Ciudades costeras al filo de la hecatombe

Robert Hunziker, CounterPunch.org, 8 marzo 2024

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Robert Hunziker (máster en Historia Económica por la Universidad DePaul) es un escritor independiente y periodista medioambiental cuyos artículos se han traducido a varios idiomas y han aparecido en más de 50 periódicos, revistas y sitios de todo el mundo, como Z magazine, European Project on Ocean Acidification, Ecosocialism Canada, Climate Himalaya, Counterpunch, Dissident Voice, Comite Valmy y UK Progressive. Se le ha entrevistado sobre el cambio climático en Pacifica Radio, KPFK, FM90.7, Indymedia On Air y World View Show/UK. Email: rlhunziker@gmail.com.

La Antártida, el enorme continente de hielo, del tamaño continental de EE. UU. y México juntos, se está rompiendo cada vez más, y una reciente expedición científica descubrió señales inequívocas de un peligro considerablemente mayor de lo que se pensaba.

«Los cambios en el hielo marino indican que en las próximas décadas habrá que reconfigurar las ciudades costeras debido a la subida del nivel del mar», según Craig Stevens, catedrático de Oceanografía Física de Auckland. (Fuente: Signs Found of Worryingly Fast Antarctic Ice Melt – New Zealand Expedition [Hallan indicios de un preocupante deshielo antártico – Expedición neozelandesa], RNZ, 3 de marzo de 2024)

La subida del nivel del mar para las ciudades costeras, la peor pesadilla del mundo, llegará en décadas indeterminadas, pero probablemente antes de lo previsto, porque así es como funciona la ciencia hoy en día. Siempre llega tarde a la fiesta y mal vestida para la ocasión. Pero no culpemos a los científicos, en cuanto terminan sus investigaciones, el veloz sistema climático les supera. Esta es la nueva normalidad. La ciencia es demasiado lenta para el cambio climático.

Por otra parte, los comentarios de los lectores sobre artículos como éste reconocen una clara tendencia en el sistema climático mundial, que está empezando a desmoronarse mucho antes de lo esperado. Esa observación es cierta. Pero qué se puede hacer y por qué los líderes mundiales no celebran reuniones de emergencia para hacer frente al mayor desafío de la civilización es, como mínimo, desconcertante. Es evidente que, debido a la falta de políticas oportunas para detener las emisiones de gases de efecto invernadero, el calentamiento global y la consiguiente subida del nivel del mar no se toman suficientemente en serio.

A este respecto, hay que señalar que la élite rica y adinerada del mundo, que compra y posee a los políticos y a los jueces del Tribunal Supremo, podría haber frenado en seco el calentamiento global hace décadas, cuando el Dr. James Hansen (Instituto de la Tierra/Universidad de Columbia) advirtió al Senado estadounidense en 1988 sobre el calentamiento global cuando era director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, pero en lugar de ello se prefirió seguir adelante, donde reside el dinero, con el mundo envenenado por los combustibles fósiles.

Desde entonces, el mundo se ha convertido en una función del capitalismo neoliberal, según lo dictado por Reagan/Thatcher hace casi 50 años. Por lo tanto, hay que preguntarse: ¿Ha sido un buen cuidador del planeta ese sistema socioeconómico que ha hecho asquerosamente ricos sólo a unos pocos a costa del 99,75% de la población mundial? Respuesta: No, no lo ha sido. Entonces, ¿por qué debería permitirse que ese sistema socioeconómico deforme continúe como cuidador ausente del planeta? El capitalismo neoliberal no ha hecho ni una cosa positiva por el planeta, ni una sola, sino que ha drenado recursos y enriquecido a una pequeñísima minoría de personas. ¡Bravo! Pero ¿cuál es el legado ecológico?

Mientras tanto, un equipo de científicos neozelandeses de la Antarctic Science Platform y un equipo de investigación del Programma Nazionale di Ricerche in Antartide italiano a bordo del buque de investigación rompehielos de 262 pies Laura Bassi acaban de regresar de dos meses en el Mar de Ross de la Antártida. Han podido observar de primera mano el retroceso del hielo marino y se han marchado muy preocupados. Las cosas están sucediendo mucho más rápido de lo que nadie creía posible. El desastre para las ciudades costeras del mundo está más cerca de lo que esperaban.

Craig Stevens, catedrático de Oceanografía Física de Auckland, dirigió la expedición. Las tres extensiones de hielo marino más bajas desde que se llevan registros modernos, en 2022, 2023 y 2024, son las más bajas en los 46 años de registro del hielo marino antártico, que ha ido desapareciendo cada vez más rápido. Además, la configuración de las partes más profundas del océano está cambiando por el contenido de agua salada y oxigenada. Según el Dr. Stevens: «Con una emergencia climática en marcha, el trabajo que estaba haciendo la expedición era urgente».

