El hambre en Gaza, las mentiras israelíes y el mundo al revés

Jamal Kanj, CounterPunch.com, 5 agosto 2025

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Jamal Kanj es autor de Children of Catastrophe: Journey from a Palestinian Refugee Camp to America (Hijos de la catástrofe: Viaje desde un campo de refugiados palestino a Estados Unidos) y otros libros. Escribe con frecuencia sobre temas relacionados con el mundo árabe para diversos medios nacionales e internacionales.

Cada vez que Israel cede a la presión internacional y permite la entrada de camiones de ayuda humanitaria en Gaza, idea otros métodos para asegurarse de que los alimentos nunca lleguen a su destino. El mismo día, 26 de julio, Israel anunció lanzamientos aéreos y «corredores humanitarios» para los convoyes de la ONU, y sus fuerzas asesinaron a 53 personas que buscaban ayuda en esos corredores. En lugar de alimentar a la población hambrienta, Israel convierte los puntos de distribución de ayuda en zonas de muerte. Una y otra vez, desde diciembre de 2023, los palestinos han estado pagando con sangre por una barra de pan o una botella de agua.

En menos de dos meses, las muertes por balas israelíes en la llamada Fundación Humanitaria de Gaza (GHF, por sus siglas en inglés) han superado las 1.054, con una media de unos 20 asesinatos diarios. Desde el 26 de julio, cuando Israel anunció los nuevos «corredores humanitarios (de la muerte)», el número de asesinatos se ha más que duplicado en comparación con los que mueren a diario en los centros de distribución de la GHF, 325 sólo la semana pasada. Mientras tanto, los simbólicos lanzamientos aéreos de los colaboradores árabes son una auténtica vergüenza.

Los 60 millones de dólares que Donald Trump se jacta de haber donado a la GHF no son más que dinero manchado de sangre que financia la muerte de palestinos hambrientos. Para los hambrientos, GHF significa Frente de Humillación de Gaza, no un salvavidas, sino una línea de muerte israelí. En lugar de malgastar el dinero de los contribuyentes estadounidenses en las trampas mortales de la GHF, Trump debería considerar la posibilidad de restablecer la financiación estadounidense a la UNRWA, la única agencia que ha ofrecido una esperanza real a los niños palestinos durante más de 75 años.

La visita de Steve Witkoff a un centro de la GHF en Gaza, seguida de su declaración de que no hay hambruna, fue un caso paradigmático de sesgo de confirmación. Su visita no demostró la ausencia de hambruna, sino más bien su ceguera voluntaria para no verla. Witkoff buscó información que reforzara su narrativa predeterminada para encubrir la hambruna.

Sin duda, nadie esperaba seriamente que fuera testigo del hambre en un lugar cuidadosamente preparado (seguro), alejado de la población. Se le había invitado a un hospital para que viera a los niños demacrados y escuchara directamente a los profesionales médicos que les salvan la vida. En cambio, optó por una sesión fotográfica y por escuchar a los mercenarios de la muerte de la GHF.

El hambre provocada en Gaza, con el apoyo de Estados Unidos, siempre ha sido un pilar central de la guerra psicológica de Israel; una estrategia calculada destinada a expulsar a la población o a empujarla a una frenética lucha por la supervivencia. Israel y la GHF, financiada por Estados Unidos, se han convertido en el eje perfecto de este artilugio diseñado por Israel. En sustitución de una infraestructura bien establecida de la ONU que gestionaba 400 centros de distribución, la GHF sólo ofrecía cuatro puntos de ayuda. Estos limitados emplazamientos facilitaban a Israel la vigilancia, disparar a los hambrientos y dejar a los supervivientes pelearse por las escasas migajas que quedaban.

El papel de la GHF fue revelado por Anthony Aguilar, un oficial retirado de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos, graduado de West Point y galardonado con el Corazón Púrpura y la Estrella de Bronce. Conteniendo las lágrimas, el teniente coronel Aguilar relató la historia de un niño que «caminó 12 kilómetros para poder llegar» a uno de los puntos de distribución de alimentos de la GHF. «No obtuvo nada más que sobras, nos dio las gracias por ello…» y luego fue asesinado a tiros por el ejército israelí. Insto a los lectores a que escuchen el impactante testimonio de tres minutos de un condecorado oficial del ejército estadounidense.

Sin embargo, los medios de comunicación occidentales «libres» gestionados por Israel han actuado con demasiada frecuencia como el brazo de relaciones públicas de Israel. Minimizan los horribles crímenes de Israel y difunden falsedades israelíes, como la afirmación infundada de que la resistencia roba la ayuda alimentaria. Esta narrativa inventada persistió incluso después de que USAID concluyera que Israel no había aportado ninguna prueba que respaldara que la ayuda alimentaria se estuviera desviando. O bien excusan la falta de alimentos por un sistema de distribución defectuoso, y no por el bloqueo israelí. Cuando, en realidad, salvo por los obstáculos militares israelíes, bajo la supervisión de la ONU, no ha habido problemas para entregar alimentos a toda Gaza. El objetivo de Israel es simple: desviar la responsabilidad culpando a los hambrientos de su propia inanición.

Incluso después de que estas mentiras fueran desmentidas, la administración Trump siguió repitiendo la desinformación israelí. Sin embargo, cabe destacar que, tras su viaje a Escocia, el tono de Trump se ha suavizado notablemente, reconociendo por primera vez las desgarradoras imágenes de bebés hambrientos. Quizás, unos días fuera de la burbuja de Washington de sus asesores partidarios de «ante todo Israel» le han permitido vislumbrar la realidad.

