El Premio Nobel de la Paz acaba de blanquear el genocidio en Gaza

Rebecca Maria Goldschmidt, CounterPunch.org, 22 octubre 2024

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Rebecca Maria Goldschmidt es una artista y trabajadora cultural que participa en proyectos de arte e investigación basados en el lugar. Su obra reciente refleja estudios de prácticas culturales y basadas en la tierra de sus antepasados judíos y filipinos. Es cofundadora de LAING Hawai’i, una organización para la preservación del patrimonio lingüístico, y directora del programa Queer Mikveh Project. Se licenció en Bellas Artes por la Universidad de Hawai’i en Mānoa (Honolulu) en 2020 y está cursando estudios de doctorado como becaria MEXT en Escultura en la Universidad de la Ciudad de Hiroshima (Japón). Es copresentadora de CounterPunch Radio.

Al oír el anuncio de que Nihon Hidankyou había ganado el Premio Nobel de la Paz, Toshiyuki Mimaki se pellizcó y dijo: «Pensaba que habría ido a parar a la gente que trabaja duro por la paz en Gaza». Dos días después, fuimos testigos de la imagen de Sha’ban al-Dalou, estudiante de ingeniería de 20 años, quemándose vivo en su tienda de campaña frente al hospital Al-Aqsa, en el norte de Gaza, con una vía intravenosa aún en el brazo. Estos días, mientras protestamos contra el genocidio del pueblo palestino frente a la Cúpula de la Bomba Atómica aquí en Hiroshima, es imposible no recordar los incendios radiactivos y la muerte masiva como parte de un largo linaje de experimentos con armas estadounidenses que continúan hasta este mismo momento en Palestina.

«Cuando vi que en Gaza llevaban a niños cubiertos de sangre, recordé las escenas que tuvieron lugar en Japón hace 80 años», dijo Mimaki a la prensa en Oslo, recordando su experiencia como niño de 3 años expuesto a la bomba de Hiroshima. Pero sus declaraciones sobre Gaza fueron eliminadas de la mayoría de los principales medios de comunicación. Es deplorable, aunque no sorprendente, que las palabras de un superviviente de un genocidio nuclear que expresa su empatía con otros niños víctimas de la guerra sean manipuladas para ocultar el genocidio actual.

El compromiso de los hibakusha con ¡No más Hiroshimas! ¡No más Nagasakis! debe guiarnos hacia la solidaridad con el pueblo palestino, no distraernos de ella. Desde Hiroshima, los activistas de la solidaridad con Palestina repiten con urgencia: Palestina es una cuestión nuclear. Una Palestina libre debe incluir una Palestina libre de armas nucleares y la resistencia a la normalización de la militarización, a la proliferación de armas nucleares y al poder existente para crear armas nucleares. Los activistas antinucleares de todo el mundo deberían hacer sonar la alarma sobre Palestina y emprender acciones concretas para detener todas las armas y la escalada hacia la guerra nuclear.

El Premio Nobel de la Paz lleva mucho tiempo siendo «empañado» y utilizado para lavar la cara de la disuasión nuclear. En 2009, Obama fue galardonado con el premio por su supuesto compromiso con la no proliferación nuclear, y luego en realidad gastó cerca de 1 billón de dólares en la modernización del arsenal nuclear estadounidense. Tanto Biden como Obama celebraron la victoria, mientras que el embajador israelí en Japón, Gilad Cohen, criticaba a Mimaki-san por su comparación de Gaza con Hiroshima. ¿Podemos imaginarnos que la UNRWA -la agencia de la ONU cuyas escuelas, hospitales y trabajadores humanitarios han sido totalmente destruidos y masacrados mientras intentaban hacer su trabajo- hubiera ganado el Premio de la Paz de este año?

En los años que siguieron a la bomba, la ocupación estadounidense censuró a cualquiera que escribiera, hablara o hiciera arte sobre sus experiencias de obliteración instantánea y enfermedad por radiación. Los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki no sólo fueron rechazados y avergonzados por sus propias comunidades, sino que fueron sometidos a pruebas médicas invasivas por la Comisión de Víctimas de la Bomba Atómica de Estados Unidos durante la mayor parte de sus vidas. Sin embargo, han trabajado incansablemente para abolir las armas nucleares grabando y repitiendo sus testimonios personales. La mayoría de los hibakusha que eran niños en aquella época tienen ahora entre 80 y 90 años y siguen compartiendo su legado con la siguiente generación de activistas antinucleares.

