Matthew Hoh, Substack.com, 26 noviembre 2024
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Matthew Hoh es director asociado de la Eisenhower Media Network. Excapitán del USMC y exfuncionario del Departamento de Estado estadounidense. Es veterano de combate en la guerra de Iraq y funcionario del Departamento de Estado en la guerra de EE. UU. contra Afganistán.
Estoy de vuelta en Jordania tras ocho días en Palestina. Estuve en Palestina formando parte de una delegación para solidarizarme y aprender de quienes participan en la liberación palestina. Visitamos y dialogamos con palestinos e israelíes en Belén, Hebrón, Jerusalén, Nablús, Ramala y Sderot. Nos sentamos, escuchamos y hablamos con cristianos, judíos, musulmanes y no creyentes. Fuimos a la frontera de Gaza.
Me pagan por hablar de lo político, lo militar y lo económico. Las preguntas que hice, las notas que tomé y el prisma a través del cual vi los últimos ocho días en Palestina fueron geopolíticos. Por supuesto, la realidad y la experiencia humanas nunca están alejadas o divorciadas de esos temas; son esos temas. Muchos en los gobiernos, medios de comunicación y think tanks de Washington, Londres, Bruselas, etc., olvidan o renuncian a esa sabiduría, una buena explicación de lo ruinosa, contraproducente y fracasada que es la política exterior occidental.
Lo que acabo de escribir, de forma tan pseudointelectual en ese párrafo anterior, es de párvulos.
Lo que importa es que hace apenas dos días estreché la mano de un hombre, Hassan Abu Nasser, que perdió a 130 miembros de su familia en un único ataque aéreo israelí en Gaza. Nunca te has sentido tan impotente como al estrechar la mano de una persona así. A no ser, claro está, que seas tú el que casi pierde a su familia. No sé qué más decir al respecto.

Hassan Abu Nasser (izda). (Foto: Matthew Hoh)
Los representantes de los grupos de la sociedad civil con los que nos reunimos creen que el número de víctimas mortales del genocidio en Gaza oscila entre 100.000 y 200.000 personas. Casi todas las personas con las que hablé en Palestina se refirieron a Gaza con un tenor y un tono fríos y entumecidos, el efecto de aceptar una realidad cruel y depravada.
En Cisjordania, según la UNRWA, desde el 7 de octubre han muerto 780 palestinos, entre ellos 174 niños. Los colonos han matado a otros 21 palestinos. Se han producido más de 3.500 ataques e incidentes por parte de los colonos, muchos de ellos palizas e incendios de explotaciones agrícolas y viviendas. Fusiles y bombas israelíes suministrados por Estados Unidos han herido a más de 5.000 palestinos en los últimos 13 meses y medio. Cabe destacar que se han producido más de 100 ataques aéreos; hacía más de 20 años que no se producían ataques aéreos en Cisjordania. 18 de los 168 muertos por aviones de guerra y drones israelíes han sido niños. Antes del 7 de octubre, el ejército israelí abatía y mataba, de media, a más de un palestino al día. En los diez primeros meses de 2023, los soldados israelíes asesinaron a casi 50 niños en Cisjordania. Sin embargo, muchos en Estados Unidos creen que la historia comenzó el 7 de octubre de 2023.
No se puede comparar con Gaza, nada puede, pero la violencia contra los palestinos en Cisjordania está en sus niveles más altos en más de 20 años y empeorando.

Cartel de la campaña #UNMUTE GAZA en Ramala. (Foto: Matthew Hoh).
Importa que nos sentáramos con Fakhri y Amneh en una caravana junto a una casa demolida en Jerusalén. Su casa y otras 15 han sido destruidas este año en su barrio de Silwan para dar paso a asentamientos israelíes. Sus hijos y nietos vivían con ellos. Allí nació Fakhri. Ahora él y Amneh viven desafiantes en una caravana en ese terreno, junto a los escombros de su casa y los árboles profanados, con sus hijos y nietos dispersos y desaparecidos. El gobierno israelí entregó una factura de 10.000 dólares para que paguen los costes de la destrucción de su casa. Si Fakhri no paga, será detenido y su cuenta bancaria embargada. Se ha recibido una orden de demolición de la caravana en la que viven ahora.

