Barras de hierro, descargas eléctricas, perros y quemaduras de cigarrillos: Así tortura Israel a los detenidos palestinos

Ahmed Aziz, Lubna Masarwa y Simon Hooper, Middle East Eye, 11 marzo 2024

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Ahmed Aziz es un periodista palestino que informa desde la Franja de Gaza.

Lubna Masarwa es periodista y jefa del departamento para Palestina e Israel de MEE, afincada en Jerusalén.

Simon Hooper es un galardonado periodista que con anterioridad trabajó para la CNN y Al Jazeera. Fue nombrado Escritor Independiente del Año en 2014 en los Online Media Awards.

Hombres palestinos detenidos por las fuerzas israelíes desde el comienzo de la guerra contra Gaza han relatado a Middle East Eye (MEE) cómo fueron torturados físicamente con perros y electricidad, sometidos a simulacros de ejecución y recluidos en condiciones humillantes y degradantes.

En sus testimonios a MEE, un hombre que fue sacado por las fuerzas israelíes de una escuela de Gaza donde había buscado refugio con su familia, describió cómo había estado esposado, con los ojos vendados y detenido en una jaula de metal durante 42 días.

A lo largo delos interrogatorios, dijo haber recibido descargas eléctricas, así como arañazos y mordeduras de perros del ejército.

Otros hombres también describieron haber sido electrocutados, atacados por perros, rociados con agua fría, privados de comida y agua, privados de sueño y sometidos a música a todo volumen.

«No perdonaron a nadie. Había niños de 14 años y hombres de 80», dijo uno de los hombres, Moaz Muhammad Jamis Miqdad, que fue hecho prisionero en la ciudad de Gaza en diciembre y permaneció recluido más de 30 días.

Además de los tres hombres hechos prisioneros en Gaza, MEE habló con un hombre detenido en una redada en la ciudad cisjordana de Qalqilya, quien dijo que le habían vendado los ojos, desnudado y colgado de los brazos durante interrogatorios en los que fue golpeado repetidamente y quemado con cigarrillos.

También describió haber estado recluido durante días en condiciones gélidas en las que no se le permitía dormir y cómo un soldado orinó en una botella y se la entrego después de haberle pedido agua.

Los cuatro hombres describieron haber sido obligados a desnudarse y haber sido golpeados y maltratados constantemente por soldados israelíes durante sus detenciones de varias semanas.

MEE también ha hablado con otros exdetenidos que han descrito experiencias similares a las de los hombres de este artículo.

Sus relatos de tortura y malos tratos se suman a denuncias similares formuladas por observadores de derechos humanos.

La conducta de Israel en su guerra contra Hamás en Gaza ya es objeto de un caso de la Corte Internacional de Justicia en el que se le acusa de genocidio y de una investigación en curso sobre crímenes de guerra por parte de la Corte Penal Internacional.

La semana pasada, el New York Times publicaba detalles de una investigación inédita de la UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, en la que se denunciaban malos tratos a cientos de prisioneros palestinos detenidos durante la guerra de Gaza.

Muchos de esos detalles parecen coincidir con los testimonios de los exdetenidos que hablaron con MEE.

El pasado jueves, Haaretz informó de que al menos 27 detenidos de Gaza habían muerto en instalaciones militares israelíes desde el comienzo de la guerra. Decía que algunas de las muertes se habían producido en la base militar de Sde Teiman, en el sur de Israel, y en la base de Anatot, en Cisjordania.

El viernes, Alice Jill Edwards, relatora especial de la ONU sobre la tortura, declaró que estaba investigando las denuncias de tortura y malos tratos a detenidos palestinos por parte de Israel y que estaba en conversaciones con las autoridades israelíes para visitar el país en misión de investigación.

Ramy Abdu, presidente de Euro-Med Human Rights Monitor, que también ha recopilado informes sobre torturas bajo custodia, afirmó que los testimonios de palestinos liberados de detenciones israelíes eran «profundamente inquietantes».

Abdu declaró a MEE: «Estos testimonios revelan un patrón sistemático de abusos, que incluye cacheos forzosos, acoso sexual, amenazas de violación, palizas graves, ataques con perros y negación de necesidades como comida, agua y acceso a instalaciones sanitarias. Estos actos no sólo infligen dolor físico, sino que también dejan secuelas psicológicas duraderas en las víctimas.

