Al sueño de Witkoff y Trump sobre Gaza le falta algo: los palestinos

David Hearst, Middle East Eye, 25 marzo 2025

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


David Hearst es cofundador y redactor jefe de Middle East Eye, así como comentarista y conferenciante sobre la región y analista en temas de Arabia Saudí. Fue redactor jefe de asuntos exteriores en The Guardian y corresponsal en Rusia, Europa y Belfast. Con anterioridad, fue corresponsal en temas de educación para The Scotsman.

Steve Witkoff no es un enviado ordinario para Oriente Próximo; para él no es el espeluznante destino de predecesores como Tony Blair o Brett McGurk.

Witkoff dice que está bendecido. Que tiene una misión, si no de Dios, al menos de lo más parecido, que es el presidente estadounidense Donald Trump.

Witkoff realmente adora al hombre: «Venía a 101 Park Avenue, donde yo era abogado», dijo Witkoff a Tucker Carlson en una nueva entrevista. «Tenía ese estilo de capa y espada. Yo solía verlo entrar, y yo solía decir: Dios, quiero ser él. No quiero ser el abogado. No quiero ser el escribiente. Quiero ser ese hombre. Sí, recuerdo haber dicho eso. Era como el Michael Jordan para mí».

Los oráculos como Witkoff no suelen hablar con los mortales, y si lo hacen, es en acertijos. Lo último que cabría esperar de un hombre que actualmente intenta conseguir un alto el fuego en Gaza es que se lo contara todo a un tertuliano conservador, durante 90 minutos.

Pero eso es exactamente lo que hizo Witkoff. Reveló cada pensamiento de su cerebro. Carlson salivó. Para el resto de nosotros, la imagen que Witkoff pintó nos dejó boquiabiertos.

Ningún profesor que se precie dejaría salir a un niño de noveno curso con lo que Witkoff parece no saber sobre el conflicto territorial más antiguo del mundo.

En el retrato de Witkoff, no hay reivindicación palestina de la tierra ni derechos nacionales palestinos. No hay colonos expulsándolos de sus hogares en la Cisjordania ocupada. No se acaban de anunciar trece asentamientos allí. Tampoco hay palestinos en Israel. Todo gira en torno a Hamás y Gaza.

Y el problema de Gaza no es dónde ubicar a sus dos millones de habitantes. Lo hemos entendido todo mal. Se les puede echar a cualquier sitio: Somalilandia, los Balcanes, donde sea.

Se trata de dónde poner los rascacielos de Trump.

Enviado imperial

Gaza está tan llena de túneles que es como «un queso suizo por debajo», dijo Witkoff a Carlson, como si estuviera revelando un secreto. «Y luego les bombardearon. Así que allí ya no hay roca. No hay sitio para poner zapatas si vas a construir edificios… Si tuviéramos edificios en esas condiciones en Nueva York, habría cinta amarilla por todas partes y no se permitiría la entrada a nadie».

Me imagino que sí, pero si la población de Nueva York hubiera estado sometida a un asedio de 17 años, y el 80% de sus viviendas hubieran sido destruidas por drones que utilizaban Manhattan como campo de tiro libre, me imagino que los neoyorquinos se habrían acostumbrado a encogerse detrás de fragmentos de hormigón, con o sin la ayuda de la cinta amarilla.

Pero lo primero es lo primero: Witkoff no es un negociador más. Es un enviado imperial. El emperador pone la mesa para todos sus boyardos, declarando que tendrá «paz mediante la fuerza».

No es sólo un eslogan. Funciona de verdad, dice Witkoff: «Así que cuando te despacha para ir a Oriente Medio, la gente se siente casi un poco intimidada antes de que llegues allí».

Pero antes de subir a bordo de tu Gulfstream G650, tienes que saber adónde te diriges. Las negociaciones, nos asegura Witkoff, consisten en orientarse hacia el resultado.

El resultado es nada menos que el paraíso.

«La costa del Golfo podría ser una de las oportunidades más infravaloradas si conseguimos la paz y la estabilidad en toda la región. Si resolvemos lo de Irán y se puede financiar en ese mercado, los israelíes son brillantes desde el punto de vista tecnológico… Están en IA, robótica, blockchain. Ahí es donde los EAU están hoy, ahí es donde Arabia Saudí está hoy, ahí es donde Qatar está hoy», dijo Witkoff.

