Joseph Massad, Middle East Eye, 27 junio 2025
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Joseph Massad es profesor de Política Árabe Moderna e Historia Intelectual en la Universidad de Columbia, Nueva York. Es autor de numerosos libros y artículos académicos y periodísticos. Entre sus libros figuran Colonial Effects: The Making of National Identity in Jordan; Desiring Arabs; The Persistence of the Palestinian Question: Essays on Zionism and the Palestinians y, más recientemente, Islam in Liberalism. Sus libros y artículos se han traducido a una docena de idiomas.
Incluso después de 20 meses de asedio, desplazamientos y asesinatos en masa, los palestinos de Gaza siguen afirmando su voluntad de quedarse, mientras Israel intensifica su campaña genocida atacando los centros de distribución de ayuda y masacrando a los civiles hambrientos que se niegan a marcharse.
Mientras tanto, la represalia iraní contra la reciente agresión de Israel ha desencadenado otro éxodo de judíos israelíes de la colonia de asentamientos.
Los ciudadanos israelíes, los que tienen doble nacionalidad y los turistas están desesperados por huir del país en las llamadas «flotillas de escape» y «vuelos de rescate», ya que las condiciones se han vuelto aún más insoportables en los últimos dos años que antes del 7 de octubre de 2023.
Ante la desesperación de «un gran número de ciudadanos israelíes» por escapar, el Gobierno israelí ha tomado la decisión de prohibirles salir del país.
A pesar del regreso de quienes se quedaron varados en el extranjero durante la última guerra, la actual huida de judíos israelíes continúa una tendencia más amplia de los últimos años a abandonar el país.
Ya en diciembre de 2022, el periódico israelí Maariv informaba sobre un nuevo movimiento destinado a facilitar la emigración de judíos israelíes a Estados Unidos tras las últimas elecciones israelíes, que los participantes temían que hubieran alterado la relación del Estado sionista con la religión.
El grupo, llamado «Leaving the Country – Together» (Abandonar el país, juntos), habló de reubicar a 10.000 judíos israelíes en la primera fase de su plan. Entre los líderes del grupo se encuentran el activista anti-Netanyahu Yaniv Gorelik y el empresario israelí-estadounidense Mordechai Kahana.
Kahana declaró en una entrevista: «Vi a gente en un grupo de WhatsApp hablando de la inmigración de israelíes a Rumanía o Grecia, pero personalmente creo que les resultará mucho más fácil emigrar a Estados Unidos», dijo.
«Tengo una granja grande en Nueva Jersey, y les ofrecí a los israelíes unirse para convertir mi granja en un kibutz… Con un gobierno así en Israel, el Gobierno estadounidense debería permitir que todos los israelíes que posean una empresa o tengan una profesión muy solicitada en Estados Unidos, como médicos y pilotos, emigren a Estados Unidos».
No se trata precisamente de un fenómeno nuevo.
Durante años, un número cada vez mayor de judíos israelíes ha tratado de abandonar las colonias de asentamientos, impulsados por la desilusión política, el temor a la pérdida del dominio de la mayoría judía y la insostenibilidad a largo plazo del proyecto sionista.
Salidas anteriores
Como relaté en un artículo para esta publicación hace más de dos años, a finales de 2003, el Gobierno israelí estimaba que más de 750.000 israelíes vivían de forma permanente fuera del país, la mayoría en Estados Unidos y Canadá.
De los entre 600.000 y 750.000 israelíes que se calcula que viven en Estados Unidos, 230.000 eran judíos nacidos en Israel (es decir, hijos de colonos judíos en Israel).
Según cifras del Gobierno israelí, entre 1948 y 2015, 720.000 israelíes abandonaron el país y nunca regresaron.
En 2016, se estima que el 30% de los judíos franceses que emigraron a Israel acabaron regresando a Francia, a pesar de los intensos esfuerzos de Israel y los grupos sionistas por atraerlos y retenerlos en el país.
En 2011, el Ministerio de Absorción de Inmigrantes de Israel lanzó una campaña publicitaria diseñada para hacer sentir culpables a los emigrantes israelíes y que regresaran. La revista Moment describió uno de los anuncios:
Un niño pequeño, tras terminar de colorear un dibujo, se vuelve hacia su padre. Pero su padre está dormido en un sillón, con una revista The Economist sobre el pecho. «¿Papá?», llama el niño, sin éxito. Una pausa. Lo intenta de nuevo, esta vez en un susurro: «¿Abba?». Los ojos del padre se abren de inmediato. Admira la obra de arte; le revuelve el pelo con cariño. La escena se desvanece y un narrador dice en hebreo: «Ellos siempre seguirán siendo israelíes. Sus hijos no. Ayúdenlos a regresar a la tierra».
El anuncio provocó una reacción inmediata por sugerir «que Estados Unidos no es lugar para un judío de verdad y que un judío preocupado por el futuro del pueblo judío debería vivir en Israel», una opinión que el exguardia de prisiones israelí y ahora periodista afincado en Estados Unidos Jeffrey Goldberg calificó de «arcaica». El anuncio fue retirado y el ministerio se disculpó.
Crisis demográfica
En 2017, el Gobierno israelí estaba tan preocupado por la creciente emigración de israelíes a Estados Unidos que comenzó a ofrecer más beneficios y servicios a aquellos dispuestos a regresar que animaran a otros a volver.
De hecho, ese mismo año, el ministro israelí de Ciencia y Tecnología, Ofir Akunis, intentó atraer a los expatriados de Silicon Valley de vuelta a Israel ofreciéndoles becas para completar sus doctorados. No tuvo éxito.
