El hombre, no tan fuerte, de Washington en Seúl desafía su detención

In Jeong Kim, Drop Site New, 3 enero 2025

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


In Jeong Kim es una periodista de investigación y escritora de no ficción surcoreana afincada en San Francisco. Fue reportera de MBC-Gwangju, donde cubrió el levantamiento de Gwangju y ayudó a desvelar la verdad sobre uno de los acontecimientos históricos más cruciales de Corea. En 2023 publicó Spectating Pain, una exploración de los retos éticos que plantea la documentación del sufrimiento humano.

El 3 de enero, tres días después de que un tribunal surcoreano emitiera una orden de arresto contra el presidente supendido Yoon Suk Yeol, acusado de liderar una insurrección y abusar de la autoridad, los investigadores de la Oficina de Investigación de la Corrupción acudieron a la residencia presidencial para ejecutar la orden, la primera contra un presidente en ejercicio en la historia de Corea. Cuando los investigadores intentaron detener a Yoon, se enfrentaron a cientos de sus partidarios, que habían acampado para protegerlo. Tras un dramático enfrentamiento de cinco horas con el equipo de seguridad presidencial, que había formado un «muro humano» para bloquear el paso a Yoon, los investigadores acabaron retirándose. La orden sigue siendo válida hasta el 6 de enero.

Aún no está claro qué sabía el gobierno de Biden del plan de Yoon de declarar la ley marcial el 3 de diciembre. «Nos enteramos por el anuncio en televisión, igual que el resto del mundo», dijo Jake Sullivan, asesor de seguridad nacional del presidente Joe Biden, el 4 de diciembre durante un acto organizado por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. Aunque puede ser cierto, el escepticismo ante la afirmación de Sullivan parece justificado. Para ayudar a contrarrestar la amenaza que supone una Corea del Norte con armas nucleares, 28.500 soldados estadounidenses tienen su base en Corea del Sur a través de las fuerzas de EE. UU. en Corea; los servicios de inteligencia de ambos países también mantienen estrechas relaciones.

Los expertos creen que el intento de Yoon de invocar la ley marcial responde a la intensificación de la presión política. Los miembros de la oposición política han estado presionando para que se recorte el presupuesto y pidiendo la destitución del auditor jefe del Estado y de los principales fiscales en relación con las investigaciones sobre el traslado de la oficina presidencial y las acusaciones de manipulación de las cotizaciones bursátiles en torno a la esposa de Yoon.

Las pruebas que van apareciendo también sugieren que la apropiación del poder por parte de Yoon se venía gestando desde hacía tiempo. Según declaraciones realizadas durante una investigación posterior, la fiscalía ha obtenido testimonios que sugieren que Yoon asistió a varias reuniones durante el año pasado con líderes militares que más tarde participarían en el complot, en las que planteó el tema de la ley marcial. En conversaciones privadas, Yoon habría mencionado a ciertas personas «problemáticas» cuyos nombres aparecieron más tarde en una lista de detenciones preparada para el exjefe de contraespionaje por el entonces ministro de Defensa de Yoon. La lista incluía al líder del opositor Partido Democrático, a un periodista crítico con la administración de Yoon y a Han Dong-hoon, antiguo aliado y líder del partido gobernante, que se enemistó con Yoon tras apoyar una investigación sobre las acusaciones contra la primera dama.

Corea del Norte también parece haber entrado en los planes de Yoon. Al parecer, Yoon había hecho suya una teoría conspirativa de extrema derecha según la cual piratas informáticos del Norte habían interferido en las elecciones parlamentarias celebradas en Corea del Sur el año pasado, en las que su gobernante Partido del Poder Popular perdió escaños. Antes de que se decretara la ley marcial, el entonces ministro de Defensa de Yoon dio instrucciones a los servicios de inteligencia militar para que se infiltraran en la sede de la comisión, secuestraran a su personal con bridas y capuchas y los recluyeran en una instalación militar subterránea. Teorías conspirativas aparte, el Servicio Nacional de Inteligencia no ha encontrado pruebas de fraude electoral.

