Anagha Subhash Nair, Truthout, 18 julio 2025
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Anagha Subhash Nair es una periodista multimedia que trabaja entre el Líbano y Siria. Ha informado desde la región para Foreign Policy, New Lines Magazine, Anadolu Agency y otros medios.
Un arco corona la entrada de una calle larga, polvorienta y de varios carriles en las afueras de la capital siria, Damasco. El texto del arco ha sido pintado recientemente: «Campamento de Yarmuk», con las banderas de Palestina y de la Siria de la independencia entre las dos palabras.
La calle está salpicada de pequeños negocios que se están recuperando tras más de una década de guerra en Siria. Las persianas cerradas cubiertas de polvo, las pilas de basura y la destrucción que lo rodea todo son inquietantes recordatorios de lo que ha vivido el campamento. La guerra de Siria se prolongó desde 2011 hasta finales de 2024, cuando las fuerzas rebeldes encabezadas por Hayat Tahrir al-Sham (HTS) derrocaron al presidente Bashar al-Asad en un golpe relámpago. Yarmuk no había escapado de las garras del conflicto.

Un arco se alza sobre la entrada del campo de Yarmuk el 19 de junio de 2025. (Foto: Anagha Nair)
Antes de 2011, Yarmuk albergaba a unos 160.000 refugiados palestinos y era un importante centro comercial y de negocios. Como dice uno de sus residentes, el campo era «una ciudad en sí mismo». Dentro de las complejidades de la guerra siria, Yarmuk presentaba una capa adicional de complejidad. A pesar de los intentos iniciales de gran parte de la población del campo por mantener una actitud neutral en la guerra civil siria, Yarmuk se vio arrastrado al torbellino. En 2011, el campo era un refugio seguro para las personas que huían del régimen de Asad, pero al año siguiente, las zonas circundantes quedaron bajo el control de los rebeldes. En diciembre de 2012, el régimen de Asad comenzó a emplear la guerra aérea contra el campamento; un avión MiG de modelo ruso bombardeó una mezquita, un hospital y una escuela que albergaban a refugiados, lo que marcó el inicio de una campaña destructiva por parte de Asad, respaldada por Rusia. En 2013, la intensificación de los combates en Yarmuk vino acompañada de un asedio masivo del campamento impuesto por el gobierno de Asad. Poco después, las facciones de la oposición tomaron el control del campamento y, gradualmente, la situación en su interior empeoró.
Las facciones palestinas dentro del campamento estaban divididas: algunas se alineaban con el gobierno de Asad, mientras que otras simpatizaban con los grupos de la oposición. Más adelante en la guerra, el campamento fue controlado por el Estado Islámico de Iraq y Siria (ISIS), antes de que el régimen de Asad recuperara el control en 2018.

Una mujer camina por una calle del campo de Yarmuk el 19 de junio de 2025. (Foto: Anagha Nair)
Yaser Mahmud Al-Ayadi, residente en Yarmuk y originario de Tiberíades —ahora una ciudad de Israel— recuerda el asedio con dolor.
«Fuimos testigos de cómo mucha gente moría de hambre. Y hubo personas que murieron en los bombardeos… La situación era realmente horrible, inhumana», declaró a Truthout.

Yaser Mahmud Al-Ayadi en su tienda del campo de Yarmuk, el 19 de junio de 2025. Un grafiti en una pared cercana parece representar un vídeo que se hizo viral de un niño palestino decapitado por los ataques aéreos israelíes en Rafah, Gaza. (Foto: Anagha Nair)
El asedio quedó inmortalizado en 2014 en una famosa fotografía que mostraba a miles de personas haciendo cola para recibir comida, lo que puso de relieve la grave crisis humanitaria que se vivía en el campo. Los recuerdos de aquellos días aún hacen llorar a quienes los vivieron. Arsan al-Shabi, de 75 años, nació en Yarmuk y huyó del campo durante la guerra.
«Yo estaba aquí durante el primer asedio en 2014. No teníamos comida, comíamos hierba, como ovejas», contó a Truthout con una risa seca.
«Tuvimos que comernos los gatos», intervino otra persona que estaba escuchando, a lo que al-Shabi respondió encogiéndose de hombros.

