Eve Ottenberg, CounterPunch.org, 19 abril 2024
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Eve Ottenberg es novelista y periodista. Su último libro es Lizard People. Puede contactarse con ella en su sitio web.
El títere de Estados Unidos en Ecuador, el presidente Daniel Noboa, parece ir embalado. Primero, México rompe relaciones diplomáticas con Ecuador, después de que policías irrumpieran en la embajada mexicana el 5 de abril para arrestar al exvicepresidente Jorge Glas, refugiado allí, y en el proceso golpearan al personal de la embajada. A continuación, Nicaragua rompe relaciones. Una sólo puede preguntarse qué nación será la siguiente en dar un codazo al régimen corrupto de Ecuador. Ciertamente no Washington, que sentó el precedente para este comportamiento atroz hace algunos años como la eminencia gris detrás de la policía británica que sacó a Julian Assange de su santuario en la embajada ecuatoriana en Londres. El Imperio es vengativo y nunca perdona ni olvida: El expresidente ecuatoriano, el izquierdista Rafael Correa, había abierto la embajada a Assange, por lo que es evidente que ahora él y todo su antiguo personal son presa fácil para los matones imperiales. Dado que el Imperio -o más bien su marioneta mafiosa, Noboa- ha atrapado al exvicepresidente de Correa, es muy probable que los días de Glas estén contados.
De hecho, la noche del 8 de abril se supo por X que, tras su captura, Glas intentó suicidarse en la prisión de Guayaquil con una sobredosis de medicamentos y que fue trasladado a un hospital militar. Mientras algunos informes lo tienen en huelga de hambre, otros dicen que ahora está en coma inducido. Vaya, ¡qué conveniente para los que quieren deshacerse de este molesto político! Qué feliz coincidencia para ellos que justo cuando se vieron obligados a secuestrarlo violentamente en la embajada mexicana, ¡él decidiera quitarse la vida! ¡Qué raro que las cosas les salgan tan bien a los vasallos imperiales! ¿Quién podría haber imaginado un desarrollo tan feliz para el perrito de ataque de Washington en Quito? Ah, y tengo una moto que venderles.
«Me preocupa mucho que maten a Glas», dijo el diplomático mexicano Roberto Canseco el 6 de abril. Resulta que sus preocupaciones eran ciertas. Canseco «estaba visiblemente conmocionado tras ser agredido por la policía ecuatoriana», informó Kawsachun News, «cuando invadieron la embajada de México en Quito para secuestrar» a Glas. Canseco vio de cerca la brutalidad de los matones oficiales ecuatorianos y sabe que no bromean. Y luego, para subrayar la anarquía fundamental del régimen de Noboa, la noche del 12 de abril, los tribunales ecuatorianos dictaminaron que la detención de Glas era ilegal y que violaba las leyes sobre el registro de embajadas. ¿Acató la banda de Noboa el fallo de la corte? En absoluto. Glas sigue detenido.
Así que no se trató de una violación pacífica de la inviolabilidad de una embajada, como establece la Convención de Viena. «El embajador mexicano fue violentamente golpeado y el personal fue obligado a salir», según el periodista Denis Rogatyuk en X el 6 de abril. «En términos legales, se trata de una invasión de México por parte de las fuerzas armadas ecuatorianas». El presidente mexicano, Manuel Andrés López Obrador, rompió rápidamente «relaciones diplomáticas con el régimen de Noboa». Ni siquiera Augusto Pinochet en Chile se atrevió a invadir embajadas de otros países».
Pero, de hecho, ha habido varios ataques a embajadas en América Latina a lo largo de los años: El asalto de Perú a la embajada japonesa en 1987; el bombardeo guatemalteco de la embajada española en 1980; la invasión uruguaya de la embajada venezolana en 1976. Todas estas embajadas dieron cobijo a personas a las que los gobiernos locales persiguieron y, de hecho, capturaron y asesinaron. Así que hay un precedente sangriento y criminal, pero eso no lo hace menos indignante.
El asalto a la embajada de México en Ecuador se produjo tras un enfrentamiento que duró meses. Glas «había sido condenado dos veces por cargos de corrupción y permanecía en la embajada desde finales del año pasado», informó RT el 6 de abril. «Glas insiste en que ha sido objeto de persecución política». Bueno, si no lo fue antes, seguro que lo es ahora.
Los lacayos latinoamericanos de Washington no emplean la guerra legal a la ligera; como mínimo lleva a la cárcel, como le ocurrió al presidente brasileño Luis Inacio Lula da Silva. No vale contemplar lo peor a lo que podría recurrir un matón como Noboa (el heredero del imperio bananero de 36 años e hijo del hombre más rico de Ecuador). Que este disparate erosiona la fe en los tribunales no hace falta decirlo y es, de hecho, el menor de sus males. Pero la judicialización de la política parece ser el arma preferida de Washington contra los políticos extranjeros que no le gustan. Piénsese en cómo se esgrimió la misma contra el propio Correa, ahora asilado en Bruselas desde 2018, Lula y el paquistaní Imran Khan, para empezar.