Yoon y sus cómplices también podrían haber intentado provocar a Kim Jong Un. Desde el golpe frustrado, las autoridades han descubierto pruebas en el cuaderno de uno de los golpistas que sugieren un plan para ocasionar un conflicto con Corea del Norte en la Línea Límite Norte -la frontera marítima de facto y línea de demarcación militar entre Corea del Norte y Corea del Sur-, que la policía sospecha que pretendía crear un pretexto para declarar la ley marcial y tomar el poder.

Los militares coreanos no han confirmado ni desmentido las sospechas de infiltración de drones. «No es cierto que los militares llevaran a cabo actividades para provocar al enemigo», declaró el coronel Lee Sung-jun, portavoz del Estado Mayor Conjunto, en una rueda de prensa el 2 de enero.

Cualesquiera que fueran las motivaciones de Yoon, parecía dispuesto a usar la fuerza letal la noche de su decreto. Según el Ministerio de Defensa Nacional, se pusieron a disposición de los 1.500 soldados encargados de hacer cumplir la orden unos 10.000 cartuchos de munición real, junto con ametralladoras, rifles de francotirador, pistolas y cartuchos de escopeta de punta hueca, prohibidos por el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Incluso, según un alto funcionario de defensa, llegó a desplegarse para el golpe una división de élite de las fuerzas especiales, entrenada para operaciones guerrilleras clandestinas y encargada de asesinar a figuras clave de Corea del Norte en tiempos de guerra.

El derramamiento de sangre se evitó gracias a las valientes acciones de los coreanos. En plena noche, miles de ciudadanos se apresuraron a bloquear a los militares frente a la Asamblea Nacional, mientras los legisladores de la oposición escalaban rápidamente los restringidos muros del edificio para intervenir. «Tras unos momentos de incredulidad y vacilación, al oír la noticia de que se había declarado la ley marcial, sentí que tenía que ir a la Asamblea Nacional», dijo a Drop Site News Daehoon Lee, uno de los ciudadanos que corrieron a las puertas de la Asamblea la noche del 3 de diciembre. «Si se desataba el caos, pensé que lo menos que podía hacer era ayudar a evacuar a la gente o asistir a los heridos».

El 14 de diciembre, la Asamblea Nacional aprobó por escaso margen una moción para destituir a Yoon. Las demandas de destitución de Yoon también provocaron la destitución del presidente en funciones Han Duck-soo, que se negó a cubrir tres vacantes en el Tribunal Constitucional, que decidirá si destituye definitivamente a Yoon. Choi Sang-mok, que sucedió a Han como presidente en funciones, nombró a los candidatos para cubrir dos de las tres vacantes el 31 de diciembre, comprometiéndose a cubrir los puestos restantes una vez que los partidos gobernante y de la oposición se pusieran de acuerdo sobre los nominados. La decisión de destituir a Yoon requerirá el acuerdo de al menos seis jueces, incluidos los miembros recién nombrados. (El opositor Partido Demócrata está presionando para que el juicio de destitución finalice después de cubrir las vacantes). Si el tribunal confirma la destitución, Yoon se convertirá en el segundo presidente conservador de la historia de Corea del Sur en ser destituido, tras la expresidenta Park Geun-hye.

A pesar de las crecientes presiones, el Partido del Poder Popular de Yoon sigue apoyándole, advirtiendo de que, si se le destituye de forma permanente, el partido probablemente tendría dificultades para ganar las próximas elecciones presidenciales. A pesar de que una encuesta reveló que el 75% de los ciudadanos apoyaba su destitución, el partido boicoteó colectivamente la primera votación y se opuso oficialmente a la segunda, aunque no pudo evitar la deserción de 12 de sus propios miembros.

«Ir con quien vaya ganando»

Washington ha favorecido durante mucho tiempo a los presidentes conservadores surcoreanos como socios en materia de seguridad, haciendo a menudo la vista gorda ante las violaciones de los derechos humanos. En 1979, el expresidente Park Chung-hee, que gobernó Corea del Sur durante 18 años con el apoyo de Estados Unidos tras hacerse con el poder en un golpe militar, fue asesinado en un complot dirigido por Kim Jae Kyu, jefe de la Agencia Central de Inteligencia coreana. En su juicio, Kim afirmaría más tarde que había intentado librar al país de la dictadura y fomentar la democracia.

