Hamás: No vamos a rendirnos ni a abandonar nuestra lucha por la liberación

Jeremy Scahill y Jawa Ahmad, Drop Site News, 19 diciembre 2025

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Jeremy Scahill es periodista de Drop Site News y fue cofundador de The Intercept. Es reportero de investigación, corresponsal de guerra y autor de “Dirty Wars: The World Is a Battlefield” y “Blackwater: The Rise of the World’s Most Powerful Mercenary Army”. Ha informado desde Afganistán, Iraq, Somalia, Yemen, Nigeria, la antigua Yugoslavia y otros lugares del mundo.

Jawa Ahmad es investigador de temas de Oriente Próximo en Drop Site News.

Doha, Catar: Desde que el presidente Donald Trump proclamó falsamente el comienzo de una nueva era de paz y armonía en Oriente Medio a principios de octubre, los palestinos de Gaza han vivido en un purgatorio impuesto por Israel. Los terroríficos bombardeos de tierra arrasada y el bloqueo total de cualquier artículo esencial para la vida que entra en Gaza han sido reemplazados por ataques israelíes esporádicos, aunque diarios, y un flujo constante de alimentos y medicamentos en cantidades muy inferiores a las acordadas en el acuerdo de paz del 10 de octubre. Lo que está sucediendo en Gaza no es un alto el fuego, sino una operación de exterminio de menor intensidad y ritmo más lento por parte de un régimen israelí que desafía a los palestinos a contraatacar.

Mientras la Casa Blanca lucha por convencer a alguna nación para que despliegue fuerzas en Gaza con la misión de desarmar a la resistencia palestina, los negociadores de Hamás afirman que no ha habido ninguna comunicación formal por parte de Estados Unidos sobre cómo pretende proceder con ninguno de los términos establecidos en el amplio plan de Trump. No ha habido conversaciones sustanciales sobre cómo se gobernará Gaza, quién estará a cargo de su seguridad interna, cuándo ni cómo se retirarán las fuerzas israelíes, ni qué papel desempeñarán los palestinos en la determinación de su propio destino.

Lo cierto es que Hamás y otras facciones palestinas no firmaron un acuerdo más allá de un alto el fuego, el intercambio de cautivos y un marco inicial para el redespliegue o la retirada de las fuerzas israelíes de algunas partes de Gaza. Oficialmente, no hay acuerdo sobre una “segunda fase”. Además, varios altos funcionarios de Hamás declararon a Drop Site que actualmente no se están llevando a cabo negociaciones sustanciales con los palestinos, fuera de un proceso que parece tener como objetivo utilizar al jefe de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, para dar la impresión de contar con el respaldo palestino.

“El asunto es sumamente complejo. No se trata sólo de que nosotros, como palestinos, no tengamos una visión clara de los próximos pasos: les digo que ni siquiera los países al mando, incluido Estados Unidos, tienen claros los pasos a seguir”, declaró Husam Badran, alto funcionario de Hamás y miembro de su oficina política, en una entrevista con Drop Site. Badran es un excomandante de las Brigadas Qasam en Cisjordania y actualmente es el jefe de relaciones nacionales de Hamás. Declaró a Drop Site que los palestinos reconocen que no pueden exigirle nada a Trump, pero sí pueden influir en la realidad sobre el terreno al negarse a rendirse o a irse.

“Aunque los palestinos somos relativamente débiles en comparación con la ocupación, y a veces no podemos imponer lo que queremos, sí podemos rechazar lo que no queremos. Como palestinos —no sólo como Hamás— aún tenemos la capacidad de rechazar lo que no aceptamos. Y el mundo ha empezado a darse cuenta de ello”, declaró Badran. “Ciertamente, no tenemos las fuerzas, la capacidad militar y financiera, ni las relaciones internacionales que tiene la ocupación, pero, al fin y al cabo, somos el pueblo de esta tierra; somos el pueblo de esta causa; y somos un pueblo oprimido durante más de setenta años. Vivimos en una región extremadamente sensible, no en el extremo occidental ni oriental, sino en el corazón del mundo”.

Varios negociadores palestinos que mantienen contacto con mediadores regionales de Catar y Egipto declararon a Drop Site que lo que está sucediendo entre bastidores es en gran medida una negociación entre Estados Unidos e Israel, así como consultas con los mediadores regionales de Egipto, Catar y Turquía. La parte palestina, según informaron responsables de Hamás, recibe información periódica sobre la evolución de las posiciones estadounidenses e israelíes recogidas por los mediadores, pero no participa en ningún proceso que se asemeje a una negociación.

