John Laforge, CounterPunch, 27 junio 2025
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

John LaForge es codirector de Nukewatch, un grupo por la paz y la justicia medioambiental de Wisconsin, y editor de su boletín informativo.
La Compañía Eléctrica de Tokio (Tepco) ha declarado que dos robots especialmente diseñados y recién instalados van a necesitar tres años para retirar 3.000 sacos de arena de los sótanos de los tres edificios destruidos de los reactores nucleares de Fukushima-Daiichi, en Japón.
Las bolsas de arena se utilizaron en los primeros días de pánico tras la fusión de los tres reactores de la central en marzo de 2011, cuando el agua altamente radiactiva se derramó en los sótanos de los reactores y tuvo que ser desviada. Interesting Engineering informó de que las bolsas de arena se encuentran en zonas «con niveles de radiación letales», demasiado peligrosas para llevar a cabo un trabajo manual.
Los robots se manejarán a distancia debido a la intensa radiactividad de los sacos de arena, al gran volumen de los sacos, que pesan un total de 41 toneladas métricas, y al caótico estado de los sótanos de los reactores destruidos. Según Tepco, se espera que el proyecto dure al menos hasta marzo de 2028.
Las noticias no especificaban el tipo de radiactividad que contamina las mortíferas bolsas de arena, pero el reactor fundido n.º 3 utilizaba combustible compuesto en parte por plutonio, el material más tóxico conocido por la ciencia, que es radiactivamente peligroso durante 240.000 años. Además del plutonio, entre los isótopos mortales que se encuentran en las zonas de alta radiación, demasiado calientes para los seres humanos, se encuentran el estroncio 90, el cesio 137 y 134, el yodo 131, el cobalto 60, el carbono 14, el tritio, el tecnecio, el neptunio, el americio y otros.
Tepco afirma que las mortíferas bolsas de arena se «sellarán en contenedores especiales» y se trasladarán a un «almacén temporal». La empresa no ha detallado su plan para el almacenamiento a largo plazo de estos residuos radiactivos y ni la prensa ni el Gobierno le han obligado a explicar su estrategia a largo plazo.
En Tokio, el Centro de Información Nuclear Ciudadana (CNIC, por sus siglas en inglés) informa de que los sacos de arena se han deteriorado y no pueden recuperarse intactos, lo que obliga a los ingenieros a considerar la posibilidad de bombearlos junto con el agua estancada del sótano y luego encerrarlos todos en contenedores.
Sistemas de almacenamiento de residuos en riesgo por los terremotos
Hasta al menos 2027, las bolsas de arena, además de las toneladas de lodos altamente radiactivos producidos por el filtrado del agua de refrigeración contaminada, deben mantenerse en una zona que sigue estando en riesgo de inundación por posibles terremotos y tsunamis, según informó el CNIC.
Un informe de marzo de 2025 del Grupo de Trabajo de Gestión de Desastres de la Oficina del Gabinete de Japón afirmaba que un «megaterremoto» previsto desde hace tiempo -si se produce, como se prevé, a lo largo de la fosa de Nankai, frente a la costa suroeste del Pacífico de Japón-, provocaría probablemente enormes tsunamis, destruiría miles de edificios, provocaría incendios masivos, costaría a Japón 1,81 billones de dólares y podría causar la muerte de 300.000 personas. Según el peor escenario del informe del Gobierno, un terremoto de magnitud 9 podría provocar la evacuación de 1,23 millones de personas, es decir, alrededor del 10% de la población.
La fosa de Nankai es el lugar donde la placa del mar de Filipinas se subduce bajo la placa euroasiática y acumula una presión tectónica que puede romperse. La erupción tectónica submarina de magnitud 9 del 11 de marzo de 2011 -el peor terremoto jamás registrado en Japón, cuya fuerza destrozó los cimientos del reactor de Fukushima Daiichi e inundó la central con las olas del tsunami- desplazó la isla de Honshu, la más grande de Japón, hacia el este nada menos que dos metros y medio.
Japón es una de las zonas más propensas a los terremotos del planeta y, debido a la acumulación diaria de agua de refrigeración contaminada en Fukushima, alrededor de 1,3 millones de toneladas de estos residuos líquidos altamente radiactivos se almacenan en 1.000 tanques gigantes de 1.000 toneladas cerca de la costa. Por lo tanto, los contenedores de lodos, los sacos de arena y los tanques de aguas residuales son vulnerables a los temblores diarios y al temido megaterremoto, que podría enviar gran parte de estos residuos radiactivos al océano Pacífico.
Se suele considerar que definir la energía nuclear como «sucia, peligrosa y ruinosa» es algo demasiado negativo. Por tanto, es mejor que digamos que es «limpia, segura y demasiado barata como para tomar medidas».
Imagen de portada de Ilja Nedilko.