«El uso de tácticas tan brutales, especialmente contra grupos vulnerables como mujeres, niños y ancianos, es censurable y constituye una grave violación de la dignidad humana y del derecho internacional».

Miriam Azem, defensora asociada de Adalah, organización palestina de derechos humanos, afirmó que los informes sobre «torturas y malos tratos generalizados» infligidos a detenidos palestinos bajo custodia israelí exigen una intervención internacional inmediata.

«Cientos de palestinos de Gaza permanecen recluidos en régimen de incomunicación, en paradero desconocido. La urgencia del momento actual exige no sólo atención, sino la intervención inmediata y decidida de la comunidad internacional. Cualquier falta de intervención supone una grave amenaza para la vida de los palestinos», declaró Azem a MEE.

El ejército israelí no había respondido a la solicitud de comentarios de MEE en el momento de la publicación de este informe. En respuesta a las denuncias de malos tratos a detenidos, el ejército israelí ha declarado que esa conducta «viola los ‘valores’ de las FDI y contraviene sus órdenes, por lo que está absolutamente prohibida».

Ha afirmado que sus soldados actúan «de acuerdo con el derecho israelí e internacional para proteger los derechos de los detenidos». Ha asegurado que se están investigando todas las muertes bajo custodia militar israelí y que algunos de los fallecidos padecían enfermedades o lesiones preexistentes.

“Me pusieron de rodillas frente a un muro”

Naim Yussef Salem Abu Al-Hasan, un joven de 19 años de Yabalia, en el norte de Gaza, dijo a MEE que había sido detenido junto con otros jóvenes de entre 18 y 25 años después de que las fuerzas israelíes ordenaran a los residentes que abandonaran la ciudad el 27 de diciembre de 2023.

Para entonces, dijo, él y su familia habían soportado semanas de bombardeos aéreos, ataques con tanques y disparos de francotiradores que habían destruido gran parte del barrio y matado a varios de sus familiares.

Poco después, dijo Hasan, los soldados israelíes le pidieron que identificara dos cadáveres en la calle que, según ellos, eran combatientes.

Hasan les dijo que desconocía la identidad de los cadáveres y que no tenía relación alguna con combatientes.

«No me creyeron e insistieron en que los reconociera o, de lo contrario, me dispararían y me arrojarían junto a los cadáveres. No supe qué decir. Entonces me pusieron de rodillas contra la pared».

Hasan dijo que entonces los soldados le dieron patadas y le llamaron mentiroso. Lo esposaron, le vendaron los ojos y lo arrastraron hasta una casa cercana donde también había otros detenidos.

«Un soldado estaba fumando un cigarrillo e intentaba quemarme en la cara. Le dije que no podía soportarlo, así que empezó a golpearme y a darme patadas», relató.

Hombres palestinos detenidos y desnudados por las fuerzas israelíes en Gaza en un vídeo publicado el 7 de diciembre (Captura de pantalla/X).

Esa noche, los hombres fueron detenidos y sacados a la calle, donde, según Hasan, estaban rodeados de soldados y tanques. Habían cavado agujeros profundos en la calle y un soldado empezó a empujarlo hacia uno de ellos.

«Sentí que ya estaba, que me iba a matar. Este será probablemente mi último aliento», dijo.

En lugar de eso, subieron a los hombres a camiones. Los condujeron durante varias horas, mientras los soldados que los custodiaban los maldecían, pateaban y golpeaban. Luego los trasladaron a otro vehículo y los llevaron de un lado a otro, sin dejar de golpearlos.

Finalmente, los abandonaron en un lugar desconocido. Cinco soldados entraron en la habitación donde estaban retenidos y continuaron golpeándolos.

Este patrón de ser trasladados en vehículos entre diferentes lugares, mientras eran sometidos a palizas, continuó durante varios días.

Finalmente, los hombres llegaron a un lugar donde los obligaron a arrodillarse en el suelo, todavía esposados y con los ojos vendados.

