La amenaza israelí a la Siria post-Asad

Giorgio Cafiero, The New Arab, 14 abril 2025

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Giorgio Cafiero es consejero delegado de Gulf State Analytics. X: @GiorgioCafiero

Al tiempo que viola flagrantemente el derecho internacional y desprecia la soberanía de Siria, Israel ha bombardeado temerariamente el país y se ha apoderado ilegalmente por la fuerza de más territorio sirio.

Inmediatamente después del derrocamiento de Asad, la fuerza aérea y la marina israelíes comenzaron a llevar a cabo cientos de ataques, que acabaron con el resto del ejército del régimen caído.

Mientras muchos sirios en todo el país celebraban la caída de Asad, Tel Aviv no sólo mantuvo su control de los Altos del Golán ocupados, sino que las fuerzas terrestres israelíes usurparon rápidamente el control de más tierras en el suroeste de Siria, creando una «zona tampón». Israel sostiene que todo esto es necesario para proteger su seguridad nacional.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha exigido la desmilitarización del sur de Siria y ha advertido de que las fuerzas del nuevo gobierno sirio deben permanecer fuera de esta parte de Siria, mientras que el ministro de Defensa, Israel Katz, ha prometido mantener las fuerzas de ocupación de su país en Siria por tiempo indefinido. A finales de febrero, Katz declaró que Israel «no permitirá que el sur de Siria se convierta en el sur del Líbano».

Muchos observadores consideran que la conducta de Israel en la Siria posterior al cambio de régimen tiene más que ver con un impulso para frustrar la estabilidad, la reconstrucción y el desarrollo del país devastado por la guerra, que con algo relacionado con preocupaciones legítimas de seguridad.

«Desde la perspectiva de Siria, esto se parece menos a la defensa y más al irredentismo en un momento de vulnerabilidad nacional, y es difícil argumentar lo contrario», dijo a The New Arab (TNA) Yusuf Can, analista del Programa de Oriente Medio del Wilson Center.

En última instancia, lo que Israel busca por encima de todo es asegurarse de que Siria, independientemente de quién gobierne el país, nunca sea un Estado fuerte. A la luz de los acontecimientos regionales del año pasado, incluido el grave debilitamiento de Hizbolá en el Líbano y la caída de Asad en Siria, Israel busca crear nuevos hechos sobre el terreno en el Levante.

Bajo este orden impuesto por Israel, ningún actor estatal o no estatal estaría en condiciones de desafiar el dominio militar de Israel o de obligar a Tel Aviv a pagar un precio por su conducta genocida en Gaza, la expansión de su empresa colonial en Cisjordania o su beligerancia desquiciada en el Líbano.

«Israel ha actuado sistemáticamente para desestabilizar Siria con repetidos ataques y llamamientos a desmilitarizar la región meridional de Siria. Israel preferiría un vecino débil e inestable que no amenazara con contraataques o una contraofensiva más allá de la frontera», explicó Caroline Rose, directora del New Lines Institute, en una entrevista con TNA.

«Lo que Israel está intentando conseguir es básicamente enviar al gobierno de Damasco señales claras de que ‘somos enemigos, y nos gustaría que esa relación continuara como tal’. Creo que esto en realidad sirve a los intereses de Israel», declaró a TNA Karam Shaar, director de Karam Shaar Advisory Limited e investigador principal no residente del New Lines Institute.

«¿Qué es mejor que tener un país muy débil y fragmentado en el que pueden tener mucha retórica negativa contra ti, pero no pueden hacerte daño de verdad? No tienen capacidad para hacerte daño. Ese es el enemigo perfecto y todos los políticos necesitan un enemigo, obviamente un enemigo débil. Esto ayuda a los israelíes a buscar el apoyo de Estados Unidos. Les ayuda a buscar el apoyo de la UE presentándose como la víctima», añadió.

Uno de los principales objetivos de Israel tras los bombardeos y el robo de tierras en Siria es impedir que Turquía establezca una presencia militar en el país devastado por la guerra. [Getty]

Contrarrestar a Turquía en Siria

La posibilidad de que Turquía y la Siria post-Asad formen una alianza militar amenaza la visión de Israel sobre Siria y, por extensión, sobre el resto de Levante. En pocas palabras, a los planificadores israelíes les preocupa que Ankara pueda desempeñar un papel en la protección de Siria frente a la agresión de Tel Aviv, quizás hasta el punto de disuadir a Israel de llevar a cabo futuros ataques.