Pero la democracia volvería a ser paralizada por el sucesor de Park, el dictador militar Chun Doo-hwan, que se hizo con el poder en un golpe de Estado que comenzó el 12 de diciembre de 1979 y culminó con la declaración de la ley marcial el 17 de mayo de 1980. Ese mes, los ciudadanos de Gwangju, una ciudad del sur de Corea del Sur, se levantaron en resistencia; en respuesta, Chun ordenó una brutal represión en la que las tropas de la ley marcial masacraron a 166 ciudadanos, hicieron desaparecer por la fuerza a otros 179 e hirieron a 2.617.

En los años posteriores a la masacre, documentos del gobierno estadounidense, antaño secretos, demostraron más tarde que la Agencia de Inteligencia de Defensa y el Departamento de Estado tenían conocimiento previo de los movimientos de paracaidistas hacia Gwangju y otras ciudades, pero no hicieron nada para detenerlos. En su lugar, la administración Carter, alegando la protección de los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos, aprobó la vigilancia estadounidense y la asistencia de mando y control a las fuerzas de Chun para ayudarles a sofocar el levantamiento en la provincia de Cholla del Sur. 

Miembros de la Confederación Coreana de Sindicatos (KCTU) se enfrentan a agentes de policía durante una protesta contra el presidente destituido Yoon Suk Yeol el 3 de enero de 2025 en Seúl, Corea del Sur (Chung Sung-Jun/Getty Images).

En una reunión crucial en la Casa Blanca el 22 de mayo de 1980, horas después de enterarse de que las fuerzas de Chun habían matado a tiros a más de 60 personas y herido a 400 en las calles de Gwangju, el entonces secretario de Defensa Harold Brown dijo que Estados Unidos no tenía otra opción que ayudar al ejército coreano a restablecer el orden. «Los coreanos irán con quien vaya ganando», comentó, según el entonces subsecretario adjunto. Y añadió: «Si Chun está en la Casa Azul, tendremos que aceptarlo». El general y los militares coreanos se vieron finalmente obligados a ceder el control en otra demostración masiva de poder popular en 1987.

El periodista independiente Tim Shorrock obtuvo una colección de 4.000 documentos desclasificados que revelaban la complicidad de la administración Carter con Chun. «Uno de los actos más inmorales de la presidencia de Carter fue respaldar al ejército de ley marcial de Chun para reprimir el levantamiento de Gwangju de 1980», dijo Shorrock. Aunque Corea del Sur reconoció oficialmente Gwangju como un levantamiento legítimo que allanó el camino para su democratización, «Carter nunca ofreció una disculpa formal por estar en el lado equivocado de la lucha de Corea contra el régimen militar», añadió.

«El recuerdo de la masacre de Gwangju de 1980 desencadenó una oleada de pánico y alucinaciones auditivas cuando oí que se acercaban helicópteros militares», dijo el manifestante Daehoon Lee. «Pero, para mi sorpresa, los vehículos blindados de los militares fueron bloqueados por los ciudadanos y obligados a dar marcha atrás. Por primera vez, empecé a creer que realmente podríamos detener este golpe».

«Somos invitados»

Exfiscal sin experiencia política previa, Yoon ganó la presidencia en 2022 por sólo un 0,8% sobre Lee Jae-myung, del Partido Demócrata. A mitad de su mandato de cinco años, la base de apoyo de Yoon se desplomó, gracias en parte a su promoción del «antifeminismo», la supresión de los medios de comunicación críticos y los incesantes escándalos en torno a la primera dama. En el momento de la suspensión de Yoon, una encuesta de Gallup reveló que su índice de aprobación se había desplomado hasta el 11%, su nivel más bajo desde que asumió el cargo.

Sin embargo, Yoon seguía siendo uno de los favoritos de Washington. Conocido por su aguda retórica contra Corea del Norte y por interpretar con entusiasmo «American Pie» de Don McLean durante una visita de Estado a la Casa Blanca, Yoon era visto en Corea como «el hombre de Biden». Desde la administración Obama, Estados Unidos había buscado una alianza militar trilateral con Corea del Sur y Japón, y Yoon estaba dispuesto a ayudar. Yoon optó por no presionar al gobierno japonés para obtener reparaciones por las mujeres de solaz, las aproximadamente 200.000 niñas y mujeres, en su mayoría surcoreanas, que fueron forzadas a la esclavitud sexual por soldados japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. En agosto de 2023, la estrategia de Yoon dio sus frutos con la Declaración de Camp David, en la que los líderes de Estados Unidos, Japón y Corea del Sur anunciaron la formación de un pacto de seguridad para contrarrestar a Corea del Norte y China.

