El caos que Israel está sembrando en Oriente Próximo podría volverse en su contra

David Hearst, Middle East Eye, 1 octubre 2024

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


David Hearst es cofundador y redactor jefe de Middle East Eye, así como comentarista y conferenciante sobre la región y analista en temas de Arabia Saudí. Fue redactor jefe de asuntos exteriores en The Guardian y corresponsal en Rusia, Europa y Belfast. Con anterioridad, fue corresponsal para temas de educación en The Scotsman.

Cada vez que Israel inicia otra guerra, antes de que caiga la lluvia de fósforo blanco, antes del miedo y el pánico de la gente que huye de sus casas, antes de las imágenes de los atónitos supervivientes rebuscando entre los escombros de los bloques de apartamentos derrumbados, se celebra un ritual.

Es el ritual del alto el fuego, una exhibición pública de lavado de manos. Es la farsa de fingir que hay diplomáticos honestos que intentan buscar por todas las vías, que hacen cuanto pueden y más para impedir que empiece este caos.

Gran parte está coreografiada. Otras partes son improvisadas. Pero una cosa es segura: es pantomima. No tiene nada que ver con la realidad.

Horas antes de que Israel declarara que había comenzado su ataque terrestre contra el Líbano, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Noel Barrot, insistía vanamente en una conferencia de prensa en Beirut en que su propuesta de alto el fuego de 21 días «seguía sobre la mesa».

Mientras lo hacía, Estados Unidos, copatrocinador de Francia, informaba a los periodistas de que las conversaciones de alto el fuego se habían interrumpido. A medida que avanzaba la tarde, esta postura sufrió varias repeticiones y se acumularon las contradicciones.

Al mismo tiempo que Estados Unidos deseaba una solución diplomática, calificaba de «bien sin paliativos» el asesinato del líder de Hizbolá, Hasán Nasralá. Afirmaba haber restringido a Israel a una operación limitada en la frontera, al tiempo que expresaba su preocupación por el aspecto humanitario de la operación. Y se comprometió a seguir trabajando para rebajar las tensiones, reconociendo al mismo tiempo que Israel era un país soberano que tomaba sus propias decisiones.

Si esta farsa les suena terriblemente familiar, es porque lo es.

Si se corta la verborrea, lo esencial -como ha confirmado el Pentágono- es que Estados Unidos apoya una invasión terrestre del Líbano, y los planes de alto el fuego bien se pueden ir al garete.

Deseo de venganza

Lo mismo ocurrió en Gaza hace un año. El «derecho a defenderse» de Israel es una forma abreviada de arrasar todos los barrios lo suficientemente desafortunados como para vivir junto a él. 

Esta danza macabra sirve a un propósito: prácticamente todos los medios de comunicación del mundo occidental describieron el martes la operación que se está desarrollando en el Líbano como «selectiva» o «limitada» -incursiones precisas de comandos que entran y salen- al igual que hicieron durante la fase inicial de la guerra de Gaza.

«No esperamos que se parezca a la de 2006», declaró un funcionario estadounidense a The Washington Post.

Mientras tanto, los diplomáticos y generales israelíes no pudieron evitar soltar la verdad. Mike Herzog, embajador de Israel en EE. UU., dijo: «La administración estadounidense… no nos ha puesto límites en el tiempo. Ellos también comprenden que, tras el asesinato de Nasralá, hay una nueva situación en el Líbano y existe la posibilidad de una remodelación».

Una «remodelación» del Líbano no significa una operación selectiva limitada a la frontera. La limitación tampoco estaba en los pensamientos de un comandante del ejército israelí, que señaló: «Tenemos el gran privilegio, aquí en el norte, de escribir la historia como lo hicimos en Gaza».

La rabia y el discurso del odio han alcanzado niveles psicóticos en Israel. El deseo de venganza dirigido contra el pueblo de Gaza ha encontrado rápidamente un nuevo objetivo: el pueblo del Líbano.

Nir Dvori, de Channel 12 News, se regodeó diciendo que «Nasralá murió entre tormentos», en medio de informes de que el líder de Hizbolá se había asfixiado. El jefe del ayuntamiento de Shlomi acogió con satisfacción la invasión terrestre, diciendo: «Es necesario limpiar la zona».

El comentarista político Ben Caspit soñó con el «día después» de dicha operación de limpieza, sugiriendo que incluso las abuelas de cualquier combatiente de la fuerza de élite Radwan de Hizbolá que cruzara de nuevo el río Litani deberían «morir en ese momento».

