El lenguaje de Israel en la guerra contra Gaza

Dubravka Žarkov, Foreign Policy in Focus, 1 abril 2024

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Dubravka Žarkov se jubiló en 2018 como profesora asociada de género, conflicto y desarrollo en el Instituto Internacional de Estudios Sociales de la Universidad Erasmus de Rotterdam (Países Bajos), donde enseñaba epistemologías feministas, teorías del conflicto y representaciones mediáticas de la guerra y la violencia. Entre sus libros figuran The Body of War: Media, Ethnicity and Gender in the Break-up of Yugoslavia (2007) y la colección coeditada Narratives of Justice In and Out of the Courtroom, Former Yugoslavia and Beyond (con Marlies Glasius, 2014). Fue coeditora del European Journal of Women’s Studies. Vive en Belgrado, Serbia.

Los líderes políticos y militares de Israel han mentido tanto sobre Gaza y Hamás que podría parecer que no tiene sentido perder el tiempo con ellos. Consideren las siguientes afirmaciones y las pruebas contrarias para aquellos que aún no estén convencidos:

– Las fuerzas del ejército israelí no atacan deliberadamente a civiles, periodistas, instalaciones y personal médico, ni restringen la ayuda. De hecho, han atacado deliberadamente a civiles (como se ha informado ampliamente), periodistas (como ha detallado Human Rights Watch) y personal médico (según Amnistía Internacional). También impone de forma inmisericorde diversas restricciones a la ayuda.

– El Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (UNRWA, por sus siglas en inglés) alberga entre sus empleados a militantes de Hamás que participaron en las masacres del 7 de octubre. Sin embargo, Israel no ha compartido ninguna información ni prueba que respalde sus afirmaciones, mientras que la UNRWA ha sometido a controles bianuales a sus 13.000 empleados en Gaza.

– La guerra declarada de Israel contra Gaza y la actual guerra no declarada contra los palestinos en Cisjordania son «contra Hamás» y los «terroristas». No obstante, de hecho, múltiples gobiernos israelíes, incluido el actual, se han comprometido a apropiarse de todo el territorio palestino y a perpetrar un genocidio contra los palestinos que actualmente viven allí.

– Irán es el principal financiador y partidario de Hamás. En realidad, otras entidades como Qatar han sido los principales partidarios de Hamás, e Israel también contribuyó a crear Hamás para dividir las simpatías palestinas.

Sin embargo, otras declaraciones de dirigentes israelíes y de otras autoridades mundiales, que pueden parecer ciertas y que se siguen tomando al pie de la letra, son en realidad peligrosamente engañosas. Su objetivo es justificar la política israelí respecto a la violencia contra los palestinos, las acciones de apoyo a la guerra actual o la inacción para detenerla. Un examen minucioso de algunas de ellas pondrá al descubierto la forma en que operan tales declaraciones.

Diccionario del engaño

Probablemente la afirmación más repetida por los políticos israelíes y sus partidarios es que Hamás y los palestinos en general niegan el «derecho a existir» del Estado israelí. Esta afirmación ignora por completo -y desvía la atención- la incuestionable realidad de que Israel existe como Estado desde 1948 y sigue existiendo, se oponga o no Hamás o cualquier otra persona.

Al mismo tiempo, la queja israelí oculta la realidad de que es a Palestina a quien se niega desde hace mucho tiempo su derecho a existir como Estado. Aunque la mayoría de los gobiernos del mundo han reconocido la condición de Estado de Palestina, el Estado de Palestina sólo tiene estatuto de observador en la ONU. Esto es así porque Israel y Estados Unidos, Canadá, Australia y una mayoría absoluta de Estados europeos se han negado a reconocer la condición de Estado de Palestina (aunque esto podría cambiar en el futuro). El actual gobierno de Israel ha proclamado explícitamente y en voz alta que no tiene previsto reconocer un Estado palestino. Por tanto, es Israel quien niega el derecho a existir de cualquier Estado palestino.

