El arriesgado acercamiento de Grecia a Israel

Tony Rigopoulos, Foreign Policy in Focus, 27 agosto 2025

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Tony Rigopoulos es un periodista y analista político afincado en Atenas, con formación académica en relaciones internacionales. Ha sido redactor jefe en medios de comunicación locales y ha colaborado con medios internacionales, como Times Radio y Associated Press. Actualmente es editor político en Newsbomb.gr.

Mientras que gran parte de la comunidad internacional ha rechazado las operaciones militares de Israel en Gaza, Grecia ha tomado la dirección opuesta. Antaño conocida por su histórica solidaridad con la causa palestina, Atenas se ha convertido en uno de los aliados más activos y fiables de Israel en Europa, tanto en el ámbito diplomático como en el militar y el retórico.

Este cambio no se debe únicamente a motivos ideológicos. El apoyo inquebrantable de Grecia a Israel refleja ambiciones geopolíticas más profundas: consolidar su posición estratégica en el Mediterráneo oriental, contrarrestar a Turquía y garantizar el acceso a alianzas en materia de energía y defensa. Pero esta alineación puede tener un coste diplomático que socave la credibilidad que Grecia ha mantenido durante mucho tiempo en materia de derecho internacional.

El primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, dejó clara su posición apenas dos semanas después de los ataques de Hamás del 7 de octubre, cuando se convirtió en el primer líder mundial en visitar Israel. «Vengo aquí no sólo como aliado, sino como verdadero amigo», declaró en Jerusalén. Desde entonces, Grecia se ha diferenciado de otras democracias europeas que han condenado o se han distanciado de las acciones de Israel en Gaza y Cisjordania.

En los últimos dos años, Israel ha sido objeto de escrutinio mundial por su conducta, incluyendo acusaciones de crímenes de guerra, una ocupación cada vez mayor en Cisjordania y una investigación por genocidio por parte de la Corte Penal Internacional (CPI). Sin embargo, Grecia le ha brindado un apoyo constante, tanto diplomático como militar.

En julio de 2024, aviones israelíes bombardearon objetivos en Yemen, el ataque más lejano jamás llevado a cabo desde territorio israelí. Semanas antes, según los medios de comunicación israelíes, algunos de los aviones implicados habían participado en maniobras conjuntas en la base griega de Souda Bay, en Creta, simulando misiones de largo alcance. La participación de Grecia no fue directa, pero su cooperación en estas maniobras envió un claro mensaje de alineamiento estratégico.

Grecia ha desempeñado un papel moderador en la respuesta de la UE a Israel, a menudo diluyendo o resistiéndose a una acción colectiva más enérgica. En mayo de 2025, el Consejo de Asuntos Exteriores de la UE consideró la posibilidad de revisar (y posiblemente suspender) su amplio acuerdo comercial y de cooperación con Israel en respuesta al deterioro de las condiciones humanitarias en Gaza. Una propuesta neerlandesa obtuvo el apoyo de 17 de los 27 ministros de Asuntos Exteriores de la UE, pero Grecia fue uno de los pocos países (junto con Chipre, Alemania, Hungría, Italia, Chequia, Croacia, Lituania y Bulgaria) que no respaldó la medida.

Dos meses más tarde, el Consejo se reunió de nuevo para debatir una lista de diez medidas propuestas destinadas a presionar a Israel para que mejorara la situación humanitaria en Gaza. Los 27 ministros de Asuntos Exteriores del bloque sólo llegaron a acordar «vigilar de cerca» el cumplimiento por parte de Israel de un acuerdo reciente para mejorar el acceso a la ayuda humanitaria. «El objetivo no es castigar a Israel, sino mejorar la situación en Gaza», afirmó Kaja Kallas, la máxima representante diplomática de la UE, en un comunicado.

La UE no reveló las actas ni los registros de votación de la sesión, por lo que la posición exacta de Grecia sigue sin estar clara. No obstante, los analistas políticos de Atenas, basándose en la actividad diplomática anterior, parecen seguros de que Grecia no apoyó ninguna de las medidas propuestas para presionar a Israel.

Más tarde, Grecia también se negó a unirse a otros 22 Estados para condenar las condiciones de hambruna en la Franja. El pasado mes de julio no firmó una declaración conjunta de 26 países occidentales en la que se exigía que la ayuda humanitaria de la ONU llegara a los palestinos de Gaza. Grecia y Chipre finalmente firmaron la declaración 24 horas después.

En junio de 2025, cuando se recrudecieron las tensiones entre Israel e Irán, el avión oficial de Netanyahu, el «Wing of Zion», aterrizó en Atenas. El Gobierno insistió en que sólo transportaba al embajador israelí, pero las especulaciones sobre el verdadero propósito del avión se dispararon.