«Todos permanecimos así durante 37 días… casi desnudos en el frío helador, nuestros cuerpos agotados, nuestras almas a la deriva. La comida apenas alcanzaba para mantenernos con vida», dijo Hasan.

Cuando los hombres intentaron quejarse de las condiciones de su detención, sus captores trajeron soldados con perros.

«Los soltaron contra nosotros. Los perros nos atacaban, nos arañaban mientras el comandante seguía golpeándonos con total brutalidad».

Cada pocos días se llevaban a los hombres para interrogarlos. Hasan dijo que le mostraban imágenes de túneles y sus interrogadores le preguntaban qué sabía de ellos.

«Cuando les decía que no sabía nada, me daban bofetadas, puñetazos, golpes y patadas por todo el cuerpo», cuenta Hasan.

«Los soldados con su comandante hacían mucho ruido… así que no podíamos dormir y permanecíamos agotados y completamente tensos por la fatiga, el hambre y la tortura».

Una noche, de madrugada, mientras intentaba descansar, un soldado despertó a Hasan de una patada y lo arrastró hasta un autobús con otros cuatro hombres. El autobús los llevó a Karm Abu Salem, el principal paso fronterizo entre Israel y el sur de Gaza, donde fueron liberados.

«El comandante nos gritó que camináramos deprisa, pero yo apenas podía andar a causa de los golpes y de haber estado de rodillas y por la falta de comida y de sueño. Los soldados empezaron a correr detrás de nosotros para asustarnos».

Hasan dijo que los hombres consiguieron arrastrarse hasta unos autobuses de la ONU cercanos que esperaban para recogerlos.

“Querían que nos sintieramos entre la vida y la muerte”

Moaz Muhammad Jamis Miqdad, de 26 años, contó a MEE que había sido acorralado a punta de pistola por soldados israelíes el 21 de diciembre mientras se refugiaba en una escuela con su familia en el barrio de Sheij Radwan de la ciudad de Gaza.

Junto con otros hombres, lo obligaron a desnudarse hasta quedar en ropa interior. Después los llevaron a una mezquita cercana, donde les ataron las manos a la espalda y los obligaron a arrodillarse.

«Luego nos metieron en un camión, donde más soldados y fuerzas de seguridad se ensañaron con nosotros con palizas e insultos masivos», recordó Miqdad.

El camión los llevó a un centro de detención donde las palizas continuaron sin tregua.

«Nos torturaron durante horas, rociándonos con agua fría mientras estábamos casi desnudos. Estaban decididos a torturarnos y quebrarnos».

Finalmente, uno a uno, los hombres fueron llevados a una sala de interrogatorios donde, según Miqdad, la tortura empeoró.

«Los soldados me preguntaron dónde estaba el 7 de octubre y qué hacía. Les dije que no tenía nada que ver con los sucesos del 7 de octubre, pero no les importó. Me siguieron dando puñetazos y patadas aún más fuertes, y esta vez también con sus armas».

Magullados y sangrando, los subieron a otro camión y los llevaron a una habitación oscura y fría.

«Estaba desnudo, con frío, golpeado, hambriento, exhausto y completamente agotado. Si algún prisionero se quedaba dormido, los soldados lo golpeaban con saña en la cabeza o en el pecho para mantenerlo despierto. Querían que estuviéramos entre la vida y la muerte».

Al cabo de un par de días, los subieron a un autobús, esta vez con otros 50 presos. Mientras el autobús los llevaba a un centro de detención en otra zona, fueron golpeados por soldados, esta vez armados con barras de hierro.

«Si alguien gritaba de dolor, lo golpeaban aún más fuerte», dijo Miqdad.

Tras dos semanas detenido, Miqdad dijo que le permitieron ducharse. Pero incluso esto podía acarrearle una paliza humillante.

«El tiempo de ducha se limitaba a cuatro minutos. Tenía miedo de quitarme la ropa interior y que no me la devolvieran. Si te retrasabas un segundo en la ducha, los soldados te ataban a barras de metal y te golpeaban durante cuatro horas. Los soldados y los comandantes venían y te golpeaban con sus armas, barras de metal y botas».

Por la noche, los detenidos eran obligados a dormir desnudos, sin manta alguna, en el suelo de lo que, según Miqdad, parecía un cuartel del ejército. La música sonaba a todo volumen.

