Giorgio Cafiero, The New Arab, 29 agosto 2024
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Giorgio Cafiero es consejero delegado de Gulf State Analytics. X: @GiorgioCafiero
Las conversaciones sobre la normalización turco-siria no han empezado recientemente. Desde que Ankara abandonó hace tiempo su agenda de cambio de régimen en Damasco y comenzó a centrarse intensamente en la lucha contra las Unidades de Defensa Popular (YPG) kurdas apoyadas por Estados Unidos en el norte de Siria, muchos analistas concluyeron que la cuestión ha sido cuándo, y no si, Ankara y Damasco restablecen relaciones diplomáticas.
A finales de 2022, Turquía se vio sometida a importantes presiones rusas y de los países árabes del Golfo (sobre todo emiratíes) para que se reconciliara oficialmente con el gobierno del presidente sirio Bashar al-Asad, pero, por numerosas razones, tal reconciliación no llegó nunca a concretarse.
Sin embargo, las actuales circunstancias en la región están impulsando a Ankara a acelerar sus pasos hacia la normalización con Damasco, lo que sugiere que este proceso de reconciliación podría completarse más pronto que tarde.
Antes de que acabe este año, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan y su homólogo sirio podrían reunirse en Rusia o en un país árabe, como Iraq, y Ankara y Damasco restablecerán formalmente sus relaciones 13 años después de que Turquía rompiera los lazos bilaterales con Siria.
Al menos tres factores clave explican por qué Turquía se toma cada vez más en serio el restablecimiento de relaciones oficiales con el gobierno de Asad.
En primer lugar, a Ankara le preocupan los esfuerzos de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), dominadas por las YPG, por establecer un gobierno federal en el noreste de Siria. En segundo lugar, la dinámica del conflicto regional en el que están implicados Irán, Hizbolá e Israel. En tercer lugar, las delicadas cuestiones que rodean la situación de millones de refugiados sirios en Turquía.
Acuerdo con las YPG
En mayo, la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (AANES) propuso unas elecciones locales para votar un referéndum sobre la «organización administrativa», que pretendía formar un gobierno federal administrativo controlado por las FDS en esta parte de Siria.
Las amenazas de Ankara de lanzar una operación militar y las peticiones de Washington para que las Fuerzas de Autodefensa se mantuvieran al margen provocaron el aplazamiento indefinido de este referéndum.
No obstante, la idea de una «organización administrativa» de este tipo inquietaba profundamente a los responsables políticos turcos. Los funcionarios de Ankara percibirían cualquier cantón gobernado por las YPG en el norte de Siria como una grave amenaza para la seguridad nacional de Turquía. Turquía considera a las YPG una rama del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que Turquía, la UE y Estados Unidos consideran como organización terrorista.
Tras lanzar la Operación Escudo del Éufrates, la Operación Rama de Olivo y la Operación Primavera de Paz en 2016, 2018 y 2019, respectivamente, Turquía ha demostrado hasta qué punto considera inaceptable cualquier presencia de las YPG cerca de la frontera turco-siria. Esto se debe a dos razones principales:
En primer lugar, las YPG gobernando un enclave autónomo podrían potencialmente dar profundidad estratégica a los militantes del PKK, facilitándoles la infiltración en Turquía desde Siria. En segundo lugar, Ankara teme desde hace tiempo que el aumento de la autonomía kurda en Siria se traduzca en mayores demandas de los kurdos turcos de una mayor autonomía en las zonas de mayoría kurda frente al gobierno central de Turquía.
A ojos de Ankara, la normalización turco-siria y una reactivación del acuerdo de Adana de 1998 podrían ser una solución a la percepción que tiene Ankara de la amenaza de las YPG a lo largo de la frontera sur de Turquía.
En un momento en el que el gobierno de Damasco quiere recuperar todo el territorio sirio, la normalización podría favorecer los intereses de seguridad de ambos gobiernos en relación con la cuestión kurda en Siria.
La guerra de Gaza y las hostilidades entre Israel e Irán
Con la «guerra en la sombra» entre Israel e Irán dando paso a enfrentamientos directos de Estado a Estado en abril y el temor a un enfrentamiento total tras el asesinato de Ismail Haniyeh en Teherán a finales del mes pasado, Ankara tiene mucho en juego. La escalada y descontrol de las hostilidades entre Tel Aviv y Teherán podría plantear, sin duda, importantes desafíos a Turquía.
En caso de que se produjera un escenario tan extremo, cabría esperar que Teherán aumentara aún más su presencia paramilitar en Siria. Esto reforzaría la posición de la República Islámica en el país a expensas de los intereses turcos de oponerse a la expansión y consolidación de la influencia iraní en el Levante.
La escalada de los enfrentamientos entre Israel e Irán ha llevado a Turquía a «actuar con rapidez para “neutralizar” el escenario sirio» y esto ha implicado que Ankara «forje sólidas relaciones con Damasco y posicione a Turquía para influir en los futuros acontecimientos que marcarán el destino de la región», según un informe publicado recientemente por el Emirates Policy Center, un think tank con sede en Abu Dhabi.
