Queremos vivir con dignidad: La generación Z de Marruecos está harta de esperar por sus derechos básicos

Abdellatif El Hamamouchi, The New Arab, 6 octubre 2025

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Abdellatif El Hamamouchi es un periodista de investigación en ciencias políticas de Marruecos. Es miembro de la Oficina Central de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos. Escribe para The Intercept, Open Democracy y Sada-Carnegie Endowment for International Peace. También es autor de “Moncef Marzouki: His Life and Thought”, escrito en colaboración con Maati Monjib y publicado por el Centro Árabe de Estudios e Investigaciones Políticas de Doha. X: @AHamamouchi

A mediados de septiembre, estallaron una serie de protestas en la ciudad marroquí de Agadir contra el deterioro de los servicios sanitarios, después de que ocho mujeres embarazadas murieran por negligencia médica y falta de equipamiento básico en el Hospital Regional Hassan II.

Una de las protestas, organizada por los residentes de Agadir, provocó una explosión de simpatía y dolor entre los marroquíes después de que un tío llevara a la protesta a una niña en estado crítico. El hospital se había negado a tratarla por un enorme tumor en la espalda, a pesar de que era evidente que necesitaba una intervención médica urgente.

Las imágenes de la pequeña sufriendo causaron indignación en todo Marruecos, especialmente entre los jóvenes, después de que la historia se difundiera rápidamente en las redes sociales. En todas las plataformas, incluidas Instagram, Facebook y Discord, el debate se centró en la necesidad de una acción colectiva para defender los derechos económicos y sociales de los marroquíes de a pie. Los jóvenes furiosos invocaron el ejemplo de la «Revolución de la Generación Z» en Nepal, donde el Gobierno fue derrocado a principios de septiembre de este año por los manifestantes.

De las pantallas a la calle

Discord, una plataforma digital muy utilizada por los jugadores de videojuegos, ha registrado un aumento de la actividad de un grupo de jóvenes que se autodenomina «GenZ 212». Cabe destacar que se trata de la misma plataforma que utilizaron los jóvenes nepalíes para movilizar a la población y que se uniera al movimiento.

Los marroquíes también han adoptado el nombre («GenZ») y el método de movilización inspirado en los nepalíes. Al igual que los manifestantes del sur de Asia que les precedieron, los participantes en esta iniciativa juvenil ocultan sus nombres y cualquier información que permita identificarlos, por temor a ser descubiertos por los servicios de seguridad, cuyas tácticas represivas se han intensificado en los últimos años debido al papel cada vez más importante de los servicios de inteligencia en la escena política marroquí.

El grupo, cuyos principales miembros siguen siendo desconocidos, convocó inicialmente protestas pacíficas en todo Marruecos los días 27 y 28 de septiembre. El grupo, que no tiene una estructura discernible y no está afiliado a ninguna orientación ideológica o política, se centró en tres reivindicaciones: la reforma de los sectores de la salud y la educación y la lucha contra la corrupción rampante en las instituciones estatales.

Cientos de jóvenes marroquíes respondieron al llamamiento de GenZ 212 y salieron a las calles en escenas que recordaban al levantamiento del Movimiento 20 de Febrero de 2011. A pesar de la diferencia de contexto, ya que la Primavera Árabe tuvo una dimensión regional que se extendió desde el océano Atlántico hasta el Golfo, y el «Movimiento GenZ» se caracteriza por una lucha más globalizada, las consignas coreadas en las calles durante las protestas coincidían en gran medida con las de 2011.

Al ser detenido, un manifestante gritó: «Viva el pueblo», un eslogan adoptado por el Movimiento 20 de Febrero en oposición al «Viva el rey». Otros cánticos que se escucharon fueron «Libertad, dignidad, justicia social», «El pueblo quiere acabar con la corrupción» y «El pueblo quiere acabar con la tiranía». Sin embargo, el lema principal que se ha coreado en las calles marroquíes durante los últimos días ha girado en torno a la frase: «Primero la salud, no queremos el Mundial».

En un contexto de pobreza extrema y desempleo generalizado (21,9% entre las personas de 25 a 34 años), el Gobierno marroquí ha destinado 20.000 millones de dirhams (alrededor de 2.000 millones de dólares) al desarrollo y la construcción de estadios de fútbol con vistas a la Copa del Mundo de 2030. El gasto total del Gobierno en la Copa del Mundo se ha estimado en 5.000 millones de dólares.

Las sospechas de corrupción y los conflictos de intereses que rodean al primer ministro y a los miembros de su gabinete, en particular a Fouzi Lekjaa, ministro de Presupuesto del Gobierno, a quien el rey también ha encargado la ejecución del «proyecto de la Copa del Mundo», han agravado aún más la frustración de los marroquíes de a pie.

El mismo ministro «supervisó» el desembolso de 12.000 millones de dólares para reconstruir las zonas destruidas por el terremoto de Al Haouz que sacudió Marruecos el 8 de septiembre de 2023. Sin embargo, hasta la fecha, la mayoría de las víctimas del terremoto siguen viviendo en tiendas de campaña en mal estado. Al parecer, los fondos se han retirado del tesoro público sin haber llegado nunca a la población, lo que, como era de esperar, ha provocado un descontento generalizado entre los marroquíes.

