Shatha Abdulsamad, Middle East Eye, 30 enero 2024
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Shatha Abdulsamad es analista política en Al-Shabaka, The Palestinian Policy Network. Ha trabajado como responsable política para el Consulado General británico en Jerusalén y como gestora de programas en el think tank alemán Fundación Friedrich-Ebert. Posee un diploma superior en Comunicación Estratégica y Política por la Universidad de Birzeit y un máster en Gestión Empresarial por la Universidad Libre de Bruselas. Está cursando un máster en Derecho Internacional de los Derechos Humanos y Estudios sobre Refugiados en la Universidad Americana de El Cairo.
Dejar de financiar a la única agencia de la ONU que proporciona un salvavidas a unos 5,9 millones de palestinos, incluida una población de refugiados asediada de más de 2 millones en Gaza, que actualmente se enfrenta a un genocidio, es atroz y pretende liquidar la causa palestina.
Desde que Estados Unidos anunció el 26 de enero que suspendería su financiación al Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA, por sus siglas en inglés), otros países, entre ellos el Reino Unido, Canadá, Italia, Países Bajos, Suiza, Finlandia, Australia y Alemania, han seguido su ejemplo.
La decisión de desfinanciar a la UNRWA se produjo tras las acusaciones israelíes de que 12 de los 13.000 empleados de la agencia en Gaza (que constituyen el 0,092% del personal local de la agencia en Gaza) podrían haber estado implicados en la Operación Inundación de Al-Aqsa de Hamás del 7 de octubre.
La UNRWA se financia casi en su totalidad mediante contribuciones financieras voluntarias. De los 1.170 millones de dólares prometidos en 2022, las mayores contribuciones procedieron de Estados Unidos (343,9 millones) y Alemania (202 millones). Como consecuencia de estas suspensiones de financiación, la UNRWA perderá casi el 60% de sus fondos, en medio de las advertencias de una hambruna que se aproxima rápidamente debido a la arremetida genocida de Israel contra la Franja de Gaza.
Sin las contribuciones sostenidas de Estados y gobiernos, la UNRWA no puede seguir llevando a cabo sus operaciones, ni proporcionando ayuda humanitaria a los refugiados palestinos en Cisjordania, la Franja de Gaza, Jordania, Siria y Líbano.
Cortar la financiación de la UNRWA es, por tanto, un duro golpe para su labor humanitaria en la región y constituye una sentencia de muerte para la asediada población refugiada de la Franja de Gaza.
La sentencia de la Corte Internacional de Justicia y la UNRWA
A pesar de la respuesta inmediata de la UNRWA a las acusaciones infundadas de Israel, incluida la puesta en marcha de una investigación externa sobre el asunto y la rescisión de los contratos de los miembros del personal acusados de estar implicados, se tomó la decisión de suspender su financiación por parte de sus principales contribuyentes.
No es casualidad que este hecho se produjera rápidamente después de que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) emitiera su sentencia provisional en la que reconocía que el riesgo de genocidio por parte del Estado de Israel era plausible.
El momento de esta campaña de desfinanciación, a pesar de las medidas adoptadas por la UNRWA, sólo puede entenderse como una motivación política a modo de castigo por la sentencia de la CIJ, y como una guerra contra el pueblo palestino en su conjunto.
Los esfuerzos por desmantelar efectivamente la UNRWA y poner fin a su mandato no son nuevos. Durante mucho tiempo, el régimen israelí ha exigido la desaparición de la Agencia, que se creó en 1949 para proporcionar servicios de socorro y obras a los 750.000 palestinos que quedaron desplazados durante la Nakba de 1948.
En consonancia con la política oficial israelí respecto a la UNRWA, la decisión de cortar la financiación en este momento crítico es moralmente depravada. No sólo equivale a un castigo colectivo, sino que también desafía la orden dictada por la CIJ, así como las obligaciones de los Estados de prevenir el genocidio.
En sus medidas provisionales, la CIJ ordenó que Israel «adopte medidas inmediatas y efectivas para permitir la prestación de los servicios básicos y la asistencia humanitaria que se necesitan urgentemente para hacer frente a las adversas condiciones de vida a las que se enfrentan los palestinos en la Franja de Gaza».
Efectivamente, esto significa que cortar los fondos de la UNRWA, la única agencia de la ONU que proporciona ayuda humanitaria a los palestinos en Gaza, y especialmente en un momento tan delicado, es una medida diseñada para contribuir aún más al daño irreparable que se está infligiendo a los palestinos.
Convertir en arma la financiación de la UNRWA
Cuando el bombardeo de Gaza pronto entrará en su quinto mes, la intención genocida ha quedado muy clara por parte de diferentes funcionarios israelíes, como quedó establecido en la presentación realizada por Sudáfrica y ratificada por la CIJ.
En lugar de suspender inmediatamente la ayuda financiera y la asistencia militar a Israel, poniendo fin al apoyo económico y diplomático a un régimen colonial responsable de genocidio, estos países occidentales optan por suspender la prestación de ayuda humanitaria y los servicios vitales que la UNRWA proporciona a los refugiados palestinos.
En lugar de presionar para que se rindan cuentas, afirman una y otra vez su apoyo incondicional al régimen israelí, distrayendo la atención de la sentencia de la CIJ e impidiendo la aplicación de la orden.
En una clara violación de su obligación legal de impedir el genocidio, el recorte de la financiación de la UNRWA equivale no sólo a una expresión explícita de la complicidad de estos países con el mismo, sino también a su aprobación.
Mientras que la dependencia de la UNRWA de las contribuciones voluntarias y del apoyo financiero la somete a intereses y agendas políticas cambiantes, la última campaña de desfinanciación contra ella es una guerra contra todos los palestinos, ya que permitiría la destrucción de la vida civil de los refugiados palestinos en todas partes.
La eliminación de la Agencia dejaría a 5,9 millones de refugiados palestinos sin escolarización, asistencia sanitaria, puestos de trabajo ni proyectos de infraestructuras en los campos de refugiados palestinos donde opera la UNRWA. Esto significaría de hecho la destrucción de la vida cívica palestina en la región, no sólo en la Franja de Gaza, y todo ello sin necesidad de una acción militar.
En medio del genocidio que se está desarrollando en Gaza, la desfinanciación de la UNRWA va a hacer más oscuro el futuro de los refugiados palestinos tras los acuerdos de normalización entre los Estados árabes e Israel, en medio de crecientes amenazas de liquidación de la causa palestina.
Además, dado que los refugiados palestinos registrados en la UNRWA están protegidos y considerados como un grupo con derecho al retorno, tal y como defiende la resolución 194 de la Asamblea General de la ONU, su desaparición como única agencia que se ocupa de los refugiados palestinos eliminaría el último compromiso en pie con la justa situación de los refugiados palestinos y su derecho colectivo al retorno como grupo.
La instrumentalización de la financiación de la UNRWA por motivos políticos parece ser el nuevo punto más bajo de Occidente, demostrando que su depravación moral no tiene fin.
Foto de portada: Una niña palestina huye de Khan Younis hacia Rafah el 29 de enero de 2024 (Reuters).