesinatos selectivos contra determinados palestinos. Los agentes israelíes se disfrazaban pérfidamente de árabes para infiltrarse y luego matar a sus objetivos o utilizaban francotiradores para ejecutar a los objetivos desde lejos. La frecuencia de estas operaciones aumentó a mediados de la década de 1990. Sin embargo, durante este tiempo, Israel negó rotundamente cualquier tipo de programa de asesinatos selectivos. Esta negación cambió radicalmente durante la segunda Intifada, cuando Hussain Abayat, un alto mando militante palestino, fue asesinado en las afueras de Belén. Este asesinato selectivo fue reconocido oficialmente por los israelíes, que se convirtieron así en el primer país del mundo en proclamar una política de asesinatos selectivos.
En noviembre de 2021, cuarenta y siete personas «se habían convertido en objetivo y se habían producido ochenta muertes». Uno de los usos más infames del asesinato selectivo por parte de Israel fue cuando Salah Shehade, el entonces líder del ala militar de Hamás, fue asesinado utilizando una bomba de una tonelada lanzada por un F-16 israelí en Gaza. Una bomba de una tonelada lanzada por un F-16 suena suficientemente indiscriminado, pero junto con Shehade, su esposa, su hija de 14 años y otros 14 civiles, entre ellos 11 niños, reitera este punto a la enésima potencia. Además, unas 150 personas resultaron heridas en este ataque. A pesar de la oscilante voluntad política de un gobierno israelí a otro, este programa divisivo de asesinatos selectivos ha proseguido sin tregua. Debido a los ignominiosos daños colaterales en forma de vidas civiles, en 2003, 27 pilotos de la Fuerza Aérea israelí enviaron una carta de protesta al entonces comandante de la Fuerza Aérea, en la que se negaban a seguir realizando ataques contra objetivos situados dentro de núcleos de población palestinos. Además, reprendían en la carta que la ocupación estaba corroyendo el tejido moral de Israel.
Asesinatos y operaciones destacadas
El prolífico jeque Ahmed Yasin fue el fundador y líder espiritual de Hamás. Su lugar de nacimiento en Palestina fue arrasado por las autoridades israelíes junto con otras 500 ciudades y pueblos palestinos. El jeque estaba en la lista de objetivos de Israel por su presunto papel en el asesinato de varios israelíes. Ariel Sharon había pedido abiertamente su asesinato y, tras un intento fallido de asesinato con un F-16 en 2003, Israel consiguió matarlo con un helicóptero de combate en 2004. El jeque fue asesinado cuando salía de una mezquita tras la oración del Fajr. En el atentado, condenado internacionalmente, murieron el jeque, sus dos guardaespaldas y nueve transeúntes; otras 15 personas resultaron heridas. Unos 200.000 palestinos acudieron a su funeral.
Unos años antes, en 1997, Israel fracasó en su intento de eliminar a Jaled Meshaal, que acabaría convirtiéndose en el líder de Hamás. Se afirma que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aprobó personalmente el asesinato de Meshaal. El atentado se produjo en Ammán, Jordania, cuando Meshaal se dirigía a su oficina. Dos agentes del Mossad administraron un lento veneno en el oído de Meshaal, pero uno de los guardaespaldas de Meshaal lo presenció y los persiguió. Logró capturar a los dos agentes tras una pelea a puñetazos. Este incidente fue humillante para Israel y Netanyahu, que tuvo que enfrentarse a la ira de un enfurecido rey Hussain de Jordania, e Israel no sólo tuvo que dar el antídoto a Meshaal, sino que también tuvo que liberar a muchos prisioneros palestinos, incluido el jeque Yasin. Meshaal volvió de entre los muertos. También se escribió un libro muy interesante sobre este tema titulado Kill Khaled.