Seguridad represiva

Las fuerzas de seguridad marroquíes han tratado con brutalidad a los pacíficos manifestantes, golpeándolos, pateándolos y arrastrándolos por el suelo, y se han llevado a cabo cientos de detenciones arbitrarias. Sólo en la capital, Rabat, han sido detenidos 148 jóvenes, en su mayoría estudiantes o titulados universitarios. De hecho, Amnistía Internacional ya ha condenado la represión de los manifestantes, mientras que la Asociación Marroquí de Derechos Humanos ha documentado lo que califica de «graves violaciones».

En muchas de las ciudades donde se produjeron las protestas, los coches de policía se llenaron rápidamente de manifestantes detenidos. Un vídeo publicado en YouTube mostraba el momento en que la policía no encontraba un medio de transporte para dos detenidos, y se oye a un agente decir a sus compañeros que todos sus coches estaban «llenos».

Otros vídeos muestran el alcance de la violencia utilizada durante las detenciones, incluso contra mujeres, que asistieron en gran número a las manifestaciones para denunciar «la corrupción y la tiranía» con un valor sin precedentes. Durante su detención por parte de las fuerzas de seguridad, una joven gritó: «¡Abajo la mafia gobernante!», mientras que otra gritaba: «¡Queremos vivir con dignidad!».

Sin embargo, las fuerzas de seguridad no se han limitado a realizar detenciones y a agredir verbal y físicamente a los manifestantes. A última hora del 30 de septiembre, un vehículo de la Seguridad Nacional en la ciudad marroquí oriental de Oujda atropelló deliberadamente a un grupo de manifestantes, hiriendo gravemente a Amin Bousaada, de 19 años, al que tuvo que amputársele la pierna izquierda.

Amin, estudiante de la facultad de ciencias de la Universidad Mohammed I, sintió que no tenía más remedio que unirse a las protestas pacíficas contra el deterioro de la situación social. Además de sus estudios universitarios, Amin mantenía a su empobrecida familia trabajando como vendedor ambulante, el mismo trabajo que tenía el tunecino Mohamed Bouazizi, cuya trágica muerte desencadenó la Primavera Árabe a finales de 2010.

Según el padre de Amin, a su hijo «le amputaron la pierna izquierda por debajo de la rodilla» y es posible que también tengan que amputarle la derecha si los médicos no pueden tratarla rápidamente.

En la tarde del 1 de octubre, las autoridades marroquíes anunciaron la muerte de dos personas y heridas de diversa gravedad a otras, causadas por disparos de la Gendarmería Real Marroquí en Lqliaa, cerca de Agadir. Según las versiones oficiales, algunos manifestantes intentaron asaltar la sede de la gendarmería para «apoderarse de municiones, equipo y armas».

Disturbios

Tras la excesiva represión policial utilizada para dispersar a la multitud y detener a los manifestantes, se han producido casos esporádicos de violencia entre los ciudadanos y las fuerzas de seguridad, especialmente en algunas pequeñas aldeas y pueblos de las afueras de las grandes ciudades. En la noche del 30 de septiembre, individuos enmascarados de la región de Ait Amira atacaron vehículos policiales e incendiaron algunos de ellos. Incidentes similares se produjeron en Inzegane, una ciudad costera cercana a Agadir, y en otras ciudades.

En respuesta a estos incidentes, GenZ 212 reafirmó su carácter pacífico y condenó cualquier acto de violencia. En una reunión online celebrada el 2 de octubre por el grupo en Discord, las principales conclusiones fueron el rechazo de GenZ 212 a la violencia perpetrada por individuos enmascarados desconocidos, por un lado, y a la represión impuesta por los servicios de seguridad e inteligencia, por otro. En opinión del grupo, las fuerzas de seguridad estaban desempeñando un papel represivo que estaba inflamando las calles y llevando al país por una trayectoria peligrosa.

Una de las observaciones que se planteó en la reunión fue la sugerencia de que la violencia perpetrada por individuos enmascarados podría haber sido orquestada por las propias autoridades, con el objetivo de crear un pretexto para reprimir el movimiento y detener y encarcelar a sus miembros bajo acusaciones graves y falsas. Esto ya ocurrió con el movimiento pacífico del Rif en 2017, cuando su líder, Nasser Zefzafi, fue detenido y condenado a 20 años de prisión.

Es importante señalar que los disturbios violentos suelen estallar a altas horas de la noche, después de la hora prevista para el final de las manifestaciones, que a menudo son reprimidas con dureza desde el principio, lo que da cierto crédito a estas sospechas.

En última instancia, la ausencia de un interlocutor oficial entre las autoridades marroquíes está llevando al país al borde del colapso.

Por un lado, el Gobierno, liderado por el multimillonario Aziz Akhannouch, ha evitado dirigirse al pueblo o incluso explicar las causas de la crisis económica que asola el país. Por otro lado, el palacio real, el verdadero órgano de gobierno, no se comunica con los marroquíes para tranquilizarlos de ninguna manera, dada la enfermedad del rey y sus prolongadas y repetidas ausencias del país. Parece que sólo la «coalición de la seguridad», como la llama el primo del rey, el príncipe Hicham Alaoui, está siendo instrumentalizada actualmente para gestionar la «crisis» que envuelve al país.

Foto de portada: Las protestas desencadenadas por el Movimiento Z Generation 212, que exige «justicia social» y «lucha contra la corrupción», continúan en muchas ciudades del país. [GETTY]

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