Ruwaida Amer, +972.com Magazine, 8 enero 2026
Traducido del inglés por Sinfo Fernández

Ruwaida Amer es una periodista independiente de Jan Yunis.
A lo largo de mi vida, frente al asedio y las repetidas guerras, en mi familia siempre hemos celebrado juntos la llegada del año nuevo en Gaza. Pero este año nuevo, por vez primera, estábamos separados.
Salí recientemente de Gaza hacia Egipto con mi madre. Desde los primeros días de la guerra, mis hermanos y yo acordamos una prioridad: mantenerla con vida. Ella sufre de problemas espinales complejos, e hice todo lo posible para conseguirle tratamiento médico en el extranjero. Finalmente lo logré, pero sólo después de una larga y brutal odisea que, en muchos sentidos, reflejó el sufrimiento más amplio impuesto a Gaza y su gente.
Dejamos atrás al resto de nuestra familia en el campo de refugiados de Jan Yunis, donde viven desde que nos desplazaron lejos de nuestro hogar (que el ejército israelí ha destruido desde entonces), despojados de los momentos cotidianos que antes daban sentido a nuestras vidas. A pesar del llamado alto el fuego, siguen afrontando condiciones insoportables, con el viento, la lluvia y el frío dejando poco espacio para la esperanza de que el nuevo año traiga cambios positivos.
Incluso en el extranjero, sigo sintiendo dentro un profundo miedo. El dolor de mi propia herida vuelve una y otra vez, arrastrándome hasta momentos de violencia de los que no puedo escapar. Pero a pesar del trauma, intento sobrevivir como puedo.
Con cada año que pasa, mis responsabilidades se han vuelto más pesadas. Este año, recaen casi por completo sobre mis hombros: garantizar el tratamiento de mi madre y cuidar de ella yo sola.
Diciembre, entonces y ahora
Como periodista, cubrí por primera vez la Navidad y el Año Nuevo en 2014, como mi primer encargo para Al-Mujtaa, un medio de comunicación local de Gaza. En los años siguientes, viajé por Gaza cada diciembre para informar sobre la temporada navideña. Las avenidas estaban decoradas con luces, los escaparates de las tiendas llenos de adornos y se podían escuchar villancicos en las calles.

La autora en una tienda de regalos en la ciudad de Gaza, diciembre de 2018 (cortesía).
Me sentía como en otro país. Soy de Al-Fujari, una zona rural al este de Jan Yunis, en el sur de Gaza, donde no ocurre nada remotamente parecido. El ambiente festivo me llenaba de emoción; me sentía como una niña que descubre el mundo por primera vez.
Cada año, mis reportajes tomaban una forma diferente, reflejando la diversidad de Gaza. Documenté las fiestas de Nochevieja que duraban toda la noche a lo largo de la calle Al-Rashid, la carretera costera que une el norte y el sur de la Franja. En 2017, las familias cristianas me acogieron en sus hogares para compartir el postre de Santa Bárbara, que se come tradicionalmente el 16 de diciembre, que también es la fecha de mi cumpleaños.
Ese año, filmé a Ghada Tarzi, una generosa cristiana de Gaza, preparando el plato en su casa, decorada con mucho gusto. Recuerdo el árbol de Navidad en su cocina. Me envió a casa con un plato como regalo de cumpleaños, un momento en el que pienso cada año.
También solía asistir al encendido anual del árbol de Navidad de la YMCA de Gaza, donde cristianos y musulmanes se reunían para celebrar. Los niños se agolpaban alrededor del árbol, vestidos con sus mejores galas, riendo y posando para las fotos. La ciudad era diferente en diciembre, brillando como una novia con su vestido de boda.
Desde 2019 hasta el estallido de la guerra en 2023, trabajé como profesora de ciencias en la escuela de las Hermanas del Rosario, una escuela católica privada de la ciudad de Gaza a la que asistían tanto alumnos cristianos como musulmanes. La temporada navideña era allí un momento de alegría compartida. Decorábamos las aulas y los pasillos, montábamos árboles de Navidad y cantábamos villancicos durante el recreo. Siempre me aseguraba de que el árbol de mi aula fuera el mejor decorado. El último día antes de las vacaciones de invierno, el director de la escuela repartía dulces con forma de Papá Noel.

Gente que se reúne alrededor del árbol de Navidad en la ciudad de Gaza, antes de las vacaciones navideñas, el 3 de diciembre de 2019. (Hassan Jedi/Flash90)
Aquellos días siguen siendo algunos de los más bonitos de mi vida. Nunca me importó que las celebraciones en otros lugares fueran más fastuosas; estar con mis alumnos y compañeros lo era todo para mí.
Todo esto terminó con la guerra de 2023. La escuela de las Hermanas del Rosario fue destruida en un ataque israelí ese noviembre. La iglesia de San Porfirio, donde asistí a misa en 2018, se convirtió en el escenario de una masacre cuando un ataque israelí mató a 18 personas en los primeros días de la guerra. El gorro de Papá Noel que una vez traje a casa, y que mis hermanas y yo nos poníamos por turnos, ahora está enterrado bajo los escombros.
Este es el tercer año consecutivo que no informo sobre la temporada navideña, porque queda muy poco que celebrar. Diciembre, que antes era el mes más alegre del año, se ha vuelto sangriento y oscuro.
Alto el fuego sin seguridad
La temporada navideña en Gaza solía ofrecer un respiro de la violencia y las privaciones a las que nos hemos acostumbrado. Pero después de dos años de genocidio, los habitantes de Gaza se preparan para lo que parece ser otro año marcado por la pérdida y la lucha diaria por sobrevivir.
A pesar del alto el fuego, las explosiones siguen resonando en toda Gaza. Las demoliciones de viviendas palestinas se han acelerado dentro de la zona «verde» controlada por Israel, a medida que el ejército expande la llamada «línea amarilla» hacia el interior de la zona oriental de ciudad de Gaza. Mientras tanto, alrededor de dos tercios de los residentes de Gaza siguen sin poder regresar a sus hogares, la mayoría de ellos en ruinas.

