¿Qué tiene que ver Israel con el derrocamiento del Gobierno de Venezuela por parte de Estados Unidos?

Robert Inlakesh, The Palestine Chronicle, 7 enero 2026

Traducido del inglés por Sinfo Fernández


Robert Inlakesh es periodista, escritor y realizador de documentales. Sus trabajos se centran en la zona de Oriente Medio y está especializado en los temas relativos a Palestina.

El derrocamiento del presidente venezolano Nicolás Maduro puede parecer un acontecimiento que, a primera vista, no tiene nada que ver con Israel, sobre todo porque Caracas parece demasiado lejos de Tel Aviv y su órbita. Sin embargo, esta medida tiene mucho más que ver con la protección de los intereses israelíes de lo que pudiera parecer a simple vista.

Tras la invasión estadounidense de Venezuela y el secuestro de su presidente en ejercicio, los funcionarios de la administración Trump no pudieron esperar para expresar su alegría por Israel en ese momento.

La flagrante violación del artículo 2, sección 4, de la Carta de las Naciones Unidas apenas tuvo repercusión en la escena internacional, aunque esto no debería sorprendernos demasiado.

A las 24 horas de la operación para secuestrar al presidente Maduro, que se saldó con la muerte de unos 40 venezolanos y 32 soldados cubanos, el presidente estadounidense Donald Trump ya había desvelado el secreto: invadió el país para apoderarse del petróleo. Pero luego llegaron una serie de comentarios que se obsesionaban con el hecho de que este ataque a Caracas beneficia a Israel.

Hay dos argumentos propagandísticos principales, aparte de las declaraciones del presidente Trump sobre el petróleo, que se utilizan para intentar justificar lo que acaba de ocurrir. La afirmación más destacada es que el presidente Maduro era el jefe de un imperio «narcoterrorista», al que se culpa de la actual crisis del fentanilo en Norteamérica. Según el New York Times, los funcionarios estadounidenses y los expertos en narcóticos no sólo descartaron esta excusa por inverosímil, sino que concluyeron que Venezuela ni siquiera produce fentanilo.

El segundo argumento más destacado detrás de esto es que Venezuela estaba aliada con Rusia, China y, lo que es más importante, Irán. A partir de ahí, los think tanks proisraelíes con sede en Washington, desde la Foundation for Defense of Democracies al Atlantic Council, han impulsado una serie de teorías conspirativas sin fundamento sobre las alianzas de Hizbolá y Hamás con Caracas, que, según afirman, suponen una amenaza directa para Estados Unidos.

El embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, lo expresó abiertamente durante una reciente entrevista con Newsmax, al comentar el secuestro de Maduro, afirmando que la operación de cambio de régimen era una gran victoria para Tel Aviv debido a su impacto en Irán. El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, también destacó el ángulo de Irán, al igual que muchos otros.

¿Qué gana Israel?

Hay tres objetivos principales en el derrocamiento del liderazgo venezolano:

Afirmar el dominio de Estados Unidos en toda América Latina.

Controlar el petróleo y otros recursos.

Apoyar el dominio israelí.

Ignorar el aspecto israelí de la ecuación es algo que la mayoría de los analistas decidieron hacer durante los meses previos a la invasión estadounidense de Venezuela, privando así a sus espectadores/lectores de un contexto vital que es crucial para comprender las repercusiones de esta medida.

Mientras que la administración Trump de Estados Unidos busca abiertamente gobernar «nuestro hemisferio», acabando con el concepto de soberanía nacional y el derecho internacional, sus socios israelíes están haciendo exactamente lo mismo en otra región del mundo, buscando lograr su llamado «Proyecto Gran Israel». El mayor dominio imperial estadounidense ayuda y legitima este proyecto, al igual que el control de Washington sobre el petróleo de Venezuela.

Veamos, Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, lo que significa que controlarlas equivale a tener más influencia sobre Asia Occidental, en particular sobre los Estados árabes del Golfo. Una de las herramientas más amenazadoras de que dispone Irán, en caso de guerra con Estados Unidos, es el cierre del Golfo de Ormuz, lo que detendría el flujo de petróleo de toda la zona del Golfo Pérsico.

