Farid Tamalah, Middle East Eye, 22 febrero 2024
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Farid Tamalah es un periodista palestino que vive en Ramala. Es también agricultor y activista político y medioambiental.
Aunque varios países occidentales, entre ellos Estados Unidos, sopesan sus opciones para reconocer potencialmente un Estado palestino, el gobierno israelí ha rechazado públicamente cualquier intento internacional de imponer una solución.
Como palestinos, llevamos décadas sufriendo la ocupación israelí, el robo de nuestras tierras y la matanza y el desplazamiento de nuestro pueblo. Basándonos en nuestra larga y amarga experiencia con Estados Unidos y sus aliados, tenemos grandes dudas sobre la seriedad de sus intenciones declaradas.
¿Se han dado cuenta por fin los gobiernos occidentales de un secreto a voces? ¿Han reconocido sinceramente la necesidad de poner fin a la ocupación y la injusticia, o todo este ejercicio es poco más que un paliativo para absorber la ira de la opinión pública?
Las recientes declaraciones de los gobiernos occidentales sobre el reconocimiento de un Estado palestino son muy generales, sin un calendario claro ni medidas prácticas para forzar el cumplimiento por parte de Israel.
Los palestinos no pueden volver a un proceso interminable como el de Oslo, que no dio resultados tangibles, e Israel no debería tener poder de veto sobre la creación de un Estado palestino.
También hay muchos interrogantes sobre la composición del tan esperado Estado y sus fronteras. ¿Se mantendría de acuerdo con la Resolución 181 de la ONU, que delimitó fronteras precisas, o se basaría en el «acuerdo del siglo» de la era Trump, que preveía la creación de bantustanes palestinos y daba luz verde a Israel para anexionarse gran parte de la Cisjordania ocupada?
Tampoco está claro el destino de los asentamientos ilegales de Israel, habitados por cientos de miles de colonos. ¿Serán desalojados? ¿Se convertirían en ciudadanos del nuevo Estado palestino?
¿Y dónde estaría la capital del nuevo Estado palestino? ¿En Jerusalén, que Estados Unidos reconoció anteriormente como capital de Israel? ¿Y qué hay del derecho al retorno de millones de refugiados palestinos?
Falta de confianza
Aunque los gobiernos occidentales han sido imprecisos sobre las posibles fronteras de un Estado palestino, tienen clara su función última: una nación desmilitarizada que viva «en paz» con Israel, que está fuertemente armado y dispone de un arsenal nuclear.
Como palestinos, no confiamos mucho en los discursos occidentales sobre un Estado palestino, especialmente cuando Estados Unidos sigue vetando un alto el fuego en Gaza. La historia ha demostrado la falta de seriedad de Occidente a este respecto, en medio de una letanía de promesas incumplidas.
En la década de 1990, los Acuerdos de Oslo establecieron un plazo de cinco años para el reconocimiento de un Estado palestino independiente. Sin embargo, la construcción de asentamientos israelíes, junto con más asesinatos y desplazamientos de palestinos, continuó a buen ritmo.
Las capitales occidentales repitieron la promesa de un Estado palestino con la «hoja de ruta para la paz», propuesta por el Cuarteto para Oriente Medio (Estados Unidos, la UE, Rusia y la ONU), que fijó 2005 como plazo para un acuerdo definitivo. Pero, a día de hoy, la construcción de asentamientos israelíes y la ocupación continúan.
Y cuando en 2017 Estados Unidos reconoció Jerusalén como capital de Israel y presionó a otros países para que hicieran lo mismo, el mundo pareció olvidarse de la perspectiva de un Estado palestino. Ya no forma parte del «proyecto del Gran Oriente Medio», cuyas nuevas características fueron definidas por los Acuerdos de Abraham.
Lo irónico es que las recientes conversaciones sobre un Estado palestino proceden de los mismos países occidentales que han participado en la guerra genocida contra el pueblo palestino en Gaza y han rechazado la noción de responsabilidad de Israel ante el Tribunal Internacional de Justicia. El Reino Unido y Estados Unidos son colectivamente responsables de la mayoría de los desastres que han asolado Oriente Medio durante el último siglo.
No es probable que estemos asistiendo a un despertar por sorpresa de estas potencias occidentales, que siguen apoyando la guerra criminal de Israel contra la población de Gaza. Más bien, esto podría ser parte de un plan para salvar a Israel «de sí mismo», y para absorber la ira pública por los crímenes diarios de Israel contra civiles indefensos en Gaza.
Salvar la cara
A Israel se le ofrecerán incentivos y recompensas a cambio de detener la masacre de palestinos en Gaza. El mayor de ellos será la normalización con Arabia Saudí y la integración en la región.
Todo este discurso sobre un Estado palestino pretende probablemente salvar la cara de los regímenes árabes cómplices de la guerra israelí-occidental contra el pueblo palestino y protegerlos de futuras repercusiones, con el objetivo último de reanudar el proceso de normalización árabe-israelí. Arabia Saudí es el candidato más probable para unirse al día siguiente de que cese la guerra.
Riad ha condicionado la normalización a que se encuentre una «solución» a la cuestión palestina. Las recientes conversaciones en Washington, Londres y París sobre esta cuestión se dirigen principalmente al régimen saudí, empujándolo hacia el tren de la normalización. Esto rompería definitivamente el boicot a Israel en el mundo árabe e islámico.
Esto serviría a los intereses de Israel, de los países occidentales que lo apoyan y de los Estados árabes deseosos de normalizarse con él. Consagraría a Israel como base militar y económica avanzada para la hegemonía occidental sobre la región.
Si estos países estuvieran sinceramente interesados en establecer un Estado palestino, habrían tomado la iniciativa años antes de esta guerra genocida. En todo el mundo, alrededor de 140 países reconocen la condición de Estado de Palestina, pero este objetivo se ha visto obstaculizado por los Estados occidentales que ahora utilizan esta cuestión como herramienta política.
Si las recientes conversaciones van realmente en serio, entonces debe reconocerse inmediatamente un Estado palestino, sin esperar a la aprobación de Israel. Si Occidente ha aprendido de los errores del pasado, se movería para detener la guerra contra Gaza, congelar la actividad de asentamientos en la Cisjordania ocupada y garantizar la aplicación del derecho internacional.
Hablar del reconocimiento de un Estado palestino mientras se extermina a la población de Gaza parece un engaño clamoroso. Lo que pone al descubierto este engaño es conceder a Israel el derecho de veto sobre la creación de un Estado palestino, incluso cuando el primer ministro Benjamin Netanyahu ha prometido rechazar los «dictados internacionales» y ha afirmado que Israel «mantendrá el pleno control de seguridad sobre todo el territorio al oeste del río Jordán».
No podemos esperar que los países occidentales presionen a los gobernantes extremistas de Israel para que acepten un Estado palestino, cuando hasta ahora han fracasado -si es que siquiera lo han intentado- en su intento de presionar a Tel Aviv para que ponga fin a la guerra genocida que libra contra los palestinos desde hace más de cuatro meses.
Foto de portada: Una manifestante ondea una bandera palestina durante una protesta en Londres el 21 de febrero de 2024 (Henry Nicholls/AFP).
Un comentario sobre “¿Por qué los palestinos dudan de las promesas occidentales sobre un Estado independiente?”