En este contexto, un objetivo clave de Israel detrás de sus bombardeos y robo de tierras en Siria es impedir que Turquía establezca una huella militar en el devastado país.

Funcionarios israelíes han venido acusando a Ankara de pretender convertir Siria en su «protectorado», al tiempo que han expresado su honda preocupación por las implicaciones de la profundización de la influencia turca en Siria. En las últimas semanas, Israel ha estado llevando a cabo ataques de destrucción de infraestructuras militares en Siria, lo que puede entenderse como la forma que tiene Tel Aviv de negar a Turquía la oportunidad de establecer un punto de apoyo militar en Siria.

Estratégicamente situada al oeste de Palmira, en el centro de Siria, la base aérea T4, que el régimen derrocado utilizó durante muchos años, une Damasco y Homs. Israel se ha empeñado en diezmar gran parte de esta base con recientes ataques aéreos. Tel Aviv también ha llevado a cabo operaciones militares contra infraestructuras de defensa sirias en otros lugares, como Damasco y Hama. En la práctica, la destrucción de esta infraestructura militar por parte de Israel sirve para socavar la capacidad de Ankara de transferir aviones no tripulados, equipos logísticos pesados y sistemas de defensa antiaérea a estas zonas de Siria.

En respuesta a estos ataques aéreos, el ministro de Asuntos Exteriores de Turquía, Hakan Fidan, criticó a Israel por alimentar la inestabilidad en la región «provocando el caos y alimentando el terrorismo». Llegó incluso a calificar a Israel de la amenaza más grave para la seguridad en Oriente Próximo.

«Israel ha intentado que Turquía se lo piense dos veces antes de establecer instalaciones militares permanentes y/o semipermanentes en Siria y profundizar sus lazos de defensa con el gobierno interino. Tras las informaciones de que Turquía estaba instalando sistemas de defensa antiaérea en la base T4, Israel llevó a cabo ataques contra la base T4, alegando Netanyahu que había una ventana limitada de ataque para evitar atacar activos militares turcos», afirmó Rose.

Sin embargo, Fidan subrayó que Turquía no está interesada en una confrontación con los israelíes y que el gobierno interino de Siria dirigido por Ahmed al-Sharaa podría establecer sus propias políticas en relación con Israel.

Curiosamente, Azerbaiyán, que mantiene relaciones muy estrechas con Turquía e Israel, acogió el 9 de abril conversaciones entre ambos países encaminadas a rebajar las fricciones entre Ankara y Tel Aviv respecto a la Siria posterior al cambio de régimen. Según la oficina de Netanyahu, «cada parte expuso sus intereses en la región, y acordaron continuar la vía del diálogo para mantener la estabilidad en materia de seguridad».

Al parecer, la delegación israelí en Azerbaiyán comunicó que la línea roja de Tel Aviv sería una base turca en la zona de Palmira. Un funcionario israelí dijo que frustrar esa actividad turca «es responsabilidad del gobierno de Damasco. Cualquier actividad que ponga en peligro a Israel amenazará el gobierno de al-Sharaa».

Al igual que Azerbaiyán, Estados Unidos es un estrecho aliado tanto de Turquía como de Israel, lo que da a Washington intereses creados en que Ankara y Tel Aviv enfríen sus tensiones en Siria. Dos días antes de que las delegaciones turca e israelí se reunieran en Azerbaiyán, el presidente Donald J. Trump abordó el papel de Turquía en la Siria post-Asad mientras Netanyahu estaba junto a él en el Despacho Oval.

Al alabar sus «magníficas relaciones» con el presidente Recep Tayyip Erdogan, Trump describió al presidente turco como un líder «duro» e «inteligente» que «hizo algo que nadie fue capaz de hacer». Con ello se refería a que Turquía fue, al menos a ojos de Trump, el país que orquestó el derrocamiento del régimen de Asad a finales del año pasado.

Trump continuó diciendo a Netanyahu: «Bibi, si tienes un problema con Turquía, creo realmente que vas a ser capaz de resolverlo. Tengo una relación muy, muy buena con Turquía y con su líder, y creo que podremos solucionarlo. Así que espero que no sea un problema. No creo que lo sea».

