Mitchell Plitnick, Middle East Eye, 1 noviembre 2024
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Mitchell Plitnick, analista político y escritor, es presidente de ReThinking Foreign Policy y dirige el boletín Cutting Through y el canal de vídeo en Substack. Es autor, junto con Marc Lamont Hill, de Except for Palestine: The Limits of Progressive Politics. Entre los puestos anteriores de Mitchell figuran los de vicepresidente de la Fundación para la Paz en Oriente Medio, director de la US Office of B’Tselem: The Israeli Information Center for Human Rights in the Occupied Territories y codirector de Jewish Voice for Peace.
Para cualquiera que tenga familia o amigos en Gaza, o alguna conexión con Palestina, la elección entre Donald Trump -un hombre que promulgó una prohibición de visados a personas de una lista de países musulmanes, es ampliamente percibido como un fascista que intentó dar un golpe de Estado la última vez que perdió unas elecciones- y Kamala Harris -la vicepresidenta que preside la plena colaboración de Estados Unidos en el genocidio de Israel en Gaza– es una elección cruel.
Para los votantes de los estados indecisos, es aún más difícil.
El apoyo incondicional y absoluto al genocidio de Israel del actual presidente Joe Biden, la continua complacencia de Harris con Israel y con los votantes proisraelíes, al tiempo que parece hacer todo lo posible por alienarse a los estadounidenses árabes y musulmanes a cada paso, no hace sino empeorar las cosas.
Aunque un pequeño puñado de líderes musulmanes han apoyado recientemente a Trump, la mayoría de los que se niegan a votar a Harris reconocen al expresidente como el narcisista autocrático que es.
Es señal tanto del crimen que se está cometiendo como del desprecio que Harris ha comunicado a quienes se oponen a ese crimen lo que hace que tanta gente no pueda atreverse a marcar la casilla «Kamala Harris» ni siquiera cuando Trump es la alternativa.
Negarse a votar a Harris es una elección, y es comprensible. De hecho, algunas de las críticas a las que se enfrentan los votantes anti-Harris, a menudo cargadas de vergüenza, hostilidad e incluso fanatismo, son en sí mismas inadmisibles.
Aun así, es importante que quienes se nieguen a votar en la carrera presidencial o voten a un tercer partido -y, desde luego, los relativamente pocos que decidan votar a Trump a causa de Gaza- comprendan plenamente las ramificaciones de su voto.
Aumento de las tensiones
Hay muchos argumentos para explicar por qué Trump es un peligro singular: su alineación abierta con la creciente derecha populista global; su demonización de muchas comunidades marginadas y su incitación a la violencia contra ellas; su enfoque imprudente, transaccional e interesado de la política exterior; y su aparente deseo de gobernar Estados Unidos como un dictador autocrático y fascista son algunos de ellos.
Muchos otros han litigado en contra de Trump en esas cuestiones.
Pero incluso si limitamos el debate a la política de Oriente Próximo, hay serias preocupaciones respecto a Trump y escasas razones para creer que no será incluso peor que los demócratas, por difícil que sea imaginarlo.
Algunos afirman que Trump es reacio a la guerra. Ciertamente, él lo expresa y le gusta afirmar que no inició nuevas guerras cuando estaba en el cargo. Pero ¿se debió eso a la «moderación» de Trump o a que los otros partidos se comportaron como adultos?
El contraargumento más obvio es el asesinato por Trump del comandante iraní Qassem Soleimani, un acto por el que Irán decidió no tomar represalias para evitar una guerra. Trump presidió una expansión masiva de los ataques con aviones no tripulados, incluyendo el aumento de su frecuencia y la flexibilización de las normas relativas a la presentación de informes sobre ellos.
Trump también ayudó a crear las condiciones que condujeron al 7 de octubre y a todo lo que Israel ha hecho desde entonces.
Lo hizo mediante los Acuerdos de Abraham, un intento desnudo de aislar a los palestinos y despojarlos de la única baza diplomática a su disposición: la normalización entre Israel y los Estados árabes.
Antes de tal intento, Trump había roto con años de precedentes al negarse a emitir las exenciones presidenciales que mantenían la embajada estadounidense en Tel Aviv en lugar de Jerusalén y mantenían abiertas las oficinas de la OLP en Washington.
Esta decisión acabó con la diplomacia entre los palestinos y Estados Unidos, lo que confirmó a los palestinos que no había camino diplomático hacia la libertad.
Cuando se inauguró oficialmente la embajada estadounidense en Jerusalén, Trump y los dirigentes israelíes lo celebraron mientras las tropas israelíes abatían a tiros a los civiles palestinos reunidos en la barrera de separación de Gaza durante la Gran Marcha del Retorno.
