El estancamiento de la guerra y la presión internacional: ¿Por qué Netanyahu respalda el plan de Trump para Gaza?

Meron Rapoport, Middle East Eye, 1 octubre 2025

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Meron Rapoport es un periodista y escritor israelí, ganador del Premio Internacional de Periodismo de Nápoles por una investigación sobre el robo de olivos a sus propietarios palestinos. Es exdirector del Departamento de Noticias de Haaretz; actualmente trabaja como periodista independiente.

El anuncio del «plan de paz» estadounidense para Gaza, respaldado por Israel, del lunes no es en absoluto casual.

Refleja el creciente reconocimiento por parte del primer ministro Benjamin Netanyahu de que la guerra ha llegado a un punto muerto, tanto estratégica como políticamente.

La última ofensiva terrestre de Israel en la ciudad de Gaza, destinada a expulsar a la población palestina y ocupar la Franja, ya ha desplazado hacia el sur a la mayoría del millón de habitantes de la ciudad.

Sin embargo, Netanyahu parece cada vez más consciente de que la fuerza militar por sí sola no puede lograr la «victoria total» que prometió en 2023.

Incluso si el ejército israelí lograra expulsar a todos los palestinos de la ciudad de Gaza hacia la parte sur del enclave, alrededor de dos millones de palestinos permanecerían en la Franja.

En este escenario, el objetivo principal del Gobierno israelí —el control total mediante el desplazamiento forzoso— seguiría sin cumplirse.

Netanyahu y su gobierno de extrema derecha han abogado abiertamente por la expulsión de los palestinos de Gaza, lo que en el discurso israelí se denomina eufemísticamente «emigración voluntaria».

Sin embargo, es consciente de que expulsar por la fuerza a los palestinos de Gaza no es una solución viable.

Ningún país ha expresado su disposición a acoger a un gran número de palestinos expulsados, y el vecino Egipto ha dejado clara su oposición a cualquier desplazamiento masivo a través de su frontera.

Netanyahu sabe que ocupar la ciudad de Gaza y expulsar a su población no mejorará la posición estratégica de Israel. Por el contrario, es probable que conduzca a la destrucción de la ciudad y a un mayor aislamiento de Israel en la escena internacional.

Además, las imágenes que nos llegan de Gaza en las últimas semanas, desde que Israel lanzó su nueva ofensiva contra la ciudad, han provocado un deterioro sin precedentes de la imagen del país en el mundo.

Se ha producido una oleada de condenas internacionales y amenazas de boicot.

Desde llamamientos para expulsar a Israel del concurso de Eurovisión hasta una posible suspensión de la UEFA, la reacción se está intensificando.

Según se informa, la Unión Europea también está considerando suspender su acuerdo comercial con Israel, lo que supondría un importante golpe económico y diplomático.

Esta creciente presión internacional, junto con las recientes iniciativas de países occidentales como Francia, Gran Bretaña y Australia para reconocer un Estado palestino durante la conferencia de la ONU en Nueva York, ha enviado un mensaje claro al primer ministro israelí: Ahora es el momento de poner fin a la guerra en Gaza.

Fracaso del ataque a Qatar

Las presiones internas dentro de Israel, y no sólo las crecientes críticas internacionales, también influyeron de manera significativa en la decisión de Netanyahu de aceptar el plan estadounidense.

El jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, advirtió de que la ocupación de la ciudad de Gaza no pondría fin a la guerra ni garantizaría la seguridad de los 20 rehenes israelíes que aún permanecen en poder de Hamás.

Recientemente, Hamás anunció que había perdido el contacto con los operativos que retenían a dos de los cautivos, lo que provocó una profunda preocupación entre las familias de los cautivos.

Netanyahu, conocido por seguir de cerca la opinión pública, también ha visto disminuir el apoyo interno.

Aunque no existe una oposición generalizada entre la población israelí a la continuación de las operaciones militares en Gaza, las últimas encuestas sugieren un cambio en la opinión política.

Una encuesta reciente realizada por el Canal 12 mostró que la coalición de Netanyahu ha bajado a 48 escaños, lo que supone una pérdida de unos 20 en comparación con sondeos anteriores.

Además de la presión internacional e interna, otro factor fundamental que contribuyó al estancamiento estratégico de Netanyahu fue el fallido ataque israelí en Catar a principios de este mes, en el que las fuerzas israelíes intentaron asesinar a altos dirigentes de Hamás.

El ataque fallido provocó una inusual muestra de unidad entre los Estados árabes y musulmanes, que formaron una amplia coalición en la que se incluían países que Israel había considerado anteriormente como posibles aliados.

Desde Egipto hasta Catar, y desde los Emiratos Árabes Unidos hasta Arabia Saudí, estos gobiernos han comenzado a referirse a Israel como una fuerza desestabilizadora en la región.

El presidente egipcio, Abdel Fatah el-Sisi, expresó una condena inusualmente fuerte durante una conferencia en Doha, refiriéndose a Israel como «el enemigo israelí», un lenguaje que no había sido utilizado oficialmente por un jefe de Estado egipcio desde el tratado de paz de 1979 entre ambos países.

Netanyahu entiende que esta coalición emergente podría suponer una amenaza económica a través de países como Catar y Arabia Saudí, y una amenaza militar a través de países como Egipto, que, según se informa, ya está movilizando tropas en el Sinaí.

