Mientras Israel sigue devorando Cisjordania, Abbas se aferra a una Autoridad Palestina que se hunde

David Hearst, Middle East Eye, 27 octubre 2025

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


David Hearst es cofundador y redactor jefe de Middle East Eye, así como comentarista y conferenciante sobre la región y analista en temas de Arabia Saudí. Fue redactor jefe de asuntos exteriores en The Guardian y corresponsal en Rusia, Europa y Belfast. Con anterioridad, fue corresponsal en temas de educación para The Scotsman.

Nada revela la verdadera naturaleza del sionismo más claramente que los ataques anuales de los colonos israelíes durante la cosecha de la aceituna en Cisjordania.

Este año, están especialmente frenéticos.

Tras dos años de guerra genocida en Gaza, se han desatado por completo en su intento de purgar el campo de su población nativa.

Casi tanto como la bandera palestina, el olivo representa el símbolo de la propiedad que una generación palestina transmite a otra, y los israelíes de todas las tribus están decididos a borrarlo.

Afaf Abu Alia, una madre palestina de 53 años que fue golpeada en la cabeza por turnos por colonos israelíes, dijo: «Cuando cortaron nuestros olivos, sentí como si nos estuvieran sacando los ojos. El olivo es algo muy preciado para nosotros, como si fueran nuestros propios hijos».

Los pogromos contra los palestinos son pura agresión étnica, diseñados únicamente para expulsarlos de sus tierras. Ningún «amigo de Israel» puede pretender lo contrario.

No hay nada remotamente «defensivo» en esta operación. Turbas de colonos están inmersas en una cacería de presas palestinas.

Esto demuestra hasta qué punto es un mito lo que Israel afirma cuando dice ofrecer un refugio seguro a las víctimas judías del antisemitismo. Tampoco pueden alegar que esta agresión descarada contra palestinos desarmados es obra de un grupo marginal de colonos y que el resto de Israel quiere vivir en paz con sus árabes.

La quema de coches, las palizas y los asesinatos son un esfuerzo colectivo y un elemento clave para el impulso legislativo simultáneo a favor de la anexión.

Sin oposición a la anexión

Aparte de los colonos y los ciudadanos que acuden con barras de metal, hay soldados que disparan gases lacrimógenos y balas a sus víctimas; la policía fronteriza que detiene a las víctimas de los colonos e impide que las ambulancias recojan los cadáveres; así como el Shin Bet, el servicio penitenciario israelí, los coordinadores de seguridad de los asentamientos, la oficina de enlace militar israelí, los tribunales y, por supuesto, la semana pasada, la propia Knesset.

El Parlamento aprobó en primera lectura dos proyectos de ley. El primero aplicaba la soberanía israelí a todos los asentamientos de la Cisjordania ocupada. El partido gobernante, el Likud, se opuso a ello, aunque uno de sus miembros, Yuli Edelstein, rompió filas para emitir el voto decisivo.

Edelstein afirmó que apoyaba la medida porque «la soberanía israelí en todas las partes de nuestra patria es la orden del día» y pidió a «todas las facciones sionistas que votaran a favor».

El otro era un proyecto de ley más limitado propuesto por el nacionalista secular Avigdor Lieberman para anexionar el gran asentamiento de Ma’ale Adumim, argumentando que la forma más segura de devorar la Cisjordania ocupada era en lonchas finas.

«Ma’ale Adumim constituye el consenso más amplio de la sociedad israelí. En términos de aplicación de la soberanía, es mejor optar por un consenso nacional más amplio respecto a Ma’ale Adumim, Ariel, Gush Etzion y el valle del Jordán».

Este proyecto de ley, que todos en Europa y Estados Unidos deben tener en cuenta, obtuvo el apoyo de los «llamados» líderes de la oposición Yair Lapid y Benny Gantz.

De hecho, no hay oposición a la anexión. Cuenta con el apoyo de ambos partidos.

Miembros destacados del gabinete, como el ministro de Justicia, Yariv Levin, y el ministro de Defensa, Israel Katz, también han respaldado la anexión. El verano pasado, la Knesset aprobó por abrumadora mayoría una moción no vinculante a favor de aplicar la soberanía israelí en Cisjordania.

