Jeremy Scahill y Jawa Ahmad, Drop Site News, 25 abril 2025
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Jeremy Scahill es periodista de Drop Site News y fue cofundador de The Intercept. Es reportero de investigación, corresponsal de guerra y autor de “Dirty Wars: The World Is a Battlefield” y “Blackwater: The Rise of the World’s Most Powerful Mercenary Army”. Ha informado desde Afganistán, Iraq, Somalia, Yemen, Nigeria, la antigua Yugoslavia y otros lugares del mundo.

Jawa Ahmad es investigador de temas de Oriente Próximo en Drop Site News.
Una delegación de Hamás se encuentra esta semana en El Cairo para mantener conversaciones con mediadores internacionales con el fin de reactivar el acuerdo de alto el fuego en Gaza, que Israel destruyó unilateralmente el mes pasado al reanudar sus bombardeos de tierra quemada sobre el enclave. Según un borrador interno distribuido por los mediadores egipcios y obtenido por Drop Site, se ha presentado a Hamás una propuesta a corto plazo, de 45 días de duración, para iniciar conversaciones sobre un alto el fuego permanente. Parece descartar elementos cruciales del marco del acuerdo original en tres fases firmado por Hamás e Israel en enero, que habría supuesto la retirada completa de las fuerzas israelíes de Gaza y la declaración de un “alto el fuego permanente”. El nuevo borrador de propuesta incluye cambios significativos que es poco probable que Hamás acepte, entre ellos el desarme de Gaza.
Según el borrador de la propuesta, tras la firma del acuerdo, Israel cesaría sus ataques militares y sobrevuelos y Hamás liberaría inmediatamente al ciudadano con doble nacionalidad estadounidense-israelí Edan Alexander “como gesto especial hacia Estados Unidos”. Alexander, de 21 años y natural de Nueva Jersey, se alistó en la Brigada Golani del ejército israelí en 2022, tras terminar el instituto. Fue hecho cautivo por combatientes palestinos que irrumpieron en el “puesto de avanzada White House”, la base militar israelí cerca del kibutz Nirim donde Alexander estaba destinado, el 7 de octubre de 2023. En el segundo día del acuerdo, Hamás liberaría a cinco israelíes cautivos vivos a cambio de 66 palestinos que cumplen cadena perpetua y otros 611 que fueron capturados por Israel en Gaza durante los últimos 18 meses. “Estos prisioneros serán liberados simultáneamente según un mecanismo acordado, sin desfiles ni ceremonias públicas”, según el borrador.
Tras ese intercambio inicial, el ejército israelí comenzaría a retirar sus fuerzas de Rafah y del norte de Gaza. Según el acuerdo original, Israel debía iniciar la retirada total de sus fuerzas al final de la primera fase. Sin embargo, según el nuevo borrador egipcio, Israel sólo volvería a situar sus fuerzas en el punto en el que se encontraban el 2 de marzo, dejándolas atrincheradas en varias posiciones en Gaza sin un calendario claramente definido para la retirada total.
El acuerdo establece que, al séptimo día, las fuerzas israelíes se replegarán al este de la calle Salah al-Din, la principal vía norte-sur que recorre todo el enclave, permitiendo la libertad de movimiento de los civiles, sin restricciones, a través del corredor de Netzarim.
Israel también levantaría su bloqueo de espectro completo sobre la Franja el segundo día del acuerdo y se reanudaría el flujo de ayuda humanitaria en virtud de “un protocolo humanitario acordado”. Esto incluiría la entrega de una cantidad no especificada de equipos y suministros para establecer refugios para los desplazados. “Se establecerá un mecanismo acordado para garantizar que la ayuda llegue sólo a civiles”, según el borrador. Israel ha prohibido totalmente la entrada en Gaza de alimentos, combustible, medicamentos y otros productos humanitarios desde el 2 de marzo, un día después de que expirara la primera fase del acuerdo original.
