Francia en crisis: una derecha dividida, un centro dividido y una izquierda dividida

Walden Bello, Foreign Policy In Focus, 27 octubre 2025

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Walden Bello, columnista del Foreign Policy in Focus, es presidente del Board of Focus on the Global South y autor de Counterrevolution: The Global Rise of the Far Right (2019) y de Global Battlefields: Memoir of a Legendary Public Intellectual from the Global South (2025).

En los nueve años transcurridos desde su fundación en 2016, La France Insoumise (LFI) se ha convertido en la principal formación de izquierda en Francia, con una representación parlamentaria actual de 71 escaños, por delante de los partidos tradicionales de izquierda, el Partido Socialista y el Partido Comunista. La personalidad más identificada con ella es Jean Luc Melenchon, que se ha presentado tres veces a las elecciones presidenciales, la última en 2022, cuando obtuvo el 21,9% de los votos, quedando en tercer lugar tras Marine Le Pen, del Agrupamiento Nacional, y Emmanuel Macron.  La France Insoumise describe su orientación como socialista democrática y ecosocialista.

La crisis del macronismo

Walden Bello (WB): ¿Podría dar su opinión sobre la situación política actual en Francia?

La France Insoumise (LFI): En términos estratégicos, nos encontramos ante el fin del macronismo. Los macronistas están muy divididos y, en su desesperación, se están aliando con la extrema derecha.

Comencemos señalando que el año pasado, cuando la Agrupación Nacional ganó las elecciones al Parlamento Europeo, Macron estaba dispuesto a llegar a un acuerdo con ellos. Iba a nombrar a un primer ministro de la Agrupación Nacional. Ese era el plan.

Eso no sucedió. Pero, aunque no fuera así, la realidad es que el macronismo ya ha absorbido gran parte de la ideología y los eslóganes de la extrema derecha. Los macronistas están aliados con la extrema derecha en el actual Gobierno. Los republicanos, el partido tradicional de la derecha, ya se han posicionado, más que nunca, junto a la extrema derecha. El nuevo líder de este partido, un hombre llamado Bruno Retailleau, es ahora ministro del Interior y, por lo tanto, de la policía. En una reunión, dijo: «Abajo el velo». Como saben, este es un eslogan de la extrema derecha. Además, como probablemente sabéis, durante la guerra colonial en Argelia, la comunidad colonial francesa también gritaba «Abajo el velo», dirigiéndose a las mujeres musulmanas. Así que se trata de algo muy antiguo, pero al mismo tiempo, dada la situación actual, muy preocupante. La islamofobia representa una amenaza muy real en la medida en que proporciona el pegamento ideológico de todas las fuerzas de derecha en nuestro país.

Las protestas populares y la izquierda

WB: ¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrenta la izquierda en este momento?

Jean Luc Melenchon (JLM): Los capitalistas están apoyando a la extrema derecha. ¿Sabes por qué? Porque existe una intensa movilización social contra las decisiones derivadas del programa neoliberal. En Francia se respira un ambiente prerrevolucionario, según admiten los analistas que son favorables al poder. De hecho, en todo el mundo, desde hace muchos años, se dan situaciones revolucionarias. A estos acontecimientos los llamamos «revoluciones ciudadanas». En mi libro «L’ère du peuple», intento analizarlos, incluidas las condiciones que los producen. Esta situación es la que preocupa a Macron y al establishment.

En Francia hubo un movimiento de los chalecos amarillos. Al principio, la izquierda tradicional no los apoyó. Decían que los chalecos amarillos eran fascistas. Solo diez días después de que comenzara, la izquierda, los sindicatos y el movimiento antiglobalización hicieron una declaración diciendo que los apoyaban. Lo que estaba sucediendo era que estaba surgiendo una nueva línea de conflicto: no la izquierda contra la derecha, sino la oligarquía contra el pueblo.

Como sabes, en 2005 y 2023 se produjeron protestas masivas. El carácter de ambas protestas fue diferente. Las de 2005 tuvieron lugar en los suburbios de las grandes ciudades. Las de 2023 se produjeron también en ciudades más pequeñas. Los participantes eran gente muy joven. Algunos sociólogos dijeron que las protestas de 2005 y 2023 tenían las mismas causas, pero nosotros creemos que las de 2023 fueron diferentes. Las personas que participaron en ellas eran muy jóvenes y sentían muy profundamente lo que rechazaban, incluido el derecho de la policía a matarlos, la licencia para matar, especialmente a los jóvenes árabes.