Incluso la declaración del partido Likud, que desestimó los dos proyectos de ley como una maniobra política destinada a avergonzar al Gobierno el día en que el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, estaba en la ciudad, dejó entrever lo que realmente estaba pasando.

«Cada día afianzamos los asentamientos con acciones, presupuestos, construcción, industria, y no con palabras. La verdadera soberanía se logrará… creando las condiciones políticas adecuadas para el reconocimiento de nuestra soberanía, como se hizo en los Altos del Golán y en Jerusalén».

Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas y gobernador colonial de facto de Cisjordania, no se inmutó ante el rechazo del presidente estadounidense Donald Trump a la anexión.

Trump había advertido de que Israel perdería «por completo» el apoyo de Estados Unidos si anexionaba Cisjordania, y que «eso no iba a suceder», ya que rompería los compromisos que había adquirido con los líderes árabes.

Smotrich, que ya no debe considerarse un sionista religioso marginal o extremista, sino la voz de la fuerza motriz de la política israelí, dijo que sólo era cuestión de tiempo que Trump cambiara de opinión, tal y como hizo al reconocer la soberanía israelí sobre los Altos del Golán.

Una amarga cosecha

Sólo es el comienzo de la cosecha de aceitunas de este año, que continúa hasta diciembre, pero los pogromos ya han tenido un efecto dramático.

La Comisión Palestina de Resistencia a la Colonización y al Muro ha documentado 158 ataques de colonos desde el inicio de la cosecha de aceitunas, que se extiende desde octubre hasta finales de diciembre, ataques llevados a cabo todos ellos bajo la protección del ejército israelí.

Palestina suele producir entre 17.000 y 22.000 toneladas de aceitunas, pero esta temporada se espera que la producción caiga a sólo 7.000 toneladas, la más baja en décadas.

Desde principios de año, se han quemado o arrancado 10.000 árboles, de los que depende aproximadamente la mitad de la población palestina. Pero el verdadero objetivo de Smotrich es la tierra en la que se encuentran los árboles.

La clave de su plan para anexionar el 82% de la Cisjordania ocupada es el principio de «la máxima cantidad de tierra con el mínimo de árabes».

Los pogromos ya han expulsado a los palestinos de una quinta parte de la tierra a la que aún se aferran.

Los olivos cubren unos 550.000 dunams (alrededor de 136.000 acres) de tierras de cultivo de un total de 1,2 millones de dunams. En los últimos dos años, la violencia del ejército israelí y los colonos ha impedido a los agricultores acceder a 110.000 dunams de sus tierras.

Así que, con o sin las negativas del Likud o las amenazas de Trump, el plan de Smotrich está firmemente en marcha. Quizás no a la velocidad con la que él quiere que se lleve a cabo, pero ya no puede ponerse en duda el destino final.

La sucesión de Abbas

Si estás asentado en Ramala, Smotrich representa una amenaza existencial para quienquiera que sustituya al envejecido presidente palestino Mahmud Abbas, aunque esto ya no ofrece ninguna duda tras el decreto que emitió el domingo.

En respuesta a las especulaciones de que el archirrival de Abbas en Fatah, Marwan Barghuti, podría salir de la prisión israelí tras más de 20 años, y de que Trump estaba considerando seriamente las súplicas de Fadwa, la esposa de Barghuti, Abbas emitió un decreto que cierra la puerta a cualquier rival o, de hecho, a cualquier elección.

El decreto establecía que, si él ya no podía cumplir con sus funciones como presidente, el cargo sería ocupado «temporalmente» —una palabra siempre sospechosa en Oriente Medio— por Hussein al-Sheikh, vicepresidente del comité ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).

Sheikh, que es el principal contacto de Israel para asuntos civiles en Cisjordania, ha sido investigado y aprobado tanto por Tel Aviv como por Washington.

En la última encuesta disponible, sólo el 18,9% de los palestinos apoyaba su nombramiento como vicepresidente. En un contexto normal, Sheikh sería arrollado por Barghuti.

Pero las encuestas son irrelevantes para el presidente Abbas, que no ha permitido que se celebren elecciones durante 21 años y que ha cerrado el Consejo Legislativo Palestino (CLP), que ha estado inactivo después de que la última votación en 2006 otorgara a Hamás 74 de los 132 escaños, mientras que la gobernante Fatah sólo obtuvo 45.

