Jeremy Scahill, Drop Site News, 12 julio 2024
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Jeremy Scahill es periodista de Drop Site News y fue cofundador de The Intercept. Es reportero de investigación, corresponsal de guerra y autor de «Dirty Wars: The World Is a Battlefield» y «Blackwater: The Rise of the World’s Most Powerful Mercenary Army”. Ha informado desde Afganistán, Iraq, Somalia, Yemen, Nigeria, la antigua Yugoslavia y otros lugares del mundo.
Hamás e Israel parecen más cerca de algún tipo de acuerdo de alto el fuego en Gaza que en ningún otro momento desde la breve tregua del pasado noviembre. El director de la CIA, William Burns, y el enviado de la Casa Blanca, Brett McGurk, viajaron esta semana a Oriente Próximo para negociar con delegaciones israelíes encabezadas por David Barnea, jefe del Mossad, y Ronen Bar, jefe del Shin Bet, así como con el jefe de la inteligencia egipcia y el primer ministro de Qatar. Las dos naciones árabes mantienen comunicación directa con los negociadores de Hamás.
En las últimas semanas, Hamás se ha mostrado dispuesto a ceder en cuestiones importantes. Representantes de Hamás, incluidos los de su equipo negociador, han manifestado que, en general, aceptan los principios de un plan de paz por fases respaldado por la Casa Blanca. «Estamos dispuestos a entablar negociaciones que logren el cese de la agresión y la retirada completa de la Franja de Gaza», declaró el negociador principal Khalil Al-Hayya, adjunto del dirigente de Hamás Yahya Sinwar. «Estamos dispuestos a entablar negociaciones genuinas si [el primer ministro israelí, Benjamin] Netanyahu se adhiere a los principios esbozados por el presidente [Joe] Biden».
Hamás está estudiando un planteamiento que no exigiría inmediatamente el compromiso de un alto el fuego permanente y la retirada completa de las fuerzas israelíes de Gaza como condición previa para avanzar en las negociaciones por fases. Esto supondría una importante concesión por parte de Hamás, que lleva mucho tiempo insistiendo en que cualquier acuerdo debe incluir pasos definidos que pongan fin a la guerra de Israel. En su lugar, los responsables de Hamás dijeron que considerarían la posibilidad de entrar en una fase inicial de seis semanas que incluiría un alto el fuego condicional y un intercambio de civiles y soldados israelíes retenidos en Gaza a cambio de la liberación de cientos de palestinos. También permitiría la entrada en Gaza de la ayuda que se necesita desesperadamente e incluiría la retirada de las fuerzas israelíes de varias zonas de la Franja y una mayor libertad de movimientos.
Algunos miembros de Hamás han tratado de restar importancia al cambio de postura a Drop Site News, subrayando que el objetivo último de Hamás sigue siendo un alto el fuego permanente y la retirada completa de todas las fuerzas israelíes de Gaza. Hacen hincapié en que estas conversaciones con los mediadores abordan un marco preliminar que regiría las negociaciones.
Netanyahu ha dejado claro que no quiere un acuerdo duradero con Hamás y ha echado queroseno al fuego en repetidas ocasiones redoblando su promesa de lograr la «victoria total» en Gaza. «Hay quienes se preguntan cuánto durará la campaña», dijo Netanyahu en un discurso el jueves. «Yo digo dos palabras: Hasta la victoria. Hasta la victoria, aunque lleve tiempo». El domingo, el líder israelí dijo que cualquier acuerdo con Hamás debe «permitir a Israel volver a la lucha hasta alcanzar sus objetivos de guerra”.
Al día siguiente, el jefe del buró político de Hamás, Ismail Haniyeh, afirmó que «Netanyahu y su ejército serán plenamente responsables» si no se llega a un acuerdo. «Mientras Hamás ofrece flexibilidad y positividad para facilitar la consecución de un acuerdo que ponga fin a la agresión sionista, Netanyahu pone más obstáculos a las negociaciones, intensifica su agresión y sus crímenes contra nuestro pueblo e intensifica sus intentos de desplazarlo por la fuerza para frustrar todos los esfuerzos de alcanzar un acuerdo», afirmó Hamás en un comunicado hecho público el lunes.