«Si bien la onda expansiva que siguió al 7 de octubre puso inicialmente en suspenso el proceso de normalización [turco-sirio], la agresividad actual de Israel, que ha sacudido profundamente los equilibrios regionales y creado riesgos para la seguridad, ha avivado la motivación para la normalización», declaró en una entrevista con The New Arab el Dr. Mustafa Caner, profesor adjunto del Instituto de Oriente Medio de la Universidad de Sakarya (ORMER).
«Para decirlo más claramente, el riesgo de que Israel extienda la guerra al Líbano y, en consecuencia, al frente sirio es motivo de preocupación para Turquía. Turquía da prioridad a una estructura política estable y segura en su región meridional. Por lo tanto, es crucial que Turquía y Siria refuercen rápidamente un marco político que no genere riesgos adicionales para la seguridad en caso de una posible guerra», añadió.

Crece la presión interna sobre las autoridades turcas para que impulsen el regreso de los refugiados a Siria. [Getty]
Refugiados sirios en Turquía
La presencia de 3,6 millones de refugiados sirios registrados ha provocado graves tensiones políticas y sociales en Turquía. Crece la presión sobre las autoridades para que impulsen el regreso de los refugiados a Siria. Erdogan ha recibido críticas de sus oponentes políticos, que exigen que el gobierno turco envíe a estos refugiados a casa, mientras que elementos de derechas avivan el temor a una «arabización» de su país.
Este polémico asunto es relevante para los intereses de Ankara de reconciliarse con Damasco. Del mismo modo, algunos países de la Unión Europea, entre ellos Hungría, también han tenido motivaciones para traer de vuelta al régimen de Asad por esta misma razón de querer ver a los refugiados sirios regresar a casa.
Las encuestas de opinión pública muestran que la mayoría de los ciudadanos turcos quieren que los refugiados sirios se vayan. Pero, al mismo tiempo, la mayoría de estos sirios en Turquía no quieren hacerlo. Por tanto, probablemente no haya soluciones fáciles.
«El gobierno turco ya se enfrenta a dificultades económicas y, sin más financiación de la UE en el horizonte, le gustaría garantizar el regreso seguro de los refugiados a Siria», explicó el Dr. Pınar Dost, investigador no residente del Consejo Atlántico en Turquía e investigador asociado del Instituto Francés de Estudios Anatolios, en una entrevista con The New Arab.
«La cuestión también se ha politizado internamente. Aunque el gobierno puede optar por no prorrogar el estatuto de protección temporal de los sirios, según el derecho internacional el gobierno turco no puede obligarles a regresar y sólo puede facilitar los retornos voluntarios», añadió.
«Aunque la mayoría de los sirios que se establecieron en Turquía no quieren regresar, y especialmente los opositores al régimen están preocupados por su seguridad si se les obligara a regresar a Siria, el régimen de Asad, que ya se enfrenta a unas condiciones económicas nefastas, tampoco estaría dispuesto a aceptar el regreso de los refugiados.»
Observando cómo Erdogan cree que la cuestión de los refugiados sirios perjudicó a su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) en las últimas elecciones municipales, Defne Arslan, directora principal y fundadora del Consejo Atlántico en Turquía, dijo que considera que la situación de estos refugiados en Turquía es un factor principal que motiva a Ankara a mantener abierto el diálogo con Damasco.
«Informes no oficiales dan cifras de refugiados sirios en Turquía de hasta seis millones. Es un gran número para cualquier país, pero especialmente para Turquía, que está luchando con sus propios problemas económicos y sociales. La cifra oficial de desempleo es de casi del 10%, con una tasa de desempleo juvenil aún mayor, de casi el 18%. Además, el malestar crece en la sociedad turca debido a los choques y diferencias culturales y lingüísticas», declaró la Dra. Arslan a The New Arab.
Mi sensación es que, si se avanza en la normalización Ankara-Damasco y parece que los acuerdos funcionan y la vida vuelve a la «normalidad» en Siria, algunos querrán marcharse», declaró el Dr. Barın Kayaoğlu, profesor asociado de Historia Universal en la Universidad Americana de Iraq, en Suleimaniya.
Sin embargo, aunque Ankara y Damasco restablezcan relaciones diplomáticas, algunos expertos dudan de que sea algo más de una minoría de estos refugiados sirios en Turquía los que regresen a su país de origen.
«La idea de una deportación masiva de refugiados sirios tras la normalización no es realista. La postura oficial de Turquía se centra en el retorno honorable y voluntario. Para que esto ocurra, es esencial que se silencien completamente las armas en Siria, se establezca un entorno seguro y próspero y se acepte y aplique la nueva Constitución», afirmó el Dr. Caner.
«En otras palabras, debe garantizarse la seguridad de la vida y los bienes de los refugiados», añadió.
Algunos turcos abogan por un acuerdo por el que Turquía ayude a reconstruir y reurbanizar partes de la Siria devastada por la guerra a cambio de que Damasco ofrezca garantías de seguridad a los refugiados sirios retornados. Sin embargo, la forma en que el gobierno de Asad trate a estos sirios que huyeron a Turquía hace años estaría probablemente totalmente fuera del control de Ankara. Pretender lo contrario es bastante ingenuo.