Al tercer día del acuerdo propuesto, comenzarían las negociaciones supervisadas por mediadores internacionales “sobre los acuerdos necesarios para un alto el fuego permanente”. Este proceso, según el documento, debería completarse en 45 días, aunque podría ampliarse mediante el intercambio de más cautivos. Al final de las negociaciones, todos los 59 cautivos israelíes restantes, vivos y muertos, serían devueltos a Israel y un gran número de palestinos retenidos por Israel serían liberados. “Los mediadores (Estados Unidos, Egipto y Qatar) harán todo lo posible para garantizar la finalización de las negociaciones mencionadas con el fin de alcanzar un acuerdo sobre las disposiciones para un alto el fuego permanente, de conformidad con su compromiso de lograr este objetivo”, según el documento.
Es en este punto —las condiciones para un cese del fuego permanente— donde Hamás e Israel se encuentran en total oposición. El borrador actual pide en realidad a Hamás que acepte la continuación de la ocupación militar de Gaza y el desarme. Aunque el acuerdo original de alto el fuego estipulaba la retirada total de las fuerzas israelíes de Gaza en la segunda fase, el nuevo borrador egipcio sólo se refiere al “redespliegue militar israelí” y a un “perímetro de seguridad” acordado. En lo que seguramente será el tema más polémico desde la perspectiva de Hamás, el documento también pide la “desmilitarización de la Franja de Gaza”, aunque no define qué significa eso en términos prácticos. Hamás ha mantenido que no depondrá las armas hasta que se establezca un camino irrevocable hacia un Estado palestino y se cree una fuerza militar nacional. El primer ministro Benjamin Netanyahu ha dicho repetidamente que no aceptará poner fin al genocidio a menos que Hamás se rinda, se desarme y exilie a sus líderes.
El borrador reemplazaría el acuerdo firmado en enero y lo reemplazaría con un proceso poco definido para continuar las negociaciones a fin de lograr un “alto el fuego permanente”.
En caso de llegarse a un acuerdo, la definición de desarme será el factor determinante. Aunque algunos informes de prensa han sugerido que los mediadores han propuesto que Hamás almacene sus armas dentro de Gaza como parte de un acuerdo, no habrá mucho que pueda impedir que Israel ataque esos depósitos de armas. “Creo que la idea de que entreguen las armas a un tercero neutral o al propio Israel es una hazaña prácticamente imposible de lograr por parte de Hamás”, dijo Abdaljawad Omar, profesor adjunto de la Universidad Birzeit en la Cisjordania ocupada. No sólo por principios o ideología, sino también por pragmatismo realista sobre lo que significa entregar las armas ante un Estado que ya ha declarado que quiere llevar a cabo una limpieza étnica en Gaza y garantizar que Gaza esté controlada directamente por el ejército israelí.
Omar añadió: “A ningún líder político le resultaría fácil conseguir que los combatientes sobre el terreno depongan las armas, a pesar de la disciplina. Esto significaría una ruptura histórica con lo que Hamás representa como grupo de resistencia islámica y una transformación completa que no creo que los grupos de resistencia estén dispuestos a aceptar”.
La propuesta impulsada por los mediadores egipcios y qataríes se presenta como un acuerdo “puente”; un acuerdo temporal destinado a que Hamás e Israel vuelvan a las negociaciones que podrían poner fin a la guerra. En realidad, el borrador reemplazaría el acuerdo original firmado en enero y lo reemplazaría con un proceso poco definido para continuar las negociaciones a fin de lograr un “alto el fuego permanente”. Los responsables de Hamás han dicho constantemente que respetarán el marco del acuerdo de enero y han rechazado los intentos de Israel de crear nuevos términos o imponer nuevas demandas. Sin embargo, los negociadores de Hamás han expresado su voluntad de participar en un acuerdo temporal con la condición de que Israel regrese al marco original firmado el 17 de enero.
Las conversaciones en El Cairo y la nueva propuesta se producen apenas días después de que el primer ministro y el ministro de Asuntos Exteriores de Qatar mantuvieran una serie de reuniones en Washington D.C. con altos funcionarios estadounidenses, incluido el secretario de Estado Marco Rubio.