El viernes, los ministros de Asuntos Exteriores de Egipto, Catar y Turquía viajaron a Miami, Florida, para reunirse con el enviado especial de Trump, Steve Witkoff. Esta reunión representa las conversaciones de más alto nivel que se han llevado a cabo desde la firma del acuerdo de octubre en Sharm el-Sheij, Egipto.

“Las fuerzas de la resistencia han cumplido plenamente con sus obligaciones en virtud del acuerdo y mantienen su compromiso de seguir haciéndolo, pero la situación actual es insostenible”, declaró el viernes Basem Naim, alto cargo de Hamás. “Esperamos que se examine cómo implementar lo que resta del plan de manera que se logre una estabilidad sostenible, se inicie una reconstrucción integral y se sienten las bases para una vía política en la que los palestinos se autogobiernen, culminando en el establecimiento de un Estado independiente”. Naim pidió a los mediadores estadounidenses y regionales que “pongan fin al ataque israelí en curso y obliguen a la ocupación a cumplir con los requisitos del acuerdo de Sharm el-Sheij; en primer lugar, las disposiciones de la vía humanitaria, incluida la entrada de ayuda, la apertura del cruce de Rafah en ambas direcciones y permitir todas las necesidades de reconstrucción y rehabilitación de la infraestructura”.

Desde octubre, Israel ha adoptado la postura de un conquistador victorioso que ahora dicta las condiciones de rendición y ocupación a un enemigo vencido, una postura que Hamás rechaza rotundamente. “La batalla no terminó con la derrota de la resistencia ni con la derrota militar de Hamás. Pagamos un precio extremadamente alto, sí —mártires y la destrucción de las infraestructuras—, pero al final, no fuimos derrotados en esta batalla. No pueden compararnos —disculpen la palabra— con el emperador japonés cuando fue derrotado en la Segunda Guerra Mundial”, declaró Badran. “Llegamos a un acuerdo en Sharm el-Sheij. Es cierto que, desde la perspectiva palestina, el acuerdo no es justo, pero es un acuerdo político en el que están presentes todos los líderes mundiales, entre ellos, y en primer lugar, Trump”.

A pesar de las reiteradas exigencias de Israel a lo largo de la guerra contra Gaza para que Hamás se rindiera, no logró ese objetivo mediante su guerra genocida. Badran afirmó que los palestinos no capitularán repentinamente en su lucha de liberación mediante un proceso burocrático disfrazado de acuerdo de paz. “Si el mundo —y especialmente los estadounidenses, quienes hoy tienen la mayor influencia en el mundo— desea crear una estabilidad genuina y duradera en esta región, la única solución comienza con el fin de la ocupación, con nada más”, dijo Badran. “Si quieren empezar hablando de desarme y rendición palestina, los palestinos no se rendirán. Y les digo: aunque Hamás desapareciera, otros vendrían después”.

El jueves, Trump afirmó haber “puesto fin a la guerra en Gaza, trayendo la paz a Oriente Medio por primera vez en 3.000 años”. La declaración, a primera vista delirante, fue, sin embargo, un resumen del enfoque general de Trump respecto al plan para Gaza, animado por la creencia de que sus edictos por sí solos conllevan resultados. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja, y las perspectivas de una solución duradera son sombrías.

Responsables de Hamás están advirtiendo con cada vez mayor frecuencia que las acciones de Israel —y la negativa de Estados Unidos a obligar a Israel a cumplir los términos del alto el fuego— corren el riesgo de destruir el acuerdo. El líder de Hamás en Gaza, Jalil Al-Hayya, declaró recientemente que las acciones de Israel “amenazan la capacidad del acuerdo para mantenerse” e instó a Trump a “obligar a la ocupación a respetarlo, atenerse a su implementación y a abstenerse de exponerlo al colapso”.

