Ali Mahmoud Ali y Nohad Eltayeb, ACLED, 14 abril 2024
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Ali Mahmoud Ali es investigador sobre África en ACLED y trabaja en la organización desde abril de 2022. Es licenciado en Matemáticas e Informática por la Facultad de Ciencias Matemáticas e Informática de la Universidad de Jartum.
Nohad Eltayeb es Asistente de Investigación en ACLED, donde apoya al presidente y al equipo ejecutivo con diversos proyectos de investigación y publicaciones, lo que incluye la recopilación, limpieza, análisis y visualización de datos para explorar mejor las pautas existentes o emergentes de violencia política en todo el mundo.
Panorama de Sudán: 15 de abril de 2023-5 de abril de 2024
Resumen:
– Desde que estallaron los primeros enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (FAS) y las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) el 15 de abril, ACLED ha registrado 5.550 sucesos de violencia política y más de 15.550 víctimas mortales en Sudán.
– Entre el 15 de abril de 2023 y el 5 de abril de 2024, la mayor violencia política se registró en el estado de Jartum, con más de 3.660 sucesos y más de 7.050 víctimas mortales.
– En todo Sudán, ACLED ha registrado más de 1.400 sucesos violentos dirigidos contra civiles desde que comenzó la guerra. La población civil del estado de Jartum fue la más afectada por la violencia selectiva, con más de 650 incidentes y al menos 1.470 víctimas mortales.
– La violencia selectiva en Darfur tenía el doble de probabilidades de ser mortal para los civiles que la violencia selectiva en otros estados de Sudán, y el 32% de todas las víctimas mortales civiles registradas en el país se produjeron en Darfur.
Un año de guerra en Sudán
La guerra en Sudán es, ante todo, un conflicto por el poder. En los últimos años de su mandato, el expresidente Omar al-Bashir trató de blindar su régimen mediante el ascenso de los Janjaweed -sus secuaces durante mucho tiempo en Darfur- a las FAR, una fuerza paramilitar capaz de proteger al presidente de sus rivales más cercanos. El repentino ascenso al poder de las FAR se produjo cuando su líder, Mohamed Hamdan Dagalo, más conocido como Hemedti, se volvió contra su antiguo patrón, conspirando con el jefe del Ejército, Abdel Fattah al-Burhan, para derrocar a Bashir y establecer una junta militar en 2019. La competencia entre las FAS y las FAR acabó por echar por tierra las esperanzas de una transición democrática ordenada y, en su lugar, sembró las semillas de una nueva guerra.
Lo que inicialmente comenzó como una lucha de poder entre las FAS y las FAR se convirtió en una guerra civil que ha arrastrado al conflicto a varias milicias y grupos rebeldes, junto con sus patrocinadores extranjeros. Aunque ni las FAS ni las FAR parecen capaces de restaurar el control sobre todo el territorio de Sudán, otros actores han aprovechado esta competición para establecerse como proveedores locales de seguridad, desde Jartum hasta Darfur y Kordofán. Comprender cómo estos actores se han alineado con cada una de las principales partes en conflicto o han decidido mantenerse equidistantes es crucial para identificar la trayectoria del conflicto y la política de Sudán.
La guerra en Jartum
Durante el último año, la zona de las tres ciudades de Jartum ha sido uno de los campos de batalla más disputados. El estallido del conflicto el 15 de abril de 2023 se asemejó a un intento de golpe de Estado tradicional. Miembros del grupo paramilitar tomaron el Palacio Presidencial y otras infraestructuras clave de transporte y comunicaciones de la ciudad. Las FAS defendieron ferozmente el Cuartel General del Mando General y utilizaron su superioridad aérea para bombardear las posiciones de las FAR, obligando a sus elementos a utilizar posiciones civiles como escondites e iniciando un prolongado conflicto en las calles de la ciudad.