Fue hace sólo un par de meses cuando llamó la atención el siguiente titular: Antarctic Sea-Ice at ‘Mind-Blowing Low Alarms Experts, RNZ, Sept.17, 2023. Según Walter Meier, que supervisa el hielo marino en el National Snow and Ice Data Center, «está tan lejos de todo lo que habíamos visto que es casi alucinante».

«Está tan lejos de todo lo que hemos visto que es casi alucinante», es el lenguaje más contundente que utilizan los científicos del clima. Esa frase sobre la Antártida debería sonar en toda la tierra como un toque de clarín para tomar medidas inmediatas, pero, hasta ahora, nada ha cambiado.

Al igual que el hielo marino del Ártico, primo de la Antártida, en el norte, en el sur, la enorme extensión de hielo ha estado regulando la temperatura del planeta de forma constante a lo largo de un episodio de 10.000 años de historia humana conocido como la Era Holocena, ni demasiado caliente, ni demasiado frío. Su blanca superficie refleja espectacularmente el 80-90% de la radiación solar hacia el espacio y, lo que es más importante, enfría el agua que hay debajo y cerca de ella. Sin la influencia de su hielo refrigerante: «la Antártida podría pasar de ser el refrigerador de la Tierra a convertirse en un radiador», Ibid.

Según todas las apariencias, está empezando a transformarse en un radiador por primera vez en la historia de la humanidad. La verdadera profundidad del problema, además, es aún mayor, ya que ambos polos reaccionan de la misma manera, casi independientemente de la estación del año: rápido derretimiento del hielo, grandes pérdidas del importantísimo efecto albedo que refleja el 80-90% de la radiación solar de vuelta al espacio, mientras que un fondo oceánico oscuro en rápida expansión absorbe considerablemente más calor del que el hielo circundante puede soportar. Se trata de un círculo vicioso de deshielo que empuja al sistema climático hacia patrones absolutamente disparatados, volviendo anormalmente locas las corrientes en chorro normales (6.000-12.000 metros), sacudiendo el hemisferio con dosis masivas de calor abrasador que se quedan ahí, con ríos atmosféricos, inundaciones masivas e incendios forestales en abundancia. Todo a escala masiva. Ya no hay normalidad.

En última instancia, el maltrecho sistema climático está apuntando a una inundación costera sorpresa de las principales ciudades que despreocupadamente no estarán preparadas porque, basándose en muchas, muchas conferencias sobre el clima, y montones de advertencias de miles de científicos del clima durante muchos años, el riesgo que aún no ha impregnado las políticas de las principales naciones/estados es que el curso favorecido del calentamiento global aboca a una destructiva inundación costera y a la degradación de los ecosistemas. Si lo creyeran de verdad, harían todo lo posible por reducir las subvenciones a los combustibles fósiles, que según el FMI han alcanzado la cifra récord de 7 billones de dólares, y construirían diques, diques muy altos. Esto entonces completaría el círculo de fosos que rodean a los países en una batalla sociopolítica izquierda-derecha en curso sobre si advendrá un renacimiento de la Edad Media (500 – 1400 d.C.). La quema en la hoguera podría estar a la vuelta de la esquina.

No hace muchos años, los científicos nunca pensaron que la Antártida despertaría de su pasado helado y sucumbiría al calentamiento global. Pues bien, por fin ha despertado, y está sucumbiendo. «Se trata de un signo realmente alarmante del cambio climático en la Antártida que no se había producido en los últimos 40 años. Y acaba de emerger ahora», Ibid.

Sólo hace tres décadas que Martin Siegert, glaciólogo de la Universidad de Exeter, empezó a estudiar la Antártida. Hoy afirma: «El despertar de este monstruo del sur amenaza con un desastre absoluto para el mundo», Ibid.

Resulta refrescante que los científicos que estudian la Antártida no se guarden nada para sí. Según Anna Hogg, científica de la Universidad de Leeds: Hay indicios de que lo que ya está ocurriendo con las capas de hielo de la Antártida representa «el peor escenario de lo previsto».

El peor escenario posible…, es demasiado inquietante para repetirlo.

¿Y las soluciones? Para empezar, he aquí una cita del Dr. James Hansen en un acto especial en Utah organizado por The Nature Conservancy: «Tenemos partidos políticos en ambos bandos que reciben dinero de intereses especiales. Y a menos que resolvamos este problema con nuestra democracia, realmente no podremos cambiar el problema del cambio climático. Y el público lo sabe».

Respuesta: Acabar con Citizens United lo antes posible

Sobre Citizens United: En 2010, el Tribunal Supremo de EE. UU. decidió que los estadounidenses no pueden impedir que las corporaciones gasten dinero ilimitado para controlar las elecciones, los políticos y la política basándose en la interpretación de la Primera Enmienda.

Con ello, los del Supremo pusieron a los Estados Unidos de América en venta al mejor postor.

Imagen de portada de Bob Brewer.

Voces del Mundo

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