Aunque la propuesta actual se alinea en gran medida con la que Hamas acordó el 29 de marzo y que Israel rechazó, los nuevos términos relacionados con el desarme y la falta de un camino claro para completar la retirada israelí de Gaza probablemente encontrarán una fuerte resistencia por parte de los negociadores de Hamas. “No creo que la resistencia esté de acuerdo con esto, pero en este momento hay una enorme presión ejercida sobre ellos desde diferentes partes, incluidos Qatar y Egipto”, dijo Sami Al-Arian, académico palestino y director del Centro para el Islam y Asuntos Globales de la Universidad Zaim de Estambul. “En Hamás no son tontos. No van a liberar a estos cautivos a menos que haya algún tipo de acuerdo que implique no sólo una tregua, sino el fin de la guerra y la retirada total. Ese ha sido el dilema. Israel no está interesado en eso y Hamás no estaría interesado en liberar a los cautivos”.
Como el presidente Donald Trump tiene programado viajar a Medio Oriente a mediados de mayo, Israel podría enfrentar la presión de Estados Unidos para llegar a un acuerdo que detenga el ataque militar y humanitario a Gaza y permita la liberación de los cautivos israelíes, lo que ofrecería a Trump una victoria que puede reclamar cuando se reúna con los gobernantes de Arabia Saudí, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos.
Trump, señaló Al-Arian, “no quiere que la guerra genocida se desarrolle en la región mientras visita importantes países en su intento de recaudar billones de dólares en la venta de armas y otros acuerdos comerciales. Por eso quieren que se desatasque”, dijo. “Quieren que Edan Alexander sea liberado y tampoco quieren prometer el fin de la guerra, dando la impresión de que se está llevando a cabo una negociación seria, lo cual no es el caso”.
Una “hudna”
Mientras participan en conversaciones centradas en un acuerdo puente, los líderes de Hamás han buscado, durante meses, una segunda vía diplomática más ambiciosa. El grupo ha dicho repetidamente a los mediadores estadounidenses, egipcios y qataríes que aceptaría un acuerdo integral que incluyera la liberación inmediata de todos los cautivos israelíes detenidos en Gaza, a cambio del fin de la guerra, el levantamiento del bloqueo y la retirada israelí de Gaza. El plan, conocido como una resolución de “todos por todos”, también incluiría la liberación de un gran número de palestinos retenidos por Israel y una tregua de largo plazo, conocida en árabe como hudna, que duraría al menos cinco a diez años.
Como parte de esta propuesta, Hamas renunciaría oficialmente como autoridad gobernante en Gaza y permitiría que un organismo técnico interino independiente, dirigido por palestinos, administre el territorio durante una fase de transición de reconstrucción antes del regreso a las elecciones democráticas. Hamás seguirá negándose a entregar sus armas a menos que se establezca una fuerza militar palestina capaz de defender Gaza.
Después de que Trump ganó las elecciones estadounidenses, su enviado especial Steve Witkoff asumió el papel principal para garantizar que se implementara un acuerdo de alto el fuego e intercambio de cautivos antes de la toma de posesión. Bajo presión de Trump, Netanyahu aceptó a regañadientes los términos que Hamás había acordado en julio de 2024, aunque no ocultó su intención de reanudar la guerra en el futuro.
Cuando el enviado especial de Trump para los rehenes, Adam Boehler, inició conversaciones directas con Hamás en febrero, el movimiento empezó a plantear el concepto de hudna como una forma en que Trump podría poner fin definitivamente a la guerra. Hamás, dijo Boehler a la televisión israelí el 9 de marzo, “ofreció un acuerdo que incluye la liberación de todos los prisioneros de ambos lados, incluido un alto el fuego de cinco a diez años, en el que Hamás se desarme y Estados Unidos, junto con otros países, ayude a garantizar que no haya más túneles, no más actividad militar y que Hamás ya no participe en la política”. Aunque Hamas cuestionó algunas de las afirmaciones específicas de Boehler, principalmente sobre el tema de su desarme, responsables de Hamas declararon a Drop Site que estaban intrigados por escuchar a un enviado de Estados Unidos. El presidente da crédito a la idea de una resolución de estilo ómnibus.
La idea de una hudna no es nueva: incluso antes de ganar las elecciones palestinas de 2006 y posteriormente consolidar su dominio de la Franja de Gaza, los líderes de Hamás habían sugerido un acuerdo de ese tipo con Israel y continuaron haciéndolo en las décadas siguientes. Israel rechazó todas esas ofertas.