Aunque la Casa Blanca se está alineando muy estrechamente con Israel en la guerra de Gaza, la cuestión del papel de Turquía en la Siria post-Asad podría ser una fuente de tensión entre Trump 2.0 y Netanyahu. En contraste con el pensamiento israelí, que ve la agenda de Ankara en Siria como una grave amenaza para los intereses de Israel, Trump parece tener una actitud positiva respecto al papel de Turquía en el país.

Al menos por ahora, a pesar de los esfuerzos de Washington y Bakú para que disminuyan las fricciones entre Ankara y Tel Aviv, las tensiones relacionadas con Siria en las relaciones turco-israelíes no parecen estar a punto de resolverse. De hecho, poco después de que ambas delegaciones se reunieran en Azerbaiyán, Erdogan se dirigió al Foro Diplomático de Antalya y declaró que «Turquía no permitirá que Siria sea arrastrada a un nuevo vórtice de inestabilidad», al tiempo que acusaba a Israel de tratar de socavar la «revolución» que derrocó a Asad a finales del año pasado.

De cara al futuro, es probable que la dinámica resultante de esta lucha de poder turco-israelí frente a Siria influya mucho en la frágil transición del país devastado por la guerra y en su posición en el orden geopolítico de la región.

«Después de 2011, el débil y colapsado Estado sirio se convirtió en un campo de batalla para países como Qatar, Arabia Saudí, Irán y Rusia. Ahora, en las nuevas circunstancias, el país se ha convertido en una zona de competencia entre Turquía e Israel», declaró a TNA el Dr. Mehran Kamrava, profesor de Gobierno en la Universidad de Georgetown, en Qatar.

«En el proceso, ninguna de las partes quiere un conflicto abierto, ni quieren enemistarse con Estados Unidos. Los ataques militares israelíes en Siria tienen por objeto aumentar los costes logísticos de estacionar tropas turcas en el país y garantizar que las instalaciones queden inutilizadas para cualquier futuro fin militar», añadió.

Las fuerzas terrestres israelíes usurparon rápidamente el control de más tierras en el suroeste de Siria tras la caída de Asad, creando una «zona tampón». [Getty]

Mantener un Irán débil en Siria y comprometer a los drusos

A pesar de que la caída de Asad provocó un drástico descenso, si no la eliminación total, de la influencia iraní en Siria, la política exterior de Israel hacia Siria sigue estando muy centrada en Irán. Garantizar que Siria no vuelva a ser nunca más un país que sirva de conducto de armas para Hizbolá, ni un país que proporcione al grupo libanés respaldado por Teherán alguna profundidad estratégica, es una gran prioridad para los responsables políticos israelíes.

«Aunque el nuevo gobierno suní de Damasco no es partidario de Teherán, Israel no quiere correr riesgos. Ha estado atacando presuntos activos vinculados a Irán y restos del antiguo oleoducto de Hizbolá. Desde la perspectiva de Tel Aviv, no se puede permitir que Siria vuelva a ser un corredor de armas o un punto de apoyo estratégico para Irán», declaró Can a TNA.

Tel Aviv está decidido a establecer una zona de seguridad en Siria que pueda proteger a Israel de cualquier grupo considerado hostil, ya sean grupos vinculados a Irán o fuerzas respaldadas por Turquía vinculadas al nuevo gobierno sirio. Esto nos lleva al acercamiento de Israel a los drusos, que forma parte de la búsqueda de Tel Aviv de «anclar ese amortiguador», señaló Can.

«A largo plazo, Israel quiere algo más que un éxito táctico. Trata de convertir la Siria de posguerra en un Estado que reconozca las líneas rojas de seguridad de Israel e, idealmente, incluso su control del Golán. Al conquistar terreno ahora, apuesta por poder negociar más tarde: ceder partes de la zona tampón a cambio de garantías, tal vez incluso de reconocimiento», declaró a TNA.

Sin embargo, por mucho que Israel parezca estar logrando actualmente cierto éxito en Siria, existen algunos riesgos que Tel Aviv asume. Al apoderarse de más territorio sirio y bombardear partes del país mientras intenta apuntalar los vínculos de Israel con la minoría drusa siria, algunos expertos advierten de que ese enfoque tiene posibilidades de ser contraproducente.