El resentimiento entre la CIA y todo lo relacionado con Correa se remonta a 2012, cuando el entonces presidente Correa concedió al editor de Wikileaks, Julian Assange, refugio en la embajada ecuatoriana en Londres. Washington tardó siete años en sacar a Assange de ese nicho y ponerle las manos encima, y pueden apostar su sueldo a que el Estado profundo estadounidense culpa de ello a Correa. Así que Washington sin duda lo considera una presa fácil y una amenaza. Después de todo, el izquierdista Correa es tremendamente popular en Ecuador y, como resultado, ha permanecido en el poder durante más de 10 años. Este astuto izquierdista sabe muy bien que el Imperio va tras él y ha permanecido sabiamente fuera de las comprometidas garras ecuatorianas en Bélgica desde que Washington convirtió a su fe a su sucesor Lenin Moreno.
Moreno se presentó a las elecciones presidenciales como acólito de Correa, pero al hacerse con la corona, apuñaló rápidamente a Correa por la espalda, abandonando a su mentor por el muy turbio abrazo de Washington. En mayo de 2019 se presentaron cargos de financiación ilegal de campaña contra Correa, y quedó claro que, si alguna vez regresaba a Quito, se arriesgaba a ir a la cárcel, en el mejor de los casos. Pero ¡sorpresa! Al pueblo ecuatoriano no le gustó Moreno y ahora se ha ido, reemplazado por un testaferro neoliberal de Washington, Guillermo Lasso y luego Noboa -sólo en el cargo seis meses, ya que reemplazó a Lasso cuando fue amenazado con un juicio político-, que es claramente lo peor. El régimen de Noboa persiguió a Glas y es probable que persiga a otros miembros del gobierno de Correa. Ahora sería un buen momento para que todos los leales a Correa emigraran.
Los funcionarios ecuatorianos intentaron justificar la invasión de la embajada mexicana alegando que Glas podía escapar de sus feroces garras. Aunque Glas llevaba ya un tiempo allí, el 5 de abril «México concedió asilo a Glas basándose en su insistencia en que había sido objeto de persecución política», informó RT el 7 de abril. Esa misma noche, la policía irrumpió en la embajada, lo que parece ser el nuevo método elegido por los vasallos imperiales para perseguir a los disidentes que huyen. Pero México no es el único país que se opone a la violencia contra sus diplomáticos: «Numerosas naciones latinoamericanas, entre ellas Argentina, Bolivia, Brasil, Chile y Venezuela, denunciaron las acciones de Ecuador». También lo hicieron Colombia, Cuba, Honduras, Panamá y Uruguay. ¿Quién dice que algunos de ellos no seguirán el ejemplo de México y Nicaragua y cortarán los lazos con el régimen canalla de Noboa?
México estaba furioso. «Se trata de una flagrante violación del derecho internacional y de la soberanía de México», clamó el presidente Obrador. En palabras de un funcionario mexicano, ante este florido desacato «a la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas y las lesiones sufridas por el personal diplomático mexicano en Ecuador, México anuncia la inmediata ruptura de relaciones diplomáticas con Ecuador». Según Common Dreams del 6 de abril, México informó que «miembros del personal de la embajada resultaron heridos durante la incursión». También dijeron que todo el personal diplomático mexicano saldrá inmediatamente de Ecuador y que México apelará a la Corte Internacional de Justicia para responsabilizar a Ecuador». Mi predicción es que a Noboa no podría importarle menos; sólo es una conjetura sobre alguien lo suficientemente descarado como para reventar todas las sutilezas del derecho internacional.
Mientras tanto, Washington trató de suavizar las cosas para su agresivo títere con el exfuncionario del Departamento de Estado Eric Farnsworth diciendo en la CNN el 7 de abril que la incursión de Ecuador fue «impulsiva e innecesaria… [convierte] a un criminal en una víctima y da a los opositores un punto de encuentro contra Noboa». Pero a Will Freeman, del Consejo de Relaciones Exteriores, le preocupa que este desvergonzado asalto «despierte preocupaciones sobre los pasos que Noboa está dispuesto a dar para ser reelegido. Su mandato termina en 2025, ya que sólo fue elegido para terminar el mandato del expresidente Guillermo Lasso», según Spectrum News el 6 de abril.
Recordemos que las elecciones que ganó Noboa fueron muy irregulares, con violencia de los cárteles de la droga, un candidato asesinado y dudas sobre la forma en que los demás candidatos, incluido Noboa, llevaron a cabo sus campañas. En retrospectiva, no deberíamos sorprendernos. Si Noboa está tan ansioso por destrozar el derecho internacional, la inmunidad diplomática y las protecciones de las embajadas, nadie debería sorprenderse si muestra un desprecio similar por las leyes del país que tiene la desgracia de ser gobernado por él. Sí, hay razones para preocuparse. Noboa podría estar en camino de robar, violentamente, las próximas elecciones de Ecuador.
Fuente foto de portada: Asamblea Nacional del Ecuador – CC BY-SA 3.0