Un alto asesor del equipo negociador de Hamás dijo que Hamás ha discutido con los mediadores la modificación de su postura sobre el marco de alto el fuego a fin de «proporcionar una base a los mediadores para continuar las negociaciones.» A cambio, dijo, Hamás quiere que los garantes internacionales -Estados Unidos, Egipto y Qatar- garanticen un compromiso claro de Israel para preservar el alto el fuego cuando las negociaciones pasen a una segunda fase. El objetivo de los negociadores de Hamás sería garantizar un alto el fuego permanente. Israel mantiene que quiere reservarse el derecho a salirse de cualquier acuerdo tras la primera fase, durante la cual quiere el regreso de un número «máximo» de los 116 israelíes que se cree que están retenidos en Gaza, y reanudar su asalto militar.
Esta segunda fase del acuerdo sería la más delicada para Israel porque también prevé una retirada completa de las fuerzas terrestres israelíes de Gaza. También supondría un riesgo para Hamás, ya que sus piezas de negociación más valiosas -el resto de israelíes cautivos en Gaza, incluidos soldados- podrían ser devueltas a Israel a cambio de prisioneros que Hamás considera de gran valor. Pero Hamás ha subrayado que el marco no es el acuerdo definitivo y que muchas cosas pueden cambiar una vez que comiencen las negociaciones minuciosas.
Acentuando los intereses regionales en juego, el líder de Hizbolá, Hassan Nasrallah, dijo en un discurso televisado esta semana: «Hamás está negociando en su propio nombre y en nombre de todo el eje de la resistencia, y lo que Hamás acepta, nosotros lo aceptamos».
El cálculo estratégico de Hamás, en esta coyuntura, es que una pausa en la guerra de Israel, combinada con un intercambio de algunos cautivos y una afluencia de ayuda humanitaria, puede permitir que tome forma un acuerdo más sólido, sobre todo si se intensifica la presión sobre Netanyahu por parte de Estados Unidos y la UE. «Necesitamos un alto el fuego total para poner fin a la guerra en Gaza, para detener esta locura sobre Gaza, y al mismo tiempo la retirada total de la Franja. Creo que Israel ha intentado eludir este asunto durante mucho tiempo. Quieren mantener Gaza abierta para sus operaciones militares, como en Cisjordania», me dijo un negociador de Hamás. «Éste es el problema».
Futuro político
Aunque la atención de los mediadores en Qatar y Egipto se centra en resolver las agudas divisiones sobre cuestiones concretas, una nube de intrigas se cierne sobre todo el proceso. No en Gaza, sino en Washington D.C. y Tel Aviv. Tanto el futuro político de Biden como el de Netanyahu están entretejidos en cualquier acuerdo que se alcance para detener o poner fin a la guerra de tierra quemada de Israel contra los palestinos de Gaza. El futuro de Netanyahu -y su visión idealizada de su legado histórico- depende de que continúe la guerra, y el de Biden de que termine.
Durante nueve meses, la campaña de reelección de Biden ha visto cómo se desangraba el apoyo a su candidatura, incluso entre los jóvenes estadounidenses que han formado el núcleo de los levantamientos universitarios contra la guerra de Gaza. La administración ha tenido una serie de polémicas interacciones con líderes árabes estadounidenses y hay planeadas importantes protestas contra la guerra en la Convención Nacional Demócrata del mes que viene. La campaña puede esperar que Biden recupere algo de apoyo si se le ve como el que pone fin a la guerra genocida de Israel, pero su facilitación de esa guerra, combinada con las crecientes dudas sobre su perspicacia mental, seguirá siendo un problema formidable. «Mira los números [de las encuestas] en Israel. Quiero decir, mis números son mejores en Israel que aquí», bromeó el presidente Biden durante una inusual rueda de prensa el jueves.
Antes de los atentados del 7 de octubre, el control del poder por parte de Netanyahu estaba en declive, ya que se enfrentaba a numerosos escándalos y batallas legales que dejaban abierta la perspectiva no sólo de una derrota política, sino de una posible condena a prisión. La medida en que Hamás pudo penetrar en territorio israelí durante la Operación Al-Aqsa -tomando múltiples instalaciones militares y kibbutzim– sigue siendo una cuestión incendiaria en Israel. También lo es el hecho de que Netanyahu no haya conseguido la devolución de la inmensa mayoría de los rehenes retenidos en Gaza debido a su insistencia en dar prioridad a la destrucción de Gaza sobre la diplomacia.
