La niebla de la mierda: un hatajo de payasos racistas y mentirosos

Abby Zimet, Common Dreams, 3 diciembre 2025

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Abby Zimet escribe la columna Further de Common Dreams desde 2008. Periodista galardonada con una larga trayectoria, se mudó a los bosques de Maine a principios de los años 70. Al haber alcanzado la mayoría de edad política durante la guerra de Vietnam, lleva mucho tiempo involucrada en cuestiones relacionadas con las mujeres, el trabajo, el movimiento contra la guerra, la justicia social y los derechos de los refugiados. Correo electrónico: azimet18@gmail.com

Lo surrealista y letal continúa. En la última semana, frenética y llena de giros inesperados, MAGA pasó de amenazar con matar a los demócratas que recordaban a las tropas que debían obedecer la ley, a apresurarse a analizar o ignorar la noticia de que su machista y torpe secretario de Crímenes de Guerra evidentemente hizo volar por los aires (al menos) a dos tipos en el agua sin motivo alguno, una acción que todo el mundo considera un asesinato o un crimen de guerra, pero que, en cualquier caso, sin duda es ilegal. Ahora veamos cómo Kegseth y otros se desahogan, vociferan y culpan al otro. Doctrina Trump: deportar, arrasar, culpar, matar primero; pensar (sic) después.

Lo más destacable es una presidencia colmada de «malevolencia atenuada por la incompetencia». Veamos el loco saludo navideño: «Un muy feliz Día de Acción de Gracias a todos nuestros grandes ciudadanos y patriotas estadounidenses que han sido tan amables de permitir que nuestro país sea dividido, perturbado, destrozado, asesinado, golpeado, asaltado y ridiculizado», que ahora aparece envuelto en los detritos de una gira de venganza tóxica y descuidada dirigida contra enemigos percibidos, aunque a menudo extravagantes, tanto aquí como en el extranjero. La frenética campaña de la semana pasada se centró en seis legisladores demócratas y veteranos bocazas que tuvieron el descaro de publicar un breve vídeo en el que recordaban a los militares su juramento de cumplir la ley y, si fuera necesario, desobedecer las órdenes que no la respetaran, un principio fundamental del ejército tan importante que está grabado en una placa en West Point: «Si las órdenes y la ley entran en conflicto, nuestros oficiales obedecerán la ley». Bastante radical.

¿Cuál fue la mesurada respuesta de ese jefe de la mafia?: acusarlos histéricamente de «SEDICIÓN», «TRAICIÓN», «TRIBUNALES MILITARES» y llamarlos «hijos de puta traidores» que deberían ser «EJECUTADOS». A pesar de las amenazas de muerte que siguieron, se le unieron rápidamente todos los lameculos de MAGA, especialmente el lameculos más lameculos: el viril Whisky Pete, el creador frágil, engreído y con ojos de cerdo del Departamento de Guerra, famoso por pavonearse en el escenario para soltar tonterías sin sentido sobre un «ethos guerrero» que exige «más letalidad, menos (sic) abogados», porque ¿quién necesita reglas y leyes? Chillando que la «diatriba» de los demócratas era «despreciable, imprudente y falsa», se centró en el senador Mark KellyMacho imbécil va tras un ser humano real— y anunció que había oído «graves acusaciones de mala conducta» por parte de Kelly, lo que «determinaría nuevas medidas» y que tal vez volvería a llamar a Kelly al servicio activo para poder someterlo a un consejo de guerra.

Fue una jugada brillante por parte de un miembro de la Guardia Nacional cuya carrera de borracho, inepto y agresor sexual alcanzó su punto álgido en un trabajo de Asuntos Civiles y un programa de televisión los fines de semana hasta su absurdo nombramiento, criticado ferozmente como «afrenta» para cualquiera que haya servido, especialmente después de que filtrara planes de guerra, una acción que acaba de ser considerada una violación de la política del Pentágono y que puso en peligro al personal militar. Los veteranos lo destrozan calificándolo de «imbécil absoluto», «impostor», «cobarde», «fanfarrón» con maquillaje, «ese oficial, un bufón total» que traiciona a sus compañeros. Ahora los políticos también lo hacen. El senador y exmarine Rubén Gallego: «Esto es una locura de mierda». Kelly, por el contrario, es un piloto de la Marina con décadas de experiencia y muy condecorado que participó en 39 misiones de combate en la Operación Tormenta del Desierto, un astronauta que voló en cuatro misiones del transbordador espacial, incluida la misión para recuperar a las víctimas del accidente del Columbia, un marido que se jubiló para cuidar de su esposa hasta que se recuperara después de que le dispararan en la cabeza, y un senador respetado.

