Giorgio Cafiero, The New Arab, 28 enero 2025
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Giorgio Cafiero es consejero delegado de Gulf State Analytics. X: @GiorgioCafiero
A poco más de una semana del inicio del segundo mandato del presidente estadounidense Donald Trump, aún queda mucho para entender cómo esta nueva administración llevará a cabo la política exterior.
Como líder impredecible y altamente transaccional, hay mucha incertidumbre sobre la agenda de Trump 2.0 en la escena internacional.
En términos de política exterior estadounidense en Oriente Medio, esta administración parece estar profundamente dividida. Por el momento, hay dos bandos principales y no está claro cuál de ellos esgrimirá los argumentos que Trump considera más persuasivos.
Por un lado, están los halcones republicanos tradicionales y los neoconservadores. Estas voces tienden a abogar por menos diplomacia y un enfoque más militarizado de la política exterior estadounidense en Oriente Medio. Su agenda consiste en preservar la primacía y la hegemonía de Estados Unidos a toda costa.
En el otro bando están los «moderadores» y los «realistas». Aunque no deben confundirse con pacifistas o palomas, estas voces están a favor de una mayor diplomacia con los adversarios de Estados Unidos y creen que el umbral para el uso de la fuerza militar en Oriente Medio debe estar alto. A diferencia de los neoconservadores, estas figuras reconocen que los intereses nacionales de Estados Unidos e Israel no siempre coinciden.
En su primera administración, Trump seleccionó a muchos halcones. Entre ellos se encontraban el secretario de Estado, Mike Pompeo, el consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, la embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley, y el enviado especial para Irán, Brian Hook.
Obsesionados con presionar a Irán y Siria al tiempo que daban a Israel un apoyo incondicional, estas figuras influyeron mucho en Trump 1.0 en Oriente Próximo, sobre todo a la hora de tratar con Teherán.
Hay algunos indicios de que los neoconservadores tendrán mucha menos influencia en la segunda administración de Trump. Tras ganar las elecciones del año pasado, Trump anunció en las redes sociales que Pompeo y Haley no formarían parte de su segunda administración. Al parecer, contrató a Hook para dirigir la transición al nuevo Departamento de Estado, pero lo despidió a través de las redes sociales la madrugada del 21 de enero.
A los pocos días de regresar a la Casa Blanca, Trump ordenó, de forma controvertida, poner fin a la protección de seguridad de Pompeo, Bolton y Hook, protección que recibían tras las amenazas de asesinato por parte de Irán. Cuando se le preguntó sobre la revocación de la protección de seguridad de Bolton, Trump respondió: «No vamos a ponerle seguridad a la gente durante el resto de sus vidas».
A continuación, calificó a Bolton de «belicista» y «tonto» y le culpó de la desastrosa invasión de Iraq en 2003, liderada por Estados Unidos.
Puede resultar difícil comprender por completo lo que indican todas estas medidas en esta etapa tan temprana del segundo mandato de Trump. Sin embargo, los expertos creen que podría haber alguna razón para esperar que Trump lleve a cabo, en esta ocasión, una política exterior menos agresiva en Oriente Medio.
La temprana «victoria» de Trump en Gaza
Durante los días previos a la investidura de Trump, los funcionarios de su equipo presionaron a Israel para que aceptara el alto el fuego en Gaza, que entró en vigor el 19 de enero. La administración Biden nunca utilizó la influencia estadounidense para aplicar una presión efectiva sobre Israel durante los 15 meses de guerra en Gaza.
Aunque no está claro cuánto tiempo más la administración Trump mantendrá esa presión sobre Israel para que respete el alto el fuego, la entrada en vigor del acuerdo creó la imagen de que Trump es un líder que puede poner fin a los conflictos.
Steve Witkoff, un promotor inmobiliario e inversor de Nueva York cercano a Trump, desempeñó un papel clave para conseguir el acuerdo. Ahora, mientras el equipo de Trump trabaja para ultimar los detalles de la segunda fase del frágil alto el fuego, Witkoff habla de visitar Gaza en su próximo viaje a Israel en su calidad de enviado de Trump a Oriente Medio.
«Si bien muchos de los nombramientos anunciados por Trump son partidarios de línea dura de Israel, al propio Trump no parece importarle tratar a Israel con guante de seda. Quería un acuerdo. Biden nunca lo quiso lo suficiente», escribió el Dr. Shadi Hamid en el Washington Post cuatro días antes de que terminara el mandato de Biden.
«¿Quién lo hubiera pensado? Cuando presionas a aliados que dependen de Estados Unidos para recibir miles de millones de dólares de ayuda militar para su supervivencia, obtienes realmente resultados».
La reacción furiosa de las figuras de extrema derecha en el gobierno de Israel, que ven este acuerdo de alto el fuego como una capitulación de Tel Aviv ante Hamás, destaca cómo el apoyo incondicional de Estados Unidos durante el segundo mandato de Trump es algo que el gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu no debería dar por sentado.
Aunque Trump lo niega, se ha hablado de que le asignó a Witkoff la responsabilidad de dirigir la política de Washington hacia Irán. Para tranquilizar a los defensores de la diplomacia, Witkoff ha subrayado el deseo de Trump de lograr un acuerdo con Teherán.