«¿Se imagina a todos estos países trabajando en colaboración y creando ese tipo de mercado? Podría ser mucho más grande que Europa. Europa es disfuncional hoy en día. Imagínese si se volvieran funcionales. Y todo el mundo es un hombre de negocios allí. Podría ser increíble».

Para Witkoff, todo va de negocios. No parece haber lugar en su cerebro para la dignidad, los derechos nacionales palestinos, el fin de la ocupación o la búsqueda de la igualdad.

Así pues, Europa está acabada, junto presumiblemente con el proyecto republicano de establecer la Nueva Europa como su socio natural. La reconstrucción de Europa del Este en un paraíso neoliberal es otra baratija a descartar por los EE. UU. de Trump. Polonia y los países bálticos son tan de ayer…

El presidente ruso Vladimir Putin es «superinteligente», aunque Witkoff no recuerde bien los nombres de los territorios ucranianos de los que Rusia se ha apoderado.

Pero el 20% de Ucrania es sólo un detalle. Una vez que ha averiguado adónde quiere llegar, básicamente un acuerdo comercial global entre dictadores de ideas afines, su siguiente tarea es «nivelar los hechos».

Tropezar con la verdad

Los «hechos» en Oriente Medio son sencillos. Para Witkoff fue una experiencia espiritual asistir a una de las manifestaciones en la Plaza de los Rehenes; el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y su principal asesor, Ron Dermer, están «bien motivados»; Estados Unidos no sería tan eficaz como lo es actualmente si no fuera porque Hizbolá y ahora Hamás han sido decapitados y el eje de la resistencia «eliminado en gran medida»; y no se puede permitir que Hamás permanezca en Gaza, o si lo hace, debe desmilitarizarse.

Ah, y por cierto, las armas nucleares de Irán van a continuación. Trump no puede tolerar «una Corea del Norte» en el Golfo.

Ya se hacen una idea. Sería cómico, una autoparodia, si Gaza no estuviera siendo destrozada con las bombas que Trump ha regalado a Israel, mientras Witkoff y Carlson se acicalaban y admiraban mutuamente.

De vez en cuando, Witkoff tropezaba con una verdad en su paseo por un país de fantasías. Egipto, dijo, es extremadamente débil. Está en bancarrota. El desempleo juvenil es un problema grave.

«Todo lo bueno» que salió de las recientes elecciones presidenciales libanesas, ganadas por el jefe del ejército Joseph Aoun tras el asesinato por Israel del líder de Hizbolá, Hasan Nasrallah, y del líder de Hamás, Yahya Sinwar, “podría revertirse si perdemos Egipto”, dijo Witkoff.

Witkoff debería preguntarse por qué Egipto es tan débil, después de todos los miles de millones de dólares que Arabia Saudí y los Estados del Golfo han vertido en él desde el golpe militar de hace 12 años. Es precisamente porque el dictador favorito de Trump, Abdel Fatah el-Sisi, lo ha hundido.

Tampoco los destructores de Gaza tienen ninguna capacidad. El territorio está tan devastado que se calcula que se tardará entre 15 y 20 años en reconstruirse, pero Witkoff no menciona quién lo destruyó. Los palestinos de Gaza necesitan un sistema educativo, declara Witkoff. ¿Y qué ha estado proporcionando la UNRWA, la denostada agencia de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos? Con su sistema educativo, Gaza tiene una de las tasas de alfabetización más altas del mundo.

Piensen en cómo sería Gaza si se convirtiera en un centro de IA, reflexiona Witkoff. Gaza no es ajena a la IA, que ha sido responsable de la más horrible matanza de civiles inocentes, médicos, paramédicos, periodistas, académicos y profesores en la historia de este conflicto.

Espejismo económico

Si quitamos el encanto de lo nuevo, Witkoff repite una fórmula muy antigua. Remontémonos a los Acuerdos de Oslo, donde se repetían las mismas tonterías sobre un milagro económico a la vuelta de la esquina.

Se prometió a los palestinos, si deponían las armas y se unían a Israel, ferrocarriles, un canal desde el valle del Jordán hasta el Mar Rojo y un oasis en Cisjordania. Blair prometió a Yenín un parque industrial. Nunca llegó.