Kelly, que ha visto cosas mucho peores, contraatacó: «(Hegseth) se pasea por el escenario hablando de letalidad y del espíritu guerrero como un niño de 12 años jugando a los soldados, y es ridículo, vergonzoso. No es una persona seria». Señaló la «salvaje» ironía de que Hegseth lo atacara en virtud del Código Uniforme de Justicia Militar, que es lo que recitaron los seis traidores: «No se puede inventar esta mierda». También publicó una imagen de sus más de 20 medallas para ilustrar cómo había servido y amado a este país. En respuesta, Pete se burló del «capitán» Kelly diciendo que no sólo había cometido «sedición», sino que sus medallas «no estaban en regla», y que iba a ocuparse de eso. Alexander Vindman (y la mitad de Estados Unidos): «¿Alguna vez has oído hablar de una imagen reflejada? Buen recordatorio: te has metido en camisa de once varas». Callado, Pete, con cara de enfado, se fue a por nuestro verdadero enemigo, prometiendo cortar el apoyo a los Boy Scouts infectados por la DEI (siglas en inglés de diversidad, equidad e inclusión), que se han vuelto «sin género» y no han sabido «cultivar los valores masculinos». Bienvenidos al golfo de la frágil masculinidad.

Esto es lo que está haciendo el «secretario de Guerra». Este es el tipo de persona que es ese idiota machista y arrogante. Este es el tipo que, según informó el Washington Post días después, supuestamente ordenó a un equipo SEAL el 2 de septiembre (en la primera de casi dos docenas de ataques militares contra barcos pesqueros en el Caribe que han matado a 83 «narcoterroristas» en su mayoría anónimos en asesinatos extrajudiciales), que los «mataran a todos» después de que el humo del ataque inicial se disipara y revelara a dos supervivientes heridos en el agua, aferrados a los restos del barco en llamas. «Matadlos a todos», escribe JoJoFromJerz. «Esa fue la orden, clara, deliberada y condenable, dada por el borracho y bronceado (Hegseth), como si el poder estadounidense fuera su garrote personal y la vida humana su moneda de cambio desechable. La directiva se deslizó por la cadena de mando como un vertido tóxico» y, en cuestión de segundos, los dos hombres indefensos quedaron «destrozados en el agua».

El Pentágono argumentó que el mortífero ataque de «doble golpe» era necesario para hundir el barco y evitar un «peligro para la navegación», una afirmación que el representante y veterano de la Marina Seth Moulton calificó de «manifiestamente absurda», al igual que la «novedosa» afirmación subyacente de Trump de que Estados Unidos se encuentra en un «conflicto armado» con la rica en petróleo Venezuela y sus cárteles de la droga. A pesar de la oposición estadounidense, hasta la fecha ha amenazado con ataques terrestres, ha insinuado un cambio de régimen y ha declarado unilateralmente cerrado el espacio aéreo venezolano, además de haber ordenado 83 asesinatos tan dudosos desde el punto de vista político y jurídico que el Reino Unido ha dejado de compartir información de inteligencia sobre el tráfico en el Caribe para no ser cómplice. Todo ello a pesar de la total falta de pruebas de que las víctimas sean narcotraficantes o de cualquier responsabilidad por sus muertes, y del hecho de que el fentanilo, potencialmente letal, ni siquiera proviene del Caribe. Un experto: «¿Qué le hizo pensar que volar pequeñas embarcaciones en aguas internacionales era algo aceptable?». Especialmente cuando, según Marcie Wheeler, estos payasos asesinos necesitaron de cuatro disparos para llevar a cabo su acto ilegal y sucio.