Además, Estados Unidos podría, hipotéticamente, utilizar ahora su control sobre los vastos yacimientos petrolíferos de Venezuela para presionar a los Estados del Golfo, en particular a Arabia Saudí. Riad ha sido durante mucho tiempo la joya de la corona de la agenda del acuerdo de normalización denominado «Acuerdos de Abraham» de Estados Unidos, pero los dirigentes saudíes se han negado hasta ahora a dar el paso hacia dicho acuerdo. Un mayor control sobre las reservas mundiales de petróleo significa un mayor potencial para convertir este recurso vital en un arma.

Por otra parte, los israelíes también se benefician de ver un régimen títere de Estados Unidos en Caracas en el frente diplomático. Tel Aviv se ha visto degradado a la condición de paria mundial debido a su genocidio en Gaza, por lo que parte de la solución para mejorar su posición mundial es que más gobiernos que lleguen al poder se pongan de su lado. Todos los regímenes clientelistas de Estados Unidos se ven obligados a apoyar a Israel.

Volviendo a los llamados Acuerdos de Abraham, los israelíes tenían dificultades para encontrar a alguien que se sumara a este proyecto y, en ausencia de Arabia Saudí, se había estancado por completo. El último miembro en unirse al pacto de normalización fue Kazajistán, un avance totalmente insignificante, sobre todo si se tiene en cuenta que Astana ya había normalizado sus relaciones con Tel Aviv en 1992.

Por lo tanto, el Gobierno israelí dio un giro y decidió lanzar una nueva iniciativa, denominada «Acuerdos de Isaac», anunciada públicamente por primera vez por el presidente-títere de Argentina, Javier Milei. El objetivo era que los israelíes establecieran fuertes lazos en toda América Latina, aprovechando las oportunidades asociadas al éxito de los movimientos de derecha y los golpes de Estado respaldados por Estados Unidos, con el fin de forjar nuevas oportunidades.

Hay que tener en cuenta que, históricamente, los israelíes han vendido armas y proporcionado entrenamiento militar a diversas milicias y regímenes respaldados por Estados Unidos en toda América Latina, entre los que se encuentra el infame régimen del expresidente chileno Augusto Pinochet.

Después del 7 de octubre de 2023, fue Sudáfrica la que presentó su caso ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) contra Israel por cometer genocidio. Hay que tener en cuenta que 7 de las 15 naciones iniciales que presentaron intervenciones en apoyo del caso fueron Cuba, México, Belice, Nicaragua, Colombia, Bolivia y Chile, todas ellas de la región en la que Israel pretende ahora formar su alianza «Acuerdos de Isaac».

Inmediatamente después del ataque de Estados Unidos a Venezuela, la administración Trump no ha perdido el tiempo a la hora de apuntar a Cuba y Colombia, incluso amenazando con una acción militar, mientras que también se han emitido amenazas contra México y Nicaragua. Bolivia y Chile ya han perdido su liderazgo de izquierda en las elecciones del año pasado. Es obvio que todos los países que se han puesto del lado de los palestinos están en el punto de mira de Estados Unidos, y es evidente que los israelíes también están presionando en este sentido, porque comprenden las ventajas de remodelar América Latina.

Marco Rubio es miembro de la diáspora cubana y tiene una clara motivación personal para buscar un cambio de régimen en La Habana, que parece ser el siguiente objetivo regional de Washington. Hay que decir que Rubio también ha recibido al menos 1.013.563 dólares de fondos del lobby israelí.

El cambio de régimen en Venezuela beneficia a los intereses israelíes en más aspectos que la simple remodelación de las alianzas regionales; contribuye a preparar el terreno para otro ataque contra Irán. En Tel Aviv, ven esto como otra grieta en la armadura de Teherán, ya que pierde otro aliado en Venezuela, al igual que perdió a su aliado en Siria. Por eso el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, fue uno de los principales impulsores de este ataque ilegal contra Venezuela y por eso las voces proisraelíes más destacadas de los medios de comunicación también lo apoyaron.

Foto de portada: Nicolás Maduro secuestrado (Donald Trump vía Truth Social).

Voces del Mundo

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