Fueron ridiculizados por querer poner fin a la guerra de Ucrania en 2022, pero las cosas no han hecho sino empeorar

Aída Chávez, The Intercept, 11 septiembre 2024

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Aída Chávez es directora de comunicación y asesora política de Just Foreign Policy. Anteriormente fue corresponsal en Washington de The Nation y reportera en The Intercept, More Perfect Union y otros medios.

Durante el otoño de 2022, el apoyo occidental a la defensa de Ucrania estaba logrando resultados que pocos hubieran creído posibles. Una exitosa contraofensiva ucraniana había expulsado a Rusia de Járkov, y estaba a punto de expulsarla también de Jerson.

Los éxitos fueron tan rotundos que el presidente Joe Biden empezó a preocuparse por la desesperación de Rusia y el riesgo potencial de una escalada nuclear. En declaraciones privadas durante una recaudación de fondos, Biden afirmó que el riesgo de un «armagedón» nuclear era el más alto desde la crisis de los misiles cubanos.

Tras conocerse la noticia, 30 demócratas progresistas publicaron una carta en la que se hacían eco de las preocupaciones de Biden e instaban a la Administración a combinar el apoyo a los éxitos de Ucrania con un «impulso diplomático proactivo» para lograr un alto el fuego. Los firmantes se mostraron inequívocos en su apoyo al compromiso de Biden con Ucrania. Un borrador de la carta había sido incluso objeto de críticas por parte de quienes apoyan la vía de la diplomacia por su respaldo incondicional al envío de miles de millones en armas a Ucrania.

Todo parecía muy razonable, sobre todo en medio de conversaciones sobre una guerra nuclear.

Sin embargo, se despedazó a los legisladores firmantes.

La moderada carta del Grupo Progresista del Congreso (GPC) provocó salvajes ataques políticos, recriminaciones y dimisiones. Facciones de progresistas, liberales y demócratas se enfrentaron en Twitter. Los titulares y las tertulias se hicieron eco del asunto. Las voces contrarias a la diplomacia se impusieron: Al final, la carta fue retirada y sus partidarios sufrieron un duro golpe político.

Hoy, sin embargo, la guerra está estancada. El impulso ha cambiado. Y decenas de miles de ucranianos y rusos más han perdido la vida. E incluso miembros de la clase dirigente de la política exterior se están dando cuenta de ello.

«Creo que puede decirse sin temor a equivocarnos que Ucrania es incapaz de generar la capacidad de combate necesaria para lograr la victoria militar, y en este momento el impulso en el campo de batalla, a pesar del empuje de Ucrania en la región rusa de Kursk, favorece a Rusia», dijo Charles Kupchan, miembro del Consejo de Relaciones Exteriores y profesor de asuntos internacionales en la Universidad de Georgetown. «Debido a esa realidad, creo que los propios ucranianos y los partidarios de Ucrania en Occidente necesitan mantener conversaciones sinceras, aunque dolorosas, sobre cómo poner fin a esta guerra cuanto antes».

En 2022 se puso en la picota y se acobardó a los progresistas. Hoy, parecen más clarividentes que nunca.

La reacción

En el momento de su publicación, la carta del GPC provocó una furiosa reacción. El establishment de la política exterior de Washington, e incluso miembros del propio partido progresista, entraron en pánico.

El representante Jake Auchincloss, demócrata de Massachusetts, llegó a acusar a sus compañeros demócratas de la Cámara de ofrecer una «rama de olivo a un criminal de guerra que está perdiendo su guerra».

Brandon Friedman, exfuncionario de la administración Obama, dijo que los progresistas acababan de dar «a los republicanos, al Kremlin y a las redes de propaganda rusa un regalo absoluto con esta carta.»

Joe Cirincione, analista de seguridad nacional en Washington y figura destacada en el mundo progresista de la política exterior, calificó la carta de «batiburrillo incoherente de posiciones contradictorias basadas en un análisis anticuado de la guerra».

«Se escribió cuando la guerra estaba estancada, se publicó cuando Ucrania iba ganando», dijo Cirincione, que dimitió del Instituto Quincy por el llamamiento del think tank a las conversaciones diplomáticas. «Por supuesto que las posiciones mostradas en la misma no tienen sentido».

La representante Pramila Jayapal, demócrata de Washington, en el Capitolio de Estados Unidos en Washington el 5 de junio de 2024. Foto: Bill Clark/CQ-Roll Call, Inc vía Getty Images.