Al-Arian no cree que Israel acepte una hudna, ni cualquier acuerdo a largo plazo con Hamas, por diversas razones: desequilibrio de poder, falta de confianza debido a una larga historia de acuerdos violados, y que Hamas es visto por Israel como un actor no estatal con solo docenas de rehenes como palanca. Además, el gobierno de extrema derecha israelí ha dejado claro que no tiene ningún interés en ningún acuerdo de paz con los palestinos, particularmente con Hamás. “El problema es que, si hubiera gente racional dentro del establishment israelí del otro lado, tal vez se podría hacer algo”, dijo Al-Arian. Israel negocia con Hamás por la sencilla razón de que cuenta con el único tribunal que obligará a Israel a negociar con él para liberar a los cautivos. Si Hamás no tuviera cautivos ni prisioneros, no habría negociación. Solo habría exigencias.
En un discurso pronunciado el 17 de abril, el principal negociador de Hamás, el Dr. Khalil Al-Hayya, reiteró la disposición del movimiento a iniciar estas “negociaciones sobre un paquete integral”. Hizo hincapié en la oposición de Hamás a los acuerdos parciales, que, según dijo, “son explotados por Netanyahu y su gobierno como una tapadera para su agenda política, que se basa en la continuación de una guerra de genocidio y hambruna, aunque el precio sea sacrificar a todos sus propios prisioneros”.
Apenas dos días después del discurso de Al-Hayya —y un día después de que las familias de los cautivos israelíes pidieran a su gobierno que aceptara la oferta de Hamás—, Netanyahu rechazó formalmente cualquier acuerdo que garantizara el fin de la guerra sin la rendición total de Hamás. En cambio, el gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu ha pasado las últimas siete semanas librando una campaña para despojar a los palestinos de Gaza de su derecho a la autodefensa y la autodeterminación. Desde el 2 de marzo, Israel ha impuesto un bloqueo de espectro total sobre la Franja de Gaza, alegando que su castigo colectivo a 2 millones de personas (a través de la negación de alimentos, medicinas y otros suministros a la Franja) pretende ser una campaña de presión contra Hamás. El 18 de marzo, Israel reanudó su ataque genocida, matando a más de 2.000 palestinos, la mayoría de ellos niños y mujeres.
La posición de Israel exige que Hamás se desarme completamente, que sus líderes se exilien y se rindan formalmente como condición para detener el genocidio. “Poner fin a la guerra en esos términos enviaría a todos los enemigos de Israel el mensaje de que, secuestrando israelíes, el Estado de Israel puede ser doblegado, que puede ser derrotado”, declaró Netanyahu en un discurso grabado en video el 19 de abril. “Las condiciones de rendición que Hamás ha propuesto no son nuevas. Las exige una y otra vez en cada acuerdo de liberación. Pero ¿qué líder israelí responsable podría aceptarlas después del 7 de octubre? Yo, desde luego, no”. Netanyahu afirmó que aceptar estos términos impediría la realización de “la importante visión del presidente Trump”, refiriéndose al plan de Trump para que Estados Unidos tome el control de Gaza y desplace por la fuerza a sus residentes.
Cualquier alto el fuego que carezca de garantías reales para el fin de la guerra, la retirada completa, el levantamiento del asedio y la reconstrucción será una trampa política que perpetúa la ocupación en lugar de resistirla.
Aunque el acuerdo original, firmado el 17 de enero y puesto en vigor dos días después, exigía la retirada completa de las fuerzas de ocupación israelíes y negociaciones técnicas para lograr una tregua a largo plazo en una segunda fase, Israel comenzó a exigir que Hamás y otros grupos de resistencia palestinos aceptaran desarmarse completamente y liberar a todos los cautivos israelíes sin garantías de que sus fuerzas abandonaran Gaza o de que su guerra genocida fuera a cesar.
“Rechazamos la lógica que exagera el uso del arma primitiva de la víctima, destinada únicamente a la autodefensa, en un momento en que Estados Unidos anuncia la entrega de un gran lote de armas letales y bombas pesadas a la ocupación asesina, que se lanzan sobre las cabezas de nuestro pueblo indefenso”, declararon Hamás y otros grupos de la resistencia palestina en un comunicado conjunto el 15 de abril. “Cualquier alto el fuego que carezca de garantías reales para el fin de la guerra, la retirada completa, el levantamiento del asedio y la reconstrucción será una trampa política que perpetúa la ocupación en lugar de resistirla”.