Cuando la base del Cuerpo Estratégico de las FAS en el centro de Jartum cayó en manos de las FAR el 30 de mayo, las fuerzas de Hemedti pudieron finalmente estrangular las rutas de suministro de las FAS. Expulsadas de la mayoría de las posiciones militares en Jartum, incluido el complejo militar de Yarmouk y el cuartel general de la Policía de Reserva Central en junio, las FAS se vieron obligadas a depender principalmente de la guerra aérea y a hacer frente a una serie de reveses. Por el contrario, las FAR -que bajo el mandato de Bashir se habían convertido en la infantería de Sudán- pudieron avanzar en las ciudades vecinas de Jartum, Omdurman y Bahri. En general, las FAR demostraron una mayor movilidad utilizando sus camionetas y ametralladoras antiaéreas, demostrando que el suministro de equipo militar pesado de las FAS es ineficaz en la guerra urbana.
Después de que las FAR cercaran la base del Cuerpo Blindado en el sur de Jartum -desde la que los oficiales encabezaban los golpes militares de Sudán-, las FAS hicieron un llamamiento a la movilización general. Al principio, sólo los miembros de las desmanteladas Fuerzas de Defensa Popular, la Fuerza de Entidades de Sudán y una milicia islamista progubernamental de reciente creación, al-Baraa Ibn Malik, apoyaron a las FAS. En cambio, otros actores políticos y grupos rebeldes se mostraron cautelosos a la hora de aliarse con las FAS a medida que las FAR iban ganando terreno. Como resultado, las Fuerzas Armadas Revolucionarias empezaron a recibir apoyo de las Fuerzas Escudo de Sudán, el grupo armado Tamazuj y varias milicias étnicas, aunque la dependencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de estos grupos se convirtió gradualmente en luchas internas hacia el final del año.
A finales de 2023, las FAR ampliaron su control en localidades cercanas al estado de al-Yazirah, en Jartum, que capturó a mediados de diciembre. La caída de al-Yazirah y la violencia de represalia desatada por las FAR contra la población sembraron el miedo en el resto de los estados y comunidades controlados por las FAS. En respuesta a los avances de las FAR, las milicias étnicas y comunales se movilizaron contra las FAR, lo que provocó un nuevo llamamiento a la movilización general por parte de las FAS. Las FAS armaron y entrenaron a estas milicias recién alineadas integrándolas en la alianza de las FAS, denominada colectivamente Resistencia Popular.
Este movimiento estratégico ayudó a las FAS a obtener considerables ganancias territoriales en Jartum (véase el mapa más abajo). Las FAS rompieron el cerco a sus fuerzas y arrebataron Old Omdurman a las FAR. Más recientemente, el 7 de abril, los combates se intensificaron en al-Yazirah cuando las tropas de las FAS avanzaron en el estado hasta alcanzar la localidad de Umm al-Qura, a unos 30 kilómetros al este de la capital del estado, Wad Madani.

Control territorial: siglas en inglés RSF= en texto FAR (Fuerzas de Acción Rápida; SAF= en texto FAS (Fuerzas Armadas Sudanesas).
Las recientes victorias de las FAS en Omdurman atrajeron el apoyo de diversos grupos rebeldes y milicias étnicas. Decenas de nuevos voluntarios se graduaron en los campos de entrenamiento militar que se abrieron en las zonas controladas por las FAS desde el llamamiento a la movilización, mientras que los grupos rebeldes que se alzaron en armas contra las FAR -como la facción de Minnawi del Movimiento/Ejército de Liberación de Sudán (SLM/A-MM, por sus siglas en inglés) y el Movimiento Justicia e Igualdad (JEM, por sus siglas en inglés) dirigido por Gibril Ibrahim- desplegaron tropas contra las FAR, a medida que la marea se inclinaba a favor de las FAS.