Hay indicios de que Trump es consciente de que los israelíes quieren encender la llama que podría quemar su acuerdo. Según informes, Estados Unidos expresó su preocupación por el hecho de que Israel llevara a cabo el ataque sin previo aviso a la Casa Blanca y advirtió al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, contra acciones que pudieran poner en peligro el plan de Trump. Desde que entró en vigor el acuerdo en octubre, casi 400 palestinos han muerto en ataques israelíes, la gran mayoría de ellos civiles. Israel también ha estado asesinando sistemáticamente a los mismos combatientes con los que firmó el acuerdo de alto el fuego, justificando sin pudor sus ataques al alegar que atacan a combatientes de Qasam, incluyendo el asesinato por parte de Israel el 13 de diciembre de Raed Sa’ad, un alto comandante de las Brigadas Qasam. En lugar de tomar represalias mediante la fuerza, los palestinos han recurrido repetidamente a loss mediadores para que intervengan.

“No cabe duda de que estas violaciones deliberadas, claras y flagrantes representan una grave amenaza para el acuerdo y lo hacen tambalear y debilitarse”, declaró el domingo Ghazi Hamad, negociador de alto rango de Hamás. Advirtió que las generalizadas violaciones israelíes “ponen el acuerdo en grave peligro”.

La Casa Blanca ya ha comenzado a reducir sus planes y a “presionar a favor de un despliegue inicial de una fuerza internacional que operaría únicamente en zonas controladas por Israel”, quizás sólo en zonas de Rafah, en el sur de Gaza, según el Wall Street Journal. La incógnita, entonces, es si Trump autorizará la expansión de las operaciones militares israelíes con el pretexto de desarmar a Hamás. Ese escenario obligaría a la resistencia palestina a decidir si toma represalias en defensa propia, lo cual Israel aprovecharía para intensificar aún más sus ataques.

Badran y otros funcionarios de Hamás declararon a Drop Site que, si Trump y otros líderes mundiales no obligan a Israel a cesar su guerra de aniquilación en Gaza y a detener la intensificación de los ataques israelíes y la expansión de los asentamientos en Cisjordania, podría estallar una tercera intifada. Seguir adelante con un plan en Gaza que busca impulsar la guerra de conquista de Israel por medios no militares bajo una falsa bandera de paz reavivará la guerra y enviará a los palestinos el mensaje de que no tienen otra opción que la resistencia armada.

“Si el mundo vuelve a decir: ‘Ha habido una guerra, vamos a calmar la situación, mejoraremos ligeramente las condiciones palestinas, y luego la causa palestina morirá’, se sorprenderán de lo que vendrá después”, dijo Badran. “El problema no va sólo de lo que quiere la ocupación. Si el mundo nos trata a los palestinos como si la ocupación israelí lo decidiera todo, esta región nunca va a encontrar estabilidad. Y no sólo en Palestina”.

Las Brigadas Qasam, brazo militar de Hamás, rezan durante un desfile militar durante el 30º aniversario de la fundación de Hamás en Jan Yunis, Gaza, el 5 de diciembre de 2017. (Foto de Ali Jadallah/Agencia Anadolu/Getty Images)

“Fase Dos”: Desarme, Fuerzas de Estabilización Internacionales y “Línea Amarilla”

Si escuchamos las opiniones de Trump y sus aliados, la prioridad actual es avanzar hacia la “segunda fase” de su gran acuerdo. Los funcionarios estadounidenses hablan como si los términos ya estuvieran claramente definidos y sólo quedara su implementación. El plan es el siguiente: una “Junta de Paz”, presidida por Trump y compuesta por un selecto grupo de líderes mundiales, se hará cargo del destino de Gaza y creará un enorme plan de financiación público y privado, estimado en 70.000 millones de dólares, para reconstruir el enclave como parte de una atractiva oportunidad de inversión. Para ello, primero desplegarán una Fuerza Internacional de Estabilización (ISF, por sus siglas en inglés) para desarmar a la resistencia palestina y asumir el control de las zonas actualmente ocupadas por el ejército israelí. Un comité tecnocrático de 15 miembros, compuesto por palestinos no partidistas, actuará como administración civil dentro de Gaza, aunque estará totalmente sujeto a los dictados de la junta imperial de Trump y funcionará más como un concejo municipal que como una autoridad gubernamental soberana.

Los palestinos en Gaza, según el acuerdo, no serán desplazados forzosamente, pero no se especifica mucho más sobre su destino. Se menciona el posible regreso a Gaza de una Autoridad Palestina (AP) suficientemente reformada, aunque no se detalla quién determinaría cómo la AP lograría ese estatus. “Mientras avance la reurbanización de Gaza y el programa de reforma de la AP se lleve a cabo fielmente, podrían finalmente darse las condiciones para una vía creíble hacia la autodeterminación y la creación de un Estado palestino, que reconocemos como la aspiración del pueblo palestino”, afirma el plan de Trump, sin ofrecer detalles ni abordar los ataques masivos y las operaciones de desplazamiento en curso en la Cisjordania ocupada.

