Maged Mandour, Middle East Eye, 25 marzo 2024
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Maged Mandour es analista político y colaborador habitual de Arab Digest, Middle East Eye y Open Democracy. Es autor de un libro de próxima aparición titulado “Egypt Under Sisi”, que publicará IB Tauris. El libro examina la evolución social y política de Egipto desde el golpe de Estado de 2013.
La Unión Europea anunció este mes un paquete de financiación masiva por valor de 7.400 millones de euros (8.000 millones de dólares) en apoyo de una economía egipcia en dificultades. Incluye 5.000 millones de euros en préstamos, 1.800 millones en inversiones y 600 millones en subvenciones, un tercio de los cuales se destina a la gestión de los «flujos migratorios».
Mil millones de euros en préstamos estarán disponibles este año como financiación de emergencia, y el resto espera la aprobación del Parlamento Europeo. El paquete de financiación representa una mejora de las relaciones entre la UE y Egipto, que pasan a ser una «asociación estratégica» que facilita una cooperación más profunda.
La medida, que ha sido muy criticada por grupos de derechos humanos, forma parte de una alianza estratégica entre Europa y el régimen de Sisi, que ha visto cómo empresas y Estados europeos se beneficiaban enormemente del modelo de capitalismo de Estado militarizado y del gasto excesivo en armamento del régimen.
De hecho, en contra de la sabiduría convencional, la lógica en juego es mucho más siniestra que frenar la migración o estabilizar el sur del Mediterráneo. Aunque la cuestión de la inmigración es un factor importante, dista mucho de ser el decisivo.
Basta con observar el papel que han desempeñado las empresas europeas en la política de megaproyectos impulsados por la deuda del régimen egipcio para comprender la dinámica en juego.
El ejemplo más notable es el de la empresa alemana Siemens, que ha sido una de las principales beneficiarias del derroche egipcio, que comenzó dos años después del golpe con un acuerdo de 6.500 millones de euros para construir centrales eléctricas en Egipto. El proyecto se financió en gran parte mediante deuda, ya que, según se informa, el gobierno obtuvo 4.100 millones de euros de préstamos bancarios.
En 2023, menos de una década después del inicio de la construcción, Egipto sufría cortes regulares de electricidad, en medio de una asfixiante crisis de deuda y una reducción de la producción de gas natural del país.
Transferencia de riqueza
Sin embargo, la costosa construcción de centrales eléctricas se ha visto eclipsada por otro megaproyecto: el sexto sistema ferroviario de alta velocidad más grande del mundo, que conectará el Mar Rojo y el Mediterráneo, con un precio de 23.000 millones de dólares. El contrato con Siemens Mobility se firmó en mayo de 2022, cuando la crisis de la deuda empezaba a hacerse sentir, pero esto no disuadió al régimen de su locura.
Francia se comprometió también a invertir 3.800 millones de euros en Egipto entre 2021 y 2025, incluidos 1.800 millones de euros en préstamos, y el ministro de Finanzas, Bruno Le Maire, calificó a Egipto de «socio económico estratégico de Francia» y «primer país en préstamos del Tesoro».
Todo esto se produce mientras la tasa de pobreza de Egipto ha aumentado significativamente debido a la devaluación de la libra, de alrededor del 30 por ciento en 2019, y los recursos públicos, financiados a través de un sistema fiscal regresivo, se utilizan para hacer frente a las crecientes obligaciones de deuda del país. Esto está transfiriendo de hecho riqueza de las clases medias y pobres egipcias a corporaciones y bancos europeos, mientras los militares siguen extendiendo sus tentáculos en la economía, utilizando megaproyectos como punta de lanza.
También hay inversiones europeas directas, concretamente en el sector del petróleo y el gas. La italiana ENI, empresa energética parcialmente estatal, invirtió 12.000 millones de dólares en Egipto entre 2015 y 2019. En 2023, ENI se comprometió a invertir otros 7.700 millones de dólares en los próximos cuatro años.
Las deudas masivas se extienden al gasto excesivo del régimen egipcio en armamento, un factor que ha contribuido al despilfarro de fondos públicos y a la evolución de la crisis de la deuda. El ejemplo más notable es la compra de aviones de combate Rafale a Francia en dos operaciones distintas. El primero, por valor de 5.900 millones de dólares, se cerró en 2015, y el segundo, por valor de 4.500 millones, en 2021. En ambos acuerdos fue necesario recurrir a préstamos de financiación.
En 2019-20, el gasto del régimen en armamento alcanzó la asombrosa cifra de 16.000 millones de dólares, que incluye acuerdos con Alemania e Italia. Según la información disponible, bastante limitada, los préstamos desempeñaron un papel importante para garantizar estos acuerdos, lo que se sumó a la creciente deuda del régimen y drenó las reservas de divisas fuertes.
Alianza mortal
Los acuerdos armamentísticos no se limitaron al armamento, sino que también incluyeron sistemas franceses de vigilancia masiva, que pueden utilizarse para reprimir la disidencia. La alianza entre el régimen y el Estado francés es tan profunda que, en los últimos años, los servicios de inteligencia franceses han participado directamente en ataques aéreos contra objetivos «terroristas» en el desierto occidental, y más tarde han aparecido pruebas de que los objetivos eran contrabandistas civiles, lo que revela también la continua implicación francesa.
El último paquete de ayuda europea es, por tanto, coherente con una política europea de larga data de apoyo al régimen egipcio a través de préstamos, acuerdos de armas e inversiones que no están directamente relacionados con la cuestión de los migrantes.
De hecho, aunque la amenaza de un aumento de la migración a Europa ha crecido con la guerra civil en Sudán, sólo 200 millones de euros del reciente paquete de financiación de la UE se destinaron a frenar la migración. Basta con echar un vistazo a los datos disponibles para comprender que la amenaza de la migración hacia Europa desde Egipto no es una preocupación inmediata.
Se calcula que en agosto de 2022 había nueve millones de inmigrantes en Egipto, el 60% de los cuales llevaba viviendo en el país más de 10 años, lo que ha repercutido positivamente en el mercado laboral y la economía. Se ha evaluado que unos 30.000 inversores sirios han inyectado 1.000 millones de dólares en la economía egipcia.
Sólo el 15 por cien de los inmigrantes en Egipto están clasificados como vulnerables y necesitados de ayuda especial. En enero de 2024, Egipto acogía a 480.000 refugiados y solicitantes de asilo registrados, y el grupo más numeroso estaba formado por personas que habían huido de la guerra en Sudán.
En esencia, la UE y los principales Estados miembros se han unido a una de las dictaduras más brutales y represivas de Oriente Medio, oponiéndose firmemente a las aspiraciones democráticas de los egipcios. Esta política ha reportado grandes beneficios a las empresas y Estados europeos, a expensas de los pobres y las clases medias egipcias.
Esto sólo conducirá a una inestabilidad a largo plazo y a la aparición del hombre del saco para Europa: el inmigrante árabe.
Foto de portada: El presidente egipcio, Abdel Fatah el-Sisi, conversa con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en el palacio presidencial de Itihadiya, en El Cairo, Egipto, el 17 de marzo de 2024. (Reuters)