El inepto guerrero Pete está en ello de todos modos, casi desmayándose de sed de sangre, con su ridícula maniobra de cambio de nombre – «WAR.GOV/JOINTHEFIGHT» – y sus rabiosos llamamientos a la «letalidad», el despido de los jueces abogados generales militares que actúan como barreras legales contra posibles órdenes ilegales futuras (humm), y un entusiasmo nauseabundo y grandilocuente por la lucha: «Trump ordenó actuar, ¡y el Departamento de Guerra está cumpliendo! ¡La operación SOUTHERN SPEAR defiende nuestra patria!». La noticia publicada por The Washington Post sobre su orden verbal de «matar a todo el mundo» no debería sorprender a nadie; forma parte de la larga, sórdida y belicosa narrativa de un bufón que considera que las leyes son una mierda y que sólo se siente grande si hace pequeños a los demás o, según Trump, «los mata», para luego poder presumir de ello. Una versión caricaturesca, tremendamente incompetente y de ultramacho de un hombre débil dispuesto a hacer cualquier cosa para demostrar que no lo es, encaja perfectamente con todos los demás charlatanes y aduladores que ahora, inexplicablemente, tienen en sus manos las aterradoras riendas del poder.

Mientras tanto, el consenso de prácticamente todos los expertos militares o abogados consultados es que Hegseth, por sus acciones, es un criminal de guerra o un asesino. La conclusión legal: «No hay base legal para los ataques marítimos. ¡Se acabó! ¡Y punto!». Incluso si la hubiera, el derecho internacional y el estadounidense consideran que atacar a personas indefensas, sin mostrarles «ningún tipo de piedad», es «manifiestamente ilegal». Y añaden: «Las violaciones de estas obligaciones son crímenes de guerra, asesinatos o ambos. No hay otras opciones». Y cualquiera que emita o siga esas órdenes debe ser procesado. Muchos citan como referencia un «crimen de guerra de manual», como en «Si estuviéramos en guerra, Hegseth cometió uno. Si no es así, es un asesinato a todas luces». Laurence Tribe, que enseñó Derecho en Harvard durante 50 años, añade que el Manual de Derecho de Guerra del Departamento de Defensa, en su sección 18.3.2.1, incluye la «obligación» de desobedecer órdenes ilegales. ¿Su ejemplo? «Órdenes de disparar contra náufragos».

Además, por si alguien creía que la «guerra» de Trump era contra las drogas: La semana pasada indultó al expresidente hondureño y capo de la cocaína Juan Orlando Hernández, condenado el año pasado por un tribunal estadounidense a 45 años de prisión por conspirar para traficar con más de 400 toneladas de cocaína en Estados Unidos; junto con su hermano, también contribuyó a convertir Honduras en un importante centro de producción y punto de tránsito de cocaína con destino a Estados Unidos, y en una ocasión afirmó que quería «meterles las drogas por la nariz a los gringos». La descarada ostentación de Trump de su «farsa» de guerra contra las drogas puede ser la razón por la que incluso Newsmax sostiene que los ataques son crímenes de guerra, y los republicanos de los Comités de Servicios Armados de la Cámara de Representantes y el Senado dicen que incluso podrían supervisar este único crimen entre tantos otros cometidos por su rey loco; sigue sin estar claro cuántos están dispuestos a «presentar su dimisión» a causa del incompetente y desagradable Hegseth.

La última crítica salvaje de South Park al «jodido imbécil de Pete Hegseth» puede ayudarles a decidir, o no. Trump lo envía a la ciudad para liberar a Peter Thiel; armado con su palo selfie, pero expulsado por el jefe de policía «woke», lanza gas lacrimógeno en la carrera anual Turkey Trot de 5 km patrocinada por Arabia Saudí, confundiendo la carrera con una turba antifascista; luego discute con Barbie ICE, que dispara contra otro perro en directo y grita: «¡Denle a Me gusta y suscríbanse, chicos!». ¡El Departamento de Guerra no se dejará intimidar!». Posiblemente confundiendo el arte con la vida, Hegseth intentó el viernes burlarse de la indignación con un meme en el que criticaba las «noticias falsas», redoblando la apuesta con un «Acabamos de empezar a matar narcoterroristas» y publicando una grotesca parodia, rápidamente criticada, del icono infantil Franklin la Tortuga disparando cohetes sobre pequeñas embarcaciones. ¿Qué puede ser lo siguiente: «Franklin va a La Haya por crímenes de guerra» y «Franklin juzgada en la CPI?».