Pero los motivos de Netanyahu para continuar la guerra van más allá de la política electoral. Su vocación política se ha centrado en un tema primordial: impedir el establecimiento de un Estado palestino unificado e imponer una dominación despiadada sobre el pueblo palestino que se niega a someterse al apartheid. Netanyahu necesita que la guerra continúe no sólo para salvar su carrera política, sino porque cree que ganará.
Responsables de Hamás me dijeron que no se hacen ilusiones de que Biden esté vacilando en su apoyo a la postura general de Israel hacia los palestinos en general y hacia Hamás en particular. En cambio, atribuyen el impulso diplomático a favor de un acuerdo a la política y a los objetivos más amplios de Estados Unidos en Oriente Próximo. «Estados Unidos quiere que Gaza se calme porque sabe que lo que ocurre en Gaza está conectado con el sur del Líbano, con el Mar Rojo, con distintas regiones. Así que quieren que Oriente Próximo se calme para preparar la normalización con Arabia Saudí y las elecciones en Estados Unidos», añadió el negociador. «Hasta ahora no trabajaban mucho a la hora de presionar a Israel para que detuviera la guerra en Gaza».
El alto consejero de Hamás consideró que el hecho de que Biden se enfrente a una dura campaña de reelección puede dificultar la capacidad de Estados Unidos para influir en Netanyahu.
Apoyar un alto el fuego temporal con la esperanza de que allane el camino para un acuerdo global plantea riesgos para Biden. Netanyahu podría reanudar la guerra en cualquier momento y se ha mostrado ansioso por descartar incluso las críticas más leves de la administración. Si la estrategia de Netanyahu es alargar las negociaciones con Hamás en varias fases hasta las elecciones estadounidenses de noviembre con la esperanza de que Donald Trump derrote a Biden, entonces cualquier acuerdo temporal que Israel alcance con Hamás sería un tigre de papel.
Hay pocas dudas de que Biden podría haber puesto fin a la guerra hace mucho tiempo exigiéndolo pública y privadamente y utilizando todo el poder de la Casa Blanca para hacerlo. No sólo se ha negado a hacerlo, sino que ha seguido haciendo declaraciones generalizadas sobre la naturaleza férrea del apoyo estadounidense a Israel.
La única otra medida plausible que podría tomar Biden para detener la guerra -y potencialmente cosechar algunos beneficios electorales- sería un corte estratégicamente enfocado del apoyo militar y el reabastecimiento de armas a Israel si Netanyahu insiste en seguir adelante. Netanyahu trataría sin duda de explotar esa medida para reforzar la candidatura de Trump; ya ha exagerado repetidamente el impacto del retraso simbólico de la Casa Blanca en la entrega de un pequeño número de bombas de 1.000 y 227 kilos a Israel. Biden no ha dado ninguna indicación de que consideraría tal medida y esta semana Estados Unidos reanudó los envíos de las municiones de 227 kilos. Las decisiones de la administración han llevado a Biden a un punto en el que está facilitando la continuación de una guerra a la que afirma querer poner fin.
«Estados Unidos parece enormemente débil. Quiero decir, hablando de la cola que menea al perro», dijo Rashid Khalidi, autor de The Hundred Year’s War on Palestine (La guerra de los cien años contra Palestina). «Netanyahu dirige la política estadounidense. Netanyahu decide y Biden le sigue como un perrito. Así es como lo ve gran parte del mundo».

Benjamin Netanyahu abraza a Joe Biden a su llegada al aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv el 18 de octubre de 2023 (Foto: Brendan Smialowski/AFP vía Getty).
«No hay futuro sin Hamás»
Hamás no considera la guerra actual en Gaza como un acontecimiento de nueve o diez meses que vaya a terminar, ni siquiera con un alto el fuego «permanente». El 7 de octubre fue, en opinión de Hamás, una batalla histórica en una lucha de liberación de 76 años contra la ocupación y el apartheid israelíes. El objetivo central de la Operación Inundación Al-Aqsa era hacer añicos el statu quo, no sólo en Gaza, sino en el planteamiento israelí y occidental sobre la autodeterminación palestina y un Estado independiente. Hamás ha dejado claro que no aceptará la derrota en una guerra genocida ni se retirará al basurero de la historia.