El tema más polémico en este momento gira en torno al despliegue previsto de la fuerza internacional. Trump y Netanyahu han declarado que su primera misión sería el desarme total de la resistencia palestina y la desmilitarización de la Franja de Gaza. Hasta la fecha, Trump no ha conseguido que ningún país se ofrezca como voluntario para un despliegue de esa naturaleza. Los países árabes e islámicos, que Trump afirmó durante semanas que formarían la columna vertebral de las ISF, afirman que la misión debe centrarse en crear una barrera entre las fuerzas de ocupación israelíes y los palestinos de Gaza, y en garantizar el respeto de los términos del alto el fuego. “No queremos una fuerza de estabilización en Gaza que sirva para proteger a una parte a expensas de la otra”, declaró el miércoles el primer ministro y ministro de Asuntos Exteriores de Catar, Mohammed bin Abdulrahman Al-Thani. “Los retrasos y las violaciones del alto el fuego ponen en peligro todo el proceso y ponen a los mediadores en una situación difícil”, declaró Al-Thani tras reunirse con el secretario de Estado, Marco Rubio, y añadió que la función de la fuerza debería ser salvaguardar el acuerdo de octubre.

“Lo que escuchamos de estos países árabes e islámicos, ya sea si hablamos con ellos directamente o a través de mediadores, es que quieren que la misión sea completamente transparente. No pueden enviar sus fuerzas a una misión desconocida. Lo más importante es que no haya enfrentamientos entre ellos y los palestinos, porque eso afectaría incluso la imagen pública de estos países”, declaró Badran. La compasión por los palestinos entre los pueblos árabes e islámicos es casi absoluta. Por lo tanto, cualquier gobernante de cualquier país debe considerar que, de hecho, no va a enfrentarse a los palestinos. Y ahí es donde entran las complejidades.

Al-Hayya afirmó: “El papel de las fuerzas internacionales debe limitarse a mantener el alto el fuego y separar a las dos partes a lo largo de las fronteras de la Franja de Gaza con nuestras tierras de 1948, sin tener ninguna función dentro de la Franja ni intervenir en sus asuntos internos”.

Desde la perspectiva de la resistencia palestina, el hecho de que acepte abiertamente el despliegue de una fuerza extranjera constituye en sí mismo una concesión significativa. “Históricamente, Hamás no estaba de acuerdo con la idea de una fuerza internacional. Esta era nuestra postura política fundamental”, declaró Badran. “Sin embargo, dados los acontecimientos ocurridos durante la guerra y el alto precio pagado por nuestro pueblo en la Franja de Gaza, somos, en última instancia, un movimiento pragmático que debate lo que sirve al interés general. Por lo tanto, lo acordamos, en coordinación con todas las facciones, incluidas la Autoridad Palestina y Fatah, que adoptaron la misma postura. No tenemos objeción al principio de las fuerzas internacionales; no hay objeción a eso. Pero lo que importa es cuál será su papel y misión”.

En el período previo a la firma del plan de Trump, Israel dejó clara su oposición al despliegue de una fuerza de la ONU en Gaza, y altos funcionarios israelíes criticaron duramente al organismo internacional, calificándolo de facilitador antisemita de Hamás. El 17 de noviembre, Trump logró obtener una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que respaldaba su fuerza privada sin someterla a ningún mando ni supervisión de la ONU. No obstante, la postura pública de Netanyahu sobre el despliegue de las ISF ha sido de desdén, descartando rotundamente que estas emprendan el desarme de la resistencia palestina, al tiempo que afirmaba que Israel tendría finalmente que reanudar su guerra. “Nuestros amigos en Estados Unidos quieren establecer una fuerza internacional para realizar el trabajo”, declaró Netanyahu el 7 de diciembre. “Les dije: ‘Por favor, ¿hay voluntarios? Adelante’. Sabemos que esta fuerza puede realizar ciertas tareas, pero no todas, quizás ni siquiera las principales”.