Mientras tanto, bastó un vídeo de un cautivo sionista demacrado para que los israelíes clamaran al Holocausto. Pero no el bloqueo alimentario contra 2,3 millones de seres humanos (incluidos los soldados israelíes cautivos), ni las imágenes de palestinos hambrientos asesinados en las humillantes colas para recibir comida en Israel, ni los bebés con ojos hundidos, abdomen hinchado y extremidades esqueléticas. Estas imágenes apenas llaman su atención. En lugar de mostrar empatía humana, optaron por ignorar las inquietantes fotos de bebés moribundos, tal vez porque estos niños eran menos «elegidos».

A principios del pasado mes de junio, escribí sobre la estrategia israelí de «mentir, negar y distorsionar la verdad». En el artículo, detallé una larga lista de mentiras israelíes y cómo los medios de comunicación estadounidenses difundieron la desinformación sin apenas esfuerzo por verificarla o cuestionarla. Verán, Israel no sólo goza de impunidad política por parte de la Administración estadounidense, sino que también tiene libertad para mentir con total inmunidad por parte de los medios de comunicación de EE. UU.

La pregunta abrumadora sigue siendo: ¿Cuántas mentiras debe decir Israel antes de que los medios de comunicación lo denuncien, tal y como hacen con el presidente estadounidense, Donald J. Trump, o con otros países?

Un ejemplo reciente de cómo los medios de comunicación «libres» gestionados por Israel tergiversan los hechos es el último fracaso de las negociaciones para el alto el fuego. Al escuchar a los medios de comunicación estadounidenses, la BBC y los portavoces del Gobierno, se podría llegar a la conclusión de que los negociadores palestinos rechazaron una «generosa» oferta de alto el fuego. En realidad, las conversaciones fracasaron porque Netanyahu sólo buscaba una pausa para garantizar la liberación de los soldados israelíes cautivos, negándose a aceptar el fin de la guerra o el bloqueo que provoca la hambruna.

Ninguna parte racional aceptaría, y mucho menos consideraría, una medida tan a medias. Cuando los palestinos rechazaron una propuesta que no era un alto el fuego duradero, Netanyahu gritó «¡Trampa!». El presidente Trump y su enviado Witkoff se apresuraron a absolver su intransigencia y su negativa a aceptar un alto el fuego permanente, y luego culparon a los palestinos.

La renuencia, o tal vez la intimidación, de los mediadores árabes como Qatar y Egipto a desafiar públicamente la postura proisraelí de Washington no ha hecho más que agravar las distorsiones de los medios de comunicación. El silencio de los mediadores permitió que las falsas narrativas de Netanyahu dominaran el discurso internacional, al tiempo que sirvió de tapadera para el descarado sesgo sumiso de Estados Unidos.

No obstante, la marea podría estar cambiando. La reciente promesa de Francia y el Reino Unido de reconocer el Estado de Palestina, aunque muy tardía, es una señal de la creciente frustración con las mentiras y el engaño de Netanyahu. Los funcionarios europeos dejaron claro que ya no estaban dispuestos a tolerar la farsa israelí. Sin embargo, este acto simbólico nunca expiará el pecado original de Gran Bretaña: la Declaración Balfour de 1917, que prometió a los colonos europeos una patria en Palestina, sin consagrar los derechos de los palestinos indígenas sobre su tierra. Tampoco exime a Francia, que conspiró con Gran Bretaña en el Acuerdo secreto Sykes-Picot de 1916 para dividir la parte oriental del mundo árabe.

Aun así, el reconocimiento es importante. Otros catorce países están dispuestos a seguir el ejemplo de Francia el mes que viene. Las crecientes peticiones para que Netanyahu acepte un alto el fuego también son reveladoras. Estos gobiernos se han dado cuenta por fin de lo que sus ciudadanos sabían desde hacía tiempo: que la ausencia de paz no se debe al rechazo palestino, sino al engaño de Netanyahu y a su insaciable sed de guerras interminables.

A pesar del dominio de los periodistas y expertos israelíes en los medios de comunicación occidentales, el mundo está despertando por fin a la verdadera cara de Israel. Los medios de comunicación alternativos han logrado, en gran medida, atravesar el muro de mentiras israelíes, ofreciendo una visión sin filtros de los horrores vividos, del hambre y el genocidio. Ninguna propaganda israelí puede ocultar las imágenes de las costillas esqueléticas que sobresalen de los cuerpos de los niños moribundos. La imagen de bebés hambrientos mamando de sus puños huesudos acusa a los mentirosos con más fuerza que cualquier hasbara israelí pulida podría ocultar jamás.

A tal fin, una reciente encuesta de Gallup muestra un claro cambio en Estados Unidos, donde el apoyo estadounidense a la acción militar israelí en Gaza ha caído al 32%, y la desaprobación se ha disparado al 60%. Durante un tiempo, Israel pudo «engañar a todo el mundo algunas veces» y sigue «engañando a algunos todo el tiempo», pero, en última instancia, y como muestra la última encuesta, «no puede engañar a todo el mundo todo el tiempo».

Sin embargo, los bebés siguen muriendo de hambre, el genocidio continúa y no hay perspectivas de alto el fuego. Esto sólo es posible porque Netanyahu y el AIPAC siguen moviendo los hilos en Washington.

Voces del Mundo

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