Aunque la atención inmediata se centra en lograr un acuerdo sobre un marco para detener o poner fin a los ataques militares de Israel e intercambiar cautivos, hay cuestiones existenciales para el futuro político de Hamás que surgirán rápidamente de los escombros y la devastación de Gaza. La cuestión central es: ¿Cómo repercutiría una resolución política de esta aguda crisis en el futuro de Hamás y en la lucha por la liberación palestina?
Ghazi Hamad, miembro del comité negociador de Hamás, afirmó que, a falta de que el gobierno estadounidense lidere un cambio radical en la postura occidental hacia Palestina, los últimos nueve meses servirán de preludio a una reconfiguración de la política que abrace más abiertamente la lucha armada. «La resistencia continuará, no se detendrá en Gaza ni en Cisjordania ni en ninguna parte hasta que acabemos con la ocupación, porque no queremos vivir como esclavos bajo la ocupación para siempre», me dijo. «Si el Sr. Joe Biden es inteligente y entiende muy bien la situación, tiene que pensar profundamente cómo poner fin a la ocupación».
Estados Unidos y la UE han declarado que se oponen a cualquier papel de Hamás en el gobierno de Gaza. «Hemos dicho sistemáticamente que Hamás no debe ser ni un órgano político ni de gobierno», declaró en mayo Jack Lew, embajador de Estados Unidos en Israel, haciéndose eco de los comentarios de Biden y otros altos funcionarios de la administración. Biden ha dicho públicamente que quiere la eliminación total de Hamás.
Durante meses, la Casa Blanca se ha esforzado por elaborar un plan para la «Gaza de posguerra». Según un documento secreto del Departamento de Estado obtenido por Politico, la administración está sopesando el nombramiento de un asesor estadounidense que ayude a coordinar una fuerza de seguridad formada por palestinos y personal de varias naciones árabes, entre ellas Egipto, Marruecos y Emiratos Árabes Unidos. El asesor estadounidense, según el informe, no estaría sobre el terreno en Gaza.
«Tenemos que pensar qué va a pasar después de Gaza, cuando esto acabe. ¿Quién va a ocupar Gaza?». dijo Biden en una entrevista con la CNN en mayo. «He estado trabajando con los Estados árabes. No los mencionaré porque no quiero meterlos en problemas, pero cinco líderes de la comunidad árabe que están dispuestos a ayudar a reconstruir Gaza, dispuestos a ayudar en la transición hacia una solución de dos Estados». Biden añadió que el objetivo sería «mantener la seguridad y la paz mientras elaboran una Autoridad Palestina que sea real y no corrupta».
Netanyahu ha rechazado públicamente la sugerencia de Biden, planteada al principio de la guerra, de que «Gaza y Cisjordania deberían reunificarse bajo una única estructura de gobierno, en última instancia bajo una Autoridad Palestina revitalizada.» Netanyahu ha insistido en que Israel mantenga la capacidad de dominio y control de Gaza en todo su espectro.
La Dra. Yara Hawari, codirectora del think tank palestino Al-Shabaka, cree que el rechazo de Netanyahu a la Autoridad Palestina es, en parte, una postura política. Según ella, la AP ha servido a los intereses de Israel actuando como fuerza de represión política y como sustituto conveniente de un gobierno palestino independiente que cuente con el apoyo de la población palestina. «Nadie quiere que desaparezca la AP, salvo los palestinos», afirmó. «Los europeos, la comunidad de donantes, los israelíes, los estadounidenses, todos tienen intereses creados en asegurarse de que la AP permanezca y siga siendo fuerte». También es plausible que parte de la oposición de Netanyahu a cualquier papel de la AP en Gaza esté relacionada con su estrategia más amplia de divide y vencerás, que forzaría la creación de otra entidad para ocuparse de Gaza y disiparía aún más la cohesión política palestina.
«Rechazamos completamente cualquier conversación sobre el día después de la agresión», declaró un portavoz de Hamás, Ahmed Abdel Hadi: «Gestionar la Franja de Gaza tras derrotar esta agresión fascista es un asunto puramente palestino».