No había ningún portavoz, pero estaba claro contra qué se manifestaban. Era una reacción a una ejecución extrajudicial. Y la polarización fue más acusada en 2023, en parte debido a las redes sociales. Hubo una gran muestra de ira por parte de la derecha en reacción a las protestas, y algunas personas expresaron que era correcto que la policía matara a estos jóvenes árabes y negros.

Capitalismo y racismo

WB: ¿Las protestas de 2023 también estuvieron relacionadas con cuestiones económicas?

LFI: Sí, lo estuvieron, y señalamos que los acontecimientos fueron causados por las políticas neoliberales.

Fueron la respuesta de la gente al impacto del neoliberalismo en su existencia concreta. Todos los demás partidos los calificaron de disturbios. Nosotros no. El término utilizado era muy importante para nosotros. Las víctimas del racismo también deben ser consideradas víctimas del capitalismo. Son personas que también están totalmente explotadas por el capitalismo. Por lo tanto, contrariamente a la posición del líder del Partido Comunista y de algunos miembros del Partido Socialista, no se puede separar la lucha contra el racismo de la lucha contra el capitalismo.

Debemos insistir en que el racismo no es sólo una cuestión moral. Está vinculado a la economía. Por ejemplo, dicen que sólo tenemos una cantidad limitada de riqueza para compartir y que compartirla con los migrantes perjudicará a nuestra propia gente. Esto sirve para dividir a la población. Se empieza con los migrantes, luego se dice que también hay que excluir a los blancos pobres, y así sucesivamente. Así, los macronistas están tratando de normalizar esta división promovida por la extrema derecha. Les parece conveniente plantearlo de esta manera. Eso es lo que han empezado a hacer en Mayotte, destruir los derechos de los migrantes, y después de Mayotte, llevarán esta idea a Francia. Así pues, Mayotte y otros territorios de ultramar de Francia están sirviendo de laboratorio. Pero también hay iniciativas de este tipo en muchos lugares, como los suburbios de alrededor de Marsella, donde el partido Agrupación Nacional, de Marine Le Pen, ejerce cierta influencia. Están creando muchos estados de excepción. Por ejemplo, ahora hay un proyecto de ley, presentado por Agrupamiento Nacional, para encarcelar a cualquier extranjero detenido durante al menos 200 días si ha sido previamente condenado y sentenciado. Eso es una clara violación de los derechos fundamentales: no se puede encarcelar a nadie si no ha sido condenado y sentenciado. El 85% de las nuevas leyes en un año están patrocinadas o respaldadas por Agrupación  Nacional.

Nos gustaría añadir que también estamos tratando de crear un nuevo antirracismo. Uno de los problemas a los que nos hemos enfrentado es que, en el pasado, los socialistas utilizaron el antirracismo como arma cuando estaban en el poder para perseguir a sus enemigos. Por eso, ahora la gente desconfía mucho del antirracismo, sobre todo si quienes lo defienden son líderes que son hombres blancos con agendas políticas.

También estamos luchando contra nuevas formas de racismo, como la acusación de que las personas no blancas se están infiltrando en la sociedad y el gobierno para alcanzar altos cargos, y que lo están haciendo gracias a las ventajas especiales que les proporciona el gobierno. Esto es extraño porque, en el pasado, su crítica era que los musulmanes no querían integrarse. Pero ahora, cuando algunas personas no blancas alcanzan altos cargos, como la camarada Nadege, que es vicepresidenta de la Asamblea Nacional, dicen que es gracias a los beneficios especiales de los que disfrutan.

WB: Entonces, por lo que deduzco de lo que dices, ¿no crees que otros sectores de la izquierda simpaticen con la difícil situación de los migrantes o la comprenden realmente?

LFI: Sí, pero esto no es nuevo para los líderes comunistas, porque hace 40 años ya decían que había un problema con los inmigrantes. Pero nuestras diferencias con el Partido Comunista van más allá de calificar las protestas como disturbios, y se refieren a visiones diferentes de la sociedad. Se trata de quién forma parte del pueblo, y esto es algo que evoluciona con el tiempo. El Partido Comunista está muerto porque se ha quedado estancado en una visión obsoleta de quiénes son el «pueblo revolucionario». La clase trabajadora ha evolucionado, de modo que los árabes y otras comunidades no blancas son ahora mayoría en muchos sectores de la clase trabajadora. Esto se puede ver en los hospitales, donde incluso la mayoría de los médicos no son blancos. Por lo tanto, es muy importante luchar contra el racismo, porque si no lo haces, permites que el pueblo y la clase trabajadora se dividan.

La izquierda dividida

WB: Pasando a un tema relacionado con esto, ¿puedes decirme cuál es la situación de la izquierda en Francia?