Como parte del traslado de la embajada, Trump reconoció una Jerusalén unida como capital de Israel, reconociendo de hecho la reivindicación israelí de todo Jerusalén. Trump también reconoció la anexión israelí de los Altos del Golán.
Y Trump provocó un enorme caos con decisiones impulsivas. Abrogó unilateralmente el acuerdo nuclear con Irán. Ese acuerdo, que incluso los miembros de su propio gabinete afirmaron que estaba funcionando bien, había detenido la escalada nuclear y reducido la tensión regional. Trump lo revirtió.
Debido a su ignorancia de la región y a su susceptibilidad a la adulación, Trump dio luz verde públicamente al bloqueo de Qatar por Arabia Saudí, lo que hizo aumentar las tensiones en toda la región.
Acabar el trabajo
Algunos dicen que eso fue el pasado.
En un mitin pro-Trump en Dearborn, Michigan -un estado clave en estas elecciones y en el que el voto árabe y musulmán estadounidense es fundamental- Bilal Alzuhiry, un imán local, dijo: «Me gustaría, especialmente ahora, hablar del presente y del futuro. No quiero hablar del pasado».
Entonces, ¿qué características podría tener un segundo mandato de Trump, en función de lo que sabemos y de lo que dice el propio Trump?
Ningún candidato presidencial suele discutir mucho sobre política exterior, y desde luego no es donde Trump se siente más cómodo. Pero ha dicho algunas cosas que todos deberíamos tener en cuenta.
Sobre Gaza, su queja contra Israel no es por genocidio, sino porque el genocidio va demasiado despacio. «Biden está intentando frenar [al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu]», dijo Trump.
Y añadió: «Está intentando frenarle, y probablemente debería estar haciendo lo contrario, en realidad. Me alegro de que [Netanyahu] decidiera hacer lo que tenía que hacer, pero está avanzando bastante bien.»
A principios de este año, Trump pidió a Israel que «acabara el trabajo» en Gaza, lo que significaba que debía intensificar la matanza masiva que ya estaba llevando a cabo.
A la vista de estos comentarios, es imposible imaginar que Trump se plantee siquiera ejercer sobre Netanyahu el tipo de presión que se ha demostrado necesaria para frenarle: detener el flujo de armas a Israel.
Esto no es hipotético. En una reciente llamada con Netanyahu, Trump le dijo que debía «hacer lo que tiene que hacer». Según el senador republicano Lindsey Graham, Trump «expresó su admiración por las operaciones militares [de Israel] y por lo que han hecho».
Represión
Aunque las protestas en Estados Unidos ya se han enfrentado a la violencia estatal, especialmente en las universidades, Trump probablemente haría algo mucho peor. Ha manifestado que utilizaría a la Guardia Nacional, o incluso al ejército, contra los manifestantes. La capacidad de los activistas para influir en la política se vería así aún más limitada.
También ha hablado de deportar a todos los no ciudadanos si son «pro-Hamas». Recordemos que los partidarios de Israel, en todo el espectro político, consideran «pro-Hamás» a cualquiera que proteste contra el genocidio de Gaza.
Trump ya albergó estas ideas con anterioridad. Quiso utilizar al ejército durante las protestas tras el asesinato de George Floyd a manos de la policía en 2020, pero le disuadieron. También habló de guerra contra Venezuela e Irán, pero no pudo conseguir que sus altos mandos se subieran a bordo.
Dado su deseo declarado de tener generales a su alrededor que hagan lo que él quiera sin cuestionarlo, podemos estar razonablemente seguros de que un criterio principal para el personal de Trump en un segundo mandato sería la obediencia. En un segundo mandato de Trump no veremos las vallas de contención que tuvimos en el primero.
Todo esto es sólo con respecto a Oriente Medio, un ámbito en el que las políticas de Biden han sido tan malas que es posible argumentar que las de Trump podrían no ser peores que las del vicepresidente de Biden.
Todo el mundo debería votar según su conciencia y usar su mejor juicio.
Algunos de nosotros, como yo, vivimos en estados donde la elección presidencial tiene un resultado anunciado, podemos sentirnos mucho más libres al no votar por alguien con tanta sangre en sus manos como Harris. Pero si viviera en un estado indeciso, probablemente me obligaría a votar con el mayor impacto posible contra Trump, lo que significaría votar por Harris.
Muchos simplemente no pueden votar por alguien tan profundamente cómplice de genocidio, y esa elección debe ser respetada. Pero ninguno de nosotros puede permitirse ser ingenuo sobre los significados de que Trump regrese.
Foto de portada: Varios transeúntes pasan junto a una valla publicitaria con las banderas de Estados Unidos e Israel y un mensaje de apoyo al candidato presidencial estadounidense Donald Trump en Tel Aviv el 30 de octubre de 2024 (Jack Guez/AFP).