Mientras tanto, la Casa Blanca intentaba frenéticamente calmar la polémica. La portavoz Barbie balbuceó que el segundo ataque fue «en defensa propia para proteger a los estadounidenses en intereses vitales de Estados Unidos» (sic) e insistió en que «los grupos narcoterroristas designados por el presidente están sujetos a ataques letales». Además, de repente encontraron un chivo expiatorio, el almirante Frank Bradley: «Bus, te presento al almirante Bradley. Almirante Bradley, te presento a bus». Hegseth «autorizó al almirante Bradley a llevar a cabo estos ataques cinéticos. (Él) actuó dentro de su autoridad y de la ley para garantizar que el barco fuera destruido y que se eliminara la amenaza para Estados Unidos», dijo Barbie, una renombrada experta en derecho marítimo. Según se informa, la estúpida y descarada mentira de Pete desencadenó una «furiosa reacción» en el Pentágono. «Está traicionando a Bradley y provocando escalofríos en su cadena de mando», afirmó el senador Chris Murphy. «Un ejemplo de cómo no se debe liderar».

La mañana después del ataque del 3 de septiembre, Hegseth dijo en Fox News que siguió el ataque en tiempo real: «Lo vi en directo». En la reunión del gabinete del martes, Trump dormitó tras su episodio hipomaníaco nocturno de 160 publicaciones furiosas, y la historia de Pete cambió de forma repugnante. Como el chico grande del líder, dijo, por supuesto que «quieres asumir esa responsabilidad». Así que vio el primer ataque, pero «en el Departamento de Guerra tenemos muchas cosas que hacer», y tenía, humm, algo que hacer cosa, así que no se quedó durante «la hora y dos horas o lo que sea en las que se produce toda la explotación digital del sitio sensible», bla, bla, bla. ¿Eh? Horas más tarde, se enteró de que «el comandante había tomado la decisión, para lo cual tenía plena autoridad», y «le respaldamos». Cuando le preguntaron si había visto a los supervivientes, perdió los nervios: «El lugar estaba en llamas. A esto se le llama la niebla de la guerra. Esto es lo que vosotros, los periodistas, no entendéis. Os sentáis en vuestras oficinas con aire acondicionado, inventáis historias falsas, buscáis tres pies al gato, matáis a todo el mundo, sin basaros en nada, héroes estadounidenses, yo he escrito un libro, bla, bla, bla, ¡adelante, combatientes!

Esperen. ¿«La niebla de la guerra»? ¿Te refieres a la niebla de la mierda? ¿Te refieres a la nube de humo que ves en tu oficina con aire acondicionado, lejos, mientras los drones incineran en una pantalla pequeñas embarcaciones y a las pobres almas que hay en ellas, así como a los pocos supervivientes que se aferran desesperadamente a las llamas y al agua hasta que pulsas un alegre interruptor para matarlos también? ¿Eso es la niebla de la «guerra»? ¡Vete a la mierda, cobarde, insípido y egoísta demonio, quejándote y gruñendo que todos ustedes están haciendo «lo que es necesario, cosas oscuras y difíciles en nombre del pueblo estadounidense»! Claro. El martes, la familia colombiana de una de las víctimas presentó la primera demanda judicial acusando que su esposo y padre, Alejandro Carranza Medina, de 42 años, había sido asesinado ilegalmente en un segundo ataque estadounidense el 15 de septiembre. Dijeron que era un pescador que a menudo salía a pescar marlín y atún; nombraron a Trump y Hegseth como sus asesinos. Trump se jactó ese día de «un SEGUNDO ataque cinético contra cárteles de narcotraficantes y terroristas extraordinariamente violentos e identificados con certeza». Dijo que eran «de Venezuela».

Actualización: Buenas noticias del The Borowitz Report para el Niño Rey Inmaduro: La Haya (Tribunal Penal Internacional) lo ha invitado para entregarle un premio. Se jactó, antes de quedarse dormido: «Han dicho que era en respuesta a las cosas que he hecho como presidente».

Foto de portada: El secretario de Crímenes de Guerra Hegseth celebra la Nochevieja del año pasado. (Fox News)

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