Los palestinos desplazados se enfrentan a duras condiciones invernales mientras viven entre los escombros dejados por los ataques israelíes, en el campo de refugiados de Al-Shati, ciudad de Gaza, 29 de diciembre de 2025. (Yousef Zaanoun/Activestills)
Desde principios de 2026, al menos nueve habitantes de Gaza han sido asesinados, lo que se suma a los más de 400 desde el alto el fuego. Tres fueron abatidos por disparos del ejército israelí cerca de la Línea Amarilla, entre ellos Fatima Maruf, de 11 años. Dos —una abuela y su nieto— murieron abrasados cuando la tienda de nylon en la que vivían, probablemente fabricada con materiales inflamables e improvisados para protegerse del frío, se incendió mientras cocinaban. Y otros cuatro murieron en ataques aéreos en Jan Yunis.
«Nuestra casa está a solo unos metros de la Línea Amarilla, pero el ejército israelí dispara de forma continua y aleatoria, como si quisieran que abandonáramos la zona», explicó Rana Maruf, madre de Fátima, a +972. A pesar de los esfuerzos de la familia por mantenerse a salvo, Fátima recibió en la cabeza fragmentos de una bomba, que también hirieron a Rana y a su hijo de 8 años. «No sentimos que la guerra haya terminado», dijo. «Todos los días hay bombardeos, explosiones y disparos aleatorios. Nunca sabemos adónde ir».
La familia Sawaf forma parte de las dos terceras partes de la población de Gaza que aún vive en tiendas de campaña. «Quiero coger esta tienda, que se inunda cada vez que llueve, y volver a colocarla en el barrio donde solía vivir, en Tel Al-Sultan», declaró Mai Sawaf, una profesora de arte de unos 30 años, a +972. Su esperanza, dijo, una vez que se restablezca una cierta estabilidad, es «revivir momentos hermosos con mi familia».
Aunque algunos habitantes de Gaza se aferran a la posibilidad de reconstruir sus vidas en la Franja, otros están desesperados por marcharse, agotados por el desgaste psicológico de la violencia continua. «Necesito redescubrir mi entusiasmo por la vida, que perdí por completo durante el conflicto», declaró a +972 Salwa Faraj, de 28 años, de Jan Yunis. Está esperando a que se reabra el paso fronterizo de Rafah para poder viajar a Egipto y comenzar el año en otro lugar.
«Quiero tomarme un tiempo para recuperarme de lo que he vivido durante dos años de guerra», dijo. «Necesito alejarme de estas imágenes y estos sonidos».

Palestinos desplazados caminan cerca de sus tiendas de campaña en medio del duro invierno, en Jan Yunis, al sur de la Franja de Gaza, el 2 de enero de 2026. (Abed Rahim Khatib/Flash90)
Imaginar un año diferente
Después de dos años de guerra, Gaza es casi irreconocible. Aun así, algunos residentes se aferran a la creencia de que el nuevo año traerá días mejores.
«Sueño con que el nuevo año abra una nueva era para Gaza, una era sin guerra», dijo Jader Yamal, un joven de veintitantos años de Jan Yunis, a +972. Desplazado con su esposa y sus seis hijos a una tienda de campaña en Deir Al-Balah, Yamal espera volver a su casa en el este de Jan Yunis, que quedó reducida a escombros durante la guerra. «Queremos reconstruir Gaza y devolverle la vida», afirmó.
La mayoría de los habitantes de Gaza con los que hablé compartían un único y sencillo deseo para el año que viene: una paz duradera. «Espero que este año sea maravilloso y compense dos años de sufrimiento», añadió Yamal. «Nos merecemos vivir en paz. Pido al mundo que nos lo permita, para que nuestras vidas puedan continuar».
Para Layla Ayad, una cristiana de 36 años de la ciudad de Gaza, la guerra ha acabado con la alegría de las fiestas. «Todos sentimos una profunda tristeza por las personas, los lugares y los recuerdos», dijo. «En Nochebuena, nos sentamos juntos y lloramos por aquellos que perdimos».
Foto de portada: Niños palestinos juegan cerca de las tiendas de campaña de familias desplazadas, en la playa de al-Mawasi, Jan Yunis, Franja de Gaza, 28 de diciembre de 2025. (Doaa Albaz/Activestills)