Bianca Roberts, The New Arab, 29 agosto 2025
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Bianca Roberts es una periodista independiente australiana y profesora del departamento de Comunicación de Masas en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos.
Las cavidades que quedan en la ladera de la montaña del valle de Bamiyán, donde antes se encontraban los budas de Bamiyán, reconocidos por la UNESCO, son hoy un recordatorio de la destrucción provocada por los talibanes en Afganistán.
Pero para la Dra. Habiba Sarabi, que fue la primera mujer gobernadora de la provincia de Bamiyán, hay una cuestión más urgente en la identidad cultural y política de Afganistán que requiere atención: la creciente brecha en la igualdad de género.
Cuando el control talibán sobre Afganistán cumplió cuatro años el 15 de agosto, la Dra. Sarabi afirmó que la situación de las mujeres sobre el terreno se había deteriorado drásticamente.
«Las mujeres del país se sienten frustradas y desesperadas», declaró a The New Arab.
«Por desgracia, Afganistán se ha convertido en una prisión al aire libre para las mujeres».
Ahora, viviendo en el exilio por segunda vez en su vida, la Dra. Sarabi describe el regreso de los talibanes como una pesadilla recurrente.
Como mujer, su ascenso al protagonismo en la sociedad afgana no estuvo exento de dificultades. Sin embargo, antes de que los talibanes llegaran al poder por primera vez en 1996, la Dra. Sarabi señala que la sociedad afgana estaba más abierta al empoderamiento de las mujeres.
«En general, la situación era buena para las mujeres afganas», afirmó. «Afganistán es un país muy dominado por los hombres y, culturalmente, los hombres tienen la sartén por el mango… pero teníamos oportunidades. Si alguien quería ir a la escuela o recibir una educación, era algo aceptable. No era tabú que las niñas asistieran».
Enseñar a las niñas fuera del alcance de los talibanes
La Dra. Sarabi se graduó en Farmacia por la Universidad de Kabul en 1987. Más tarde recibió una beca de la Organización Mundial de la Salud para continuar sus estudios de hematología en la India.
La mayoría estaría de acuerdo en que la Dra. Sarabi simbolizó una breve época dorada para los derechos de las mujeres en el país, pero su vida dio un giro radical cuando los talibanes tomaron el poder en 1996.
Obligada a huir a Pakistán durante el primer periodo de gobierno del grupo, cambió su enfoque de la medicina a la educación, apoyando a las niñas afganas cuyo acceso a la escolarización se había visto interrumpido abruptamente.
«Teníamos algunas escuelas clandestinas en Afganistán. Solía viajar al país específicamente para eso y luego traía a las niñas a Pakistán para llevar a cabo un programa de alfabetización», explicó, señalando que el impacto de este trabajo era tanto práctico como psicológico.
«Tuvo un gran impacto porque, en primer lugar, recibían apoyo moral. En Afganistán, la depresión era, y sigue siendo, uno de los mayores retos para las mujeres y las niñas. Por eso, además de la educación que recibían, el apoyo moral les permitía hablar sobre la depresión y otros problemas de salud mental».

En 2005, Habiba Sarabi se convirtió en la primera mujer nombrada gobernadora de cualquiera de las 34 provincias del país.
«Nunca imaginé que podría volver a suceder»
Tras la caída del régimen talibán en 2001, la Dra. Sarabi regresó a Afganistán, convencida de que el capítulo más oscuro había llegado a su fin.
Elegida como primera ministra de Asuntos de la Mujer en el Gobierno afgano respaldado por Estados Unidos del presidente Hamid Karzai entre 2002 y 2004, y nombrada posteriormente primera gobernadora de la provincia de Bamiyán en 2005, estaba convencida de que las perspectivas para las mujeres afganas no harían sino mejorar con el tiempo.
«Recibí una calurosa bienvenida por parte de la comunidad», recuerda. «Nos centramos en las tareas administrativas: desarrollar infraestructuras, carreteras, financiación, escuelas, así como clínicas y hospitales».
El aumento de las tasas de escolarización infantil, especialmente de las niñas, se convirtió en uno de sus logros más destacados durante su mandato.
«En Kabul, la tasa alcanzó un máximo del 59%… y, por supuesto, había niñas que iban a la universidad».
Pero, en agosto de 2021, cuando Estados Unidos se retiró de Afganistán y los talibanes recuperaron el control, las esperanzas de la Dra. Sarabi de un progreso a largo plazo se hicieron añicos.
«Viví el primer régimen talibán, cuando las mujeres no tenían derechos y estaban completamente borradas de la sociedad. Nunca imaginé que podría volver a suceder, fue realmente horrible».
Décadas de progreso borradas
Hoy en día, las perspectivas para las mujeres sobre el terreno distan mucho del camino pionero de la Dra. Sarabi hacia la política.
Según un informe reciente de la UNESCO, los talibanes han promulgado más de 70 decretos en los últimos cuatro años que restringen los derechos de las mujeres y las niñas, especialmente en materia de educación, empleo y libertad de movimiento sin un acompañante masculino.
Afganistán es ahora el único país del mundo en el que las niñas tienen prohibido acceder a la educación secundaria y superior. Casi 2,2 millones de niñas se han visto afectadas, y muchas más se han visto excluidas debido a la pobreza o al matrimonio precoz. UNICEF estima que el 28% de las niñas afganas se casan antes de los 18 años.
En cuanto al logro del que más se enorgullece la Dra. Sarabi, el aumento de las tasas de alfabetización entre las niñas, este progreso se ha revertido. La alfabetización nacional de las niñas se sitúa ahora justo por encima del 20%.