El 23 de abril, Mahmud Abbas, el profundamente impopular líder de 89 años de la Autoridad Palestina con sede en Ramalah, pronunció un discurso en el que atacó a Hamas y se hizo eco de las demandas de Estados Unidos e Israel de que Hamas desarme y libere a todos los cautivos israelíes. “Hijos de perra, entreguen lo que tienen y sáquennos de esto”, dijo Abbas en un discurso ante el Consejo Nacional Palestino. “Hamás ha dado excusas a la ocupación criminal para cometer sus crímenes en la Franja de Gaza, siendo la más destacada la toma de rehenes. ¿Por qué los han tomado como rehenes? Soy yo quien paga el precio, nuestro pueblo es quien paga el precio, no Israel”. Exhortó a Hamás a “entregar sus armas a las instituciones de la Autoridad Palestina y poner fin a su dominio en Gaza”.
Los comentarios de Abbas seguramente tendrán poco peso entre los palestinos, muchos de los cuales ven a su administración como un colaborador de la ocupación israelí. “Abás vive en un mundo de fantasía. Hay una especie de surrealismo porque el discurso israelí es bastante claro. El propio Netanyahu dijo que incluso con el desarme, seguirá habiendo limpieza étnica”, dijo Omar, profesor de Birzeit. “O bien no interpreta la realidad como debería, o bien cree que los israelíes simplemente están llevando a cabo esta guerra como moneda de cambio en las negociaciones”.
Varios políticos y facciones palestinas prominentes boicotearon la reunión donde Abbas lanzó su ataque contra Hamás. Una abrumadora mayoría de palestinos de todo el espectro político desea desde hace tiempo que Abbas renuncie. En los últimos meses, las fuerzas de seguridad de la AP han ayudado a Israel en sus ataques generalizados contra los combatientes de la resistencia en la Cisjordania ocupada. “Nuestro pueblo palestino merece un liderazgo nacional unido que esté a la altura de sus inmensos sacrificios, se mantenga leal a sus derechos y fiel a la sangre de los mártires, no un liderazgo que coordine la seguridad con la ocupación, ceda a dictados externos, se rija por el unilateralismo y perpetúe el fracaso y la división”, afirmó Hamás en un comunicado en respuesta a las declaraciones de Abbas. “Abbas, reiterada y sospechosamente, culpa a nuestro pueblo de los crímenes de la ocupación y de sus constantes agresiones”, añadió Basem Naim, miembro de la oficina política de Hamás, en un comunicado.
Si bien los palestinos tienen opiniones diversas sobre Hamás como entidad política, el derecho a la resistencia armada se considera desde hace mucho tiempo un derecho fundamental, según las encuestas de opinión pública. Un alto funcionario de Hamás dijo a Drop Site que el ala armada del grupo, las Brigadas Al Qassam, algún día podrían integrarse en un ejército nacional. Citó el ejemplo de uMkhonto weSizwe, el brazo armado del Congreso Nacional Africano en Sudáfrica, que pasó a formar parte de las Fuerzas de Defensa Nacional de Sudáfrica después de la derrota del apartheid.
En una entrevista con Al-Jazeera Mubasher, el funcionario de Hamas Taher Al-Nunu reiteró este punto. “La resistencia y sus armas persistirán mientras persista la ocupación israelí, hasta que ésta termine y se produzca la retirada israelí de todo nuestro territorio palestino, se establezca nuestro Estado y recuperemos nuestros derechos”, afirmó. “Después de eso, la resistencia pasará a formar parte del ejército del pueblo palestino y de sus componentes oficiales”.