Ankara está preocupada por los esfuerzos de las Fuerzas Democráticas Sirias, dominadas por las YPG, para establecer un gobierno federal en el noreste de Siria. [Getty]
Idlib
El estatus de la provincia de Idlib, en el noroeste de Siria, controlada por la oposición, será una cuestión difícil de abordar en el proceso de reconciliación entre Ankara y Damasco. Desde que el régimen perdió el control de Idlib hace nueve años, algunas facciones armadas –Hayat Tahrir al-Sham (HTS), el Frente de Liberación Nacional, Hurras al-Din y el Partido Islámico del Turquestán- han estado operando en esta provincia sin salida al mar, situada entre la provincia turca de Hatay y las provincias sirias de Alepo, Hama y Latakia.
HTS, una coalición de fuerzas islamistas suníes vinculada a Al Qaida, domina actualmente la provincia. Turquía, aunque mantiene una relación complicada con HTS, también tiene su propia presencia militar en Idlib.
Los funcionarios de Damasco se han mantenido rígidos en su postura de que cada centímetro de Idlib debe volver a estar bajo el control del gobierno sirio. Dado que Damasco quiere concesiones de Ankara como parte de un acuerdo de reconciliación, es seguro que Siria exigirá que los militares turcos abandonen Idlib y que Ankara interrumpa su apoyo a los grupos contrarios al régimen en esta zona de Siria.
«Idlib, que acoge tanto a elementos de la oposición como a algunos grupos terroristas, plantea importantes desafíos. La alta densidad de población, la presencia de numerosos grupos armados, los problemas de infraestructura y los problemas con los alimentos y el agua hacen que la resolución de la situación de Idlib sea particularmente difícil», dijo el Dr. Caner a The New Arab.
«Cualquier ataque contra Idlib por parte del régimen, Irán o Rusia no sólo podría provocar una nueva oleada de refugiados, sino también crear una situación humanitaria catastrófica. La normalización podría allanar el camino para que la oposición en Idlib inicie el diálogo con Damasco. Aunque separar a los elementos terroristas es un proceso difícil, no es imposible», añadió.
En última instancia, es difícil imaginar lo que la normalización turco-siria significará, en la práctica, para el futuro de Idlib. No está claro si Ankara y Damasco podrían encontrar una opción para Idlib que ambos consideren aceptable.
Otras cuestiones críticas tienen que ver con la relación de Turquía con HTS y cuánta influencia tiene Ankara sobre el grupo, así como hasta qué punto Turquía podría aprovechar dicha influencia a la hora de negociar con el gobierno de Asad.
En cualquier caso, lo que Turquía quiere evitar a toda costa es un escenario en el que el Ejército Árabe Sirio (EAS) y sus aliados lancen una ofensiva contra los grupos contrarios al régimen en Idlib. Un asalto militar de este tipo contra la provincia controlada por la oposición podría provocar rápidamente un importante éxodo de sirios de la zona hacia la frontera turca.
Naturaleza de la reconciliación
Al hablar de la normalización turco-siria, probablemente no sea realista esperar que el proceso se produzca rápidamente o que los asuntos bilaterales de Ankara y Damasco vuelvan a ser lo que eran desde la época de la estrategia de política exterior de «cero problemas con los vecinos» del entonces ministro de Asuntos Exteriores Ahmet Davutoğlu durante la década de 2000 hasta que estalló la crisis siria en 2011. También es necesario considerar qué podría significar realmente la normalización entre Turquía y Siria en el contexto actual.
De cara al futuro, hay buenas razones para esperar que Turquía y Siria alcancen un acuerdo de normalización que aborde las preocupaciones de seguridad de ambos Estados a medida que se intensifica la dinámica del conflicto regional. Pero un acercamiento total entre Turquía y Siria es difícil de imaginar en un futuro previsible.
Existe mucho resentimiento por parte del gobierno sirio hacia el liderazgo de Turquía debido al apoyo que Ankara prestó a las milicias contrarias al régimen cuando Asad y sus partidarios estaban en una lucha a vida o muerte hace años. El papel que Turquía desempeñó en la crisis siria no será olvidado por los sirios favorables al régimen y su resentimiento no desaparecerá inmediatamente.
Del mismo modo, muchos turcos verán para siempre a Assad como un carnicero que en un mundo más justo habría corrido la misma suerte que Slobodan Milošević.
«Antes de 2011, Turquía y Siria tenían tan buenas relaciones que celebraban reuniones conjuntas de gabinete. Ya no esperamos eso. La normalización entre Turquía y Siria puede formularse como un entendimiento común sobre un eje de seguridad», dijo el Dr. Caner a The New Arab.
«Para cualquier cosa más allá de eso, se necesitan cambios estructurales y de actores en Siria. Por lo tanto, una normalización rápida que señale una vuelta a la situación anterior a 2011 no parece posible.»