Hamás no quiere que se asigne el control de Gaza a la actual iteración de la AP. Mouin Rabbani, exfuncionario de la ONU que trabajó como asesor especial sobre Israel-Palestina para el International Crisis Group, dijo que además de la larga historia de represión política de la AP contra los palestinos y la percepción de que es efectivamente un agente de la ocupación israelí, Mahmoud Abbas y otros líderes de la AP han permanecido en gran medida en silencio ante el genocidio de Israel en Gaza. «La Autoridad Palestina ha quedado reducida a un espectador impotente», me dijo. «Probablemente hemos visto más declaraciones sobre lo que ocurre en Gaza desde Johannesburgo, Londres o incluso Praga que desde Ramala», la sede de la Autoridad Palestina.
El contraste entre Hamás y la Autoridad Palestina no podría ser más marcado. Desde su creación, Hamás trató de posicionarse como una alternativa más militante a Al Fatah y a la Organización para la Liberación de Palestina, que Hamás caracterizaba por haber abandonado su programa revolucionario tras pivotar oficialmente en 1988 hacia el apoyo a una solución de dos Estados. Mientras Yasser Arafat empezaba a negociar con los israelíes y concedía la pérdida de grandes franjas de la Palestina histórica, Hamás declaraba abiertamente que su objetivo era la liberación de todas las tierras palestinas mediante la lucha armada.
En las décadas siguientes, mientras la AP presidía lo que muchos consideraban un bantustán palestino, la popularidad de Hamás aumentó, culminando en su histórica victoria electoral de 2006 en los Territorios Palestinos Ocupados, no sólo en Gaza. En 2007, había expulsado violentamente a Al Fatah de Gaza y consolidado su control oficial de la Franja. Al Fatah dio su propio golpe de Estado, haciéndose con el control político de Cisjordania y recuperando la AP. La victoria de Hamás fue recibida con denuncias de Estados Unidos y otras potencias occidentales, e Israel impuso un bloqueo mortal y comenzó lo que denominó «segar el césped»: mantener a raya a los gazatíes mediante ataques aéreos y campañas de bombardeos periódicos.
La estatura de Hamás se elevó no sólo por sus periódicos ataques con cohetes contra Israel, sino también por su capacidad para conseguir la libertad de palestinos encarcelados por Israel mediante sus secuestros tácticos de soldados israelíes. El pasado noviembre, el mundo vio cómo Hamás y la Yihad Islámica Palestina, movimiento de resistencia armada creado en 1981, presidían la liberación de cientos de palestinos, muchos de los cuales habían sido encarcelados de niños, a cambio de cautivos israelíes capturados el 7 de octubre. Además de los civiles cautivos, Hamás sigue reteniendo a un número considerable de soldados israelíes en Gaza y el grupo cree que puede aprovecharlos para liberar no sólo a más civiles palestinos, sino también a miembros de Hamás y de otras facciones armadas.
A medida que Hamás ha ido ganando popularidad, especialmente en Cisjordania, Abbas y la AP han experimentado un dramático descenso de su apoyo. Según una encuesta independiente publicada el 10 de julio, el 94% de los palestinos de Cisjordania y el 83% de los de Gaza creen que Abbas debería dimitir. El sondeo, realizado por el Centro Palestino de Investigación de Políticas y Encuestas, determinó que casi dos tercios de los palestinos de los territorios ocupados quieren que se disuelva la AP. «La Autoridad Palestina se ha encargado durante este periodo de seguir deteniendo, amenazando, para asegurarse de que el statu quo en Cisjordania, o al menos en Ramala, siga siendo el mismo», dijo Hawari. «Nadie tiene nunca nada bueno que decir sobre la AP, salvo los matones leales a la AP que cobran, que están en nómina».
El apoyo entre los palestinos a Hamás y a su líder en Gaza, Yahya Sinwar, según la reciente encuesta, «sigue siendo muy alto» y ha aumentado durante los últimos tres meses. Al mismo tiempo, mientras que dos tercios de los palestinos encuestados en los territorios ocupados creen que Hamás «ganará la guerra», sólo el 48% de los de Gaza están de acuerdo.
Hamás ha insistido en que la guerra no puede destruir su movimiento y que seguirá formando parte del tapiz de facciones palestinas que gobiernan sus territorios asediados y ocupados. «Lo que importa es que por fin se den cuenta de que Hamás está aquí. Que existe. Que no hay futuro sin Hamás, que no hay acuerdo posible en absoluto, porque somos parte integrante de esta sociedad, aunque perdamos las próximas elecciones», advirtió Sinwar en 2018. «Pero somos un pedazo de Palestina. Más que eso, somos un pedazo de la historia de todo el mundo árabe, que incluye tanto a islamistas como a laicos, nacionalistas, izquierdistas.»