Fakhri y Amneh en el remolque que se encuentra junto a su casa demolida en Silwan, Jerusalén. (Foto: Matthew Hoh).
Fakhri y Amneh son atacados por la noche. Soldados y colonos asaltan la caravana, destruyen sus pertenencias y detienen a Fakhri. No una ni dos veces, sino continuamente, la más auspiciosa, el día en que Trump fue elegido. Llegaron a las 3 de la madrugada. Golpearon a su hijo. Se llevaron a Fakhri. Siete casas del barrio fueron demolidas el día de las elecciones estadounidenses; ¿alguien está dispuesto a apostar que fue una mera coincidencia? Más de 100 casas de Silwan tienen órdenes de demolición pendientes. En ellas viven 1.500 personas.
Desde 1947, Israel ha demolido 173.000 viviendas y estructuras en Cisjordania. En 2023, casi 1.400 edificios fueron arrasados. Las órdenes de demolición han aumentado un 400% desde enero. Sólo en Jerusalén este año, 183 estructuras han sido demolidas, 33 en el barrio de Fakhri y Amneh. Según la UNRWA, en los últimos 13 meses, 5.000 palestinos han sido desplazados por demoliciones de viviendas, operaciones militares israelíes y ataques de colonos en Cisjordania. Junto con el terrorismo del Estado israelí a través de su ejército financiado por Estados Unidos y los colonos, las demoliciones de viviendas son los medios de limpieza étnica de Cisjordania en preparación para una eventual anexión. La mayoría entiende que el 7 de octubre dio a Israel su mejor oportunidad para la limpieza étnica, el genocidio y la anexión en décadas.

Lo que queda de la casa de Fakhri y Amneh. (Foto: Matthew Hoh)
Fakrhi habla on nosotros, Amneh no.
No pueden dormir. Esperan a los soldados y a los colonos todas las noches. Fakhri dice, más de una vez, que está física y mentalmente cansado y enfermo.
«Vivimos pagando multas y sanciones, y pasando tiempo en la cárcel. No tenemos esperanza, ni sumud; nada nos sostiene… sólo intentar mantener con vida a nuestros hijos», dice. Es una desesperanza y un agotamiento que he oído por toda Palestina, sobre todo de quienes tienen hijos. He sido testigo de la famosa firmeza de los palestinos y he escuchado testimonios de actos radicales de esperanza. Sin embargo, vi una fractura de espíritu y una aceptación fatalista de la realidad que no había conocido antes. Más de un padre me dijo que lo único que quiere es poner a salvo a sus hijos. 80 años de apartheid, anexión y aniquilación pasarán factura (*).
Innumerables representantes de gobiernos, organizaciones internacionales y ONG han visitado a Fakhri y Amneh. Yo me senté en el mismo lugar de su sofá en el que se sentaba Hans Wechsel, jefe de Asuntos Palestinos de la Embajada de Estados Unidos. [Cabe señalar que los dos cargos anteriores de Wechsel antes de hacerse cargo de los asuntos palestinos en Jerusalén fueron asesorar a generales estadounidenses y dirigir operaciones antiterroristas en Oriente Medio. Semejante visión militarizada e imperial trajo al refugio de Fakhri y Amneh].
De sus muchos visitantes de alto rango, Fakhri dice: «Son todos unos mentirosos».
No oí nada más cierto durante mis nueve días en Palestina.
De todas las personas y lugares de estos últimos nueve días en Palestina, lo que más me importa, lo que me hace derrumbarme sentado en esta cama de hotel en Madaba, la primera vez que he llorado esta semana por Palestina, son los ojos de las madres que miré en Ramala. Ya he escrito y hablado anteriormente de esos ojos, concretamente en Palestina. También los he visto en Afganistán, Iraq y Estados Unidos, los ojos de las madres nublados por la traición de todo -la humanidad, la vida, Dios- y sus cuerpos asediados por un dolor cuya profundidad no se puede comprender hasta que una parte de él se transfiere a ti cuando los abrazas.
Layan Nasir es una palestina cristiana de 24 años. Señalo su fe porque muchos en Estados Unidos y Occidente ignoran que los cristianos soportan el apartheid, la anexión y la aniquilación de Israel en pie de igualdad con los musulmanes. Layan, estudiante de la Universidad de Beirzeit, lleva ocho meses detenida sin cargos. Su familia no tiene ni idea de por qué fue detenida, nunca se ha dado ninguna explicación y, si la hubiera, desde luego no se ofrecería ninguna prueba. No la han visto ni han sabido nada de ella. En diciembre, de nuevo sin explicación ni cargos, se puede prorrogar la detención de Layan.