Tras el intento de golpe de Yoon, la Casa Blanca respondió con notable moderación. La respuesta oficial de Biden no se produjo hasta después de la aprobación de la moción de destitución. En una llamada telefónica con el expresidente en funciones y primer ministro Han Duck-soo, Biden elogió la resistencia de la democracia surcoreana y reafirmó «el férreo compromiso» de Estados Unidos, aunque omitió criticar el intento de golpe.

Algunos analistas creen que Estados Unidos tenía al menos cierto conocimiento de los planes de Yoon, incluso a través de canales no oficiales. Chun Kwang-ho, especialista en estrategia militar y exprofesor de la Academia de Defensa del Reino Unido, dijo que era poco probable que Estados Unidos tuviera información específica sobre los planes de Yoon. Pero los informes de octubre sobre aviones no tripulados surcoreanos sobrevolando Pyongyang probablemente sugirieron a los funcionarios estadounidenses que Corea del Sur estaba intensificando deliberadamente las tensiones militares con Corea del Norte, añadió.

El 4 de diciembre, al día siguiente del decreto de ley marcial, las fuerzas estadounidenses en Corea pidieron cautela. «Somos huéspedes en la República de Corea, y pido a todas las personas afiliadas a la misión del Departamento de Defensa que den tiempo y espacio a nuestro país anfitrión y a sus ciudadanos, mientras trabajan para resolver sus diferencias», dijo el general Paul J. LaCamera, comandante del Mando de las Naciones Unidas, del Mando de Fuerzas Combinadas y de las Fuerzas de EE. UU. en Corea, en una declaración de Guidance for the Force. Chun dijo que esta postura cautelosa «podría deberse al trauma de no haber podido evitar el golpe del 12 de diciembre de 1979».

Tras el decreto de ley marcial, los datos sobre las rutas de vuelo de los aviones de reconocimiento a través de Corea del Sur y sus alrededores sugieren que Estados Unidos mantenía una estrecha vigilancia. Durante ocho días consecutivos tras la declaración de Yoon, dos aviones RC-135S Cobra Ball, que Estados Unidos utiliza para vigilar las trayectorias de misiles, fueron rastreados sobrevolando la península coreana, según el servicio de seguimiento de aeronaves Flightradar24. Los aviones de reconocimiento RC-135V/W Rivet Joint, que se utilizan para la recogida de información en tiempo real sobre el terreno, también fueron rastreados sobrevolando el área metropolitana de Seúl, el Mar Amarillo y el Mar del Este en tres ocasiones distintas en diciembre.

Al reflexionar sobre las secuelas del golpe fallido, Chun señaló: «Incluso cuatro semanas después, las USFK permanecen en un estado de mayor precaución, lo que es muy inusual». Las fuerzas estadounidenses en Corea no respondieron a las peticiones de comentarios sobre los acontecimientos del día en que se declaró la ley marcial.

«Estados Unidos suele preferir gobiernos de derechas o centristas, pero la preocupación general del gobierno estadounidense es la estabilidad», dijo Don Baker, profesor de historia y civilización coreanas en la Universidad de Columbia Británica. «Si Yoon hubiera conseguido llevar a cabo su golpe sin mucha resistencia, Estados Unidos no se habría opuesto. Sin embargo, una vez que quedó claro que la Asamblea Nacional y el pueblo se resistían al golpe, Estados Unidos decidió no apoyarle y, en su lugar, esperó una rápida resolución de esta crisis política», añadió.

El vicesecretario de Estado estadounidense, Kurt Campbell, que anteriormente había condenado la declaración de ley marcial de Yoon como «profundamente problemática» e «ilegítima», adoptó un tono más comedido tras su destitución. «Está claro que a Estados Unidos le interesa mantener el impulso hacia adelante en el compromiso trilateral a pesar de algunos vientos en contra internos», dijo Campbell el 19 de diciembre en un evento en el Centro de Prensa Extranjera en Washington, D.C.