Incluso algunos altos cargos israelíes han indicado que creen que eliminar a Hamás por la fuerza es un objetivo inalcanzable. «Hamás es una idea, Hamás es un partido político. Está arraigado en los corazones de la gente; quien piense que podemos eliminar a Hamás se equivoca», declaró en junio el portavoz jefe de las fuerzas israelíes, Daniel Hagari. «Si no llevamos algo más a Gaza, al final tendremos a Hamás». Pero Hagari no está al mando de la política israelí y algunos israelíes influyentes creen que, de hecho, pueden erradicar las ideas mediante la fuerza genocida.
¿Qué solución de Estado?
Basem Naim, alto miembro del buró político de Hamás y exministro del gobierno de Hamás, dijo que el grupo sigue firme en su compromiso de lograr un Estado palestino unificado. «Para ser sinceros, creemos que Palestina, desde el río hasta el mar, más de 27.000 kilómetros [cuadrados] es propiedad y titularidad palestina. Ningún otro grupo de personas tiene derecho a estar allí, excepto los palestinos, independientemente de si son musulmanes, judíos o cristianos, que estaban allí antes de 1948. Y lucharemos para que toda esta Palestina histórica quede libre del imperio, del régimen colonial de apartheid», me dijo. «Hablaremos con todos los palestinos que viven en Palestina, independientemente de su religión o etnia, para decidir sobre el futuro de este Estado».
Naim dijo, sin embargo, que Hamás respetaría la voluntad democrática del pueblo palestino sobre la cuestión de un acuerdo de dos Estados. «Si tenemos un consenso palestino, si la comunidad internacional puede ayudarnos a tener un Estado independiente y soberano en las fronteras del 67, con Al-Quds, Jerusalén, como capital, preservando el derecho al retorno, nosotros, en Hamás, no bloquearemos ni socavaremos esta opción o esta oportunidad. Ayudaremos a otros palestinos, formaremos parte de esta solución», afirmó. «Pero esto no tiene nada que ver con nuestra visión de que seguimos buscando toda Palestina como entidad palestina, como propiedad palestina. Pero si hoy podemos tener nuestro Estado palestino independiente en las fronteras del 67, preservando el derecho al retorno, sí, lo aceptaremos. Formaremos parte de ello. Nunca lo bloquearemos».
En cuanto al tipo de gobierno que a Hamás le gustaría ver en una Palestina independiente: «Creemos en un Estado civil. No creemos en un Estado teológico, el llamado Estado teológico», dijo Naim. «Creemos que es el derecho de cada palestino, después de tener nuestro Estado, decidir la identidad y la constitución del Estado».
Rabbani dijo que la caracterización de Naim de la posición de Hamás -esencialmente no respaldaremos ni impediremos una solución de dos Estados- es una táctica, reflejada en la carta revisada de Hamás publicada en 2017. «En realidad fue bastante inteligente porque básicamente estaban diciendo: ‘Somos puros, ¿de acuerdo? Pero si las instituciones nacionales o el propio pueblo quieren mancharse las manos a través de un acuerdo de paz con Israel, bueno, si el resto de Palestina no es tan pura como nosotros, tendremos que aceptarlo’. Y esa fue su forma indirecta de respaldar un acuerdo de dos Estados», afirmó. «Creo que la pregunta que hay que hacerse, y quizá sea prematuro responderla, es cómo han afectado los últimos nueve meses a esta opinión».
Naim dio algunos indicios de la respuesta a esa pregunta cuando expuso lo que Hamás considera la trampa política en la que caen los palestinos cuando expresan su apertura a una solución basada en dos Estados. «La pregunta es: ¿qué debería reconocerse? ¿Existen hoy fronteras claras del Estado de Israel? ¿Puede decirme cuáles son las fronteras del Estado de Israel? ¿Debería reconocer a Israel como Estado judío?», preguntó. «¿Sabe usted que cuando reconozco a Israel como Estado judío, estoy socavando la existencia de dos millones de palestinos dentro de Israel? Porque si reconozco a Israel como Estado judío y concedo a Israel el derecho a tratar a este grupo de personas, los judíos, como una superclase en la sociedad, significa que estoy socavando la existencia y los derechos de mi propio pueblo, dos millones de palestinos dentro de Israel”.