Estos mismos grupos habían luchado anteriormente contra las FAS en el conflicto de Darfur a principios de la década de 2000, pero la firma del Acuerdo de Paz de Juba (APJ) en 2020 les permitió acceder a puestos políticos y al poder. En este periodo se produjo un cambio hacia la inclusión de más grupos armados en el gobierno en disputa, dejando de lado a los civiles y encumbrando a los antiguos grupos rebeldes como nuevos aliados políticos de las élites militares, especialmente las FAS. En consecuencia, surgieron nuevos grupos rebeldes en las regiones centrales para contrarrestar a los antiguos grupos rebeldes que representaban a las regiones del sur y el oeste de Sudán y que estaban ganando poder político. Por ejemplo, las Fuerzas Escudo de Sudán, creadas a finales de 2022, se oponían a la APP y pretendían salvaguardar los intereses de la población de las regiones central y septentrional. Sin embargo, a pesar de su propósito inicial, las Fuerzas Escudo de Sudán se aliaron con las FAR, dirigidas por Abu Aqlah Kikel, que encabezó las ofensivas de las FAR en Al Yazirah y más tarde asumió el mando de la incautada 1ª División de Infantería en Wad Madani, mientras las fuerzas de las FAR continuaban sus violaciones no provocadas contra civiles en Al Yazirah.
Esta amplia movilización de milicias, facciones rebeldes y grupos paramilitares en apoyo de las FAS subraya la cambiante dinámica en Sudán central, donde cada facción busca posicionarse en el nuevo orden político y militar. La evolución política surgida de los acuerdos de reparto del poder y del APJ firmado en 2020 preparó el terreno para la guerra de abril de 2023 y envalentonó a los grupos armados que ahora desempeñan un papel central.
La guerra en Darfur
Fuera de Jartum, las FAR dirigieron su atención a Darfur, cuna de las milicias Janjaweed, al principio del conflicto. En Darfur, el conflicto nacional entre las FAR y las FAS se enredó en el mosaico étnico de la región. Los agravios históricos entre las milicias masalit y árabes en Darfur Occidental se habían manifestado incluso antes de que estallara el conflicto, lo que provocó la declaración del estado de emergencia y el despliegue de tropas gubernamentales. Poco después de que estallaran los enfrentamientos entre las FAS y las FAR, el conflicto en Darfur Occidental se convirtió rápidamente en un enfrentamiento entre las milicias árabes respaldadas por las FAR y las milicias étnicas masalit respaldadas por las Fuerzas de la Alianza Sudanesa. Estos enfrentamientos persistieron de abril a junio de 2023, y culminaron con el asesinato de Khamis Abakar, líder de las Fuerzas de la Alianza Sudanesa, predominantemente masalit, que había sido gobernador de Darfur Occidental desde 2020. Las FAR nombraron entonces un gobierno alternativo en Darfur Occidental, dirigido por sus aliados locales. El asesinato de Abakar -presuntamente a manos de las FAR- formó parte de un ataque concertado contra la población masalit de Darfur Occidental que provocó el desplazamiento masivo de masalit y erenga a Chad. Expertos de las Naciones Unidas han calificado las acciones de las FAR y las milicias aliadas de posibles crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.
Sin embargo, las milicias étnicas árabes de Darfur no sólo están cometiendo asesinatos por motivos étnicos. La perspectiva de obtener considerables beneficios del conflicto también ha provocado luchas intestinas dentro del bando de las FAR. En varias ocasiones, estallaron violentos enfrentamientos entre milicias étnicas árabes, como los enfrentamientos entre los salamat y los beni hsalba en el sur de Darfur, que persistieron durante meses. A pesar de que ambas son aliadas de las FAR, la competencia por el acceso a la tierra y los recursos ha desatado el conflicto entre ellas. La militarización en Darfur se entrelaza con las estructuras locales de gobierno, ya que los sistemas de administración nativa tribal han tenido durante mucho tiempo una fuerte influencia en muchas partes de la región. Las FAR han confiado normalmente en esta lealtad tribal para el reclutamiento, pero sus mandos de mayor rango fueron evidentemente incapaces de mediar o controlar a sus milicias aliadas a nivel local.