Autoridades israelíes han declarado también que la llamada “línea amarilla”, que actualmente divide Gaza en dos, es la nueva frontera con Israel, mediante la cual la ocupación israelí mantendrá indefinidamente el control del este de Gaza. “La ‘línea amarilla’ es una nueva línea fronteriza que sirve como línea defensiva avanzada para nuestras comunidades y como línea de actividad operativa”, declaró Eyal Zamir, jefe del Estado Mayor del ejército israelí, durante una visita a las tropas en el norte de Gaza el 8 de diciembre. “Tenemos control operativo sobre extensas zonas de la Franja de Gaza y permaneceremos en esas líneas de defensa”. La línea, que se presentó por primera vez en un mapa que acompañaba al plan de Trump, se definió oficialmente como la posición inicial del redespliegue israelí. Desde la entrada en vigor del alto el fuego, Israel ha estado construyendo infraestructura militar y demoliendo viviendas y edificios palestinos en el este de Gaza.

Estados Unidos ha estado planteando una propuesta para construir las llamadas Comunidades Alternativas Seguras con el fin de incentivar a los palestinos a abandonar las zonas de Gaza que aún controla Hamás, ofreciéndoles alojamiento temporal, alimentos y servicios médicos en zonas que actualmente se encuentran bajo plena ocupación israelí. “Este no es un terremoto ocurrido en una zona, por lo que hay que trasladar a la gente a otra”, dijo Badran. “La historia está conectada con un pueblo, una vida, un futuro, ambiciones políticas, estudios, educación y otras cosas por el estilo. Incluso si este plan tiene éxito —cosa que no creo que suceda—, están hablando de muchos años por delante. ¿Quién va a poder tener esa paciencia?”

El Dr. Mustafa Barghuti, destacado líder político palestino y excandidato presidencial, ve un motivo siniestro detrás de las acciones en el este de Gaza. “Se trata de una bantustanización con otro objetivo: la liquidación de la causa palestina. Los israelíes quieren acabar con Palestina y el pueblo palestino. Eso es exactamente con lo que sueña Netanyahu”, declaró Barghuti en una entrevista con Drop Site. “La forma en que aborda incluso la idea de las fuerzas de estabilización, bromeando al respecto. E insinúa que es el único capaz de llevar a cabo la tarea de desarmar a los palestinos. Creo que nunca ha abandonado la idea de la ocupación total de Gaza y la limpieza étnica de su población”, añadió Barghuti. Lo mismo ocurre en Cisjordania, donde utilizan grupos de colonos para atacar a los palestinos. Ya han desarraigado a 60 comunidades. Así que el desafío es enorme. Pero de algo estoy cien por cien seguro: no hay poder en este mundo que nos obligue a abandonar nuestro país. Y no hay poder en este mundo que doblegue nuestra voluntad.

Hamás y otras facciones palestinas han enfatizado que Israel está utilizando la cuestión de la desmilitarización y el desarme de la resistencia como un instrumento para exigir una rendición total a la causa de la liberación nacional.

La ocupación no sólo quiere confiscar armas: podría perseguirnos incluso hasta por los cuchillos de las cocinas populares como si fueran ‘armas’. Sabe perfectamente que no tenemos aviones de guerra, tanques, vehículos blindados de transporte de personal ni buques de guerra. Todo el mundo lo sabe. No somos un ejército: somos un movimiento de resistencia cuyas armas son, al fin y al cabo, armas sencillas. Entonces, ¿qué pretende la ocupación? Quiere destruir la idea de resistencia dentro del pueblo palestino, dijo Badran. “El problema no son las armas; se trata de que quieren que los palestinos se rindan y abandonen sus aspiraciones políticas”.

Los negociadores de Hamás entienden que la cuestión del desarme no va a desaparecer y que la narrativa israelí ha sido plenamente aceptada en Washington y en las capitales europeas. “Afirmamos que la resistencia y sus armas son un derecho legítimo garantizado por el derecho internacional para todos los pueblos bajo ocupación, y que este derecho está vinculado al establecimiento del Estado palestino”, declaró Al-Hayya. “Estamos abiertos a estudiar cualquier propuesta que preserve este derecho, al tiempo que garantice el establecimiento de un Estado palestino independiente y el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación”.