En cambio, Israel está ampliando la ocupación del territorio palestino y, cuando se enfrenta a la resistencia, afirma su propio «derecho a la autodefensa». Sin embargo, en 1983, la Asamblea General de la ONU afirmó explícitamente el derecho de los palestinos a la autodefensa «por todos los medios disponibles, incluida la lucha armada», un derecho que comparten con todas las naciones bajo «dominación colonial, apartheid y ocupación extranjera», como se afirma en las Convenciones de Ginebra. Este derecho no incluye la violencia contra civiles israelíes, que los militantes de Hamás han perpetrado. Este tipo de violencia puede constituir un crimen de guerra. No obstante, los Convenios de Ginebra dejan claro que el «derecho a la legítima defensa» pertenece al ocupado, no al ocupante. Cualquier acción militar o policial emprendida por un ocupante contra el ocupado -incluso cuando el ocupado utiliza la violencia contra la ocupación- es violencia, no legítima defensa.

Otro ejemplo del engaño israelí puede verse en la insistencia habitual de los políticos israelíes en que las escuelas palestinas enseñan a sus hijos a odiar a los judíos. La UNRWA -el principal patrocinador de la educación en Cisjordania y Gaza- fue acusada de difundir la incitación a la violencia y el odio a los judíos en sus libros de texto. Sin embargo, la revisión de la Unión Europea de los libros de texto palestinos ha concluido que incluyen «un fuerte enfoque en los derechos humanos… expresan una narrativa de resistencia dentro del contexto del conflicto palestino-israelí y … exponen un antagonismo hacia Israel». Nada de esto equivale a odio a los judíos. La acusación de que los libros de texto palestinos difunden el odio también ha sido desmentida por el Proyecto Europeo sobre Oriente Medio.

El informe de la UE señala además que los libros de texto elaborados por las autoridades israelíes eliminaron «capítulos enteros sobre la historia regional y palestina», lo que «cambia fundamentalmente la narrativa nacional [palestina]». Los libros de texto estatales israelíes a menudo ignoran simplemente la presencia palestina, y presentan perpetuamente a Israel y a los judíos como víctimas del enemigo palestino y árabe.

No es de extrañar, por tanto, que las niñas israelíes canten sobre la aniquilación de Gaza en un programa de televisión israelí online, y que los soldados israelíes en Gaza graben vídeos en los que difunden sus burlas, humillaciones y asesinatos de civiles palestinos, así como su destrucción o saqueo de propiedades palestinas. Estos soldados no son necesariamente sionistas de derechas como algunos de los ciudadanos judíos que bloquean la ayuda a Gaza o intentan construir casas dentro de sus fronteras. Tampoco son necesariamente los colonos judíos de Cisjordania. Muchos de ellos son ciudadanos corrientes. Pero en su ordinariez, ofrecen una imagen aterradora y exacta de la opinión general de la sociedad israelí sobre los palestinos. Por eso la mayoría de los ciudadanos israelíes apoyan el genocidio de Gaza, aunque no apoyen al primer ministro de Israel y a su gobierno.

Por último, contrariamente a su lamento de «grave preocupación» por el «sufrimiento en Gaza» y a sus declaraciones a menudo interesadas, los políticos de fuera de Israel están lejos de ser impotentes para detener el derramamiento de sangre en Gaza. Incluso dentro del arsenal diplomático clásico, los Estados individuales pueden expulsar a los embajadores de Israel y retirar a los suyos. Pueden imponer sanciones o boicotear a empresas, políticos y representantes culturales y deportivos israelíes (como han hecho, con vigor, con respecto a Rusia y los rusos). Pueden detener sus exportaciones de armas a Israel, romper relaciones económicas y multiplicar su apoyo financiero a las organizaciones humanitarias que operan en Gaza (en lugar de cortar ese apoyo). Sólo un puñado de Estados han retirado realmente a sus embajadores de Israel. Ningún Estado occidental se encuentra entre ellos y, salvo Bahréin, ningún otro Estado árabe rico.