El sur de Darfur también se convirtió en un foco de conflicto entre las FAS y las FAR. La capital de Darfur del Sur, Nyala, es la ciudad más poblada de Sudán fuera de Jartum y el centro económico de la región, lo que la convierte en un lugar de gran valor para ambas partes. Tras desgastar a las FAS con asaltos casi diarios, las FAR capturaron la 16ª División de Infantería el 26 de octubre, lo que supuso el punto de inflexión para el colapso de las FAS en la región. En menos de un mes, las FAR tomaron las divisiones de infantería de las FAS en el resto de las principales ciudades. Esto deja a El Fasher -la capital de Darfur del Norte, donde se refugiaron muchos desplazados- como la única capital estatal de Darfur que no ha caído en manos de las Fuerzas Armadas de la República Srpska (véase el mapa más abajo).

Desde febrero de 2024, las FAS han intensificado sus ofensivas y ataques aéreos en El Fasher, y las FAR parecen evitar relacionarse con otros actores debido al delicado orden que reina en la ciudad. Antiguos grupos rebeldes, así como milicias de la etnia zaghawa, han anunciado una movilización general en previsión de una posible ofensiva de las FAR sobre El Fasher. Sin embargo, la competencia entre estos grupos socava la estabilidad de la coalición. Durante las fases iniciales del conflicto, los signatarios del Acuerdo de Paz de Juba (APJ) formaron la Fuerza Conjunta de Protección neutral de Darfur, cuyo objetivo era proteger a los civiles y sus propiedades. Esta fuerza está ahora dividida, con algunos grupos que apoyan a las FAS y otros que optan por permanecer neutrales. Los grupos neutrales se han separado y han formado su propia fuerza de protección, pero algunos de sus líderes militares se están uniendo a la movilización en El Fasher a pesar de la postura de sus líderes políticos. Mientras tanto, la facción del SLM/A liderada por Abdul Wahid al-Nur -un grupo rebelde que no firmó el APJ- ha ampliado su control en el Yabal Marrah, una zona montañosa que se extiende por la frontera entre Darfur del Norte, Darfur Central y Darfur del Sur. A diferencia de otros grupos, la facción SLM/A de al-Nur no ha firmado ningún acuerdo con el gobierno de transición, y sigue manteniéndose neutral a pesar de desplegar fuerzas en El Fasher y advertir contra los ataques de las FAR.
En Darfur, la violencia ha servido históricamente como vía de acceso al poder, y el conflicto que estalló en abril de 2023 ha desatado una feroz rivalidad política entre diversas facciones armadas. Los líderes de los antiguos grupos rebeldes compiten por la influencia mientras sufren la fragmentación, y las milicias étnicas están motivadas por las perspectivas de control local mientras capitalizan sus lealtades actuales, lo que complica aún más el panorama del conflicto en Darfur.
La guerra en Kordofán
La ubicación estratégica de la región de Kordofán entre Darfur y la región central -incluido Jartum- la ha convertido en un punto focal para las partes beligerantes que buscan el control de los recursos vitales y las rutas de suministro y, por tanto, en un campo de batalla crucial. Los grupos armados han atraído a menudo a reclutas de las diversas comunidades de Kordofán, desatando rivalidades interétnicas y conflictos locales (véase el mapa más abajo).

El 15 de abril de 2023, estallaron enfrentamientos entre las FAS y las FAR en Kordofán del Norte, Kordofán del Sur y Kordofán Occidental. En El Obeid, capital de Kordofán del Norte, la presencia de tropas de las FAS amenaza la principal ruta de suministro de las FAR desde Darfur a Jartúm. A diferencia de Darfur, algunas comunidades árabes de Kordofán del Norte, como los beni jarar y los hamar, optaron por alinearse con las FAS en lugar de con las FAR. Otras comunidades árabes, como los dar hamid, los kababish y los yawmaa, no se han alineado con ninguna de las partes, pero han decidido tomar las armas para protegerse de los ataques de las FAR. Reconociendo la importancia estratégica de estos territorios y su posesión de material militar pesado, las FAR han optado por no intensificar el conflicto con estas milicias.