A la Dra. Sarabi le preocupa especialmente un nuevo edicto talibán que prohíbe a las mujeres hablar en público.
«Cuando, por ejemplo, una mujer va a una tienda a comprar algo, no se le permite hablar ni preguntar el precio de un artículo. Ni siquiera puede decir: ‘¿Cuánto cuesta? ¿Cuál es el precio de este material?’ Simplemente no se les permite hacerlo», explicó la Dra. Sarabi.
Destacó que estas normas no se basan en las enseñanzas islámicas, ya que los decretos de los talibanes se alejan significativamente de las visiones de la mayoría de los demás países islámicos.
«El islam permite que las mujeres reciban educación, porque los primeros versículos del Corán comienzan con «Iqra», que significa «Lee» en árabe, y eso se aplica tanto a los hombres como a las mujeres», explicó. «Hay muchas enseñanzas en el islam que apoyan el derecho tanto de los hombres como de las mujeres a leer y adquirir conocimientos, pero los talibanes no se preocupan por eso».
Los talibanes siguen resistiéndose a la diplomacia
Los intentos diplomáticos para contrarrestar la normalización de la visión represiva de los talibanes llevan años en marcha, incluso antes de su segunda toma del poder en 2021.
La Dra. Sarabi recordó su etapa como una de las cuatro mujeres representantes del equipo negociador del antiguo Gobierno afgano en las conversaciones de paz de Doha con los talibanes en febrero de 2020, donde estos mostraron una decepcionante falta de voluntad para transigir en su visión radicalmente represiva de la sociedad afgana.
«Al principio, cuando fuimos a Doha, había mucha esperanza… y el pueblo afgano también tenía esperanzas», afirmó. «Pero más tarde, vimos que los talibanes no estaban realmente interesados en las negociaciones. En su mayoría querían jugar y no asistían a las reuniones con regularidad».
Los diplomáticos pretendían colaborar de forma proactiva con el deseo de los talibanes de restablecer un gobierno basado en la sharia, señalando a las prósperas naciones del Golfo y el sudeste asiático como ejemplos ideales a seguir.
«Tienen ideales y piensan que… todas las demás comunidades musulmanas, o la umma musulmana… deberían seguirlos».
También reveló que los talibanes se negaron a participar en debates con eruditos musulmanes que podrían haber cuestionado sus opiniones.
«Hicimos algunos esfuerzos para facilitar un debate entre diferentes eruditos religiosos… pero los representantes talibanes no se presentaron. No quisieron asistir al debate, a pesar de que hay un importante consejo religioso en Doha».
La Dra. Sarabi destacó que esta negativa se refleja en la falta de piedad de los talibanes hacia aquellos ciudadanos que tienen opiniones diferentes.
Ha sido testigo del uso frecuente de castigos corporales infligidos a los afganos que se atreven a desviarse de las políticas ultraconservadoras del régimen.
«He visto a dos hombres colgados de una grúa y sus cadáveres balanceándose en la ciudad de Herat. ¿Puede creerlo? En el siglo XXI, la gente puede hacer algo así», compartió.
Los castigos para las mujeres, añadió, a menudo implican un sufrimiento público y prolongado infligido por los talibanes.
«Apedreaban a las mujeres cuando eran acusadas de adulterio. Una mujer se enamoró de otro hombre y se veían en secreto para salir juntos. Lapidaron a esa mujer, y es horrible… imagina a una mujer viva ahí de pie mientras la gente le lanza piedras hasta que muere».

Los gobernantes talibanes de Afganistán han impuesto normas que excluyen a las mujeres de la vida pública y limitan su libertad de movimiento [Getty].
Las mujeres están agotadas, pero no derrotadas
A pesar del desgaste emocional, la Dra. Sarabi afirma que no se rinde.
Ahora participa en la labor diplomática multilateral liderada por las Naciones Unidas y sigue apoyando iniciativas de base como el Foro de Mujeres sobre Afganistán.
En agosto, el grupo emitió un comunicado en el que declaraba: «La llama de la resistencia de las mujeres sigue ardiendo».
«Para mí, a mi edad», dijo, «esta es la segunda vez que caigo, y me han quitado todo mi poder y mi energía. Aun así, me levanto, lista para plantar cara y luchar».
Cuatro años después del regreso de los talibanes, la Dra. Sarabi espera que el mundo no olvide Afganistán y siga exigiendo responsabilidades a los talibanes por imponer un apartheid de género que equivale a un crimen contra la humanidad.
«Sé que hay muchos problemas en el mundo, por ejemplo, Siria y Ucrania, pero por favor, recuerden que Afganistán y el pueblo afgano también forman parte de esto», prometió.
La Dra. Sarabi encuentra esperanza en algunos esfuerzos de la comunidad internacional para responsabilizar al régimen talibán.
En septiembre de 2024, Australia, Canadá, Alemania y los Países Bajos anunciaron su intención de iniciar un procedimiento ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) contra Afganistán por violaciones de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW).
Dos meses más tarde, seis países remitieron a Afganistán a la Corte Penal Internacional (CPI) por la privación de los derechos humanos en el país, en particular de las mujeres y las niñas.
«Estos anuncios son buenas noticias que pueden sacudir a los talibanes», afirmó la Dra. Sarabi. «Espero que otros países sigan su ejemplo, los apoyen y también impongan sanciones. Esto puede ayudar a apoyar a las mujeres afganas y reducir la credibilidad de los talibanes».