El asunto Lillehammer, en 1973, supuso otro disgusto para el país. En cumplimiento de su vengativa operación de asesinato de objetivos tras la masacre de Múnich, el Mossad mató a tiros en 1973 a Ahmed Bouchikhi, un camarero marroquí mientras paseaba con su mujer embarazada. Sin embargo, se trató de un error de identidad, ya que se pensaba que Bouchikhi era un agente de Septiembre Negro llamado Ali Hassan Salameh. El asesinato, que tuvo lugar en Lillehammer (Noruega), supuso un importante revés para la reputación del Mossad. Aunque Israel no reivindicó la autoría, el Estado israelí indemnizó a la viuda, la hija y el hijo (de un matrimonio anterior) del fallecido.
Además de atacar a los palestinos, los israelíes también tienen un gran interés en eliminar a los científicos nucleares iraníes. En 2010, Israel mató a Massoud Ali-Mohammadi, profesor de física iraní, con una bomba teledirigida adosada a una motocicleta en Teherán. En 2010, Majid Shahriari, ingeniero nuclear, fue asesinado con una bomba adosada a su coche en Teherán. En 2011 y 2012, el físico Darioush Rezaei-Nejad y el profesor Mostafa Ahmadi Roshan fueron asesinados por pistoleros y una bomba, respectivamente. Por último, en 2020 fue asesinado Mohsen Fakhrizadeh, padre del programa nuclear iraní. El día de su muerte desoyó los consejos de su equipo de seguridad y condujo su Nissan Teana negro en lugar de coger un vehículo blindado. Fue asesinado por una ametralladora teledirigida asistida por Inteligencia Artificial (IA). El francotirador humano que efectuó el disparo utilizaba un ordenador y se encontraba a 1.000 kilómetros del objetivo (ni siquiera en Irán). La IA fue esencial a la hora de compensar el desfase/retraso, la sacudida y la velocidad del coche.
A lo largo de los años se ha producido una miríada de atroces asesinatos selectivos de este tipo y, aunque no es posible ofrecer una lista exhaustiva, a continuación se citan algunos de los más destacados:
– Mustafa Hafaz, comandante de la inteligencia egipcia en 1956.
– Mahmud Hamshar, comandante de campo de Septiembre Negro en 1972.
– Abu Ali Mustafa, comandante del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), asesinado por un misil disparado por un helicóptero israelí en 2001.
– Bashir Dabash y Zarees Alareer, jefes de armas militares de la Yihad Islámica en Gaza, muertos por un misil del ejército israelí en 2004.
– Jamal Abu Samhadana, alto dirigente del Comité de Resistencia Popular (CRP), en 2006.
– Mazen Fuqaha, alto mando de Hamás, abatido a quemarropa en 2017.
– Shirin Abu Akleh, periodista de Al Yazira, asesinada a tiros por un soldado israelí en 2022.
Asesinatos selectivos en la actual guerra de Gaza
La mayor parte de lo que se aportará en este apartado sección procede de la excelente investigación de +972 Magazine y Local Call titulada «A mass assassination factory’: Inside Israel’s calculated bombing of Gaza«. La investigación utiliza información facilitada por miembros en activo y retirados del aparato de inteligencia y seguridad de Israel. En su ciego anatema contra Hamás, el mundo es testigo de los despectivos bombardeos israelíes de edificios residenciales, hospitales, emisoras de noticias y mezquitas, que han provocado la muerte de decenas de miles de civiles. Promulgada por su brazo propagandístico, la «excusa» oficial de Israel para tales barbaridades es que Hamás utiliza escudos humanos, que sus túneles están situados bajo tales infraestructuras o que los escondites de Hamás se encuentran en tales edificios. El Estado también pregona que advierte a los civiles antes de atacar edificios y zonas civiles. Sin embargo, todo esto es una flagrante mentira. Según la investigación, Israel no sólo ataca deliberadamente edificios civiles, sino que sabe de antemano cuántos civiles van a morir en el ataque. En uno de esos trágicos casos, Israel dio luz verde al asesinato selectivo de un alto comandante de Hamás, a sabiendas de que morirían cientos de civiles palestinos, según una fuente israelí.