Una niña monta en bicicleta mientras Arsan al-Shabi habla por teléfono al fondo, el 19 de junio de 2025. (Foto: Anagha Nair)
La tensa relación de Asad con la causa palestina
El régimen de Asad se posicionaba a menudo como un miembro importante del Eje de la Resistencia, una coalición de Estados, entre los que destaca Irán, y grupos armados de Oriente Medio que se posicionan como defensores de la región frente a la hegemonía estadounidense e israelí. Esto implicaba una preocupación por la causa palestina (y solidaridad con ella). Al-Ayadi se burla de esta idea y la califica de «teatral».
Tras la caída del régimen, unos documentos filtrados revelaron al parecer comunicaciones de alto nivel entre Israel y Siria, a menudo en contra de Irán.
«Se trataba de promover los intereses propios [de Asad]», afirma Al-Ayadi.
Nidal Betare, un escritor palestino-estadounidense que creció en Yarmuk, afirma que, desde el comienzo del Gobierno del partido Baaz de Hafez al-Asad, la familia explotó la causa palestina para mantenerse en el poder. En 2011, el Día de la Nakba -el día en que los palestinos conmemoran la limpieza étnica de su pueblo durante la creación del Estado de Israel- fue conmemorado por los palestinos sirios con una marcha hacia los Altos del Golán ocupados por Israel. La marcha fue promovida por el Gobierno sirio, a pesar de que era una empresa peligrosa para los participantes. Muchos activistas, entre ellos Betare, advirtieron contra la participación palestina debido al peligro personal al que podrían enfrentarse a manos de las fuerzas israelíes, y a las sospechas de que los palestinos eran un chivo expiatorio en la demostración de fuerza del régimen baazista frente a Israel. La marcha se llevó a cabo de todos modos, y cuando las fuerzas israelíes abrieron fuego contra los manifestantes, el Gobierno sirio no intervino.
«Comenzó a surgir la sensación de que el régimen había utilizado a los palestinos para sus propios fines, sin tener en cuenta su seguridad, para desviar la atención del levantamiento que entonces ganaba terreno», escribió en un artículo de 2013 para el Instituto de Estudios Palestinos.

Un hombre monta en bicicleta frente a un edificio destruido con obras de arte a favor de Palestina el 19 de junio de 2025. (Foto: Anagha Nair)
Wesam Sabaneh, escritor y activista palestino de Yarmuk, se hace eco de este sentimiento.
«Lo que ocurrió en Siria tenía que ver con Siria, no con Palestina», declaró a Truthout.
«La cuestión palestina se utilizó como eslogan para que la gente apoyara más al régimen, porque llevaban la bandera palestina y a todo el mundo le gusta eso».
Betare menciona cómo, en cierto sentido, los palestinos en Siria luchaban en múltiples frentes. Tras mudarse a Estados Unidos, afirma que su relación con la Coalición Nacional de Fuerzas de la Revolución y la Oposición Sirias, o Coalición Siria para abreviar, se tensó, ya que esta insistía en que se centrara en los problemas relacionados con el régimen de Asad en su defensa. En un discurso pronunciado en una conferencia de la ONU en 2014, afirmó que los palestinos eran refugiados debido a la ocupación israelí y a la negativa de Israel a aplicar la Resolución 194 de la ONU, que otorga a los palestinos el derecho a regresar a sus hogares y a recibir una indemnización por la pérdida de sus propiedades.
Betare manifiesta que la coalición le dijo que su problema no era con Israel, sino con Asad. «Les dije: «De acuerdo, ustedes tienen un problema, yo tengo dos: el problema de Israel y el problema de Bashar al-Asad»», explica. «[Ellos] intentaban convencerme de que dejara de hablar de los refugiados palestinos y del derecho al retorno… algo que yo no podía hacer».

Una niña palestina baila frente a un edificio destruido en Yarmouk el 19 de junio de 2025. (Foto: Anagha Nair)
Más de una década después, la situación de los palestinos en todo el mundo no ha hecho más que empeorar. Más de 58.000 personas, contabilizadas, han muerto y más de 135.000 han resultado heridas en la devastadora guerra de Israel contra Gaza, tras el ataque de Hamás del 7 de octubre en Israel, en el que murieron unas 1.200 personas. La campaña militar de Israel en el enclave ha sido denunciada por muchas organizaciones internacionales, entre ellas Amnistía Internacional, como un genocidio, y las declaraciones de altos funcionarios israelíes -entre ellas la del exministro de Defensa Yoav Gallant, que se refirió a los palestinos como «animales humanos»- son claros indicadores de la intención genocida. En febrero de 2025, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sugirió llevar a cabo una limpieza étnica en la Franja de Gaza desplazando por la fuerza a su población a otros países.
¿Qué le deparará el futuro a Yarmuk?
Doce años después, la vida vuelve a las calles de Yarmuk. Tras la reconquista del campo por las fuerzas gubernamentales en 2018, los combates se estancaron. El campamento quedó prácticamente despoblado y las fuerzas del régimen permitieron a un número muy limitado de personas regresar a sus hogares. Un par de semanas después de la caída del régimen en diciembre de 2024, el campamento estaba escasamente poblado y apenas había actividad. Ahora, las tiendas han reabierto y los niños juegan en las calles. De vez en cuando, se ve a excavadoras retirando escombros y a trabajadores reparando cables eléctricos. Sabaneh afirma que el estado de ánimo general en el campamento es de «gran esperanza».
«Ahora que se ha puesto fin al régimen y a la guerra, la gente está pensando en cómo reconstruir y cómo volver al campamento y reactivarlo», afirma.

