Lula y los sindicatos brasileños responden a las amenazas de Trump

Brian Mier, De-Linking Brasil, 31 julio 2025

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Brian Mier es un nativo de Chicago que emigró a Brasil en la década de 1990. Es periodista y geógrafo. Es coeditor del sitio web de noticias independiente Brasil Wire y corresponsal en Brasil del programa de noticias «Desde el Sur» de TeleSur English.

El 30 de julio, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, declaró las relaciones bilaterales con Brasil como una emergencia nacional a fin de justificar el aumento de los aranceles de importación. En una declaración amenazante titulada «Considerando las amenazas al Gobierno de los Estados Unidos por parte del Gobierno de Brasil», declaraba:

Las políticas, prácticas y acciones recientes del Gobierno de Brasil amenazan la seguridad nacional, la política exterior y la economía de los Estados Unidos. Los miembros del Gobierno de Brasil han tomado medidas que interfieren en la economía de los Estados Unidos, infringen los derechos de libertad de expresión de los ciudadanos estadounidenses, violan los derechos humanos y socavan el interés de los Estados Unidos en la protección de sus ciudadanos y empresas. Los miembros del Gobierno de Brasil también están persiguiendo políticamente a un expresidente de Brasil, lo que está contribuyendo al colapso deliberado del Estado de derecho en ese país, a la intimidación por motivos políticos y a los abusos contra los derechos humanos.

Irónicamente, para un presidente que ha estado castigando a las universidades por permitir que los estudiantes participen en protestas de solidaridad con Palestina, que ha prohibido a los funcionarios del Gobierno utilizar más de 250 palabras, entre ellas «mujeres», «privilegio» y «lactancia materna», fue y tergiversó el concepto constitucional brasileño de libertad de expresión y, en esencia, lo acusó de violar la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos. Sin embargo, Brasil no se adhiere a la definición de absolutismo de la libertad de expresión al estilo del Instituto Cato, que tan popular se ha vuelto entre la gente de Silicon Valley. Al igual que otras naciones del mundo, incluida Alemania, Brasil prohíbe el apoyo público a cosas tales como el nazismo, la pedofilia y la supremacía blanca.

Citando supuestas violaciones de la «libertad de expresión» —un elemento clave en la falsa narrativa utilizada por la familia Bolsonaro para conseguir apoyo para el fallido intento de golpe de Estado de 2022-23—, Trump presentó acusaciones espurias contra Alexandre de Moraes, el juez del Tribunal Supremo que supervisó la investigación sobre el complot golpista militar que condujo a la condena del expresidente Jair Bolsonaro y 32 de sus compinches. Moraes, decía, era culpable de abusar de su autoridad judicial «para atacar a sus oponentes políticos, proteger a sus aliados corruptos y reprimir la disidencia».

Como castigo por violar las leyes estadounidenses de «libertad de expresión» y regular las empresas de redes sociales para evitar situaciones como masacres escolares y la formación de redes de pedofilia, Trump anunció un aumento del 40% en los aranceles sobre las importaciones brasileñas, a partir de los siete días siguientes a la publicación de la declaración.

Entonces la cosa se puso interesante. La declaración se publicó con un apéndice en el que se enumeraban cientos de productos brasileños que quedarían exentos de un arancel que Trump había afirmado inicialmente que sería universal, y la fecha de entrada en vigor parecía haberse pospuesto cinco días.

Esta lista incluye la mayor exportación de Brasil a Estados Unidos, el petróleo y sus derivados, y casi todos los productos fabricados en Brasil, desde aviones hasta automóviles, pasando por aires acondicionados y muebles. La lista también exime al acero, el hierro, todos los metales preciosos y, posiblemente debido a una demanda presentada por la importadora Johanna Foods, con sede en Nueva Jersey, la tercera mayor exportación agrícola de Brasil, el zumo de naranja. Según el Gobierno federal brasileño, esta lista de exenciones representa el 43,4% del total de las exportaciones del país a EE. UU. en términos monetarios, lo que reduce efectivamente el tipo arancelario medio de los productos brasileños del 50% que se había amenazado con aplicar al 32,6%. Cabe destacar la ausencia en la lista de las dos mayores importaciones agrícolas de Estados Unidos: el café, que, como escribí la semana pasada, no debería verse significativamente perjudicado por los aranceles, y la carne de vacuno, que tiene muchos otros mercados a los que expandirse.