«El presidente no permitirá que los iraníes obtengan una bomba nuclear. Eso no va a suceder. No vamos a llegar a ese punto… con suerte podremos resolverlo diplomáticamente», dijo a Fox News a principios de este mes.
«Parece claro, según los informes de los medios, que Witkoff jugó personalmente un papel decisivo en las negociaciones que llevaron al alto el fuego entre Hamás e Israel», dijo a The New Arab el Dr. Thomas Juneau, profesor asociado de la Escuela de Posgrado de Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Ottawa.
«Demostró ser un hábil negociador y, fundamentalmente, tener la confianza del presidente Trump. Mientras la tenga, desempeñará un papel influyente, en particular en lo que respecta a Irán».
Halcones versus «moderadores»
La Dra. Trita Parsi, vicepresidenta ejecutiva del Instituto Quincy para el Arte de gobernar responsable, habló con The New Arab (TNA) sobre las divisiones dentro de la segunda administración Trump.
«Hay una intensa lucha en curso en la transición en la que una minoría de los que rodean a Trump –los halcones neoconservadores– han obtenido una ventaja en numerosos nombramientos dentro del Estado y el Consejo de Seguridad Nacional (NSC, por sus siglas en inglés)]. Pero en el Pentágono, los realistas y moderadores han obtenido buenos resultados. Sin embargo, esto no ha terminado aún, por lo que no sabemos el resultado final», dijo a TNA.
«Además, si el mandato anterior de Trump sirve de guía, es probable que haya muchas renuncias y reemplazos en los primeros doce meses. Pero está claro que los neoconservadores no tienen el mismo control sobre la burocracia en comparación con el que disfrutaron en el primer mandato de Trump», agregó la Dra. Parsi.
El primer día del segundo mandato de Trump, el exanalista de la CIA Michael DiMino juró como asistente adjunto del secretario de Defensa de EE. UU. para Oriente Medio. DiMino ha pedido que se retiren las tropas estadounidenses de Iraq y Siria, que se ejerzan «presiones» sobre Israel durante la guerra de Gaza y que se interactúe diplomáticamente con Irán y el movimiento rebelde hutí de Yemen.
En Estados Unidos, decenas de halcones neoconservadores y voces proisraelíes se han mostrado furiosos por el papel de DiMino en el Pentágono. Sin embargo, es comprensible que su nombramiento haya dado a muchos moderadores una sensación de optimismo sobre la política exterior de la segunda administración Trump.
Pero, como señaló Gordon Gray, exembajador de Estados Unidos en Túnez, en una entrevista con TNA, «si bien se van a escuchar las recomendaciones de DiMino, su responsabilidad principal es supervisar la implementación de la política estadounidense en Oriente Medio, no decidirla en realidad».
El Dr. Juneau planteó una observación similar. Advirtiendo contra el enfoque excesivo en los antecedentes e ideologías de los individuos en la administración Trump, señaló que «son sólo una pieza de una maquinaria mucho más amplia» y que «la voz de DiMino será moderadamente importante en el sistema, pero será solo una entre muchas».
Lealtad hacia Trump
En general, Trump probablemente priorizará la lealtad por encima prácticamente de cualquier otra cosa, teniendo en cuenta su experiencia durante su primer mandato con exgenerales como James Mattis y H.R. McMaster, quienes frecuentemente chocaron con el presidente en importantes cuestiones de política exterior, desde Siria hasta Afganistán y Corea del Norte.
Aunque estos veteranos dejaron a un buen número de críticos de Trump con cierta sensación de tranquilidad basada en la suposición de que iban a limitar algunos de los aspectos más excesivos de la presidencia de Trump, este sintió que esos veteranos experimentados lo habían traicionado y socavado durante su primer mandato. Esta vez, Trump quiere un equipo de leales.
Descrito como «incesantemente leal a Trump», el secretario de Defensa Pete Hegseth quizás ilustre esta realidad mejor que nadie en la nueva administración.
«Aunque Estados Unidos tiene instituciones estatales muy fuertes, el presidente estadounidense se ha rodeado de hombres y mujeres que le dicen sí a todo y que probablemente cederán a sus directivas, en lugar de desafiar sus sugerencias políticas», explicó el Dr. Neil Quilliam, investigador asociado del programa de Oriente Medio y el Norte de África en Chatham House, en una entrevista con TNA.
Marco Rubio, un republicano más tradicional, es ahora el secretario de Estado de Estados Unidos. Como principal diplomático de Washington, Rubio puede estar en desacuerdo con Trump en ciertas cuestiones, como la presencia militar estadounidense en el noreste de Siria. Pero los expertos coinciden en que Rubio, como todos los demás en el equipo de Trump que no quieren ser despedidos, está dispuesto a servir lealmente a Trump.
«Creo que Rubio ha recibido el mensaje: implementará la política exterior de Trump, incluida la relativa a Irán, o su mandato será breve y humillante», señaló la Dra. Parsi.