Hiroshima, la «Ciudad Internacional de la Paz», tiene una compleja historia tanto de víctima como de verdugo de la guerra. Como puesto militar histórico y centro de la Armada japonesa, el símbolo de la cúpula de la bomba atómica y la narrativa victimista de Hiroshima ejemplifican para los nacionalistas de derechas la raíz de la debilidad de Japón y la amenaza a su seguridad nacional. Esta necesidad percibida de «seguridad» ha justificado la rápida militarización de Japón y su defensa frente a China mediante la construcción de bases de misiles en Okinawa, la compra de aviones no tripulados a Israel, la fabricación de robots para empresas de armamento israelíes o la relajación de la normativa sobre transferencias de equipos de defensa.

Esta misma narrativa victimista oculta las atrocidades del Japón imperial en China, Corea, Filipinas, Indonesia, el Sudeste Asiático y el Pacífico: las amplias redes de esclavitud sexual, los experimentos con armas químicas, el exterminio genocida y la expansión territorial colonial. Se calcula que 40.000 coreanos murieron en las bombas y miles más quedaron expuestos a la radiación tras ser movilizados a Hiroshima y Nagasaki como mano de obra forzada. En respuesta al premio de la paz, el presidente del grupo coreano de supervivientes de la bomba atómica, Kim Jin-Ho, afirma que tanto Estados Unidos como Japón deberían pedir disculpas a la comunidad coreana de los hibakusha: «Japón, siendo a la vez agresor en la guerra y víctima de la bomba atómica, necesita unirse al Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares y guiarnos hacia un mundo sin armas nucleares».

Chukakuha y activistas estudiantiles realizaron una sentada nocturna en la madrugada del 6 de agosto en protesta por la asistencia de delegados israelíes a la Ceremonia Conmemorativa de la Paz de Hiroshima, la rápida militarización de Japón y las restricciones a las protestas impuestas por el Ayuntamiento.

Como líderes del movimiento antinuclear, los hibakusha deben rechazar esta actual narrativa victimista nacionalista japonesa que excepcionaliza su experiencia y seguir utilizando su posición como pacificadores para defender a todas las víctimas del ciclo del combustible nuclear, desde la mina de uranio de Shinkolobwe en el Congo, hasta el pueblo Sahtu Dene de Canadá que transportó el uranio para la bomba de Hiroshima, hasta las víctimas marginadas de las pruebas nucleares en el atolón de Bikini, Micronesia, Kazajstán, los pueblos aborígenes de Australia, la Nación Navajo, los downwinders del lugar donde se llevaron a cabo experimentos en Nevada, Argelia, etc. Al relacionar estas historias globales de colonialismo nuclear, podemos entender mejor cómo el movimiento antinuclear se cruza con las luchas anticoloniales y antiimperiales como el movimiento de Solidaridad con Palestina, que también es un movimiento contra la guerra y contra las pruebas de armas.

En 2023 se celebró en Hiroshima la Cumbre del G7, en la que Kishida y los demás Estados nucleares hicieron pública su paradójica declaración «Visión de Hiroshima», en la que se comprometían al desarme nuclear mediante la proliferación de armas nucleares. Muchos hibakusha expresaron su conmoción y decepción por el hecho de que los Estados que se niegan a firmar el TPNW (siglas en inglés del Tratado para la Prohibición de Armas Nucleares) puedan proclamar sus continuos compromisos con las armas nucleares como método de «seguridad» frente al hipocentro de la bomba nuclear: «Las armas nucleares, mientras existan, deben servir para fines defensivos, disuadir de la agresión y prevenir la guerra y la coerción». Se podría argumentar que la propia ciudad se ha convertido en un peón pacificador del gobierno nacional japonés bajo el control y el «paraguas nuclear» de la influencia estadounidense.

El gobierno de la ciudad se ha vuelto cada vez más conservador, eliminando el manga antinuclear clásico, Barefoot Gen, de los materiales de educación para la paz de las escuelas primarias y utilizando partes del Decreto Imperial sobre Educación, parte de la formación militarista imperial japonesa, como pieza del texto de formación para los nuevos empleados de la ciudad. La detención en febrero de cinco activistas contra la guerra acusados falsamente de atacar a un trabajador municipal de Hiroshima durante las protestas contra la guerra del 6 de agosto del año pasado se utilizó para justificar la prohibición de las protestas durante la Ceremonia Conmemorativa de la Paz de este año. Con el pretexto de mantener el «silencio» y la «seguridad», la ciudad reprimió la disidencia pública al tiempo que seguía invitando a Israel, con lo que lavaba la cara a su propia complicidad en el genocidio.