En menos de 24 horas, la representante Pramila Jayapal, demócrata de Washington y presidenta del grupo, retiró la carta y emitió una «declaración aclaratoria». Otros firmantes actuaron como si retiraran la carta, aunque se limitaron a reiterar el apoyo inequívoco a la defensa de Ucrania que la propia carta había dejado claro. (Muchos de los legisladores implicados no han respondido a mis peticiones de comentarios).

En una declaración de casi 900 palabras, el representante Jamie Raskin, demócrata de Maryland, culpó al «desafortunado momento» y reafirmó la idea de que Estados Unidos debe ayudar a Ucrania a luchar hasta el final. «Todos los defensores de la democracia frente a la autocracia -se llamen progresistas, conservadores o liberales- deberíamos hacer todo lo posible para garantizar que Ucrania gane esta guerra justa lo antes posible», afirmó.

Surgieron algunas voces de la razón, ya que unos pocos miembros del Congreso se mantuvieron firmes. Los representantes Ro Khanna, demócrata por California, y Alexandria Ocasio-Cortez, demócrata por Nueva York, fueron de los pocos que defendieron públicamente su llamamiento a la diplomacia. «La historia demuestra que silenciar el debate en el Congreso sobre asuntos de guerra y paz nunca termina bien», dijo Khanna en aquel momento.

Incluso algunos exfuncionarios de Obama se mostraron sorprendidos por la respuesta.

Ben Rhodes criticó el «pelotón de fusilamiento circular» contra los defensores de la diplomacia en la izquierda, diciendo que no había «nada objetable en absoluto en esta carta».

Lejos de ser un «análisis anticuado», como afirmaban críticos como Cirincione, la estrategia de la carta de utilizar los éxitos de la guerra para conseguir un alto el fuego parece hoy haber sido clarividente.

«Ciclo de violencia persistente»

Desde el momento de la aciaga carta, la guerra se ha prolongado, con resultados devastadores para el pueblo ucraniano. Ucrania no está en condiciones de ganar la guerra, ni tiene una posición negociadora más fuerte en las conversaciones que a finales de 2022, cuando se publicó la carta del GPC.

Un informe del New York Times de agosto citaba a funcionarios estadounidenses que estimaban el número de muertos ucranianos en cerca de 70.000, con entre 100.000 y 120.000 heridos. Ucrania ha perdido una quinta parte de su población debido a la emigración, y muchos hombres sanos han muerto, han resultado gravemente heridos o están luchando y fuera del mercado laboral. La CNN informó esta semana de que la deserción es un grave problema para Ucrania.

A pesar del elevado número de bajas, Ucrania perdió territorio ante Rusia en el transcurso de 2023, y los avances rusos no han hecho más que ganar fuerza desde entonces.

El exanalista de la CIA para Rusia George Beebe dijo que el conflicto se ha convertido en una guerra de desgaste, por lo que los ucranianos están perdiendo poder de negociación día a día. «Van a necesitar la ayuda de Occidente» para llegar a un acuerdo de compromiso con Rusia, dijo, añadiendo que haría falta una fuerte implicación de Estados Unidos.

¿Ha beneficiado a Ucrania seguir luchando? «No, no lo creo», me dijo Beebe. «En realidad, Ucrania ha perdido mucha más gente. Va camino de convertirse en un Estado fallido».

A pesar de las críticas, a pesar de que muchos de sus miembros cedieron, la carta del GPC había dado en el clavo. Ahora, Washington está jugando a ponerse al día, con Ucrania llevando la peor parte de la falta de previsión de Estados Unidos y sin nadie que salga tan beneficiado como el empoderado Vladimir Putin.

Aunque la controversia en torno a la carta del GPC se olvidó casi de inmediato, sólo pasaron unas semanas antes de que empezara a verse claro que los defensores de la diplomacia iban a ser finalmente reivindicados.

Un informe del Washington Post reveló que la administración Biden estaba animando en privado a Ucrania a mostrarse abierta a las negociaciones. El general Mark Milley, desde su jubilación como jefe del Estado Mayor Conjunto, se unió al creciente grupo de personas que abogan por la diplomacia para poner fin a la guerra. Citando la lección de la Primera Guerra Mundial, en la que la falta de negociación provocó millones de muertes innecesarias, Milley instó a Rusia y Ucrania a «aprovechar el momento» y considerar la posibilidad de entablar conversaciones de paz ese invierno.