«Trump parece haber aprendido la lección de su mandato anterior, en el que Pompeo, Bolton y otros socavaron sistemáticamente sus políticas. Es probable que tenga tolerancia cero para esa conducta. Rubio parece haber tenido muy en cuenta esos hechos», añadió.
El Dr. Juneau comparte esta evaluación sobre Rubio y sobre cómo funcionará como nuevo secretario de Estado. «Rubio también ha demostrado que implementará lealmente las decisiones de Trump, ya sea que se alineen con sus propias preferencias o no. Esa es, posiblemente, la razón principal por la que está en ese puesto», dijo a TNA.
Un «regalo» para los partidarios de Trump que apoyan a Israel
Elise Stefanik, a quien Trump nominó para servir como embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, será una de las figuras más agresivas de esta nueva administración.
Habiendo acusado a la ONU de «podredumbre antisemita» mientras expresaba su opinión de que Israel tiene un «derecho bíblico» a controlar toda la Cisjordania ocupada, Stefanik -como Hegseth y el elegido por Trump para embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee- es una fanática pro-Israel. Al igual que Rubio, se opuso públicamente a la iniciativa de Trump de retirar al ejército estadounidense de Siria durante su primer mandato.
Pero la Dra. Parsi advierte de hacer demasiadas lecturas sobre la elección de Stefanik para este papel. «No creo que a Trump le importen particularmente las Naciones Unidas, y parece que este fue un regalo fácil para algunos de los elementos pro-Israel que apoyaron su campaña. Es reseñable que la haya elegido antes de nombrar a la secretaria de Estado», dijo a TNA.
«Esta ha sido una concesión temprana a esos elementos, y sospecho que Trump la ve como algo bastante gratuito, ya que no le importa mucho lo que sucede en la ONU», agregó la Dra. Parsi.
Gray señala de manera similar que las opiniones de Stefanik no guiarán la política exterior estadounidense. «Elise Stefanik será una defensora confiable de Israel, al igual que lo será el embajador designado en Israel, Mike Huckabee. Sin embargo, después de todo, la Casa Blanca dirigirá la política estadounidense hacia Oriente Medio, no los enviados estadounidenses a las Naciones Unidas o Israel», dijo el exembajador estadounidense a TNA.
Panorama general
Ahora que Trump acaba de iniciar su segundo mandato, es demasiado pronto para entender del todo cómo cambiará la política exterior estadounidense con él al mando. Sin embargo, algunas de las recientes contrataciones, despidos y retórica de Trump sugieren que una segunda ronda de «máxima presión» sobre Irán podría no estar en los planes. Como dijo en Fox News el 23 de enero, la «única» insistencia de Trump con respecto a Irán es que el país «no puede tener un arma nuclear».
En pocas palabras, el mensaje de Trump es que espera una solución diplomática (no militar) a los problemas de Washington con la República Islámica. Si su enfoque hacia Irán avanzara en esa dirección, sin duda significaría una gran pérdida para los neoconservadores de Washington y para el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que han apostado mucho por un segundo mandato de Trump.
«La principal preocupación del presidente Trump es evitar un mayor enredo militar estadounidense en la región, en consonancia con las encuestas de opinión pública y su promesa de campaña de detener las guerras, no iniciarlas. Con las crecientes tensiones entre Israel e Irán, tanto Trump como Irán están mostrando interés en un nuevo acuerdo nuclear», explicó Ferial Saeed, miembro senior no residente del Stimson Center y exdiplomático estadounidense de alto rango, en una entrevista con TNA.
«Los Estados árabes también quieren evitar la guerra y una mayor inestabilidad en la región y acogerían con agrado un acuerdo que impida a Irán adquirir un arma nuclear. Sin embargo, el primer ministro Netanyahu quiere una solución militar. Es probable que Trump sea menos receptivo a sus puntos de vista. Le dijo a un periodista después de su primer mandato que Netanyahu trató de utilizarlo para luchar contra Irán hasta con el último soldado estadounidense. Con una posición política más fuerte a nivel nacional, Trump puede contrarrestar las preferencias de Netanyahu, haciendo más plausible la posibilidad de conversaciones con Irán», agregó.
Con un fuerte mandato del pueblo estadounidense, Trump está en una posición única para abordar Oriente Medio con políticas que están en línea con la visión moderada de la política exterior estadounidense. Pero como Trump es tan impredecible, simplemente no es posible saber si procederá en tal sentido durante los próximos cuatro años.
«Trump fue más lejos que cualquier presidente en la memoria reciente en términos de abrazar la paz. Dijo que su legado más importante será ser un pacificador. Obama se manifestó contra las ‘guerras tontas’ y quería restaurar la diplomacia. Pero no hubo ningún abrazo a la paz per se», comentó el Dr. Parsi.
«Queda por ver si Trump realmente persigue esto o no, pero ha dejado un marcador con el que se le puede medir. Creo que hay razones para creer que es sincero y que puede buscar un acuerdo más amplio para Oriente Medio. Esto podría ser positivo. Pero si es simplemente una versión más amplia de los Acuerdos de Abraham, entonces temo que los esfuerzos de Trump serán en vano”, dijo a TNA.
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