El estado de Kordofán Occidental conecta Darfur con otros estados de Kordofán y limita con Sudán del Sur. Permaneció relativamente tranquilo durante todo el conflicto, debido a que el oleoducto que transporta el crudo de Sudán del Sur atraviesa el estado. Aunque se produjeron enfrentamientos intermitentes entre las FAS y las FAR en ciudades como El Fula, al-Yiwi y al-Nuhud, la administración nativa árabe misseriya medió con éxito para rebajar las tensiones y preservar la paz durante todo 2023. Esto cambió en enero, cuando la ciudad de Babanusa, que alberga la 22ª División de Infantería de las FAS, fue escenario de fuertes enfrentamientos entre las dos partes beligerantes. De hecho, la propia administración nativa misseriya sufre de faccionalismo, con líderes y miembros de la comunidad que se unen a uno u otro bando.
La comunidad misseriya también ha tenido tensiones con el grupo étnico hamar a lo largo de 2022, y las FAS han tomado a los hamar como aliados y les han suministrado armas en la lucha en curso contra las RSF. Las administraciones nativas hamar y misseriya, apoyadas por sus respectivas milicias locales, asumieron la autoridad de facto de Kordofán Occidental. Los milicianos misseriya asumieron la responsabilidad de proporcionar seguridad en El Fula y establecieron un comité de seguridad para mantener el orden en Babanusa. En al-Nuhud, el emir (jefe) de la administración nativa de Hamar revocó la vigilancia de convoyes llevada a cabo por las milicias de Hamar para restablecer la seguridad en ausencia de instituciones estatales. Esto pone de relieve la tendencia de las FAS, y ahora también de las FAR, a beneficiarse de las tensiones tribales locales para el reclutamiento y la contrainsurgencia, una estrategia heredada del antiguo régimen de Bashir.
En Kordofán del Sur, los enfrentamientos entre las FAS y las FAR se concentraron principalmente en Dilling y Kadugli. Sin embargo, a principios de junio, la facción de Abdelaziz al-Hilu del SPLM-N, un influyente grupo rebelde que no forma parte del APJ, comenzó a expandirse hacia el norte desde sus territorios en las zonas meridionales de Kordofán del Sur. Esta expansión hizo que las FAR se retiraran de los alrededores de la ciudad de Kadugli, limitando su presencia a la localidad septentrional de al-Qouz, desde donde intentaron hacerse con el control de Dilling. A continuación, la facción al-Hilu asedió a las tropas de las FAS en Kadugli, con el objetivo de hacerse con el control de la ciudad. La violencia de base étnica en Kordofán del Sur se intensificó después de que las FAR tomaran el control de Habila a finales de diciembre, lo que desencadenó enfrentamientos entre las FAS y la facción de al-Hilu contra las FAR. Las FAS y el SPLM-N han sido históricamente rivales, y su alineación contra las FAR durante estos enfrentamientos no fue una elección política o estratégica, sino que estuvo alimentada por afiliaciones étnicas, ya que la milicia árabe Hawazamah se alineó con las FAR contra los nuba no árabes, que son reclutados tanto en las FAS como en la facción al-Hilu del SPLM-N.
Al igual que en Darfur, los grupos rebeldes y las milicias étnicas de Kordofán están obteniendo acceso a las armas y, por tanto, al poder. Sin embargo, la forma en que estos grupos se alinean difiere de la dinámica de Darfur. En algunas zonas, como Kordofán del Norte, los grupos árabes -normalmente afiliados étnicamente a las FAR- se han alineado inesperadamente con las FAS o se han mantenido neutrales. Estas milicias se muestran cautelosas a la hora de involucrarse en la violencia dentro de una trayectoria imprevisible, pero ejercen una influencia significativa en sus respectivas regiones, y ganárselas permite a los beligerantes inclinar la balanza del conflicto a su favor.