El fallido ataque israelí en Doha también provocó que Catar presionara al presidente estadounidense Trump para que limitara la actividad de Israel en la región.

La influencia de Catar sobre Trump personalmente es grande, ya que su familia y su administración realizan negocios lucrativos en ese Estado del Golfo.

Plan impreciso

Tras la publicación del plan propuesto, Netanyahu se mostró satisfecho, llegando incluso a afirmar que el acuerdo conduciría al aislamiento de Hamás, en lugar del de Israel.

Aunque el acuerdo aún no se ha firmado formalmente, Netanyahu parece esperar que un respaldo simbólico por parte de Israel, por muy poco comprometedor que sea, sea suficiente para reducir la intensidad de la presión internacional.

Es posible que su calculada muestra de apoyo pueda aliviar el creciente aislamiento diplomático de Israel.

Sin embargo, aún es demasiado pronto para juzgar, ya que mucho depende de las respuestas tanto de Hamás como de la coalición árabe en general.

No obstante, la satisfacción de Netanyahu con el plan es, en muchos sentidos, comprensible.

El acuerdo está redactado de forma ambigua y deja un margen considerable para la interpretación, con múltiples lagunas y disposiciones vagas sobre el futuro.

Fundamentalmente, no incluye ningún compromiso firme por parte de Israel más allá de una retirada inicial limitada tras la liberación de los cautivos por parte de Hamás.

De hecho, no existe ningún compromiso vinculante por parte de Israel para poner fin a la guerra por completo.

Los detalles relativos a la fuerza internacional propuesta —cómo se formará, qué mandato tendrá y cómo operará— siguen sin estar claros y sin definirse.

Problemas en la coalición

A pesar de ello, es probable que varios elementos del acuerdo se enfrenten a una fuerte oposición por parte de figuras clave de la coalición gobernante de Netanyahu, en particular los ministros de extrema derecha Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir.

Ambos han sido dos de los socios más influyentes y vocales de Netanyahu en el genocidio de Gaza, y es poco probable que acepten el acuerdo tal y como está.

Aunque Smotrich, ministro de Finanzas, y Ben Gvir, ministro de Seguridad Nacional, no tienen poder para bloquear el acuerdo dentro del Gobierno, ya que Netanyahu conserva la mayoría gobernante, podrían optar por dimitir en señal de protesta.

Esto podría desencadenar elecciones anticipadas, mucho antes de la fecha prevista en noviembre de 2026.

Para Ben Gvir y Smotrich, el punto 12 de la propuesta de la Casa Blanca, que establece que «nadie será obligado a abandonar Gaza», representa una traición total a uno de sus objetivos centrales.

La expulsión forzosa de los palestinos de Gaza se ha convertido en un objetivo fundamental para la extrema derecha, que Netanyahu y varios otros ministros han repetido como parte de los objetivos bélicos más amplios de Israel.

Smotrich y Ben Gvir consideran que cualquier compromiso en este frente es una oportunidad perdida, quizás histórica, para alterar de forma permanente el panorama demográfico y político, despoblar la Franja de Gaza y, en su opinión, «resolver» el conflicto con los palestinos en los términos de Israel.

Otras disposiciones del plan les resultarán igualmente difíciles de aceptar.

La disculpa de Netanyahu al primer ministro qatarí Mohammed bin Abdulrahman bin Yasim Al Zani, la propuesta de liberar a cientos de presos palestinos —entre ellos muchos condenados a cadena perpetua— y el despliegue de una fuerza internacional en Gaza representan concesiones importantes.

Durante años, Israel se ha opuesto firmemente a la intervención militar o política internacional en Gaza; dar marcha atrás en esa postura será considerado por la extrema derecha como una capitulación.

Luego está el punto 19 del acuerdo, que pide «una vía creíble hacia la autodeterminación y la creación de un Estado palestino» supeditada a las reformas de la Autoridad Palestina, junto con cláusulas que permiten la administración de la ayuda humanitaria a través de agencias de la ONU.

Esto podría exacerbar aún más las tensiones dentro de la coalición. La extrema derecha rechazará cualquier lenguaje que implique un futuro Estado palestino o que legitime la participación de la ONU.

No obstante, Netanyahu parece contar con el apoyo suficiente dentro de su propio partido, el Likud, para seguir adelante con el acuerdo. También puede contar con el respaldo de la oposición, cuyos líderes han respaldado públicamente el acuerdo.

Aun así, Netanyahu podría optar por convocar elecciones anticipadas una vez firmado el acuerdo.

De este modo, podría intentar replantear políticamente el momento, presentándose no como un primer ministro bajo presión, sino como alguien que se resistió a las demandas nacionales e internacionales y asestó un golpe «histórico» a Hamás.

Sin embargo, independientemente de cómo lo presente Netanyahu, los objetivos fundamentales de Israel en la guerra siguen estando lejos de alcanzarse.

La presencia continuada de palestinos en Gaza, el posible despliegue de fuerzas internacionales y la posibilidad —por remota que sea— de la creación de un Estado palestino representan importantes reveses para el Gobierno israelí.

Por encima de todo, ponen de relieve la crisis política y estratégica a la que se enfrenta ahora Netanyahu.

Foto de portada: El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habla en la 80.ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas el 26 de septiembre de 2025 en la ciudad de Nueva York (Alexi J Rosenfeld/Getty images vía AFP).

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