Al-Nunu citó tres ejemplos históricos en los que los palestinos entregaron sus armas: durante la Nakba de 1948, antes de la masacre de Sabra y Shatilla en el Líbano en 1982 y después de los Acuerdos de Paz de Oslo de 1995. En los tres casos, los palestinos fueron objeto de constantes ataques contra la población civil y de una expansión de la ocupación israelí. “Estas experiencias son suficientes para que digamos que los palestinos no pueden tolerar esto y ni siquiera pueden pensar en entregar sus armas”, afirmó Al-Nunu. “El sufrimiento es grande, el dolor es inmenso, pero todas las leyes establecen que mientras dure la ocupación, la resistencia debe permanecer”.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habla con el presidente estadounidense Donald Trump durante una reunión en la Oficina Oval de la Casa Blanca el 7 de abril de 2025 (Foto de Kevin Dietsch/Getty Images).
“Un millón de líneas rojas”
Desde el momento en que se firmó el acuerdo de alto el fuego en enero, Netanyahu dejó claro que no iba a acatar sus términos. Prometió a su gabinete que había recibido garantías de las administraciones de Biden y Trump de que Israel podría continuar su guerra contra Gaza si determinaba que el alto el fuego ya no favorecía los intereses de Israel. Netanyahu describió el acuerdo de tres fases como sólo una de ellas destinada a liberar a tantos cautivos israelíes como sea posible, sin asumir ningún compromiso de retirar las fuerzas israelíes o poner fin a la guerra. Israel violó repetidamente los términos del acuerdo y mató a más de 130 palestinos durante la primera fase de 42 días.
Netanyahu se negó a enviar negociadores para ultimar los detalles técnicos de la segunda fase, durante la cual todos los cautivos israelíes restantes, vivos y muertos, serían intercambiados por palestinos retenidos por Israel. Fue durante esta fase que Israel debía retirar todas sus fuerzas como parte de una “calma sostenible” que allanaría el camino para un esfuerzo de reconstrucción masivo en Gaza y la creación de un órgano de gobierno de posguerra para la Franja. En cambio, el 2 de marzo, Israel impuso un bloqueo total de todos los bienes, incluidos alimentos y medicinas, en Gaza.
El 29 de marzo, Hamás anunció que había aceptado el marco de acuerdo propuesto por los mediadores regionales. Se basaba en gran medida en una propuesta esbozada por Witkoff, quien la caracterizó como un plan-puente en el camino de regreso a negociaciones más sólidas. Exigía la liberación de cinco cautivos israelíes vivos, entre ellos Alexander, ciudadano estadounidense con doble nacionalidad, a cambio de una tregua temporal de 50 días y la reanudación de las negociaciones para la implementación de la segunda fase del acuerdo de alto el fuego de enero. Israel respondió con una contrapropuesta que, según afirmó, se hizo “en plena coordinación con Estados Unidos”, exigiendo la liberación inmediata de un mayor número de cautivos y sin ofrecer ningún compromiso de poner fin al genocidio.
Al día siguiente, Netanyahu pronunció un discurso ante su gabinete. “Hamás depondrá las armas. Sus líderes podrán marcharse. Velaremos por la seguridad general en la Franja de Gaza y permitiremos la realización del plan de Trump para la migración voluntaria”, declaró Netanyahu el 30 de marzo, en referencia a la amenaza de Trump de tomar Gaza y expulsar a los palestinos de su territorio. “Este es el plan. No lo ocultamos y estamos dispuestos a discutirlo en cualquier momento”.
Israel había respondido rápidamente con un nuevo conjunto de demandas que sabía que Hamás no aceptaría y dejó en claro que incluso si Hamás aceptaba liberar más cautivos israelíes que lo estipulado en el acuerdo original, no volvería al marco que Israel firmó (y Estados Unidos garantizó) en enero.
“Lo que ofrece Netanyahu no es un acuerdo de alto el fuego, sino un acuerdo de rendición. Eso es lo que quiere”, afirmó Sami Abu Zuhri, un alto funcionario de Hamás. “Está imponiendo estas condiciones imposibles para frustrar cualquier acuerdo de alto el fuego. La verdad, que quedó clara y sigue estando clara, es que Netanyahu no quiere llegar a ningún acuerdo. Quiere llegar al extremo de esta criminalidad”.