Descifrando el rompecabezas: identificar las alianzas cambiantes
Tras un año de guerra, Sudán se encuentra profundamente atrincherado en la militarización de las comunidades locales, una dinámica que es poco probable que se invierta a corto plazo. Comunidades que antes vivían en paz han tomado las armas para defenderse de las FAR, lo que supone un cambio significativo respecto al pasado. Durante décadas, la política sudanesa giró en torno al conflicto entre el centro (encarnado por el ejército) y los grupos rebeldes de la periferia, que actuaban como estructuras interpuestas capaces de monopolizar la violencia y asegurar las agendas políticas. En el Sudán actual, sin embargo, la violencia está mucho más descentralizada, con comunidades que se autoarman y actores nacionales que dependen en gran medida de sus apoderados locales para lograr la victoria militar.
Mientras prosigue la lucha entre las FAS y las FAR, éstas están afianzando su autoridad sustituyendo a las autoridades anteriores por élites locales alineadas con ellas. La visión de gobierno de las FAR podría ser más factible en su territorio natal de Darfur, donde sus alianzas se basan en gran medida en la etnia, pero es posible que tenga que recurrir a otros métodos en otras partes de Sudán. Por ejemplo, el 26 de marzo, las FAR nombraron un gobierno de administración civil en al-Yazirah dirigido por un miembro local del Partido Nacional Umma, que forma parte de la coalición civil antibélica Taqadum. El nombramiento provocó divisiones internas en el partido, y algunos miembros del Partido Nacional Umma criticaron la parcialidad percibida de Taqadum hacia las Fuerzas Armadas Revolucionarias y aumentó la fragmentación dentro de la coalición civil. Mientras los mediadores nacionales e internacionales se esfuerzan por encontrar un terreno común para las conversaciones de paz, la brecha entre los civiles y las FAS es cada vez mayor. Acusando a la coalición civil de ponerse del lado de las FAR, los militares anunciaron el 25 de marzo que se negarían a participar en cualquier acuerdo de reparto del poder con los partidos políticos civiles y que, en su lugar, establecerían un gobierno de transición tecnocrático.
Mientras tanto, las FAS han intensificado sus campañas de reclutamiento en las zonas bajo su control, pero han surgido desacuerdos en el seno de la cúpula de las FAS respecto a la potente fuerza movilizada por la Resistencia Popular. La trayectoria del conflicto sugiere que controlar e integrar a esta formidable entidad resultará una tarea ardua. La Resistencia Popular plantea importantes obstáculos para su asimilación en la estructura y estrategia de las FAS. Se han producido enfrentamientos ocasionales entre aliados de las FAS, como el SLM/A-Tambor y el SLM/A-Minnawi, ambas antiguas facciones rebeldes actualmente aliadas de las FAS. Aunque la movilización de las FAS es cada vez mayor, Shamseldin Kabbashi, segundo comandante en jefe adjunto de las mismas, ha advertido de que los grupos de Resistencia Popular supondrían un nuevo peligro si no se les controla mejor.
El conflicto ha superado el ámbito inicial de los combates entre las FAS y las FAR, ya que los grupos armados de todo Sudán están desafiando las estructuras de gobierno existentes. Se están formando relaciones políticas confusas entre las élites y sus comunidades, y las lealtades históricas están cambiando y afectando al panorama actual del conflicto. Los recientes ataques étnicos contra algunas comunidades de Darfur y Kordofán han provocado cambios significativos en la demografía y la gobernanza a nivel local que probablemente serán difíciles de revertir. A medida que se van formando alianzas étnicas, otros grupos armados -en su mayoría signatarios del APJ- se fragmentan y se desconectan aún más de sus líderes políticos, y las milicias emergentes están motivadas por nuevas oportunidades, así como por agravios históricos.
Foto de portada: La guerra en Sudán ha provocado nueve millones de personas desplazadas, siete millones a nivel interno y dos millones en los países vecinos.
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