LFI: Se puede decir que sin France Insoumise ya no habría una izquierda viable en Francia. Por supuesto, hay otros partidos, como el Partido Socialista. Pero el Partido Socialista no afronta los numerosos retos del país. No lucha contra el racismo con la fuerza que debería. Concretamente, el Partido Socialista está dividido. No tiene agenda, no tiene programa. Y la única cuestión para ellos es saber cómo ganar escaños y si deben aliarse con LFI o no. Es una situación difícil, pero debemos seguir adelante, aunque nos acusen de crear divisiones. En términos estratégicos, nos enfrentamos al macronismo, que está muy dividido porque está llegando a su fin, y a la extrema derecha. Por supuesto, como en muchos otros países, están los medios de comunicación, dominados por multimillonarios que favorecen en gran medida una victoria de la extrema derecha.

WB: Entonces, cuando hablas de los socialistas, ¿estás diciendo que no quieren una alianza con LFI?

LFI: Los socialistas están divididos en dos grupos. Un grupo no quiere una alianza con nosotros bajo ninguna circunstancia. El otro grupo no quiere una alianza, pero la aceptaría en determinadas situaciones. Sin embargo, están centrados en conseguir el apoyo de los votantes que apoyan a Macron en las próximas elecciones, y como piensan que una alianza alejaría a estos votantes, no quieren una alianza con nosotros en este momento. Pero no se preguntan si los votantes seguirían votándoles en la segunda vuelta de las elecciones. Su estrategia es típica del deseo de volver a someter al pueblo a la autoridad de la pequeña burguesía por miedo a la extrema derecha.

Para nosotros, la búsqueda de los votantes macronistas por parte de los socialistas es una ilusión, ya que los partidarios de Macron son principalmente conservadores y no apoyarían a los socialistas ni a los socialdemócratas, aunque algunos medios de comunicación agrupen a los socialistas y a los macronistas en el mismo bloque. Pero, dado su proyecto, los socialistas hacen todo lo posible por distinguirse de nosotros. Por ejemplo, en lo que respecta a la situación en Gaza, siguen sin querer utilizar la palabra «genocidio». Y van y dicen que apoyamos a Hamás y al terrorismo. ¿Qué más puede pedir la extrema derecha? Es un regalo para ellos. El partido de derecha establecido, los Republicanos, ha solicitado, de hecho, una investigación parlamentaria sobre nuestros supuestos vínculos con grupos terroristas. Nos enfrentamos a una verdadera demonización. Nos han puesto la etiqueta de «islamo-marxistas». Estas personas utilizan estas etiquetas para asustar a la gente y dividirla ante la crisis del neoliberalismo. Pero, por ahora, son ellos los más desacreditados ante la opinión pública. Su oportunismo le repugna a la gente corriente.

El centro dividido y la derecha dividida

WB: Habrá elecciones presidenciales en 2027 y elecciones generales en 2029. ¿Crees que la izquierda será capaz de unirse para disputar eficazmente estas elecciones?

LFI: En otras circunstancias, las cosas serían favorables para la izquierda. Los macronistas están muy divididos. Si se compara a quienes votaron por Macron en 2017 con quienes lo hicieron en 2023, se observa una gran diferencia. En 2017, sus votos procedían principalmente de votantes mayores y centristas. En 2023, procedían de votantes más jóvenes que pueden describirse no tanto como centristas, sino como personas interesadas en modernizar el conservadurismo. Ya no hay nadie que pueda unir a estos dos grupos. Macron tiene prohibido por ley volver a presentarse. Ahora está claro que el macronismo fue un fenómeno puntual. La mayoría de los macronistas están ahora a favor de aliarse con la extrema derecha, como dijimos antes.

En cuanto a la derecha y la extrema derecha, también están divididas. Está Bruno Retailleau, líder de Los Republicanos, el partido conservador tradicional. Luego está la Agrupación Nacional de Marine Le Pen. Como ha sido condenada por malversación junto con otros líderes de su partido, se le ha prohibido presentarse a cargos públicos. Su protegido, Jordan Bardella, se presentará en su lugar. Pero Bardella no es creíble, tiene un bajo nivel cultural, es muy joven, bastante perezoso y muy inexperto en comparación con Retailleau, que ha ocupado muchos cargos y lleva 40 años repitiendo la misma retórica. Entre Bardella y Retailleau, es probable que el gran capital se decante por Retailleau.

Como dijimos anteriormente, en otras circunstancias, la situación sería favorable para la izquierda. Estamos abiertos a dialogar con los socialistas, pero ellos andan detrás de los macronistas, lo cual, como dijimos antes, es una ilusión, ya que los macronistas prefieren alinearse con la extrema derecha. Los Verdes, los Socialistas y los Comunistas están hablando de una alianza electoral entre ellos, y lo único que los une es evitar hablar con La France Insoumise. Pero dado que cada uno de ellos sólo está interesado en aumentar su número de escaños, lo que sólo puede hacerse a expensas de los demás, estas conversaciones no llegarán muy lejos.