Otra fuente afirmó: «Nada ocurre por accidente. Cuando se mata a una niña de tres años en una casa de Gaza, es porque alguien del ejército decidió que no suponía ningún gran problema matarla, que era un precio que merecía la pena pagar para alcanzar [otro] objetivo. No somos Hamás. No son cohetes lanzados al azar. Todo es intencionado. Sabemos exactamente cuántos daños colaterales hay en cada casa». Esta implacable revelación debería hacer que las potencias mundiales se acobardaran de vergüenza.
Empeora aún más la situación la dependencia de Israel de un sistema de inteligencia artificial llamado Habsora (El Evangelio). Este sistema «genera» objetivos casi automáticamente a un ritmo exponencialmente superior al posible. Un antiguo oficial de inteligencia calificó este sistema de IA de «fábrica de asesinatos en masa». El sistema ha facultado al ejército para atacar viviendas enteras con el único fin de matar a un solo miembro de Hamás, aunque sea un subalterno. Sin embargo, ha habido muchos casos, como se ha visto en las redes sociales, en los que el ejército ha atacado casas en las que no había ningún miembro de Hamás, masacrando a familias enteras. En otras palabras, Israel está utilizando a propósito medios inexactos para atacar a miembros de Hamás, lo que provoca un número desproporcionado de víctimas civiles: un crimen de guerra. Así lo ha declarado el propio portavoz del ejército: «El énfasis está en el daño y no en la precisión«.
Las fuentes israelíes de la investigación eran conscientes de que hacer daño a civiles era el objetivo principal de atacar Gaza. No se trata de una política nueva, sino que se ha aplicado también a incursiones anteriores en Gaza. Hay casos del conflicto en curso en los que Israel ha destruido deliberadamente edificios altos porque sí, sin previo aviso. En un caso, un rascacielos se derrumbó sobre civiles que se encontraban en su interior. La Habsora ha permitido la generación de objetivos en masa, a lo que sigue posteriormente el bombardeo a gran escala de las fuerzas israelíes para matar a unos pocos miembros de Hamás. La Habsora es también la razón por la que Israel aún no se ha quedado sin objetivos palestinos. Esto pinta un panorama sombrío para los palestinos: Las maquinaciones inhumanas de Israel, ayudadas por una avanzada tecnología draconiana, son algo sacado directamente de una pesadilla distópica.
¿Son ilegales los asesinatos selectivos?
Esta cuestión requiere un examen bastante cuidadoso. Aunque la mayoría de los académicos y juristas objetivos opinan que los asesinatos selectivos son ilegales, la influencia ejercida por Estados Unidos, Israel y otros países ha enturbiado las aguas, dando lugar a acalorados debates sobre un tema que antes estaba bien definido. Hay distintos aspectos que deben tenerse en cuenta: por ejemplo, ¿el asesinato selectivo tuvo lugar en una zona de conflicto armado o en tiempos de paz? Dependiendo de la respuesta, la legislación aplicable cambia: el Derecho Internacional Humanitario (DIH) debe aplicarse cuando hay un conflicto armado en curso, mientras que el Derecho Internacional de los Derechos Humanos (DIDH) está siempre activo (excepto cuando es sustituido por el DIH durante los conflictos armados). Es necesario comprender muchos otros factores, pero esta sección se convertiría en un ente si cubriera todos los factores en detalle.
Se pueden encontrar estudiosos y juristas en ambos lados del campo, el legal y el ilegal. El bando que defiende los asesinatos selectivos afirma que es una forma legal de autodefensa que pretende reducir el terrorismo, mientras que el bando contrario argumenta que los asesinatos selectivos son ejecuciones extrajudiciales o asesinatos que pisotean el debido proceso. Los dos principales países que emplean presuntuosamente los asesinatos selectivos, Israel y Estados Unidos, han interpretado las leyes internacionales como les ha convenido, han pasado por alto descaradamente dichas leyes internacionales o han utilizado sus leyes y tribunales nacionales para obtener respaldo «legal» y ofuscar aún más las cosas. En 2006, el Tribunal Supremo de Israel defendió la política militar de asesinatos selectivos, pero declaró que debían examinarse cuidadosamente las consideraciones civiles y que debían evitarse los asesinatos si podían adoptarse medios menos perjudiciales. Principalmente, declaró que estas operaciones deben evaluarse caso por caso para considerarlas legales o ilegales. El tribunal no declaró crimen de guerra todos los asesinatos selectivos, como esperaban los grupos de derechos humanos.