De hecho, los demógrafos israelíes, entre ellos Sergio Della Pergola, el principal experto en población del país, llevan años prediciendo un éxodo masivo de Israel.
Esta emigración activa precedió a las guerras en las que Israel ha sumido a la región desde que comenzó su campaña genocida contra el pueblo palestino el 8 de octubre de 2023. Desde entonces, los datos oficiales israelíes muestran que 82.000 judíos israelíes han huido del país, mientras que estimaciones no oficiales sitúan la cifra en cerca de medio millón.
En vista de este importante éxodo de judíos israelíes, las autoridades israelíes tienen razón al preocuparse por el abandono del Estado por parte de los judíos.
Se trata de un asunto grave, sobre todo porque los palestinos constituyen la mayoría entre el río y el mar desde 2010, lo que amenaza la supervivencia a largo plazo del Estado supremacista judío. Como he argumentado recientemente, esa es la razón principal del genocidio que Israel está llevando a cabo contra el pueblo palestino.
Prohibición oficial
Para frenar la oleada de emigración judía, el gabinete israelí emitió la semana pasada una resolución que «condiciona la salida del país» de los ciudadanos israelíes «a la aprobación de un comité de excepciones dirigido por el Gobierno».
La resolución establece que «el Gobierno también determina que, cuando sea posible realizar vuelos comerciales, un comité directivo del Gobierno establecerá los criterios para tramitar las solicitudes de salida de Israel».
Aunque algunos de los 40.000 ciudadanos extranjeros varados en el país pudieron salir, las aerolíneas comerciales, siguiendo instrucciones del Gobierno israelí, informaron a los ciudadanos israelíes que querían comprar billetes para salir del país que tenían prohibido vendérselos.
Aun así, decenas de miles de personas están tratando de huir.
Según diversas estimaciones, hay más de 700.000 estadounidenses y medio millón de europeos con doble nacionalidad en Israel. La portavoz del Departamento de Estado, Tammy Bruce, dijo a los periodistas el 20 de junio, antes de que Estados Unidos bombardease Irán, que más de 25.000 estadounidenses habían solicitado información para salir de Israel, Cisjordania e Irán.
Aunque Bruce se negó a «dar un desglose del origen de las consultas y no quiso comentar las evacuaciones de las embajadas», está claro que la mayoría procedían de Israel y los territorios ocupados.
De hecho, un memorándum interno del Departamento de Estado enumeraba casi 10.000 solicitudes para abandonar Israel realizadas en un solo día la semana pasada. Es probable que estas cifras se hayan multiplicado significativamente desde entonces.
Evacuaciones de extranjeros
A principios de esta semana, Global Affairs Canada declaró que 6.000 canadienses se habían registrado en Israel utilizando la base de datos del departamento, mientras que otros 400 se habían registrado en Cisjordania para huir del país.
Canadá respondió organizando vuelos y proporcionando transporte en autobús a los canadienses que huían de Israel hacia los vecinos Egipto y Jordania, días después de que Francia y Australia ofrecieran servicios similares a sus propios ciudadanos.
Para entonces, muchos estadounidenses ya habían huido del país beligerante a través de Egipto, al igual que muchos ciudadanos alemanes, que se marcharon a través de Jordania.
Muchos otros judíos israelíes han abandonado el país por mar, navegando hacia Chipre en yates y barcos en lo que el principal periódico de Israel, Haaretz, denominó «flotillas de escape».
La prohibición de salida del Gobierno israelí, impuesta por la ministra de Transporte, Miri Regev, ha sido duramente criticada. Como señalaba Haaretz: «Los israelíes pueden volver a casa al peligro, pero se les prohíbe escapar de él». Según los informes, miles de británicos, incluidos los que tienen doble nacionalidad israelí, están desesperados por volver al Reino Unido.
«Dejad ir a mi pueblo»
Mientras tanto, en Gaza, mientras Israel sigue utilizando el hambre como arma de genocidio y limpieza étnica, un informe de Haaretz de principios de este mes reveló que la mayoría de los palestinos se mantenían firmes en su deseo de volver a sus hogares, desafiando las suposiciones israelíes de que preferirían marcharse.
Por el contrario, el mismo informe observaba que ahora hay tres veces más jóvenes israelíes que quieren abandonar el país en comparación con los primeros días de la guerra. Como dijo uno de ellos: «La guerra es una putada de doble filo. Los israelíes no sufren como los habitantes de Gaza, pero cada vez son más los que tampoco quieren vivir aquí».
Sin embargo, mientras el Gobierno israelí sigue impidiendo a sus ciudadanos salir del país asolado por la guerra, el Movimiento Israelí por un Gobierno de Calidad ha expresado su preocupación por los criterios opacos que utiliza el «comité de excepciones» del gabinete para conceder permisos de salida.
El grupo envió una carta al fiscal general de Israel en la que se quejaba de que la prohibición de salir del país viola la Ley Fundamental de Israel.
Irónicamente, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una campaña de propaganda en la década de 1970 para atraer la inmigración judía soviética a Israel, exigían permisos especiales de emigración para los judíos soviéticos que se negaban a otros ciudadanos soviéticos.
El sensacional llamamiento de Israel a la URSS fue «dejad ir a mi pueblo», haciéndose eco del llamamiento bíblico al faraón.
Hoy en día, parece que miles de judíos israelíes están suplicando: «Netanyahu, deja ir a mi pueblo».
Foto de portada: Pasajeros facturando su equipaje en el mostrador del aeropuerto central Ben Gurión de Israel el 25 de junio de 2025. (Jack Guez/AFP)