«Es injusto pedir a las víctimas que están arrinconadas que reconozcan al opresor», dijo Naim, añadiendo que, si los palestinos lograran un Estado mediante un acuerdo negociado, éste debería contar con compromisos claramente exigibles por parte de Estados Unidos y otras naciones poderosas para frenar a Israel. «Deberíamos pedir garantías de que este Estado [palestino] estará protegido de la otra parte, porque tienen toda la capacidad y todas las instalaciones para volver a ocuparlo. No se puede comparar la Franja de Gaza o Cisjordania con estas instalaciones limitadas, algunos policías con unas pocas pistolas o kalashnikovs, con una superpotencia regional. Y hoy vemos exactamente cómo pueden no sólo reocupar la Franja de Gaza, sino cómo pueden destrozarla y matar a toda su población».
Hamad, miembro destacado del buró político de Hamás, ofreció una sombría perspectiva de una resolución negociada sobre la creación de un Estado palestino. «Creo que la paz con Israel es imposible. Es imposible porque creo que esta gente no quiere que los palestinos estén en Palestina. Quieren expulsarnos fuera. Así que sólo [tenemos] una alternativa: la resistencia contra la ocupación», afirmó. «Esta gente lucha contra el viento. Están perdiendo el tiempo porque los palestinos no se doblegarán. Deberían entender que han utilizado de todo contra los palestinos -ejército, asesinatos, matanzas, asentamientos, confiscación de sus tierras-, hicieron de todo contra los palestinos. Pero nadie izó la bandera blanca y dijo: ‘Ahora reconocemos a Israel y viviremos bajo la bandera de Israel’. Deberían entender esta ecuación, que los palestinos nunca renunciarán, nunca se rendirán».
Khalidi afirmó que Hamás ha demostrado ser experto en sacudir a la sociedad israelí hasta sus cimientos y en lograr victorias tácticas sobre el terreno en Gaza contra un adversario mucho más poderoso, sobre todo uno que ha contado con el respaldo de la nación más poderosa del planeta. Pero conservar el poder oficial con un amplio respaldo de los palestinos es algo totalmente distinto, me dijo.
«¿Hacia dónde se dirigen? ¿Cuál es su objetivo final? ¿Realmente quieren liberar a toda Palestina mediante la guerra? ¿Es ese realmente su objetivo militar? ¿Creen realmente que toda Palestina es un waqf, un fideicomiso inalienable para los musulmanes, del cual nada puede ser cedido? Bueno, si eso es lo que creen, entonces ¿cómo pretenden tratar con los israelíes, que es esta superpotencia nuclear, que es este pueblo que ha sido creado a través de este proceso de limpieza étnica y colonialismo de asentamiento?” se preguntó Rashidi. «Si la guerra es la extensión de la política por otros medios, ¿cuál es su política?»
Khalidi cuestiona que exista un consenso, incluso entre los dirigentes de Hamás. “No estoy seguro de que haya algún tipo de cohesión entre los líderes de Hamás sobre esto. Hubo opiniones diferentes dentro de la OLP desde los años 70, cuando comenzaron a cambiar hacia una solución de dos Estados, hasta 1988, cuando finalmente la adoptaron. Y estoy seguro de que hay diferencias dentro de Hamás, pero cómo y en qué dirección resuelvan esto determinará mucho sobre el futuro de Hamás. Además, cómo termine esta guerra determinará mucho sobre ese futuro”.
Hamad dijo que las relaciones de Hamás con otras facciones palestinas se habían fortalecido en los años previos al 7 de octubre y se habían vuelto más estrechas en los últimos nueve meses mientras el grupo luchaba contra las fuerzas israelíes en Gaza. Hamás espera que esto pueda traducirse en un movimiento de unidad nacional. “La relación entre Hamás y las otras facciones palestinas como el Frente Popular, el Frente Democrático y la Yihad Islámica y todas las facciones palestinas es muy buena. Es mejor que su relación con Fatah [el partido gobernante de Abbas]”.