La respuesta de Trump

No está claro cómo responderá Donald Trump a los acontecimientos en Corea del Sur. Puede que le sea indiferente el destino de Yoon: Hay que señalar que Yoon decidió no reunirse con Donald Trump Jr. durante sus dos visitas a Corea del Sur el año pasado.

Aunque Trump ha nombrado embajadores en China y Japón, el puesto de embajador en Corea del Sur sigue vacante. El 14 de diciembre anunció a través de un post en Truth Social que nombraría a su hombre de confianza Richard Grenell enviado especial a Corea del Norte.

En su primera rueda de prensa tras las elecciones, el 16 de diciembre, el presidente electo habló de Corea del Norte, China y Japón, pero no de Corea del Sur. En una reciente entrevista con Time, Trump afirmó que su relación con Kim Jong Un le permite gestionar la supuesta implicación de Corea del Norte en el conflicto entre Rusia y Ucrania, pero no hizo ninguna referencia a Yoon ni a Corea del Sur.

Trump lleva mucho tiempo criticando las relaciones de Washington con los países del este asiático. Es probable que el reparto de los gastos de defensa y la retirada parcial de las tropas estadounidenses de Corea del Sur sean los principales puntos de discordia. Con frecuencia se ha quejado de los altos costos de los compromisos de defensa de Estados Unidos en Corea del Sur y Japón, argumentando que Seúl debería pagar 10 mil millones de dólares al año para albergar tropas estadounidenses.

Con el regreso de Trump a la Casa Blanca y la continua agitación en el Sur, el líder norcoreano Kim Jong Un se mueve con cautela. Durante la reunión anual del gobernante Partido de los Trabajadores, celebrada del 23 al 27 de diciembre, Kim describió a Estados Unidos como «el Estado más reaccionario que considera el anticomunismo como su política de Estado invariable» y prometió adoptar las medidas antiestadounidenses «más duras», aunque no dio detalles concretos, según la Agencia Central de Noticias de Corea.

Los expertos sugirieron que, con tensiones ya aumentadas, Pyongyang ve pocas ventajas estratégicas en agravar aún más la situación. En medio de su respaldo a la guerra de Rusia en Ucrania -una alianza que podría complicar el futuro diálogo con Estados Unidos-, Kim parece estar haciendo un movimiento diplomático calculado, esperando estratégicamente su momento.

«¿Por qué no nos tienen miedo?».

Al final, Yoon trató de reforzar los lazos con sus aliados internacionales, pero no logró afianzarse en el plano nacional, dejando el caos a su paso. Si se confirma su destitución, su sucesor heredará la formidable tarea de restaurar la estabilidad interna y recuperar el papel estratégico regional de Corea del Sur.

Para los coreanos, la destitución de Yoon sirvió tanto para recordar su poder colectivo como sus límites.

Antes de la votación de destitución, una protesta de dos millones de personas, encabezada por mujeres jóvenes de entre 20 y 30 años, llenó las calles frente a la Asamblea Nacional. Los indignados ciudadanos enviaron coronas funerarias con duras críticas al Partido del Poder Popular, una protesta simbólica que declaraba la muerte de la confianza en el partido. «El hecho de que las chicas sean cada vez más visibles como sujetos políticos es, estoy segura, un empoderamiento para muchas mujeres», dijo Kyunghee Eo, de 40 años, una manifestante.

Tras la votación de destitución, los ciudadanos que protestaban contra Yoon frente a la Asamblea Nacional, en medio de un frío intenso, prorrumpieron en vítores y corearon a favor de la disolución del Partido del Poder Popular por su abrumadora oposición a la moción.

«Tenía la voz ronca de tanto corear eslóganes, pero no podía parar», dijo Jinseon Yu, un manifestante de 32 años. «Estábamos contentos, por supuesto. Pero la cifra de 96 votos -incluidas las objeciones, las abstenciones y los votos nulos- seguía atormentándome. Me hizo preguntarme una y otra vez: ¿A quién sirven realmente estos representantes? ¿Por qué no nos temen a nosotros, el pueblo?».

Foto de portada: Miembros de la Confederación Coreana de Sindicatos (KCTU) participan en una protesta contra el presidente destituido Yoon Suk Yeol el 3 de enero de 2025 en Seúl, Corea del Sur (Chung Sung-Jun/Getty Images).

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