Durante un interrogatorio, Miqdad dijo que le preguntaron por qué había permanecido en la ciudad de Gaza, en lugar de ir al sur, como Israel había dicho a los residentes que hicieran. Les dijo que no tenía dinero para hacer el viaje.

«No les gustó mi respuesta. Me devolvieron a la oscura sala de la prisión, con los ojos vendados. Nos prohibieron hacer cualquier movimiento o gesto. Si intentábamos ajustarnos la venda para secarnos las lágrimas y la sangre, los soldados se volvían locos, nos gritaban y nos golpeaban como dementes».

Tras el interrogatorio, Miqdad dijo que lo sentaron en una silla.

«Me colocaron bandas eléctricas por todo el cuerpo y me electrocutaron con potentes descargas hasta la cabeza».

Tras varios días más de este tratamiento, a Miqdad le dijeron que lo trasladaban. Le vendaron los ojos y lo subieron a un autobús. Muchos de los otros hombres que iban en el autobús estaban enfermos y eran ancianos, dijo.

El autobús circuló durante un rato y luego se detuvo.

«Nos echaron a todos y amenazaron con disparar y matar a cualquiera que se moviera de la fila, o mirara hacia atrás, o intentara ayudarse».

«Un joven estaba totalmente paralizado por las duras condiciones, así que lo llevé en brazos a pesar de que apenas podía cargar conmigo mismo. Los soldados me vieron y empezaron a gritar y a disparar, pero no me importó, seguí caminando y no miré atrás. En esos momentos no sentía que pesara».

“Crees que vas a morir mil veces”

Omar Mahmud Abdel Qader Samud también se había visto obligado a buscar refugio en una escuela con miembros de su familia después de que su casa fuera destruida por un ataque aéreo el 14 de noviembre.

Al cabo de varias semanas, soldados israelíes acudieron a la escuela y detuvieron a Samud, a su esposa y a sus hijos, incluido su hijo de dos años.

«Nos esposaron, nos vendaron los ojos y nos llevaron a una colina cercana», cuenta Samud.

«Los tanques rondaban a nuestro alrededor, creando una escena mortal de horror y miedo. En esos momentos piensas que vas a morir mil veces».

Samud dijo que permaneció con los ojos vendados y esposado durante los 42 días que duró su detención, y que apenas le dieron comida suficiente para sobrevivir.

«Los soldados nos obligaban a arrodillarnos durante 24 horas. Irrumpían en los barracones donde nos mantenían como rehenes, hacían mucho ruido con sus barras de hierro, daban patadas y lo rompían todo. La temperatura era gélida, ya que [la celda] era de hierro, muy parecida a las jaulas que se utilizan para los animales… El objetivo de los soldados era torturarnos, rompernos, demostrarnos quién manda y que nuestras vidas dependían de ellos».

Los presos que levantaban la cabeza se arriesgaban a ser enviados a la «habitación fantasma», dijo Samud.

«Te conviertes en un fantasma, sin que te vean ni te oigan», dijo. «Te atan las manos y las piernas, te prohíben ir al baño. Te niegan el agua y la comida y te dejan así unos días».

Otra habitación era conocida como la «disko».

«Un soldado me arrastró por el suelo, desnudo y esposado, y me colocó sobre un trozo de alfombra», recuerda Samud.

«Los soldados me rociaban con agua helada y colocaban un ventilador frente a mí. Así me dejaron varios días, sin comida ni agua ni la posibilidad de levantarme e ir al baño. Me orinaba encima y pedía clemencia, pero no les importaba. Me daban patadas en todas las partes del cuerpo. Imagínate desnudo, esposado en el suelo, con cinco o seis soldados dándote patadas con las botas, golpeándote con armas y bates”.

«Luego me pidieron que me sentara. ¿Cómo iba a sentarme? Cuando no podía seguir sus órdenes, me golpeaban aún más fuerte. Me destrozaron por completo. Pensé que esa pesadilla no acabaría nunca».

Un hombre espera tratamiento en el hospital al-Najjar de Rafah tras ser devuelto a Gaza desde una detención israelí en diciembre de 2023 (Said Khatib/AFP).