La administración Biden ha enfatizado con firmeza que parte del fin de la guerra en Gaza es establecer un camino viable hacia una “solución de dos Estados”. Si bien Hamás ha dejado constancia de que mantiene abierta esa opción, Rabbani cree que, en términos políticos reales, es un callejón sin salida. “Muchos de los que antes creían que un acuerdo de dos Estados era factible ya no creen que sea deseable decir simplemente: ‘No podemos coexistir con este Estado de apartheid genocida y no puede haber una paz sostenible en Oriente Medio hasta que se desmantele este régimen’. Ésa es mi sensación al respecto”.
Rabbani dijo que no ha visto indicios de que EE. UU. o la UE. estén dispuestos a utilizar su influencia para obligar a Israel a modificar sus políticas hasta tal punto que les dé a los palestinos alguna fe en tales negociaciones. “Cuando escucho a los políticos occidentales hablar sobre un acuerdo de dos Estados, es como poner ese conejo falso frente al galgo en la pista de carreras para que siga corriendo más rápido en la dirección equivocada”, dijo Rabbani. «Es una completa farsa».
Gershon Baskin, un negociador israelí con amplia experiencia en el trato con Hamás, dijo que no cree que ningún futuro gobierno israelí, liberal o conservador, acepte un papel para Hamas. «El único modelo aceptable será un liderazgo palestino alternativo que no incluya directamente a Hamás ni a un Hamás armado sobre el terreno», afirmó. “El modelo de Hizbollah, donde no dirigen el gobierno pero esencialmente controlan el país del Líbano, no será aceptado por Israel ni por Estados Unidos. No creo que ese tipo de modelo pueda conseguir dinero de la comunidad internacional para reconstruir Gaza”.
Pero Baskin es más optimista acerca de un acuerdo de dos Estados, y atribuye a los ataques del 7 de octubre el resucitar inadvertidamente la posibilidad. “Está de nuevo sobre la mesa. Pensé que estaba muerta. Durante los últimos años, he estado hablando con israelíes y palestinos sobre alternativas a una solución de dos Estados y, de repente, vuelve a estar frente a nosotros”, dijo. “Y más países están reconociendo el Estado de Palestina. Y creo que también se arraigará más profundamente en la mentalidad israelí el hecho de que esto es lo que tiene que suceder. Aún no ha llegado. Aún no hemos llegado a ese punto. Todavía no tenemos líderes destacados en Israel que hablen de paz. No es parte del debate político aquí”.
Baskin dijo que mantiene la esperanza de que sectores más amplios de la sociedad israelí y los líderes políticos reconozcan este momento como una encrucijada existencial y elijan una solución política. «Si, Dios no lo quiera, vamos en la otra dirección, entonces no será sólo la desaparición del estatus y las vidas de los palestinos, sino también la destrucción de Israel», dijo. “Sin resolver la cuestión palestina, no hay futuro para Israel. Esta guerra realmente tiene que ser la última guerra. Sencillamente, no tiene sentido que nadie aquí continúe por el camino en el que nos hallamos”.
Podría surgir una tercera intifada si Hamás y la Yihad Islámica Palestina la organizaran. Si bien eso no ha sucedido, el 10 de julio Hamás hizo un llamado a los palestinos en Jerusalén y Cisjordania para «intensificar el enfrentamiento con los soldados y colonos de ocupación», en protesta por el abuso de los prisioneros palestinos.
Si un sector suficientemente grande de palestinos determina que no hay otro camino para lidiar con el régimen de apartheid, dijo Rabbani, el apoyo popular a una insurrección más amplia puede afianzarse. “Creo que una proporción muy significativa de palestinos ha dado a Hamás un enorme crédito por infligir lo que los propios israelíes llaman el golpe más grave de su historia. Los palestinos que esperaban que se le diera una lección a Israel, no estaban mirando a Gaza y Hamás. Estaban esperando que Hizbolá liberara sus capacidades. Y pensar que Hamás fue capaz de lograr incluso más de lo que la gente esperaba ver de Hizbolá ha tenido un enorme impacto en los palestinos”, dijo Rabbani. “Creo que, para muchos palestinos, si apoyan la resistencia palestina, ya sea resistencia armada o resistencia popular o resistencia diplomática o como quieran llamarla, no existe una alternativa palestina a Hamás y la Yihad Islámica”.
Foto de portada: Un reflejo que muestra a una mujer al pasar junto a un cartel en un escaparate en el que aparece un combatiente de las Brigadas Al-Qassam (Ahmad Al-Rubaye/AFP vía Getty).