Es curioso que mencione el río Litani, cuyo nombre se ha invocado a menudo como el límite superior del sur del Líbano que Israel quiere limpiar de cohetes de Hizbolá, porque eso también se está convirtiendo en un mito. Las ambiciones militares de esta operación van mucho más allá del Líbano.

Apenas doce horas después de que el Departamento de Estado de EE. UU. dijera que había limitado la operación de Israel, el ejército israelí emitió órdenes de evacuación a más de 20 ciudades y pueblos del sur del Líbano. «Deben dirigirse inmediatamente al norte del río al-Awali», cerca de Sidón, dijo el portavoz del ejército Avichay Adraee en X.

Rediseñando Oriente Próximo

Esto indica que Israel ha reclamado como zona de operaciones militares todo el sur del Líbano, casi un tercio del país. De un plumazo, Israel ha duplicado su zona de operaciones.

Esto coincide con la promesa que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, hizo en las horas posteriores al ataque de Hamás de hace un año.

«Vamos a cambiar Oriente Próximo», dijo Netanyahu a los funcionarios que visitaban Jerusalén desde el sur del país, donde Hamás había atacado el 7 de octubre de 2023.

Jared Kushner, exyerno del presidente estadounidense Donald Trump e inversor inmobiliario que, al parecer, ha pasado horas estudiando a Hizbolá y se considera un experto en la materia, escribió algo parecido en X: «El 27 de septiembre [fecha del asesinato de Nasralá] es el día más importante en Oriente Próximo desde la ruptura de los Acuerdos de Abraham (…) Cualquiera que haya estado pidiendo un alto el fuego en el norte se equivoca».

«Israel no va a dar marcha atrás. Ahora no pueden permitirse no terminar el trabajo y desmantelar completamente el arsenal que les ha apuntado. No tendrán otra oportunidad».

Netanyahu y sus partidarios estadounidenses cambiarán Oriente Próximo invadiendo el Líbano, eso es seguro. Pero no del modo que ellos imaginan.

Después de liderar la liberación del sur del Líbano tras 18 años de ocupación, y de haber dirigido la batalla contra Israel en 2006, a ojos de Hizbolá con éxito, Nasralá mantuvo la frontera norte en silencio durante casi dos décadas.

Bajo el gobierno de Nasralá, Hizbolá se vio totalmente absorbido por otra lucha totalmente distinta: la guerra civil en Siria. Esto tuvo muchas consecuencias. Restó importancia a la lucha por la liberación de Palestina. Y Hizbolá, a medida que crecía en tamaño e importancia política, se hizo más fácil de infiltrar para el Mossad de Israel.

Algunas de las principales operaciones del mes pasado, como el suministro de buscapersonas y walkie-talkies con trampas explosivas, llevaban años preparándose. Las ubicaciones exactas de los búnkeres de Hizbolá, y el movimiento de objetivos entre ellos, también fueron el resultado de años de trabajo e investigación.

Dramático contraste

Nada de lo que ocurrió para asestar un golpe mortal a Hizbolá fue imprevisto, y por eso contrasta tan dramáticamente con las dificultades que Israel ha experimentado al intentar decapitar a Hamás en Gaza.

Pero a Israel también le ayudó la «paciencia estratégica» de Hizbolá e Irán, o su falta de respuesta a sus crecientes ataques contra sus comandantes y líderes. Hizbolá nunca se vengó del asesinato en 2008 de Imad Mughniyeh, el líder de su ala militar. Tampoco respondió con la misma moneda al asesinato del alto cargo de Hamás Saleh al-Arouri a principios de este año en su núcleo de Dahiyeh, en Beirut.

La mansedumbre de la respuesta de Hizbolá e Irán sólo dio confianza a Israel para redoblar sus golpes contra el Líbano y Siria.

Cada vez que esto sucedía, tanto Hizbolá como Irán se esforzaban por decir que no querían iniciar una guerra con Israel y que su campaña era en solidaridad con Hamás en Gaza y que se detendría en el momento en que se alcanzara un alto el fuego.

Y cuando atacaban, lo hacían en general, aunque no exclusivamente, contra objetivos militares israelíes. Los cohetes y vídeos propagandísticos de Hizbolá eran demostrativos, diseñados para mostrar su poder, no para utilizarlo.

En retrospectiva, esta estrategia ha demostrado ser un error estratégico, que Hizbolá está pagando hoy, porque dio a Israel la confianza para hacer lo que está haciendo ahora con Líbano.

Los ataques de Israel contra Hizbolá han superado en número a las respuestas de Hizbolá en una proporción de cinco a uno.