Y durante la semana siguiente, Israel continuó con sus bombardeos de tierra arrasada sobre Gaza e incrementó sus amenazas de apoderarse “permanentemente” de tierras palestinas. Amplió su control sobre la ciudad sureña de Rafah a lo largo de la frontera con Egipto y anunció un nuevo “corredor” controlado por Israel. El ministro de Defensa de Israel reiteró que Israel continuará utilizando el hambre como arma de guerra en un esfuerzo por castigar colectivamente a los palestinos de Gaza. “No está previsto que entre ayuda humanitaria en Gaza”», afirmó Israel Katz, anunciando que “impedir que la ayuda humanitaria entre en Gaza es una de las principales palancas de presión”.
Desde la perspectiva de los responsables de Hamás, habían aceptado una oferta, basada en un concepto estadounidense, que se extendía más allá del alcance del acuerdo original, una medida que Hamás había mantenido previamente que no tomaría. Los funcionarios de Hamás creían que esto demostraría a la administración Trump que estaba actuando de buena fe para volver a poner en marcha el acuerdo original.
A principios de abril, los funcionarios israelíes comenzaron a impulsar la idea de que estaban surgiendo señales positivas de las recientes discusiones entre Hamás y mediadores de Egipto y Qatar, diciendo que Tel Aviv respaldaría lo que se describió como una “propuesta egipcia”. Los medios de comunicación israelíes y árabes afirmaron que Egipto había dejado en claro que Hamás debe desarmarse como parte de cualquier acuerdo que conduzca al fin de la guerra. Steve Witkoff, enviado especial del presidente Donald Trump, se hizo eco de los sentimientos optimistas y dijo a las familias de los cautivos israelíes el 10 de abril que había “un acuerdo muy serio sobre la mesa: es cuestión de días”.
Pero nada de esto era cierto.
En ese momento, Drop Site contactó a varios funcionarios de Hamás y otros palestinos involucrados en las negociaciones, y todos afirmaron que nada había cambiado desde el 29 de marzo. “No hemos recibido ninguna oferta nueva desde la última que recibimos y anunciamos nuestra aceptación en ese momento”, declaró Al-Nunu, de Hamás. La ocupación había hecho descarrilar [un acuerdo] y rechazado cualquier tipo de negociación durante el último período, mientras sus medios de comunicación hablaban de avances, ofertas y logros. Esto significa que practicaba el engaño y la desinformación mediática para encubrir sus crímenes, especialmente el asedio a la Franja de Gaza y la negación de alimentos y agua a dos millones de palestinos.
Al-Nunu y otros funcionarios de Hamás dijeron que lo que en realidad se presentaba como una nueva propuesta de Egipto era en realidad un conjunto de nuevas demandas israelíes, incluido el desarme de la resistencia palestina como condición para un cese del fuego temporal. Hay una gran diferencia entre decir que la ocupación presentó una oferta y decir que hubo una oferta de los mediadores. Hubo una oferta de los mediadores a ambas partes, que Hamás aceptó, pero la ocupación la rechazó», dijo Al-Nunu. “La ocupación quiere retirarse del acuerdo y alega que presenta una oferta. Esto no es una oferta, es una desviación del acuerdo, es un intento de engañar a la opinión pública”.
Al-Arian dijo que los israelíes saben que los suministros de armas a Hamás se han degradado significativamente en los últimos 18 meses y que Israel insiste en el desarme total porque sabe que Hamas lo rechazará. “Una vez que Hamás firme un alto el fuego o una tregua, ya sea en un año, dos, cinco o siete, cualesquiera que sean los términos, lo más probable es que la resistencia respete que lo que quede de sus armas sea para su autodefensa”, dijo. “Pero a Israel no le interesa eso. A Israel le interesa acabar con todo tipo de resistencia para poder implementar su visión hegemónica, que básicamente consiste en vaciar Gaza de su gente para resolver su problema demográfico”.
El 12 de abril, una delegación de Hamás viajó a El Cairo para continuar las conversaciones con los mediadores y expresó su apertura a aumentar el número de cautivos israelíes que liberaría como parte de un acuerdo para restablecer el marco de enero. Durante estas conversaciones, los mediadores informaron a Hamás que la posición de Israel es que no habrá acuerdo a menos que Hamás acepte desarmarse, poniendo fin efectivamente a las discusiones. Una fuente cercana al equipo negociador palestino dijo a Drop Site que los israelíes no ofrecieron nada nuevo e insistieron sólo en una tregua temporal que implica la liberación de un número significativo de cautivos israelíes.