A veces, los soldados soltaban perros sobre los hombres cautivos mientras los obligaban a tumbarse boca abajo en el suelo, aún esposados y con los ojos vendados.

«Los soldados cerraban la puerta y dejaban que los perros nos torturaran durante dos o tres horas», dijo Samud. Dijo que también lo habían sometido a descargas eléctricas.

Durante los interrogatorios, los detenidos eran inmovilizados en sus sillas con pinzas en los brazos y las piernas. A veces estas sesiones duraban desde las 9 de la mañana hasta medianoche, y en una de ellas Samud dijo que le habían roto los dedos de los pies.

«Parte de la técnica de tortura consistía en romper las abrazaderas mientras las tenías puestas en las piernas. [El interrogador] vino a quitármelas, pero empezó a golpearlas con tanta fuerza que grité de dolor. Se me rompían los dedos de los pies, pero él seguía golpeándolos. El dolor era insoportable. Me dejaron así, con los dedos rotos y ensangrentados durante 20 días, tirado como una alfombra. Perdí más de 25 kilos mientras estuve secuestrado y no puedo andar a causa de la tortura».

“Todos fueron maltratados, torturados y humillados»

Ali Nayef Muhammad Al-Masry, de 34 años, formaba parte de un grupo de hombres detenidos en enero durante una redada nocturna de las fuerzas israelíes en la ciudad de Qalqilya, en el norte de Cisjordania.

Masry, natural de Gaza, y los demás hombres habían estado trabajando anteriormente en Israel, pero fueron desplazados a Qalqilya cuando se les retiró el permiso de trabajo al comienzo de la guerra.

Tras una incursión del ejército en el edificio donde se alojaban, les vendaron los ojos, los esposaron y los arrastraron hasta un espacio junto a la valla que separa Cisjordania de Israel.

«Nos tuvieron allí cerca de un mes. Éramos trabajadores, pero también había allí enfermos, personas con cáncer, algunos ancianos. Todos fueron maltratados, torturados y humillados. No había ningún respeto por la vida humana», afirma Masry.

Un día, Masry fue uno de los 10 hombres que los soldados separaron del resto de los detenidos. Les hicieron desnudarse y arrodillarse junto a la valla.

«Un comandante del ejército vino y emprendió una guerra psicológica contra nosotros. Gritó a su unidad: ‘Matadlos a todos, a cada uno de ellos’. Entonces los soldados empezaron a disparar y oímos munición real a nuestro alrededor. No sabía si estaba vivo o muerto».

A continuación, los llevaron a una sala para interrogarlos.

«La primera pregunta fue: ‘¿A quién conoces? Y me enseñaba fotos de mi barrio. Si no le gustaban mis respuestas, me colgaba de los brazos, aún esposado. Mi interrogatorio duró 10 días. Durante todo ese tiempo, no sabía cuándo era de día y cuándo de noche. Estaba todo el tiempo congelado. Desnudo, helado y esposado».

Otras veces, dijo Masry, su interrogador le quemaba cigarrillos en la piel y le daba patadas. Le hacían sentarse en una silla que administraba descargas eléctricas y le impedían dormir.

«Los soldados y su comandante eran unos monstruos. Cuando pedía agua, el soldado se reía, se iba a un rincón, orinaba en una botella de plástico y me la traía para beber. Cuando me negaba, me la echaba toda encima».

Al cabo de varias semanas, a Masry y a los demás hombres los esposaron y les vendaron los ojos, los subieron a un camión del ejército y los condujeron durante seis horas a Karm Abu Salem.

«Antes de soltarnos, nos desnudaron de nuevo y nos quitaron la ropa. Cuando nos dejaron había 55 hombres y seis mujeres detenidos. Nos hicieron caminar hacia el norte y, tras recorrer una larga distancia, los soldados empezaron a dispararnos.

«Más tarde nos enteramos de que las seis mujeres habían sido secuestradas en el interior de Gaza y llevaban tres meses como rehenes. No sabíamos nada de ellas».

Foto de portada: Soldados israelíes junto a un camión repleto de detenidos palestinos sin camiseta en la Franja de Gaza, 8 de diciembre de 2023 (Yossi Zeliger/ Reuters).

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