Witkoff y Trump no están motivados por la búsqueda de una vida mejor para los palestinos. Simplemente quieren crear un Oriente Próximo dominado por Israel y financiado por el Golfo.

Ambos se engañan pensando que todo iba muy bien con los Acuerdos de Abraham antes del 7 de octubre de 2023, como si el ataque de Hamás, proscrito como grupo terrorista en el Reino Unido y otros países, fuera una aberración sin causa. De hecho, el intento de pasar por alto la causa nacional palestina en los acuerdos fue una de las principales razones del ataque.

Cuando se bloquean todas las vías de diálogo, la única alternativa es la resistencia armada. Este es uno de los hechos de este conflicto que Witkoff haría bien en comprender.

Witkoff sugirió que Gaza era el único escollo y no mencionó en absoluto la Cisjordania ocupada. Pero si la operación israelí en Cisjordania continúa, ningún líder árabe podrá respaldar los Acuerdos de Abraham.

Witkoff necesitaba vivir la experiencia de la Plaza de los Rehenes para sentirse espiritual. Yo le aconsejaría que escuchara lo que otros líderes espirituales están diciendo a los musulmanes que hagan, antes de calcular su próximo movimiento.

Debería prestar atención a lo que dijo el imán principal y presidente de la Gran Mezquita de La Meca, Abdul Rahman al-Sudais, durante las oraciones del jueves de la semana pasada: «Oh Todopoderoso, haz justicia con los opresores ocupantes sionistas. Oh Dios, fulmínalos, pues no están más allá de tu poder».

Palabras como éstas canalizan la ira en el corazón de todo árabe. Si Witkoff piensa que calmando, o más bien reprimiendo, a la población de Gaza apagará este grado de odio en los corazones árabes, está viviendo en una fantasía.

Sembrar la semilla

Cada vez que los pueblos árabes han sido golpeados, han respondido. La guerra de 1948 y el establecimiento de Israel fue un gran golpe. Egipto tardó cuatro años más en derrocar al rey y establecer una república. En 1977, el entonces presidente Anwar Sadat fue a Jerusalén para abrir un nuevo capítulo. Cuatro años después, había muerto. Su sucesor, Hosni Mubarak, fue derrocado sólo dos años después de la guerra israelí de 2008-09 contra Gaza.

Esto es lo que seguramente tiene en mente el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman cuando advierte a los estadounidenses de que, aunque a él le parece bien la normalización con Israel, no así a su pueblo.

Cada intento en la historia de este conflicto de declarar la paz sin lograr un acuerdo justo para el pueblo palestino ha sembrado las semillas para otro capítulo de conflicto más adelante.

Lo que Netanyahu y Trump están sembrando hoy es una conflagración regional de dimensiones mucho mayores. Todo lo que hacen y dicen debilita las manos de los dictadores de los que dependen Israel y Estados Unidos.

Los Estados del Golfo son vistos por Trump como vacas lecheras. Arabia Saudí ha declarado que invertirá 1 billón de dólares en la economía estadounidense, y los EAU 1,4 billones. Kuwait está siendo intimidado para que aporte dinero. Nadie, excepto Israel, tiene potestad de acción.

Para los pueblos árabes, esto transmite un mensaje devastador. ¿Cómo es posible, se preguntan, que nuestros príncipes más ricos estén dispuestos a gastar 2 billones de dólares en Estados Unidos cuando ni siquiera pueden hacer llegar una botella de agua a Gaza? Sus gobernantes son impotentes o cómplices, o ambas cosas.

La calma que Witkoff intenta construir está muy lejos de ser estable. Al igual que todas esas bombas antibúnker que Israel ha estado perforando en Gaza, Trump está socavando cualquier resquicio de legitimidad que quede en todos los regímenes árabes que se doblegan ante él y Netanyahu.

En ese sentido, estoy de acuerdo con la valoración que hace Witkoff de su jefe. Trump es un verdadero revolucionario. Pero su revolución no tendrá el resultado que él pretende.

Foto de portada: El enviado estadounidense Steve Witkoff habla en la Casa Blanca en Washington, DC, el 3 de febrero de 2025 (Jim Watson/AFP).

Voces del Mundo

Deja un comentario