«Hasta ahora, la búsqueda de Israel para dar forma a la Siria post-Asad parece estar funcionando. Israel controla el sur de Siria, Irán ha sido expulsado, Turquía se mueve con cautela y Damasco no puede dar marcha atrás. Pero hay un problema. Mantener ese territorio a largo plazo es arriesgado. Algunos grupos drusos ya están descontentos con el control israelí y se han producido enfrentamientos. La misma estrategia que hoy asegura la frontera podría ser contraproducente si aliena a los aliados locales o une a los sirios. La presión internacional también podría aumentar. Rusia aún tiene tropas en Siria y puede que no tolere una presencia israelí permanente», declaró Can a TNA.

Con independencia de cómo se desarrolle esta dinámica, está claro que Israel ve sus intereses regionales favorecidos por la profundización de las divisiones étnicas y religiosas de Siria con el fin de atenuar las perspectivas de un Estado sirio fuerte y unificado que surja de la caída de Asad. Si las facciones drusas de Suweida acaban consiguiendo una zona autónoma, este hecho podría sentar un precedente que llevara a otras comunidades minoritarias a intensificar sus propias demandas de autonomía.

Este enfoque de Siria, en el que Tel Aviv busca la fragmentación del país árabe, está profundamente arraigado en la historia de Israel. La doctrina de la «alianza de minorías» de la política exterior israelí, en la que Tel Aviv se ha comprometido con comunidades minoritarias de países árabes como Líbano, Iraq y Sudán, se remonta a muchas décadas atrás.

Normalización

Existe un deseo por parte de Washington de que Siria e Israel se normalicen. El enviado de Trump a Oriente Medio, Steve Witkoff, lo ha dejado claro. Si el nuevo gobierno de Siria entrara en los Acuerdos de Abraham, habría que entenderlo en el contexto de las debilidades del país y del deseo de Damasco de ganar legitimidad a ojos de EE. UU. y otras potencias occidentales.

El levantamiento de las sanciones estadounidenses y europeas parece ser una prioridad absoluta para Sharaa y sus allegados. Para ello es necesario mejorar la imagen del gobierno sirio dominado por HTS en Washington y las capitales europeas. Por tanto, no es necesariamente impensable que esa presión occidental e israelí empuje a Damasco a aceptar una normalización de algún tipo con Tel Aviv.

«Los nuevos dirigentes sirios han mostrado una clara falta de voluntad, o incapacidad, para expresar una gran preocupación por los ataques israelíes en el país o por el robo de material militar sirio. Parece que, al menos por ahora, Damasco está más interesado en consolidar el poder político que en defender los intereses nacionales del país. Si este es realmente el caso, con suficientes incentivos económicos y diplomáticos por parte de Washington, es posible que veamos una normalización de las relaciones entre Siria e Israel», dijo el Dr. Kamrava a TNA.

No obstante, el gobierno de Sharaa tendría que pagar un alto coste si Damasco acepta la normalización con Israel.

Según Shaar, si Israel estuviera dispuesto a llegar a un acuerdo de paz con Damasco, Sharaa sería «muy reacio» a aceptarlo. Esto se debe a que el presidente sirio «conoce la reacción contra un acuerdo de paz de este tipo -a menos que Siria obtenga… la totalidad del territorio ocupado por Israel en Siria, que no creo que Israel ofrezca- eso pondría a Ahmed Sharaa en una posición muy difícil… e insostenible».

La agresión israelí contra la Siria post-Asad «ha cerrado cualquier posibilidad real de normalización con Damasco, al menos a corto plazo», afirmó Can, quien sostiene que la ocupación israelí continuada de territorio sirio «deja fuera de la mesa» las conversaciones de paz sirio-israelíes, a pesar de que Sharaa haya expresado una «apertura general» a la normalización con Tel Aviv.

«Los Altos del Golán siguen siendo el obstáculo central. Como dijo Sharaa en febrero, la cuestión es sencillamente demasiado ‘delicada’ desde el punto de vista político como para siquiera abordarla mientras el territorio sirio siga bajo control israelí. E Israel no sólo ha mantenido el Golán, sino que se ha expandido aún más», dijo a TNA.

«Cada misil que alcanza suelo sirio refuerza la ira pública y hace que la normalización sea políticamente suicida para Damasco. Ningún dirigente sirio, especialmente uno que intente consolidar la legitimidad de posguerra, puede hablar de paz mientras los aviones israelíes bombardean el país. En resumidas cuentas: la normalización no se producirá a corto plazo», concluyó Can.

«A partir de abril de 2025, el camino a seguir se parece más a un punto muerto que a un proceso de paz».

Voces del Mundo

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