Los ministros de Asuntos Exteriores de Turquía y Egipto —dos de los aliados musulmanes más importantes que apoyan el plan de Trump— han afirmado que Estados Unidos debe ser realista sobre la cuestión del desarme y la creación de una fuerza internacional. El viernes, Rubio pareció reconocer que la exigencia israelí de un desarme total era inverosímil y que la cuestión requerirá un acuerdo con la resistencia palestina. “No se convencerá a nadie de invertir en Gaza si creen que habrá otra guerra en dos o tres años. Por lo tanto, les pediría a todos que se centren en el tipo de armamento y capacidades que Hamás necesitaría para amenazar o atacar a Israel, como base para el desarme”, dijo Rubio. “Dejaremos que los equipos técnicos trabajen en ello. Obviamente, tendría que ser algo que estén dispuestos a aceptar, algo con lo que nuestros socios puedan presionarlos para que acepten. También tiene que ser algo con lo que Israel esté de acuerdo. Para que funcione, ambas partes deben estar de acuerdo; necesitamos el espacio para hacerlo”.

En reuniones con mediadores regionales, Hamás ha propuesto diversas ideas para abordar el asunto a nivel técnico. Si la preocupación es garantizar que no se lancen ataques contra Israel, Hamás cree que una tregua a largo plazo, impuesta internacionalmente, es la mejor opción. “Estamos abiertos a un enfoque integral para evitar nuevas escaladas, o nuevos enfrentamientos o explosiones”, declaró Naim a principios de diciembre. El viernes, declaró a Drop Site que, para que Hamás ofrezca una postura oficial, necesita ver una propuesta concreta. “Desconocemos los verdaderos objetivos del plan en términos claros”, afirmó Naim.

Hamás se ha mostrado abierto a un acuerdo que permitiría almacenar o “congelar” las armas de Hamás y la Yihad Islámica, una configuración que contaría con el respaldo de los propios grupos de la resistencia palestina. Violar un acuerdo de este tipo, especialmente uno respaldado por un gran número de países árabes e islámicos, tendría graves consecuencias para la lucha palestina en general. El riesgo más significativo de tal acuerdo, argumentan los responsables de Hamás, es que Israel continúe sus ataques como lo ha hecho en el Líbano, mientras insiste en que los palestinos no tienen derecho a la legítima defensa.

“En la narrativa de la ocupación, se pretende presentar las armas como el obstáculo incluso para implementar la segunda fase. ¿Por qué deberíamos caer en esta narrativa? En la primera fase, la ocupación planteó un objetivo claro: convencer a los estadounidenses, y quizás a otros, de que la principal razón para la continuación de la guerra era la presencia de prisioneros israelíes retenidos por la resistencia en la Franja de Gaza. Y el mundo entero comenzó a repetir que el único problema eran los prisioneros”, dijo Badran. “Entonces, ¿dónde cumplió la ocupación sus compromisos en la primera fase? No los cumplió en absoluto. Esto demuestra que los prisioneros fueron sólo un pretexto y una excusa. Ahora quieren empujarnos a la segunda fase, que es mucho más peligrosa y estratégica, utilizando el mismo método, afirmando que el problema son las armas. El problema no son las armas”.

Husam Badran, jefe de relaciones nacionales de Hamás y excomandante de las Brigadas Qassam, habla con Jeremy Scahill y Jawa Ahmad, de Drop Site, en Doha, Catar, el 11 de diciembre de 2025 (Foto: Jeremy Scahill).

El futuro de la seguridad de Gaza

Los responsables de Hamás han reiterado su postura de que los palestinos deben estar a cargo del gobierno y la seguridad interna para estabilizar Gaza, evitar la reanudación de los combates y abrir un espacio para negociaciones reales sobre la agenda más amplia del plan de Trump. Hamás ha acordado formalmente un comité tecnocrático no partidista para gobernar Gaza provisionalmente, pero ha insistido en que no se limite a servir como ejecutor de una agenda extranjera o israelí. Las fuerzas internacionales, enfatizaron, no deben participar en la aplicación de la ley ni en el desarme.

Badran argumentó que una fuerza policial palestina, desplegada con el pleno apoyo de todas las facciones palestinas, incluyendo Hamás y la Yihad Islámica, tendría la credibilidad local necesaria para establecer el orden y garantizar el cumplimiento de cualquier acuerdo que regule las armas de la resistencia. Afirmó que la oferta de Hamás de acordar una tregua a largo plazo con Israel, en la que la resistencia palestina se compromete a almacenar sus armas y no utilizarlas en ningún ataque contra Israel, es la única vía tangible para resolver el problema.