La clausura del parlamento por parte de Abbas es otra de las razones del decreto del domingo. La Ley Fundamental establece que un presidente incapacitado debe ser sustituido por el presidente del Consejo Legislativo.

Ahora ya no se puede.

Todo esto es habitual para Abbas. Es como si el genocidio en Gaza nunca hubiera tenido lugar y tampoco se estuviera produciendo un ataque existencial contra la Autoridad Palestina (AP).

La AP respondió al genocidio en Gaza con el silencio. Un genocidio que está persiguiendo al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y a su exministro de Defensa, Yoav Gallant, por crímenes de guerra en la Corte Penal Internacional.

Pero el intento de Israel de exterminar Gaza ni siquiera ha hecho mella en la política de Abbas de excluir a Hamás de cualquier forma de gobierno de unidad. Al contrario, sólo la ha confirmado.

Otros mandamases de Fatah que aparecen en reuniones internacionales se cuidan mucho de acompañar sus declaraciones de que Hamás debe ser desarmado en Gaza con reconocimientos cuidadosamente redactados de que, en cierta medida, debe participar en el proceso de búsqueda de un nuevo líder.

Pero no Abbas, que claramente cree que los grupos de resistencia son una amenaza mayor para su autoridad de la que actualmente representa Israel.

Al igual que Netanyahu, cuyo mayor logro en la vida ha sido acabar con el Estado palestino nada más nacer, el mayor orgullo de Abbas ha sido aferrarse al poder, 21 años después de haberlo perdido efectivamente.

Las contradicciones entre marginar a Hamás, reformar la Autoridad Palestina para que sea aún más sumisa a Israel y su ocupación de lo que ya es, y lograr las aspiraciones del pueblo palestino de un Estado soberano dentro de las fronteras de 1967, están plenamente recogidas en el informe interno del Ministerio de Asuntos Exteriores saudí, que fue filtrado a Middle East Eye.

Arabia Saudí afirmó que Hamás tiene un «impacto en la obstrucción de los esfuerzos de paz y en la profundización de las divisiones» y, por lo tanto, debe ser marginada.

Este documento, redactado en árabe, estaba destinado presumiblemente a ser distribuido entre los delegados árabes en la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York.

Smotrich se rió de los intentos de Arabia Saudí de negociar la normalización a cambio de un Estado palestino. «Sigan montando en camello por el desierto saudí. Nosotros seguiremos desarrollando nuestra economía, nuestra sociedad y nuestro Estado con todas las cosas maravillosas que sabemos hacer».

¿Y ahora qué?

El propio Barghuti sigue siendo una incógnita. Queda por ver si, en caso de ser liberado, conserva aún el poder que tuvo en su día para liderar la lucha de liberación nacional palestina y hacer que Israel lo tome en serio como negociador.

En el pasado, Israel simplemente asesinó a líderes como Yasser Arafat —que hoy se cree que fue envenenado— que intentaron hacer ambas cosas y fracasaron.

Hay muchas razones por las que Israel asesinaría a Barghuti, dentro o fuera de la cárcel, si alguna vez se convirtiera en un serio rival por el poder en Ramala.

Pero si Barghuti, o alguien como él, no asume el control de Fatah muy pronto, Abbas arrastrará consigo a su partido y a todas las instituciones palestinas: la Autoridad Palestina, el Consejo Legislativo Palestino y la OLP. ¿Es esta perspectiva tan real verdaderamente beneficiosa para aquellos miembros de Fatah que actualmente mantienen un perfil bajo?

Hamas y los grupos de resistencia tienen todas las posibilidades de sobrevivir a Abbas y continuar en Gaza, Cisjordania y la diáspora.

Lo único que le queda a Abbas es reorganizar las sillas en la cubierta del Titanic. Incluso él debería ser consciente de eso.

Foto de portada: El presidente palestino Mahmud Abbas camina por Downing Street para reunirse con el primer ministro británico Keir Starmer, en Londres, Inglaterra, el 8 de septiembre de 2025 (Reuters).

Voces del Mundo

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