El mismo día en que Trump hizo pública su declaración, el Gobierno estadounidense invocó la Ley Magnitsky contra Alexandre de Moraes. Anunció que confiscaba sus activos en Estados Unidos y le prohibía la entrada al país. Moraes respondió con calma que no tenía activos en Estados Unidos y que —algo que puede sorprender a los seguidores de MAGA— no tenía interés alguno en viajar allí. A continuación, se fue tranquilamente a ver un partido de su equipo de fútbol favorito, el Corinthians.

El juez Moraes en el partido del Corinthians la noche en que Estados Unidos anunció sus sanciones

Mientras tanto, tanto el presidente Lula como una coalición de las seis federaciones sindicales más grandes de Brasil emitieron declaraciones repudiando a la Administración Trump.

En un comunicado de prensa titulado «Brasil es una nación soberana y democrática», Lula escribió:

En Brasil, la ley se aplica a todos los ciudadanos y a todas las empresas. Cualquier actividad que afecte a la vida de la población y a la democracia brasileña está sujeta a regulaciones. Esto no es diferente para las plataformas digitales.

La sociedad brasileña rechaza el discurso del odio, el racismo, la pornografía infantil, las estafas, el fraude y el discurso contra los derechos humanos y la democracia.

El Gobierno brasileño considera injustificable el uso de argumentos políticos para justificar las medidas comerciales anunciadas por el Gobierno estadounidense contra las exportaciones brasileñas. Durante las últimas décadas, Brasil ha acumulado un importante déficit comercial en bienes y servicios con Estados Unidos. La motivación política que subyace a las medidas contra Brasil viola la soberanía nacional y la relación histórica entre ambos países.

Las federaciones sindicales emitieron un manifiesto en el que rechazaban la acusación del Gobierno estadounidense de que Jair Bolsonaro y sus 32 compinches condenados por planear un golpe militar son víctimas de persecución política. «Lo que está en marcha es un intento de imponer la dominación cultural a través de los gigantes tecnológicos», escribieron. «Contrariamente a lo que afirma la declaración [estadounidense], es el Gobierno de EE. UU. el que busca interferir en nuestra política, nuestra sociedad y nuestra economía».

Trump parece haber emitido la declaración como una cortina de humo para ocultar el hecho de que está dando marcha atrás. Las negociaciones bilaterales continúan. Creo que en los próximos días se añadirán otros productos a la lista de exenciones.

Mientras tanto, las exenciones son una buena noticia para los esfuerzos en curso de la administración Lula por reindustrializar Brasil. La reacción negativa a la retórica hostil de Trump ha permitido a la izquierda recuperar el tema del patriotismo. Los volubles aliados de la comunidad empresarial y los partidos políticos de centroderecha, que se habían mostrado cada vez más hostiles antes de que se anunciaran las sanciones, han vuelto a apoyar a Lula. El valor de las acciones del gigante brasileño de la aviación Embraer, el tercer fabricante de aviones civiles más grande del mundo, se disparó ayer un 14% tras el anuncio de la exención arancelaria. A medida que aumenta la reacción contra la familia Bolsonaro, esta se encuentra más aislada que nunca. Mientras tanto, la popularidad de Lula va en aumento. Una encuesta reciente muestra que ahora es el segundo líder más popular de Sudamérica. En cuanto a Jair Bolsonaro, sigue bajo arresto domiciliario y lleva un monitor electrónico en el tobillo mientras espera sentencia.

Imagen de portada: Cabecera de la declaración del Gobierno de EE. UU. sobre Brasil.

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