Dicho esto, resulta sacrílego que un tribunal o un organismo jurídico pueda considerar legal lo que Israel está haciendo ahora mismo en Gaza. Atacar deliberadamente a militantes palestinos cuando Israel es consciente de que morirá un número desproporcionado de civiles es totalmente ilegal. Este programa de asesinatos selectivos se ha convertido en un programa de genocidio y crímenes de guerra. Al atacar a Hamás, Israel ha matado, en el momento de escribir este artículo, a más de 26.000 palestinos, entre ellos más de 10.000 niños y más de 7.000 mujeres. Además, hay unos 65.000 heridos y 7.000 desaparecidos. Incluso antes de la atroz guerra actual, el historial de asesinatos selectivos de Israel no era demasiado impresionante. En este sentido, B’Tselem, un grupo por los derechos humanos, declaró que desde septiembre de 2000 hasta agosto de 2011, murieron 425 palestinos, de los cuales 251 (59%) eran las personas atacadas, mientras que 174 (41%) eran transeúntes civiles, lo que supone una inquietante proporción de civiles por objetivo de 1:1,44.
Además, recientemente, Israel atacó y mató a miembros de Hamás en el Líbano, país al que atacó cuando no existía ningún conflicto con él, y no obtuvo permiso para el ataque. ¿Cómo puede ser esto legal? «Los asesinatos políticos en suelo extranjero son, según casi cualquier lectura del derecho internacional, ilegales. Y por convención diplomática, son un pecado capital, y potencialmente incluso un acto de guerra».
Por el contrario, ¿cómo puede Estados Unidos llevar a cabo ataques con aviones no tripulados en suelo extranjero en todo el mundo para eliminar a Al Qaida, los talibanes y generales iraníes como Qasem Soleimani, etcétera? Estados Unidos aprovecha su «ley del 11-S» para justificar sus campañas de asesinatos selectivos y ataques con drones en todo el mundo. Por lo tanto, Estados Unidos se ha permitido unilateralmente el uso de la fuerza contra amenazas dondequiera que se encuentren, convirtiendo el mundo entero en una zona de combate. Dado que Estados Unidos se encuentra en un estado de conflicto armado perpetuo contra diferentes actores, puede hacer caso omiso de la soberanía de cualquier país y llevar a cabo asesinatos selectivos en cualquier lugar, como su ataque con aviones no tripulados, que mató a Ayman Al-Zawahiri en Afganistán. Precisamente sobre esta cuestión, el ex relator especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, el profesor Philip Alston, afirma rotundamente: «Esta interpretación expansiva y abierta del derecho de legítima defensa amenaza con destruir la prohibición del uso de la fuerza armada contenida en la Carta de la ONU, que es esencial para el Estado de derecho internacional. Si otros Estados reclamaran la amplia autoridad que tiene Estados Unidos para matar gente en cualquier lugar y en cualquier momento, el resultado sería el caos». Imaginemos que China atacara a terroristas en el Reino Unido utilizando un avión no tripulado. ¿Reaccionaría entonces el mundo?
Los Estados poderosos alteran, flexibilizan o suprimen por completo el derecho internacional y llevan a cabo ataques donde les place. Las leyes internacionales están hechas para los países más débiles, mientras que los que controlan el mundo, como Estados Unidos e Israel, no han tenido que acatar ninguna ley. Las guerras en Iraq, Afganistán, Siria, Libia y el genocidio en curso en Palestina lo dejan mucho más claro.
Foto de portada: Intensa actividad del ejército israelí en Gaza vista desde el kibutz en Be’eri mientras continúan los ataques israelíes sobre dicha localidad el 4 de enero de 2024 [Mostafa Alkharouf – Agencia Anadolu].