Operaciones de reconstrucción en el campamento de Yarmuk el 19 de junio de 2025. (Foto: Anagha Nair)
Con la caída del régimen, el campamento de Yarmuk se enfrenta a un vacío de poder en el que la Autoridad Palestina (AP), un organismo que, según Sabaneh, es considerado por muchos como «traidor» a los refugiados palestinos, está tratando de establecer su control e influencia. En Cisjordania, ocupada por Israel, la AP ha adoptado políticas acordes con los intereses israelíes, incluidas campañas contra la cadena de televisión Al Jazeera y redadas contra grupos militantes. La AP está indisolublemente entrelazada con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que es la entidad representativa de los palestinos en Siria.
«Especialmente con lo que está sucediendo en Cisjordania y Gaza, la gente en general ve a la AP como fuerzas de seguridad israelíes. Por eso se observa mucha tensión entre Fatah [el partido más grande de la OLP] y la población de los campamentos palestinos, especialmente en Siria y el Líbano», explica Sabaneh.
Betare afirma que, si la OLP tomara el control de Yarmuk, podría crearse una situación similar a la del campo de Ain al-Hilweh en el Líbano. La Autoridad Palestina, que es el organismo más influyente allí, es testigo habitual de enfrentamientos por la gestión de los fondos y está plagada de corrupción. La postura ideológica del Gobierno sirio con respecto a los palestinos sirios sigue sin estar clara. El Gobierno ha mantenido conversaciones indirectas con Israel en medio de los bombardeos militares y las incursiones regulares de Israel en territorio sirio, y también ha detenido a miembros de la Yihad Islámica Palestina. Ahora, el nuevo Gobierno sirio ha creado un consejo local para ayudar a prestar servicios, proporcionar ayuda y promover la reconciliación, algo que Sabaneh califica de buen «trabajo inicial». En una cumbre de la Liga Árabe celebrada en marzo de 2025, el presidente sirio Ahmed al-Shara denunció el «inaceptable» plan de Trump de llevar a cabo una limpieza étnica en la Franja de Gaza, calificándolo de parte de un «proyecto más amplio… para desarraigar a los palestinos de su tierra».
La revocación por parte de la administración Trump de la designación de HTS como organización terrorista y el levantamiento de las sanciones pueden mejorar las condiciones materiales de todos los habitantes de Siria, incluidos los palestinos. Sin embargo, la postura de la Casa Blanca contra los grupos de resistencia palestinos y las esperanzas de Siria de obtener apoyo económico y diplomático de Estados Unidos pueden, en conjunto, socavar los derechos políticos palestinos bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo. Según una hoja informativa de la Casa Blanca del 30 de junio de 2025:
El presidente Trump quiere que Siria tenga éxito, pero no a expensas de los intereses de Estados Unidos. Mientras busca volver a participar de manera constructiva, esta Administración seguirá protegiéndose contra todas las amenazas y supervisando los avances en las prioridades clave: tomar medidas concretas para normalizar las relaciones con Israel, hacer frente a los terroristas extranjeros, deportar a los terroristas palestinos y prohibir los grupos terroristas palestinos, ayudar a Estados Unidos a prevenir el resurgimiento del ISIS y asumir la responsabilidad de los centros de detención del ISIS en el noreste de Siria.
Incluso antes de la era de Asad, los palestinos en Siria disfrutaban de derechos similares a los de los propios ciudadanos sirios. Sin embargo, según Sabaneh, lo que la mayoría de los refugiados palestinos quieren en última instancia es su derecho a regresar a su patria original.
«[Se trata de nuestra] identidad nacional como palestinos; es la cuestión principal por la que luchamos y vivimos. No es posible permanecer durante cientos de años como refugiados; necesitamos una solución justa», afirma.
Incluso Abdul Rahman Atrash, un palestino de 15 años de Haifa (en el actual Israel) que nació y se crio en Yarmuk, siente un fuerte apego por su tierra natal. El adolescente apenas recuerda los años de asedio, pero cuando se le pregunta de dónde es, responde: «Soy palestino», con un tono de orgullo en su voz.
Atrash, que maneja un carrito en el que vende dulces, sueña con abrir una tienda de dulces en Yarmuk y con poder ver Jerusalén algún día. Sigue de cerca los acontecimientos en Gaza y su voz se eleva indignada cuando habla de la sugerencia de Trump de que los palestinos de Gaza sean desplazados a otros países árabes.
«De ninguna manera, es su tierra, por supuesto que la defenderán. No se les puede pedir que abandonen su tierra».

Un niño con una capa corre entre los escombros del campo de Yarmouk el 19 de junio de 2025. (Foto: Anagha Nair)
Aunque es 60 años mayor que Atrash, el sentido de pertenencia resuena con fuerza en al-Shabi.
«Nos criaron diciéndonos que Palestina es nuestro país, nuestro primer país», dice cuando se le pregunta si espera ver algún día su tierra natal.
«Siria también es nuestro país, pero nuestro primer país es Palestina y eso es algo que no vamos a olvidar».
Foto de portada: Activistas del campo de Yarmuk, en la capital siria, Damasco, celebran una vigilia de solidaridad con Gaza el 28 de marzo de 2025. (Rami Alsayed / NurPhoto vía Getty Images)