“El comité que asume la responsabilidad de la Franja de Gaza en todos sus detalles también debe asumir la responsabilidad de lo que se denomina seguridad interna o paz civil en la Franja de Gaza”, declaró. “La policía palestina que se halla actualmente en la Franja de Gaza y que está allí desde hace aproximadamente veinte años no es la policía de Hamás. Es cierto que Hamás ha supervisado la administración general, pero estos empleados —la fuerza policial— son, en última instancia, una fuerza policial civil, no un ejército. En consecuencia, un gran número de ellos no son miembros de Hamás, incluso a día de hoy”, añadió Badran. “Cualquier persona armada, ajena a la policía palestina, que aparezca en la calle portando un arma debe rendir cuentas ante esta fuerza policial, y su arma debe ser confiscada. Fuimos muy claros en este punto: la seguridad interna relacionada con la Franja de Gaza es tarea de este comité, que es responsable de todos los asuntos, incluida la seguridad”.

Badran, que nació en Nablus, Cisjordania, pasó 14 años de su vida en prisiones israelíes. Fue compañero de celda y amigo íntimo de Yahya Sinwar, exlíder de Hamás en Gaza, asesinado por las fuerzas israelíes el 16 de octubre de 2024. Badran fue arrestado en 2002 y condenado en 2004 a 17 años de prisión, acusado de orquestar una serie de atentados mortales durante la segunda intifada palestina, que comenzó en el año 2000. Fue liberado en 2011 junto con Sinwar y más de 1.000 palestinos a cambio del soldado israelí Gilad Shalit.

Durante su entrevista con Drop Site en Doha, Badran describió las motivaciones de los atentados del 7 de octubre: las pésimas condiciones humanitarias en la Franja de Gaza, que empeoraron un mes antes de los atentados, y el sufrimiento padecido por los palestinos en las siete décadas previas al lanzamiento de la Operación Inundación de Al Aqsa en 2023.

Creo que el sentimiento general palestino fue que se vieron obligados a dar ese paso porque el mundo no los escuchaba. ¿Recuerdan la Gran Marcha del Retorno de 2018 y 2019, unas marchas pacíficas? Cientos de palestinos fueron asesinados, y aun así, el mundo no captó el mensaje, ni la ocupación. Quizá el 7 de octubre se produjo para decirle al mundo entero que los palestinos son capaces de hacer algo inesperado —dijo Badran—. No buscamos mejores condiciones de vida; no somos una minoría que vive en otro Estado. Queremos nuestros derechos políticos. Y, por tanto, les digo que el 7 de octubre se debió fundamentalmente a esta idea.

Describió cómo los palestinos recluidos en cárceles israelíes realizan regularmente huelgas de hambre prolongadas, en algunos casos para lograr la simple demanda de que se les dieran vasos para poder beber té. “Entonces, alguien que no puede renunciar a las cosas pequeñas —y que pagó el precio de una huelga de hambre de veinte días sólo para obtener ese vaso—, ¿por qué esperan que se rinda?” añadió. Esta es la mentalidad palestina. No comprenderla llevará a los principales líderes políticos, incluyendo a Trump y su equipo, a una interpretación errónea y, por lo tanto, a decisiones equivocadas. La sensación de que los palestinos son débiles, de que sus capacidades son limitadas, de que Gaza ha sido destruida y de que la ocupación actual ha alcanzado toda su gloria atacando a los palestinos, lleva a una conclusión falsa: que el mundo puede vivir con esta situación. Yo les digo que no puede.

Badran afirmó que los palestinos no buscan simplemente mejores tiendas de campaña para vivir, una reducción de los puestos de control ni una expansión más lenta de los asentamientos israelíes. Tampoco aceptarán, añadió, un proceso burocrático de varias décadas, como Oslo, que promete una resolución vaga a las cuestiones de la condición de Estado y la autodeterminación mientras la guerra de aniquilación de Israel continúa sin tregua.

“Los palestinos desean algo claro y directo: su derecho a la autodeterminación, a gobernarse a sí mismos y a establecer un Estado palestino en Gaza, Cisjordania y Jerusalén, con plena soberanía, sin que nadie nos controle ni interfiera en nuestros asuntos internos. Esta es una exigencia natural para cualquier pueblo. No es ni irreal ni irrazonable”, dijo. Si el mundo desea una estabilidad real, debe actuar ahora y brindar a los palestinos una solución genuina, no una solución que se limite a mejorar sus condiciones de vida.

Foto de portada:Husam Badran, miembro de la oficina política de Hamás, en Doha, Qatar, el 11 de octubre de 2025. (Rania SANJAR / AFP vía Getty Images).

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