Colectivismo: el programa y la visión de La France Insoumise

WB: Suponiendo que usted, camarada Melenchon, se presente a las elecciones presidenciales de 2027, ¿cuáles serían los elementos clave de su programa?

JLM: Sí, habrá una candidatura de La Insoumise. Tendremos un candidato que llevará nuestro programa «L’Avenir en commun» (El futuro en común). El programa proviene de la propia sociedad: asociaciones, sindicatos, colectivos, científicos. Hay 831 medidas para construir una Nueva Francia, rompiendo con el orden capitalista. Estas medidas se actualizan constantemente, se calculan sus costes y se detallan en folletos del programa. Proponen partir de las necesidades de la propia sociedad para dar lugar a un nuevo pueblo.

Para romper con el maltrato neoliberal y alejarnos del productivismo, estableceremos la «regla verde»: no tomar de la naturaleza más de lo que es capaz de regenerar por sí misma. Proponemos proteger los bienes comunes y lo que llamamos los derechos de las especies. El derecho al silencio, a una alimentación sana, a respirar aire limpio y a beber agua que no sea venenosa. Estas medidas son el núcleo de nuestro programa, para transformar profundamente la sociedad y construir la armonía entre los seres humanos y la naturaleza. También tienen una aplicación concreta para orientar la economía, sustituyendo la lógica del mercado por la de la planificación ecológica. Este método permitirá llevar a cabo grandes proyectos en materia de vivienda, energía, agricultura e industria. Se crearán miles de puestos de trabajo.

«L’Avenir en commun», nuestro programa, también supone una ruptura con el plan de acción del Gobierno y la monarquía presidencial. Por eso pasaremos a la Sexta República con medidas que permitan la intervención popular, como el referéndum de destitución de cualquier cargo electo o el referéndum de iniciativa ciudadana. En los últimos años, nuestro país se ha visto marcado por poderosas expresiones del autoritarismo de la Quinta República, como fue el caso del aumento de la edad de jubilación a los 64 años, sin votación en la Asamblea Nacional y a pesar de una movilización popular histórica en la historia de nuestro país. Restableceremos la jubilación a los 60 años, para que todos puedan recuperar el control sobre su tiempo libre.

WB: Camarada Melenchon, ¿puede describir el tipo de socialismo que propone para Francia?

JLM: Prefiero hablar de colectivismo. No se trata sólo de resolver la cuestión social, sino también de abordar la cuestión del interés humano general y los derechos de los seres vivos, que forman un colectivo sistémico.

Observamos el surgimiento de un nuevo mundo: un pueblo urbano, organizado en redes. Esta nueva Francia ya existe en sí misma, su pueblo se define por su conflicto de intereses con la oligarquía. Esta última se ha apropiado de las redes colectivas de las que depende la vida cotidiana. Creemos que este mundo está llegando a su fin y que sólo hay dos resultados posibles: el colectivismo o la ley del más fuerte.

Tomemos el caso del cambio climático, que es inevitable e irreversible. ¿Cómo nos recuperamos, cómo proponemos soluciones colectivistas? La elección del individualismo, de la ley del más fuerte, significa dejar que miles de personas sean envenenadas por productos químicos eternos con el único objetivo de mantener el ciclo del dinero en marcha. Implica no planificar para evitar que los megaincendios lo quemen todo, porque se han recortado los presupuestos para los aviones Canadair.

La ley del más fuerte se manifiesta cuando ya no existe una lógica de progreso colectivo en Francia. Cuando uno de cada dos franceses es obeso o tiene sobrepeso, cuando la mortalidad infantil lleva diez años aumentando, cuando una de cada cuatro madres cría sola a sus hijos. Cuando la fortuna de los multimillonarios se ha duplicado desde que Macron llegó a la presidencia.

El colectivismo no es una utopía, sino una necesidad. Comprender el momento significa aceptar la realidad, hacernos dueños de la situación. El callejón sin salida del sistema capitalista puede ser una buena noticia, una oportunidad para paralizarlo, para llevarlo al límite. Todos y cada uno de nosotros somos responsables del resultado que le daremos a esta ruptura.

Foto de portada: El fundador del partido La France Insoumise, Jean-Luc Melenchon, habla junto a las eurodiputadas Manon Aubry (derecha) y Marina Mesure (izquierda) durante una rueda de prensa en el Parlamento Europeo. (Shutterstock)

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