A pesar de todas las motivaciones supuestamente proucranianas que se esconden tras la polémica sobre la carta por el alto el fuego, son los propios ucranianos quienes han sentido más agudamente el dolor de la continuada guerra.

Muchos ucranianos parecen entenderlo mejor que los partidarios de Washington: Según los informes, el gobierno ucraniano acusó a casi 19.000 soldados de abandonar sus posiciones sólo en los primeros cuatro meses de 2024. Lo mismo podría decirse de los reclutas rusos obligados a servir bajo el impulso autoritario de Putin para ganar la guerra.

«No hay protecciones para los objetores de conciencia en Ucrania o en Rusia en esta guerra», dijo Bridget Moix, secretaria general del Comité de Amigos para la Legislación Nacional, un grupo progresista que apoya la diplomacia. «Tenemos que ver cómo podemos apoyar otras formas de poner fin a esta guerra, otras formas de proteger a los civiles, otras formas de encontrar ahora una solución para salir de la violencia. Estamos en un ciclo de violencia persistente que está costando tremendas vidas en ambos bandos».

Menor influencia

Aunque los dirigentes ucranianos y estadounidenses han asumido la reducción de la capacidad de negociación de Ucrania, las élites de seguridad nacional de Washington no han recapacitado sobre las posturas que adoptaron al principio de la guerra. Tras experimentar lo que el exfuncionario del Departamento de Estado reconvertido en comentarista Tommy Vietor calificó de «controversia extrañamente despiadada», los antiguos defensores de la diplomacia se mantienen ahora alejados del tema.

La representante Sara Jacobs, demócrata por California, uno de los miembros del GPC que firmó la carta inicial de 2022, la desautorizó en octubre de ese año.

«El momento oportuno en diplomacia lo es todo. Yo firmé esta carta el 30 de junio, pero muchas cosas han cambiado desde entonces. Yo no la firmaría hoy», escribió Jacobs en X. “Tenemos que seguir apoyando a Ucrania económica y militarmente para darles el impulso que necesitan para poner fin a esta guerra”.

Hoy, preguntada sobre si Jacobs mantiene su decisión de retirar su apoyo a la carta, su oficina respondió: «Las decisiones sobre si negociar el fin de esta guerra y cuándo hacerlo son cosa de Ucrania. He apoyado y seguiré apoyando la capacidad de Ucrania para defenderse».

Para algunos expertos, se ha perdido una oportunidad de mantenerse firmes tras la carta.

«Ese era el momento de decir: ‘Bueno, adoptemos una decisión salomónica, seamos capaces de encontrar soluciones que eviten la destrucción de la infraestructura’», dijo Keith Darden, profesor de política comparada en la American University y experto en Rusia-Ucrania. «Si se piensa en la destrucción que ha sufrido Ucrania, tanto en el número de muertos como en la destrucción de la red eléctrica y de las infraestructuras desde entonces, desde la caída de 2022, es realmente trágico que no se hiciera más presión entonces».

Las negociaciones entre Kiev y Moscú en las primeras semanas de la invasión rusa -que se celebraron predominantemente en Turquía- fueron otra oportunidad para poner fin a la guerra, dijo Darden. En abril de 2022, Rusia y Ucrania habían acordado las líneas generales de un acuerdo provisional para detener el conflicto. Sin embargo, según múltiples informes, los gobiernos de Estados Unidos y Reino Unido trabajaron para sabotear el acuerdo y prolongar la guerra.

En mayo de 2022, Ukrainska Pravda, un medio ucraniano prooccidental, informó de que el ex primer ministro del Reino Unido Boris Johnson le había dicho al presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy que Occidente no apoyaría un acuerdo de paz, aunque Ucrania estuviera dispuesta a firmarlo. Occidente, dijo Johnson, prefería luchar contra Putin porque era menos poderoso de lo que pensaban.

«Siempre decimos que son los ucranianos quienes deben decidir, pero en realidad hacemos posibles las decisiones ucranianas en función de nuestro apoyo», dijo Darden. «Sin tal apoyo, los ucranianos no estarían en condiciones de tomar decisiones: estas les vendrían impuestas por la victoria rusa».

Foto de portada: Casa destruida en un ataque ruso con misiles el 7 de septiembre de 2024, en Járkov, Ucrania (Ivan Samoilov/Gwara Media/Global Images Ukraine vía Getty Images).

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