No se trata sólo de un error de cálculo de quienes habitualmente son calificados de partidarios de la línea dura en el Líbano e Irán. El presidente reformista iraní Masoud Pezeshkian dijo que le habían mentido los estadounidenses, que prometieron un alto el fuego en Gaza si Irán se contenía de responder al asesinato del líder de Hamás Ismail Haniyeh en Teherán.

Fue el fracaso de la contención estratégica de Irán lo que provocó el martes por la noche el bombardeo de más de 180 misiles sobre objetivos en todo Israel. Tras el ataque, Pezeshkian seguía manteniendo que Irán no buscaba una guerra con Israel, pero la política de contención ha sido claramente desechada. Cabe esperar que Hizbolá y todos los grupos armados de Yemen e Iraq se muestren más activos.

Pero Israel está cometiendo un error de cálculo aún mayor en su deseo de atacar mientras el hierro está caliente.

Agresión desenfrenada

Israel está rediseñando todo Oriente Medio para que le odien, mientras la cuestión palestina sigue sin resolverse. Está invalidando la ingeniería de un periodo de tres décadas, desde los Acuerdos de Oslo, en el que el conflicto palestino perdió su supremacía y centralidad en el mundo árabe.

Nada está haciendo más que la indómita agresión de Israel para curar las profundas divisiones en el mundo árabe creadas por la contrarrevolución de la Primavera Árabe.

Cuando se lanzan 80 toneladas de explosivos para matar a Nasralá y se mata a otras 300 personas al hacerlo, se pasa de ser un símbolo de la resistencia a una leyenda.

«El símbolo se ha ido, la leyenda ha nacido y la resistencia continúa», así lo expresó el político libanés Suleiman Frangieh, vástago de una de las principales familias maronitas del país.

Ibrahim al-Amin, director de Al Akhbar, periódico cercano a Hizbolá, comparó a Nasralá con Hussain, nieto del profeta Mahoma considerado el tercer imán del islam chií.

Escribió: «Sayid Hasan Nasralá no se imaginó a sí mismo a imagen de Hussain cuando cayó como mártir. No estaba en la posición de Hussain cuando el mundo le defraudó. Más bien, estaba a imagen de Hussain que se levantó y luchó en defensa de un derecho cuyo coste de cobro es muy alto… [Nasralá] se ha convertido en un símbolo eterno para todo rebelde frente a la injusticia, y… fue martirizado en defensa de Jerusalén y Palestina».

Nasralá tenía un atractivo carismático como orador para su electorado chií y las masas propalestinas del mundo árabe, del mismo modo que el expresidente egipcio Gamal Abdel Nasser lo tuvo para el movimiento nacionalista árabe en su época.

En la muerte, Nasralá promete hacer eso mismo.

Profundas consecuencias

Por supuesto, ésta no es la opinión de las élites árabes que han pasado gran parte de sus carreras complaciendo a Estados Unidos e Israel. Pero incluso ellas tienen que reconocer las pasiones que corren por sus pueblos.

El príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, utilizó a Israel como vía para ser tomado en serio por Washington. Pero incluso él es brutalmente sincero sobre sus límites como líder.

«El 70% de mi población es más joven que yo», dijo supuestamente el gobernante de 39 años al secretario de Estado estadounidense Antony Blinken a principios de este año. «La mayoría de ellos nunca han sabido mucho de la cuestión palestina. Es la primera vez que la conocen a través de este conflicto. Es un problema enorme. ¿Me preocupa personalmente la cuestión palestina? A mí no, pero a mi pueblo sí, así que tengo que asegurarme de que esto tenga sentido».

Un funcionario saudí rebatió esta versión de la conversación de Mohammed bin Salman con Blinken, pero tiene visos de verdad.

Sí, la región está siendo rediseñada por un Israel que ha roto sus correas de contención.

Nada puede persuadir más a sus vecinos árabes de que Israel no puede vivir con ellos en paz que el rumbo que sigue actualmente Israel, un rumbo que apunta y amenaza a cristianos, musulmanes, chiíes y suníes por igual.

Netanyahu, más que nadie, les está convenciendo de que un Israel que se comporta así no pertenece a esta región.

Esto tendrá profundas consecuencias estratégicas para el futuro. Entonces, ¿es la muerte de Nasralá realmente un «bien sin paliativos» para la región?

Cuidado con lo que deseas, porque puede cumplirse.

Foto de portada: Los iraníes celebran el ataque de Irán a Israel en una calle de Teherán el 1 de octubre de 2024 (Reuters).

Voces del Mundo

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