¿Cómo puede ser que las personas que se manifiestan sin cesar en apoyo de los palestinos -y que han identificado e instado a que se tomen muchas de estas medidas- sepan más que los poderosos jefes de Estado sobre las estrategias para detener el genocidio?

La respuesta, por supuesto, es que los gobiernos sí saben. Y esa realidad nos lleva a algunas duras verdades.

Duras verdades

Los palestinos no tienen amigos entre los gobiernos occidentales. Conocen esta dura verdad desde hace mucho tiempo, y su conocimiento se ha confirmado de la forma más terrible. Aunque algunos países europeos (como España e Irlanda) han utilizado un lenguaje muy duro contra Israel, no han tomado ninguna medida que proteja las vidas de los palestinos de Gaza y Cisjordania. Estados Unidos y algunos gobiernos occidentales se han jactado de haber impuesto sanciones (de viaje y bancarias) a algunos colonos y asentamientos judíos. Pero esto es un absurdo sustituto de la acción efectiva. Algunos dirigentes y gobiernos occidentales se enfrentan ahora a procesos judiciales, interpuestos por organizaciones y abogados propalestinos de los derechos humanos, en los que se les acusa de haber violado leyes nacionales e internacionales al apoyar el genocidio de Israel en Gaza (suministrando munición a Israel), o por su incapacidad para detenerlo. Pero, hasta ahora, las intervenciones judiciales no han aportado protecciones efectivas a las víctimas del genocidio.

Los palestinos tampoco tienen amigos entre los gobiernos árabes, ni deberían esperar tenerlos. Sus «hermanos árabes» han expresado su «profunda preocupación» por la difícil situación de los palestinos, pero tienen otras preocupaciones más importantes, como la importación de tecnología de vigilancia israelí para controlar a sus oponentes políticos. Arabia Saudí, que durante mucho tiempo mantuvo una política de vincular la normalización con Israel al reconocimiento por Israel del Estado palestino, ahora sólo habla de una «ruta hacia el Estado palestino».

Esto significa que los palestinos necesitan su propia nueva fuerza política para lograr tanto el reconocimiento formal de la condición de Estado como la paz con Israel. ¿Es factible alguno de estos dos objetivos? Por ahora, no hay indicios de que las distintas facciones palestinas vayan a lograr la unidad, que es una condición previa absolutamente necesaria para cualquier Estado palestino sostenible a largo plazo. Hamás y Fatah han mantenido numerosas conversaciones en vano. Está claro que no es fácil conciliar las visiones secular e islamista del mundo, las ideas de gobierno y los ideales de relaciones sociales. Ni siquiera las distintas facciones islamistas se ponen de acuerdo. Pero sin esa unidad, antes de que termine el genocidio y la ocupación, la Palestina posterior al genocidio y a la ocupación descenderá a la violencia interna y a la lucha por el poder. En cuanto a la paz con Israel, el estado de cosas en las sociedades posgenocidio del siglo XX no ofrece motivos para mucho optimismo. Los genocidios no sólo destruyen a las personas, sus culturas y sus historias. También destruyen la esperanza y la imaginación, que son necesarias para construir la paz.

Israel también necesita una nueva fuerza política para construir una narrativa nacional totalmente nueva basada en el lenguaje de un diccionario muy diferente al diccionario del engaño. El apoyo abrumador de la opinión pública israelí a la destrucción de Gaza, la ocupación de Cisjordania y la expansión de los asentamientos significa que la creación de una fuerza política y un lenguaje tan nuevos podría llevar generaciones, si es que alguna vez llega a producirse. Aun así, es posible imaginar que un día un público israelí, que actualmente apoya la aniquilación de Gaza, pueda empezar a preguntarse: «¿Cómo un Estado creado para dar esperanza a los supervivientes de un genocidio se ha convertido en perpetrador de un genocidio? ¿A qué le he dado voz y qué he callado?».

Mientras esto no ocurra, no habrá esperanza ni para Israel ni para Palestina. Ni para el mundo en el que todos existimos.

Foto de portada del genocida Netanyahu (Shutterstock).

Voces del Mundo

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