La fuente dijo que, durante semanas, los israelíes y los EE. UU. han estado impulsando la demanda de que Hamás se desarme como condición para incluso avanzar con las negociaciones de alto el fuego. Esta postura fue compartida por Boehler, el enviado de Trump para los rehenes, en una entrevista con Al Jazeera Arabic el 16 de abril. “Es muy difícil llegar a un acuerdo si Hamás aún mantiene rehenes. Deberían liberar a los rehenes, y deberían hacerlo unilateralmente”, afirmó. “Esta guerra debe terminar con la liberación de todos los rehenes y la entrega de las armas. El presidente [Trump] apoyará esto y estará presente también en esta etapa”.
Al Jazeera, citando a un funcionario de Hamás, dijo que Egipto también presentó esta posición en las conversaciones recientes. “El desarme no es una línea roja. Es un millón de líneas rojas”, dijo Abu Zuhri tras la visita del movimiento a Egipto el 12 de abril. Reiteró la apertura de Hamás a entregar a todos los cautivos israelíes “vivos y muertos, todos a la vez”, a cambio del fin de la guerra. Abu Zuhri enfatizó los intentos de Netanyahu de frustrar cualquier acuerdo de alto el fuego, así como la complicidad de la administración de Trump. “Aunque Trump comenzó su mandato con una clara declaración de apoyo al alto el fuego, lo que Trump está haciendo ahora es lo contrario de sus promesas. Trump ahora es cómplice de la matanza de los niños de Gaza. Tiene las manos manchadas con la sangre de los niños y las mujeres de Gaza”.
Aunque los negociadores palestinos dicen que no se hacen ilusiones sobre el apoyo de Trump a Israel, también reconocen que éste trata la política exterior como algo transaccional y quiere un acuerdo con Arabia Saudí que incluya la normalización de las relaciones con Israel. Es poco probable que los saudíes se unan a los Acuerdos de Abraham mientras continúe el genocidio en Gaza y los funcionarios del reino han dicho que no habrá acuerdo a menos que se alcance un acuerdo sobre el Estado palestino.
“Trump entiende de transacciones. No es un ideólogo ni una figura diplomática en este asunto. No nos parece una figura dogmática. Así que, si la transacción requiere, a su juicio, algún tipo de presión sobre Israel, la aplicará”, dijo Omar. “No estoy seguro de que quiera antagonizar al lobby israelí y su influencia en Estados Unidos. Pero creo que presionar a Netanyahu y a su dogmático flanco derechista podría ser parte de la estrategia mientras se relaciona con Arabia Saudí”.
Netanyahu se encuentra ahora en el cenit de la misión política de su vida, presidiendo una guerra destinada a aniquilar al pueblo palestino y expulsarlo de su tierra. Ha prometido que no pondrá fin a la guerra de Gaza hasta que Hamás sea eliminado y la Franja sea desarmada. Ha aceptado la amenaza de Trump de apoderarse de Gaza y expulsar a sus residentes como doctrina oficial. Y nada de esto puede lograrse sin el pleno respaldo de Estados Unidos.
“Esto no va a terminar a menos que Israel dé marcha atrás; Israel acepta el hecho de que no puede lograr sus objetivos de una supuesta victoria total o absoluta haciendo que la resistencia se rinda, izando la bandera blanca, entregando las armas o expulsando a los palestinos”, dijo Al-Arian, el profesor palestino. Señaló comentarios recientes de funcionarios israelíes que sugieren que la guerra podría continuar hasta fin de año o más allá. “Si Trump le da esa oportunidad a Netanyahu, nos espera otro largo camino con decenas de miles de personas asesinadas”, dijo Al-Arian. “Si Trump dice: ‘Ya basta. Encontremos otra manera de resolver esto’, entonces eso podría ponerle fin”.
Foto de portada: Miembros de las Brigadas Al-Qassam, ala militar de Hamás, aseguran la zona en torno a la entrega de cautivos israelíes en Jan Yunis, Gaza, el 20 de febrero de 2025 (Ali Jadallah/Anadolu vía Getty Images).
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