Más llamativo aún es que Grecia se ha negado a aclarar si llegaría a ejecutar la orden de detención de la CPI contra Netanyahu si este pisara suelo griego. El portavoz Pavlos Marinakis afirmó que la orden de la CPI es «una decisión que no resolverá ningún problema», restándole importancia. Cabe destacar que los viajes de Netanyahu a Europa y Estados Unidos han implicado sobrevolar el espacio aéreo griego, evitando, según se informa, países más inclinados a ejecutar la orden.

El apoyo de Atenas a Israel también refleja ambiciones energéticas compartidas. En marzo de 2025, el ministro de Medio Ambiente y Energía de Grecia, Stavros Papastavrou, elogió los «objetivos comunes de desarrollo y estabilidad» durante una reunión con su homólogo israelí. El eje central de esta cooperación es el tan discutido proyecto Great Sea Interconnector, un cable eléctrico submarino que conecta Israel, Chipre y Grecia. Aunque el proyecto se ha estancado desde su propuesta en 2017, el Gobierno griego sigue deseando reactivarlo como herramienta estratégica para limitar la influencia regional de Turquía.

La relación económica también está creciendo en otros aspectos. La inversión israelí en el sector inmobiliario y turístico griego ha seguido aumentando. Se esperaba que casi un millón de turistas israelíes visitaran Grecia en 2025, aunque las hostilidades con Irán trastocaron los planes de viaje de muchos.

A nivel nacional, la postura proisraelí de Grecia se ha convertido en parte del discurso político del partido gobernante. Tras una protesta propalestina en Atenas en julio de 2025, el ministro de Sanidad, Adonis Georgiadis, también vicepresidente del partido conservador, tuiteó que los manifestantes eran «antisemitas y enemigos del aliado más leal y valioso de Grecia: ¡Israel!». Añadió: «Estamos con Israel, les guste o no». Para agravar aún más las tensiones, durante el mismo periodo, el ministro de Justicia, George Florides, acusó efectivamente a la oposición de traición durante una sesión parlamentaria, exclamando: «Los diputados conservadores del Gobierno apoyan la alianza estratégica con Israel, mientras que ustedes (la oposición) intentan socavarla en favor de Turquía. ¡En favor de Turquía!».

Cambios en las alianzas

Este giro es escandaloso, pero no del todo repentino. Grecia no reconoció oficialmente al Estado de Israel hasta 1990, lo que la convirtió en el último país europeo en hacerlo, bajo el mandato del primer ministro Konstantinos Mitsotakis, padre del actual primer ministro. Aun así, durante décadas, Grecia mantuvo un enfoque relativamente equilibrado respecto al conflicto entre Israel y Palestina.

El cambio comenzó a acelerarse en 2010, cuando Netanyahu realizó la primera visita de un primer ministro israelí a Grecia. Su anfitrión fue el primer ministro George Papandreou, hijo del ex primer ministro Andreas Papandreou, que en la década de 1980 fue un estrecho aliado de la OLP y Yasser Arafat. Pero en 2010, con el deterioro de las relaciones de Israel con Turquía, Atenas aprovechó la oportunidad para reforzar su posición como socio regional.

Incluso el gobierno de izquierda de SYRIZA continuó con el acercamiento. En 2015, el primer ministro Alexis Tsipras se refirió a Jerusalén como la «capital histórica» de Israel, mucho antes de que Estados Unidos trasladara allí su embajada. Su ministro de Defensa, Panos Kammenos, firmó un acuerdo sobre el estatuto de las fuerzas con su homólogo israelí, que permite a Israel estacionar sus fuerzas militares en territorio griego y viceversa. Grecia fue el primer país en firmar un acuerdo de este tipo con Israel después de Estados Unidos. Chipre le siguió.

El coste de un apoyo inquebrantable

A pesar de este reajuste, Grecia sigue basando sus reivindicaciones territoriales contra Turquía en una interpretación estricta del derecho internacional. Eso hace que su entusiasta apoyo a Israel, un país ampliamente acusado de violar el derecho internacional en Gaza y Cisjordania, sea profundamente problemático.

Si Grecia y Turquía acabaran llevando sus disputas ante la Corte Internacional de Justicia, Atenas podría ver mermada su autoridad moral. La incoherencia podría debilitar su argumentación jurídica y envalentonar a los críticos que sostienen que Grecia aplica de forma selectiva las normas internacionales cuando le conviene a sus objetivos de política exterior. En un momento en que las instituciones mundiales están sometidas a tensión y el derecho internacional se pone a prueba, la decisión de Grecia de apoyar a Israel —sin importar el coste— marca una nueva fase en la geopolítica del Mediterráneo oriental. Pero esa elección puede acabar teniendo un precio diplomático

Foto de portada: El primer ministro de Grecia Kyriakos Mitsotakis (Shutterstock).

Voces del Mundo

Deja un comentario