Mientras los activistas presionaban a la ciudad para que se anulara la invitación a Israel, el hidankyo de Mimaki-san fue el único de los siete grupos locales de hibakusha que envió una carta al alcalde solicitando la cancelación de la invitación de Israel. Al final, tanto Rahm Emanuel, embajador de Estados Unidos en Japón, como un delegado israelí asistieron a la ceremonia, depositando flores por las víctimas de la bomba atómica mientras el número de muertos en Gaza ascendía a 40.000. Los activistas llevaron a cabo acciones en todo el parque ese día, incluida una sentada que duró toda la noche para protestar por las restricciones a la libertad de expresión, que logró derrotar la normativa sobre prohibición de oradores y material de protesta durante la ceremonia. Los Estudiantes de Zengakuren, trabajadores sindicales y activistas de edad avanzada de todo Japón permanecieron sentados durante toda la noche y la ceremonia de madrugada, ondeando banderas palestinas y exigiendo el fin de la militarización japonesa.

Otros grupos de activistas antibelicistas y monjes budistas organizaron un encierro durante la ceremonia, mientras que activistas de todo Japón ondeaban pancartas en las entradas del parque. Dentro de la propia ceremonia, los manifestantes mantuvieron sus keffiyehs en alto sobre sus cabezas durante el minuto de silencio de las 8:15 de la mañana por las víctimas de la bomba. El día 6 por la tarde, mientras coloridas linternas flotantes descendían por el río para conmemorar a los antepasados de Hiroshima, Walid Siam, embajador palestino en Japón, pronunció un discurso virtual en una ceremonia popular por la paz. Su imagen se proyectó a una multitud frente a la Cúpula de la Bomba Atómica, una enorme explosión ardiente en Gaza como fondo de su Zoom, pidiendo justicia y «que el mundo respete los principios que tan a menudo predica pero que rara vez practica».

La gracia salvadora de la solidaridad del movimiento antinuclear con Palestina vino de Nagasaki, donde el alcalde canceló la invitación a Israel de su Ceremonia de Paz del 9 de agosto e invitó en su lugar a un delegado de Palestina. A raíz de esta invitación, Emanuel y el resto de embajadores del G7 se negaron a asistir a la ceremonia, conmocionando a la comunidad de Nagasaki, incluidos los hibakusha. Los activistas locales de Nagasaki por Palestina celebraron su propio acto, dando la bienvenida al delegado palestino con música pacifista cantada por un coro de hibakusha.

La gimnasia mental que hemos tenido que hacer para comprender la lógica que hay detrás de cada uno de estos escenarios -la manipulación de la «cultura de paz» para justificar la guerra; el uso de testimonios de genocidios para ocultarlos; la política de respetabilidad del «silencio» para censurar y controlar la disidencia- es alucinante. La «paz» y sus defensores de siempre, como los hibakusha, siguen siendo manipulados por la prensa y los gobiernos locales y mundiales para disfrazar sus lucrativas guerras eternas y sus actuaciones diplomáticas.

Con el reloj del día del juicio final a 90 segundos de la medianoche, el mensaje de ¡No a las armas nucleares! es clarividente. Al borrar a Palestina de los labios de los pocos hibakusha que quedan, los medios de comunicación siguen siendo cómplices de este genocidio. Mientras nos hundimos más en los horrores de Gaza y la sangre sigue derramándose por toda la región, las voces de los hibakusha nos recuerdan nuestra responsabilidad con la vida humana, y una y otra vez sus voces son cooptadas para justificar la guerra. Pero hemos escuchado sus historias y conocemos sus mensajes. ¿Cuánto más nos dejaremos arrastrar al abismo de la negación del genocidio y la indignidad humana?

En palabras del poeta hibakusha Tōge Sankichi:

にんげんをかえせ

Ningen o kaisei

Devuélveme la humanidad

¡No a las armas nucleares! ¡No a la guerra! ¡Palestina libre!

Foto de portada: Vigilia de la comunidad palestina de Hiroshima para conmemorar un año de permanencia nocturna frente a la Cúpula de la Bomba Atómica en solidaridad con el pueblo de Palestina.

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