Layan Nasir. (Foto: redes sociales)
Estar recluido indefinidamente sin cargos se denomina detención administrativa. De este modo, más de 5.500 palestinos de Cisjordania están recluidos en prisiones militares israelíes, entre ellos más de 350 niños. Casi otras 100 mujeres están en prisión con Layan. En total, más de 12.000 palestinos de Cisjordania están en cárceles israelíes, más que en ningún otro momento desde la Primera Intifada, que terminó hace 31 años. Cuatro estudiantes universitarios encarcelados de Nablus se encuentran entre los que realmente tienen alguna acusación. Según nos contaron sus amigos de la Universidad An-Najah, el ejército israelí detuvo a los cuatro chicos por publicar sobre Gaza en Instagram. Llevan ya cuatro meses en prisión.
En Gaza, miles y miles de palestinos han sido secuestrados, detenidos, torturados y ejecutados en cárceles israelíes. Esta semana hemos sabido que más de 310 médicos y enfermeras de Gaza han sido detenidos, torturados y ejecutados desde el 7 de octubre. Otros 1.000 médicos y enfermeros palestinos han sido asesinados por balas, bombas, obuses y misiles suministrados por Estados Unidos, muchos de ellos en los hospitales y centros de salud donde atendían a enfermos, heridos y moribundos.
La vida palestina en Jerusalén Este y Cisjordania está totalmente bajo control militar israelí. Las detenciones, los juicios, con un índice de condenas del 99,7%, y las prisiones son todos militares. Los palestinos viven bajo más de 16.000 leyes y reglamentos militares israelíes: nada más importa. La demarcación de Cisjordania en las zonas A, B y C de los Acuerdos de Oslo carece de sentido en la práctica y en última instancia. Así es la ocupación.
Lulu, la madre de Layan, cree que su hija está bien. Eso es lo que nos dijo. Quiero creerla, pero no puedo. La documentación de la ONU, los grupos de derechos humanos, incluido el grupo israelí de derechos humanos B’T Selem, los periodistas y los testimonios palestinos nos dicen lo contrario. Israel lleva a cabo torturas masivas, deliberadas y sistemáticas, incluidas violaciones y abusos sexuales contra prisioneros palestinos. Esto no comenzó después del 7 de octubre, sino que ha sido una política de Estado israelí desde la creación de Israel en 1948; incluso hay una página de Wikipedia dedicada a ello.

Lulu Nasir, madre de Layan. (Foto: Matthew Hoh)
La noche que se llevaron a Layan de casa de sus padres, un soldado apuntó con su arma a Lulu y le dijo: «Cállate o te disparamos». Cuando su padre intentó proteger a su hija, le pusieron un rifle en la cara. Esa fue la última vez que vieron a Layan.
Las últimas palabras de Lulu a nuestra delegación fueron: «Mi única hija. Es mi hermana, mi hija, mi todo».
Aunque sólo sea por haber conocido a esta mujer y haber visto su dolor, sabiendo que Layan es sólo una de las más de 12.000 personas recluidas y torturadas en cárceles israelíes, les pido a cada uno de ustedes que se pongan en contacto con sus gobiernos y exijan su liberación. Lo más seguro es que no hagan nada, especialmente si son estadounidenses. Pero por una madre y por solidaridad con todos los palestinos, les pido que hablen en favor de Layan.

Prisión de Ofer en Cisjordania. El cartel dice «Juntos ganaremos esta guerra». Sólo los israelíes pueden ver ese cartel, ya que los palestinos lo tienen prohibido. No sé cuántos miles de palestinos están retenidos y son torturados tras esos muros. (Foto: Matthew Hoh)
Es importante que la gente viaje a Palestina para solidarizarse con el pueblo palestino.
Digo esto por dos razones.
En primer lugar, nos permite oponernos y disentir de las políticas de nuestro gobierno.
La segunda y más importante es que parecía como si todos los palestinos con los que nos reunimos nos dijeran lo importante que es que la gente venga a Palestina. La solidaridad que se les muestra significa todo para ellos. Les dice que no están solos ni olvidados. También ofrece cierta protección a los palestinos, ya que es menos probable que el ejército y los colonos israelíes ataquen y acosen a los palestinos si hay representantes internacionales presentes. Sin embargo, en el último año, la moderación mostrada por el ejército israelí, la policía de fronteras y los colonos hacia los internacionales ha disminuido considerablemente.
Nota:
(*) La estrategia israelí de acabar con la resistencia palestina mediante el terror y la brutalidad puede funcionar con individuos y familias concretas, pero en general su ocupación y sometimiento sólo encontrarán una resistencia cada vez mayor. Para quienes quieran un ejemplo histórico, recomiendo ver La batalla de Argel.
—
A continuación, encontrarán una lista de grupos religiosos y laicos a través de los cuales pueden viajar a Palestina en solidaridad con nuestros hermanos y hermanas de allí. Se trata principalmente de misiones de protección. Si tienen alguna pregunta o necesitan más información, pónganse en contacto conmigo:
Sabeel es una organización confesional que realiza misiones solidarias haciendo hincapié en la educación https://sabeel.org.
Hice varios podcasts desde Palestina. He puesto el enlace con algunos más abajo. Tengo intención de escribir más en las próximas semanas sobre la economía, sobre las operaciones antirresistencia del ejército israelí en Cisjordania y sobre actos radicales de esperanza.
¡Palestina Libre!
Foto de portada: El campo de refugiados de Tulkarm, en la Cisjordania ocupada (Zain JAAFAR/AFP).